de Sepideh Farsi. Palestina, 2025. 110’.
1 de febrero de 2026. Filmin. V.O.S.
Un año en la vida de Fatima Hassouna, una joven palestina que con sus fotografías daba testimonio de la brutalidad de las acciones de Israel y del sufrimiento cotidiano de los gazatíes. Entre abril de 2024 y abril de 2025, la cineasta iraní Sepideh Farsi mantuvo desde Francia conversaciones con ella a través del móvil. Son las que componen este documental que se presentó en el festival de Cannes y que resultó póstumo para Fatima porque ella y su familia murieron víctimas de la barbarie de Israel.
Escuchamos La voz de Hind en el último día de vida de aquella niña y ahora vemos a Fatima en el último año de la suya. Son dos documentos fílmicos diferentes, pero ambos estremecedores. Las imágenes de esa joven fotógrafa de veinticuatro años levantan acta del horror, pero asistir a sus conversaciones entrecortadas con Sepideh Farsi nos hace sentir que la conocemos y que su muerte tiene cuerpo y alma. Como las de los más de 70.000 palestinos víctimas de un genocidio interminable. El título de la película es una frase suya en una de esas conversaciones que seguramente la hacían sentir conectada con el mundo exterior y, en cierto modo, portavoz del sufrimiento de los palestinos. Quizá por eso cada diálogo con su nueva amiga iraní se abre con esa gran sonrisa suya que tanto sorprende en medio del horror. Es la sonrisa de una joven con muchas ganas de vivir, con orgullo de su pueblo y con la ilusión, cada vez más mermada, de que podrían llegar a silenciarse los insoportables rugidos de la brutalidad bélica. Para ella no fue así.
