martes, 22 de noviembre de 2016

La luz incidente

de Ariel Rotter. Argentina, 2015. 95’.
22 de noviembre de 2016. Cines Centro, 54º Festival de Cine de Gijón (sección rellumes).

Una familia de la burguesía argentina en los años sesenta. Dos bebés, una madre y una abuela. El padre y un tío han fallecido en un accidente de tráfico. La madre es joven y todos creen que debería rehacer su vida. Quizá podría hacerlo con ese hombre amable y cariñoso que pretende ocupar el lugar del padre en esa familia.

Blanco y negro bellísimo y perfectamente ambientado en escenas parsimoniosas en las que cada gesto y cada tacto importan. La piel de las niñas y el amor que despiertan casi traspasa la pantalla. Igual que las dudas de esa madre que aún sufre por una pérdida que no sabe si quiere reparar con la ayuda de ese hombre que podría serlo todo para ellas. En el video que precedió a la proyección Ariel Rotter comentó desde Buenos Aires que La luz incidente es un ejercicio de revisión de su memoria familiar. Una experiencia personal que ha logrado convertir en una elegante e inspiradísima película que se cierra con un final hermosamente abierto.

Paraíso

de Andrei Konchalovsky. Rusia, 2016. 130’.
22 de noviembre de 2016. Teatro Jovellanos, 54º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.

Tres personajes enlazados en aquel tiempo terrible. Un policía francés que colabora con la Gestapo. Una aristócrata rusa detenida por esconder a dos niños judíos. Y un aristócrata alemán que ve en el nazismo la oportunidad para hacer real el paraíso alemán en la Tierra. Tras haber sido amantes hace años, él la encuentra en el campo de concentración que supervisa al final de la guerra.

Tres historias tan singulares como paradigmáticas y magníficamente hilvanadas en este nuevo retrato imprescindible sobre los horrores de aquel tiempo. Un blanco y negro sumamente oportuno. Un formato 4:3 que es tan pertinente en las imágenes de las declaraciones y reflexiones de los tres protagonistas (luego sabremos desde dónde nos hablan) como en las variadísimas escenas que muestran la intimidad familiar de los colaboracionistas franceses, la felicidad estival que compartieron las élites europeas de entreguerras o los espacios creados para industrializar el infierno. Andrei Konchalovsky apuesta por una película de aire mucho más clásico y discursivo que el de El cartero de las noches blancas, su anterior película. En el tema que trata, en la fuerza de sus imágenes, en la elegancia de los encuadres y en la originalidad de la forma de plantear el relato (trufado por esas confesiones que al principio se hacen extrañas pero luego resultan muy reveladoras) encuentro algún parentesco con la extraordinaria Ida de Pawel Pawlikowski. Aquella joya comenzó hace tres años en este festival el itinerario de premios y reconocimientos que logró en todo el mundo. Nada me extrañaría (ni lamentaría) que Paraíso también los tuviera en esta edición.

Isola

de Fabianny Deschamps. Francia, 2016. 93’.
22 de noviembre de 2016. Cines Centro, 54º Festival de Cine de Gijón (sección: llendes). V.O.S.

Una mujer china que está embarazada espera a su marido en una isla italiana. Vive en una cantera y apenas se comunica con nadie. Hasta que aparece un hombre muerto en la playa y lo retiene en una jaula dentro de su cueva. Él no sabrá en qué mundo está y ella creerá que es ese marido que nunca llega.

Con imágenes reales de los desembarcos de refugiados hace dos años en Sicilia, Fabianny Deschamps ha construido este relato a medio camino entre el onirismo y la conciencia alterada. Y esa es quizá la aproximación más oportuna a lo que está pasando en estos tiempos terribles en los que la palabra refugiado no parece significar eso. La cueva de esta mujer extraña es escenario teatral, claustro materno y hasta metáfora de una Europa que puede ser tanto cielo anhelado como infierno inesperado para quienes llegan a ella. El coloquio permitió saber más sobre la forma en que se filmaron muchas de las imágenes de esta película modestísima (en los recursos, pero no en las ambiciones ni en el resultado). Por ejemplo, que esos refugiados a los que vemos siendo clasificados y fotografiados por la policia eran los supervivientes de un naufragio en el que aquella noche murieron quinientos seres humanos. Isola es una película singular y formalmente arriesgada de una directora comprometida que viene del mundo del teatro. Y se nota para bien.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Migas de pan

de Manane Rodríguez. Uruguay, 2016. 109’.
21 de noviembre de 2016. Cines Centro, 54º Festival de Cine de Gijón (sección oficial).

