lunes, 20 de abril de 2026

El sendero azul

de Gabriel Mascaro. Brasil, 2025. 86.
20 de abril de 2026. Filmin. V.O.S.

Tereza trabaja en una sala de despiece de una ciudad fluvial de Brasil. A sus 77 años tiene una vida agradable, pero inesperadamente la obligan a jubilarse porque el gobierno se está llevando a todos los que tienen esa edad a una colonia en la que pasarán sus últimos años. Escapar se le hace difícil porque la custodia de los ancianos se asigna a los hijos y la suya no la deja tomar decisiones. Así que, antes de que la trasladen a ese lugar ignoto, Tereza decide embarcarse y buscar en el río alternativas mejores. Primero, con un hombre al que una baba azul le permite entrever el futuro. Luego, con otro que le habla de un sitio llamado el pez dorado. Y, finalmente, con otra anciana que es dueña de un barco y, por tanto, de su libertad.

El sendero azul es una hermosa ironía levemente distópica. Hermosa porque los paisajes y paisanajes  fluviales que nos muestra Gabriel Mascaro son una maravilla. Irónica porque la protagonista es una mujer independiente que no reniega de su trabajo, pero sí de que la obliguen a convertirla en gregaria y estabulada. Y también es una película levemente distópica porque, con muy pocos elementos, consigue parecer futurista y porque ese mundo feliz que promueve el gobierno recuerda los sueños húmedos de esos que ahora hablan "por su bien" de "soluciones habitacionales" para "nuestros mayores". Así que El sendero azul es muy recomendable para ellos. Y también para esos otros que hablan de conflicto intergeneracional (Estefanía Molina, Analía Plaza...) sustituyendo la lucha de clases por una nueva dialéctica entre el amo (los boomers) y el esclavo (los "jóvenes que vivirán peor que sus padres"). Para ellos, la mejor solución para todo sería "reformar"  las pensiones y construir muchas viviendas. Como en 2008.