miércoles, 10 de diciembre de 2025

Playa de lobos

de Javier Veiga. España, 2025. 97’.
10 de diciembre de 2025. Cines Ocimax, Gijón.

Manu está a punto de cerrar la jornada en el chiringuito playero en el que trabaja. Pero sentado en una tumbona sigue Klaus, un hombre que se niega a abandonarla. Los dos polemizan por eso. Y luego por otras cosas.
 
Playa de lobos es una película inclasificable, pero magnética. Un duelo fuera de lo común entre dos personajes de distintas edades y distintas culturas. Un artefacto que es (y no es) comedia, drama teatral, pugilato surrealista y cajón de sastre en el que caben palabras afiladas, canciones inesperadas o un coro playero en el que unos tipos con máscaras de lobo andan por allí sin que se sepa muy bien qué pintan en la playa. El primer reproche que el personaje de Guillermo Francella hace al de Dani Rovira sobre la desresponsabilización como defecto típico de los españoles consigue que Javier Veiga me tenga ganado para su causa. Así que los tres (y ese paisaje majorero) logran que Playa de lobos resulte una película tan singular como fascinante.