La historia en dos tiempos de Liliana Pereira. La de la mujer madura que acaba de ser abuela y compromete la relación con su hijo por atreverse a denunciar lo que le hicieron. Y la de la joven que en 1975 fue torturada en aquellos tiempos terribles en que los militares llevaron el infierno al Uruguay.

Manane Rodríguez y Justina Bustos (la actriz del personaje joven que en la edad madura interpreta Cecilia Roth) han presentado hoy esta película uruguaya que es la primera que trata ese tema en aquel país. Las intenciones son compartibles, la trama se ve bien y tiene la dureza justa para mostrar, sin exceso de truculencia, los terribles hechos que trata. Sin embargo, no consigue emocionar. La historia de los lazos gallegos de la madre podría ser oportuna pero casi nos saca de un drama que en el espacio carcelario no evoluciona como debiera. Una lástima, porque uno suscribe todo lo que se dijo en el coloquio sobre aquellos hechos y sobre la importancia de que el cine contribuya a que se conozcan. Pero hubiera estado bien que el resultado fuera una película que pudiera merecer algún premio en este festival.

Terra di Mezzo

de Matteo Garrone. Italia, 1996. 78’.
21 de noviembre de 2016. Cines Centro, 54º Festival de Cine de Gijón (sección: Matteo Garrone). V.O.S.

Tres grupos humanos al borde de carreteras. El de unas prostitutas africanas y sus clientes. El de unos jóvenes inmigrantes que se ofrecen para trabajos varios. Y el del encargado nocturno de una gasolinera y quienes pasan por allí.

Tras el fin de semana en Lisboa para la reunión de la Cátedra CTS me incorporo hoy a esta nueva edición del festival de Gijón. Este año se le dedica un ciclo a Matteo Garrone, un director del que he visto Gomorra, Reality y El cuento de los cuentos, tres películas muy distintas pero muy buenas. Terra di Mezzo es su primer largometraje y ya tiene veinte años. Con un naturalismo que casi parece propio de un documental, contiene una serie de diálogos breves, aparentemente espontáneos, protagonizados por personajes (o personas) unidos por la circunstancia de pasar muchas horas al borde de carreteras al servicio de otros. La historia de las prostitutas tiene fuerza y me recuerda a algunos de los personajes de la magnífica La plaga de Neus Ballús. También son cautivadores los encuentros del egipcio que trabaja en el surtidor de gasolina con sus variopintos clientes. Así que ha sido un buen comienzo para este festival que ya cumple cincuenta y cuatro años y que, a pesar de que llevan tiempo cerrados, sigue teniendo la mayoría de sus proyecciones en los Cines Centro. Hasta en eso queda claro que la actual dirección del festival sabe hacer bien las cosas.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Los caballeros blancos

de Joachim Lafosse. Bélgica, 2015. 112’.
20 de noviembre de 2016. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Una ONG francesa llega a una zona en guerra de África para ocuparse de niños huérfanos. La idea es montar un centro donde cuidarlos y educarlos durante bastantes años. Eso es lo que dicen, pero su pretensión es reunir a trescientos niños menores de cinco años para que sean adoptados en Francia.

Sucedió hace casi diez años. Aquella ONG se llamaba El Arca de Zoé y Joachim Lafosse nos lo cuenta con la ayuda de ese magnífico actor que es Vincent Lindon. Vemos la trama de buenas intenciones, mentiras y tensiones que debieron estar presentes en aquel caso en el que el altruismo, la guerra, la infancia desvalida y la demanda de adopción en Europa se dieron cita en un gran escándalo internacional. Entre los singulares dramas familiares Perder la razón y Después de nosotros, Joaquim Lafosse trata casi como un documental esta historia en la que también hay adultos tomando decisiones difíciles y niños sufriendo las consecuencias. Reconozco que la historia está bien contada y da bastante que pensar, pero me resultan más interesantes esas otras películas en las que Lafosse desvela la toxicidad que a veces genera la intimidad familiar.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La orilla

de Filipe Matzembacher y Marcio Reolon. Brasil, 2015. 83’.
17 de noviembre de 2016. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Dos amigos que viven en Porto Alegre pasan un par de días de invierno en la casa que la familia que uno de ellos tiene en la playa. El motivo es hacer algunas gestiones que le ha encargado su padre. Será la ocasión para que se conozcan de otra forma.

