de Jim Jarmusch. EE.UU., 2025. 110’.
3 de febrero de 2026. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.
Tres encuentros familiares. Un hermano y una hermana visitan a su padre que vive en un valle lejos de todo. Dos hermanas van a ver a su madre en Dublín. Y un hermano y una hermana vuelven a la casa en la que vivieron sus padres en París.
Son tres historias tranquilas aparentemente independientes, pero con vínculos sutiles. Las tres tratan de los afectos paternofiliales. De su sinceridad o impostura. En las dos primeras hay un padre o una madre que viven solos y se preparan para la visita de sus hijos. En la tercera, una hermana y un hermano mellizos lo que visitan es el vacío que les deja la desaparición de los suyos. Las tres historias están presididas por el sosiego, por los diálogos esperables y el peso de los recuerdos. En lo formal hay un parentesco delicioso con otra película de encuentros: Coffee and cigarretes. Allí la mayoría tenían lugar en locales públicos mientras que en esta son siempre en espacios domésticos, pero en las dos hay mesas, planos cenitales, algunos mellizos y a veces se duda sobre si se puede brindar con agua o con café. En los tres encuentros de Father Mother Sister Brother hay llegadas en coche, viejas fotografías, alusiones rutinarias a un tío llamado Bob, relojes Rolex en algunas muñecas, libros de los padres que fisgan los hijos y otras muchas pequeñeces que harán que a una parte del público Jarmusch no le diga gran cosa, pero otra salga encantada haciendo repaso de los múltiples detalles que hilvanan entre si las historias. Yo soy de estos últimos, así que espero que tengamos pronto otra película suya para seguir disfrutando con su juego.
