de Víctor García León. España, 2026. 101’.
30 de abril de 2026. Cines Alkazar, Plasencia.
El director de Vete de mi y Selfie era una garantía para que resultara magnífico este retrato de la fauna aspiracional. Y el éxito estaba asegurado contando con Juan Diego Botto en el papel de líder de la parentela pija y Marián Álvarez a Israel Elejalde como padres abducidos por la ilusión del ascensor social. La logomaquia de las altas capacidades y la naturalidad con que la gente bien (que no de bien) asegura el pedigrí de sus vástagos y el hermetismo de sus relaciones, se muestra con mucha ironía en esta divertida película. Los aludidos (son más de los que ellos creen) están encantados de vivir en grandes ciudades con su sanidad concertada, sus colegios concertados y los servicios públicos agonizantes. Aspirando los aires del pijerío y votando en consecuencia consiguen que cada generación confíe menos en el bien común y colabore en la destrucción de la trama comunitaria. Pero Altas capacidades no tiene nada de panfleto evidente. Es una película con la que es posible que se rían hasta aquellos para los que la pantalla es simplemente un espejo. Ellos son así.

