Primeros planos de una cámara muy subjetiva. Profundidad de campo mínima para que las imagenes sean coherentes con lo mucho que queda fuera de campo en esta película. Las atmósferas y los gestos son lo más importante. Por el tema y el planteamiento de la historia, La orilla me ha hecho pensar en la estupenda Taekwondo de Marco Berger y Martín Farinaque que vi en agosto en Buenos Aires. Pero el Festival de Berlín y el Centro Niemeyer habrían acertado mucho más si se hubieran fijado en ella.

martes, 15 de noviembre de 2016

Elle

de Paul Verhoeven. Francia, 2016. 130’.
15 de noviembre de 2016. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

La directora de una empresa de videojuegos es violada varias veces en su casa por un intruso. No lo denuncia porque en su infancia un crimen horrendo de su padre hizo de ella una niña mediática y no quiere volver a pasar por aquello. Sin embargo, la forma en que encaja y hasta disfruta de esa violencia parecen mostrar que aquellos lejanos hechos dejaron huella en su carácter.

Una historia sobre las extrañas reacciones de esta mujer irascible que se hace querer muy poco. Dominante y a la vez subyugada por la violencia, el personaje de Isabelle Huppert me recuerda un poco, quizá por las relaciones con su familia, al que interpretaba hace poco en El porvenir. Quizá por eso no le he visto mucho interés a esta película que intenta ser un thriller con toques surrealistas.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Florence Foster Jenkins

de Stephen Frears. Reino Unido, 2016. 110’.
10 de noviembre de 2016. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

La historia real de Florence Foster Jenkins, una rica neoyorquina amante de la música pero sin cualidades para cantar ni sentido del ridículo. Su pasión, su dinero y su solícito marido le permitieron hacer de diva hasta en el Carnegie Hall.

En abril vimos la estupenda Madame Marguerite de Xavier Giannoli que tomaba como base la historia de esta mujer para componer una inspiradísima película que situaba en el París de las vanguardias artísticas a aquella Marguerite. Stephen Frears es más fiel a la verdadera historia de esta curiosa mujer y nos ofrece esta entretenida película que tiene como principal interés las magníficas interpretaciones de sus actores protagonistas. Una Meryl Streep que hasta se atreve a hacer muy bien como que canta muy mal y un Hugh Grant al que da gusto ver en los ademanes y maneras de este singular marido. Bien ambientada, bien contada y nada malintencionada Florence Foster Jenkins hace muy grato volver sobre la historia de aquella mujer cuyas curiosas hazañas fueron algo más que patéticas  o hilarantes.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Después de esto

de Magnus von Horn. Suecia, 2015. 102’.
9 de noviembre de 2016. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

Un joven sale de un reformatorio y vuelve a casa con su padre. Ha pasado un tiempo allí después de hacer algo horrible. En su pueblo no se lo perdonan.

Una historia áspera sobre la reinserción. Sobre las circunstancias que la hacen imposible aunque el sistema judicial la pretenda y aunque quien fue peligroso ya no lo sea. Y es que algunas comunidades entienden que para determinados pecados no parece haber nunca sufiente penitencia ni, por supuesto, perdón. La historia está contada con un perfecto equilibrio moral. No hay maniqueismo. Todos tienen motivos para sus posturas y en cada conflicto nadie es completamente bueno ni malo. También es un retrato de la difícil convivencia en una familia sin mujeres. La que pretende restaurar ese padre que intenta salvar al hijo que regresa, que quiere proteger al pequeño y también cuidar del abuelo demente. No hay música. Tampoco diálogos largos. Después de esto tiene un tono desangelado en el que abundan los planos fijos, a veces muy próximos y otras veces muy distantes. Es una historia fría y triste sobre la manera en que un drama pretérito puede seguir muy presente en una pequeña comunidad nórdica. Un grupo humano que produce y reproduce el mal y que no parece saber nada de la compasión o el perdón. Como en La cinta blanca un siglo después.

martes, 8 de noviembre de 2016

La vaca

de Mohamed Hamidi. Francia, 2015. 91’.
8 de noviembre de 2016. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Un argelino afrancesado que adora a su vaca es invitado a presentarla en un concurso agrícola en París. Así que los dos se van en barco hasta Marsella y cruzan el país conociendo gente. El argelino y la vaca serán noticia en su pueblo. Y también en toda Francia.

Es como si Paco Martínez Soria protagonizara una película que bien podría titularse Ocho apellidos argelinos (o franceses). Todo pensado para dar mucha risa a los que la tienen fácil (en Francia). En fin.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La reconquista

de Jonás Trueba. España, 2016. 108’.
6 de noviembre de 2016. Centro Niemeyer, Avilés.

Una noche de reencuentro para una pareja de treintañeros que se amaron cuando tenían quince. Compartirán una carta de entonces, escucharán canciones del padre de ella, bailarán swing con amigos y hablarán sobre aquellos adolescentes a los que también veremos amándose y escribiéndose cartas sobre el futuro de su amor. 

Tras la muy luminosa, nómada y estival Los exiliados románticos, Jonás Trueba vuelve a los espacios madrileños de Todas las canciones hablan de mí para contarnos una historia de amor en dos tiempos: el de una noche de invierno a los treinta y el de varios días de primavera a los quince. Recordar desde el presente el primer amor, recuperar la mirada sobre el futuro que se tenía en la adolescencia, regresar a aquellos besos y sinceridades es lo que nos propone Jonás Trueba en su cuarto largometraje. La reconquista nos plantea que el presente adulto quizá podría ser esa edad adormecida que se temía en aquel pasado juvenil al que se puede regresar con las cartas y los sueños. Como en todo el cine de Jonás Trueba, en La reconquista las palabras son muy importantes. Las que se dicen, las que se escriben y las que se cantan. Pero no más que las atmósferas de esos dos presentes de los que trata la película. Por eso (fiel a su obsesión por no cortarlas) nos hace escuchar un buen rato las canciones del padre de ella, nos lleva luego a bailar con unos amigos y nos hace seguir la moto del protagonista por las calles de Madrid en esa mañana en que lo acompañamos hasta la casa en que ahora vive con su nueva compañera. Atmósferas del presente pero también de esa primera juventud en la que se tiene plena conciencia de que, tenga o no futuro, el primer amor en cierto modo lo determinará. Así que Jonás Trueba vuelve a conquistarnos con este hermoso retrato en dos tiempos de las edades del amor.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Sully

de Clint Eastwood. EE.UU. 2016. 96’.
5 de noviembre de 2016. Cines Parqueastur, Corvera.

Sully era el piloto de aquel avión que el 15 de enero de 2009 acabó flotando en la bahía del Hudson después de que un choque con aves destrozara sus dos motores. Todos los pasajeros sobrevivieron y Sully fue considerado un héroe. Aunque no para la oficina de seguridad en el transporte que abrió una investigación para averiguar si la opción que había tomado era la mejor.  

Debo decir que me encantan las películas de aviones en dificultades y que me gusta mucho Tom Hanks. Así que sabiendo que en este caso todo el mundo se salva y que la película la dirige Clint Eastwood las ganas de verla eran aún mayores. Tras El francotirador el veterano director tenía fácil superarse. Después de aquel patético panfleto sobre un asesino que Clint Eastwood quiso reivindicar como héroe es como si deseara redimirse con la historia de este hombre que cumpliendo bien su trabajo se convierte en salvador. Las simetrías entre las dos historias son muchas y el contraste moral entre los protagonistas es inmenso. Sully es una historia verdadera sobre un hombre al que unas circunstancias excepcionales conviertieron en héroe mediático y que, por si eso fuera poco, tuvo que sufrir las sospechas (que provocaron otros pero que le hicieron dudar a él) de si su forma de salvar a 155 personas pudo ser un error. Esa investigación le permite a Eastwood alternar brillantemente numerosas escenas apasionantes sobre lo que sucedió aquel día con las de las indagaciones, interrogatorios y simulaciones que vinieron después. La historia, como aquel incidente aéreo en Nueva York, termina bien y le sirve al director para reivindicar unos valores, individuales y colectivos, de los que bien pueden sentirse orgullosos los americanos. Nada que objetar a este tipo de héroes. Ojalá Clit Eastwood siempre defendiera esos valores y no los que justifican conductas tan execrables como las que ensalza en películas tan malas como El francotirador o tan buenas como Mystic River.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Que Dios nos perdone

de Rodrigo Sorogoyen. España, 2016. 125’.
3 de noviembre de 2016. Cines Parqueastur, Corvera.

Dos policías del grupo de homicidios investigan el asesinato de una anciana en el centro de Madrid. Uno vive solo y es tartamudo y huraño. El otro es violento e impulsivo y sufre lo indecible al saber ese verano que su mujer le engaña.  Para los demás el crimen parece obvio, pero ellos descubren que la anciana ha sido violada. Después habrá otros casos parecidos que tampoco recogerá la prensa.

Hace solo dos meses Raúl Arevalo nos sorprendió con su magnífica Tarde para la ira. Ahora Rodrigo Sorogoyen nos ofrece otra buena muestra de ese género emergente que podríamos llamar thriller ibérico (en el que también se podrían incluir otras películas tan estupendas como Magical girl) y que le da mil vueltas a la mayoría de las  películas americanas de crímenes y policías que se proyectan en nuestros cines. El director de la extraordinaria Stockholm nos presenta aquí una historia policial muy truculenta en la que no es más interesante el eje central de la investigación que los retazos sobre los dramas vitales de esos policias. El guión está magníficamente escrito. La cámara se mueve con pertinencia y atrevimiento. La historia fluye sin trampas ni giros innecesarios. Y los actores están todos soberbios. Antonio de la Torre vuelve a bordar un personaje magnético que añade nuevos tonos a esa paleta dramática que con la que ha conseguido trabajos tan magníficos como los de los personajes protagonistas de Caníbal o Tarde para la ira. Roberto Álamo está espectacular en el papel de ese policía colérico pero noble que tanto me recuerda su fenomenal interpretación con Sergio Peris-Mencheta en aquella otra impresionante pareja de policías de Lluvia constante, estrenada en el Palacio Valdés hace poco más de un año.  El camaleónico Javier Pereira también está tremendo e irreconocible en este papel siniestro y extrañamente edípico que  resulta tan diferente del que interpretó en Stockholm. Con protagonistas así el resto de los actores serían meros comparsas en cualquier otra película. Pero no en Que Dios nos perdone. Aquí hasta los que tienen papeles muy breves nos hacen sentir que también serían magníficas otras películas posibles en las que sus personajes fueran los protagonistas. Pero es que, además, al policía tartamudo le encantan los fados y la película se cierra con la voz de Amalia Rodríguez cantando el que le da título. ¿Qué más se puede pedir? Solo dos cosas. Que la película tenga el éxito que merece y que Rodrigo Sorogoyen estrene pronto otra.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Yo, Daniel Blake

de Ken Loach. Reino Unido, 2016. 100’.
2 de noviembre de 2016. Cines Los Prados, Oviedo.

Daniel Blake es un honrado carpintero maduro que, tras sufrir un infarto, padece las kafkianas disfunciones entre el sistema de bajas médicas y el de las oficinas de empleo británicas. En una de ellas conoce a Rachel, una joven madre al borde de la pobreza que ha tenido que trasladarse a vivir lejos de Londres. Daniel ayuda a Rachel todo lo que puede. Pero sus propios problemas crecen cada día en una maraña burocrática de la que no es capaz de escapar.

Ken Loach ha ganado este año la Palma de Oro en Cannes por esta película. Habría estado muy bien que el premio hubiera sido por toda la carrera de este buen director que tantas veces ha sabido unir militancia político, naturalismo narrativo y emoción.  Sin embargo, en Yo, Daniel Blake no lo consigue. Nada que reprochar al tema y al compromiso que Loach mantiene intacto y que comparto por lo que hace a las intenciones de esta película. Pero el buen cine no está hecho solo de buenas intenciones. Tiene que haber historias sólidas y verosímiles que contagien la emoción del drama que se quiere contar. Yo, Daniel Blake la tiene en la catártica escena de la pintada que tan oportunamente justifica el título de la película. También en los momentos menos subrayados de la relación entre este viudo maduro y esta joven madre soltera que comparten afectos y solidaridad desde su condición de perdedores. Sin embargo, encuentro demasiadas situaciones que no están bien planteadas. Por ejemplo, la crisis de ella en el banco de comida, la decisión de él de buscarla en el prostíbulo o la previsible y poco verosímil penúltima escena. Me hubiera gustado mucho que esta película de Ken Loach me gustara mucho más. Sobre todo después de que él (o su productora) hace un par de semanas tuviera la amabilidad de poner un "me gusta" en nuestro tweet sobre la proyección en el instituto de su estupenda Buscando a Eric. Un gran tipo Ken Loach. Y casi siempre un gran director.

domingo, 30 de octubre de 2016

Eshtebak

de Mohamed Diab. Egipto, 2016. 97’.
30 de octubre de 2016. Teatro Carrión, 61º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Durante una de las violentas manifestaciones de 2013 en El Cairo van entrando detenidos en un furgón policial. Primero unos periodistas. Luego una familia. Después otras gentes. Algunos pertenecen a los Hermanos Musulmanes. Otros los detestan. Durante un día y una noche asistimos a lo que pasa en ese espacio cerrado. Y a través de sus pequeñas ventanas también presenciamos lo que sucede fuera. Pero sin salir nunca del furgón.

La vemos en la mañana del domingo, el día en que se proyectan algunas de las películas premiadas. Eshtebak ha obtenido el Premio Pilar Miró al mejor nuevo director, el premio a la mejor dirección de fotografía y también Sociograph Award (el que mide las emociones del público). Pero también podría merecer esa Espiga de Oro que se ha llevado Locas de alegría de Paolo Virzi (muy buena debe ser para habérselo arrebatado). Confirmando lo que anticipé en su reseña, Cruce 48 ha obtenido también el premio del público de la sección Punto de Encuentro. Así que hemos podido ver dos de las películas premiadas y nos parece muy bien (haberlas visto y que se lleven esos premios). Eshtebak es formalmente tan radical que la cámara nos hace sentir que somos uno más de los detenidos en ese furgón que, además de ser un espacio cinematográficamente intensísimo, nos aporta una perspectiva muy relevante sobre lo que sucedió en Egipto entre aquella primavera árabe y el derrocamiento de Mohamed Morsi. De hecho, ese furgón podría ser también una buena metáfora de las tensiones sociales que en los últimos años se vienen viviendo en ese país. La película nos propone una mirada angustiosa y trepidante sobre las relaciones humanas en un espacio cerrado. Pero también es una original perspectiva que nos permite estar en medio de los duros enfrentamientos callejeros y presenciar lo que sucedió durante esos días en las calles de El Cairo con una mirada que está a medio camino entre el cine bélico y el documental. Además de merecer todos los premios que reciba, esta película también debería poder ser vista en muchas salas comerciales. Sería apasionante para el público palomitero. Pero, por su intención y su radicalidad formal, cautivaría también a los otros cinéfilos. Así que ha sido un cierre perfecto para estos tres días de Seminci. Volveremos.

sábado, 29 de octubre de 2016

Daced and confused (Movida del 76)

de Richard Linklater. EE.UU., 1993. 102’.
29 de octubre de 2016. Cines Broadway, 61º Semana Internacional de Cine de Valladolid (retrospectiva: Richard Linklater). V.O.S.

28 de mayo de 1976. Último día de clase en un instituto de Austin. Será una tarde y una noche de fiesta para los veteranos. Quizá no tanto para los novatos que a partir de ese día serán alumnos de secundaria.

Este año Linklater ha regresado a esos tres días cruciales previos a la entrada en la universidad en la magnífica Todos queremos algo. Con ella retomaba lo que retrató en esta Dazed and confused sobre la transición dionisiaca entre la edad de la escuela y la de la secundaria. Nuestro héroe es aquí ese chico que sale bien parado de una noche de novatadas y desquicie. Esta película estremecería a esos que piensan que el acoso escolar es cosa de hoy y no un monstruo que era aceptado y tenía dimensiones mucho mayores (también aquí) en los tiempos en que iban al instituto los que ahora repiten esas letanías bobas, pero que tanto rédito político generan, sobre lo mal que están la educación y la juventud actuales. Pero volviendo a Linklater, él es seguramente el chico de Boyhood, el protagonista que se enamora en Todos queremos algo y, unos años antes, el adolescente superviviente de esta Dazed and confused. Además de la estima por este magnífico director, en películas como esta me resulta inevitable pensar en esos hitos biográficos que compartimos: salimos en el mismo año de la escuela y entramos también a la vez en la universidad. Aunque sé que el Avilés adolescente del setenta y seis y el Oviedo universitario del ochenta eran mucho más aburridos y menos movidos que aquella juventud en Austin.