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sábado, 7 de diciembre de 2013

Juego de espías (Canfranc-Zaragoza-San Sebastián)

de Ramón J. Campo, Germán Roda. España, 2013. 65. 
6 de diciembre de 2013. Cines Alexandra, Barcelona.

Por la estación de Canfranc pasaba el oro que los nazis llevaron a Sudamérica a través España y Portugal. Y también informaciones que serían muy útiles para su derrota. Un grupo de aragoneses, vascos y franceses arriesgaron sus vidas para que esos informes llegaran a los aliados.

Sentí no poder ver este documental en el festival de Gijón. Así que me ha alegrado encontrármelo ahora en Barcelona. Su valor cinematográfico es limitado (solo los dibujos de algunos personajes y situaciones lo distinguen de un documental televisivo), aunque su propósito es más bien ser testimonio y reivindicación de las gestas de unas personas que vivieron en el anónimato durante décadas. La aparición en 2001 en la estación de Canfranc de algunos documentos reveladores sobre la importancia histórica de este paso fronterizo fue el detonante de una investigación que permitió dar con los hijos y los nietos de aquellos héroes (y con ellas mismas, en el caso de las niñas que también participaron). Eran personas corrientes que se arriesgaron a acabar en campos de concentración por colaborar en la lucha contra el nazismo. Pero mientras los franceses tuvieron el reconocimiento que merecían al terminar la guerra, aquellos españoles fueron encarcelados por unas actividades que durante demasiado tiempo han permanecido en el olvido. Como la propia estación de Canfranc, un lugar bellísimo y también olvidado. Como nuestra memoria histórica, un territorio propicio para este cine comprometido.

sábado, 27 de julio de 2013

La bicicleta verde

de Haifaa Al-Mansour. Arabia Saudí, 2012. 100’.
26 de julio de 2013. Cines Alexandra, Barcelona.


Wadjda quiere tener una bicicleta verde y correr más rápido que su amigo Abdullah. Estudia intensamente el Corán para ganar un premio con el que podría comprarla. Pero montar en bicicleta, como tantas otras cosas, no es propio de mujeres en Arabia Saudí.

Tampoco hacer películas. Wadjda es una pionera montando en bicicleta y Haifaa Al-Mansour lo es haciendo cine en su país. Y buen cine, por cierto. La bicicleta verde es una historia sencilla en la que pasan pocas cosas, pero también una gran película que, tratando con cariño a los personajes, muestra con sutileza una vida escindida por sexos y por espacios. El de la escuela de niñas resulta el más obsceno. Quizá porque allí son las propias mujeres las que vigilan y mantienen la dura ortodoxia sexista. La bicicleta verde que Wadjda anhela (el color no es casual tratándose de un país musulmán) tiene su contrapunto en el vestido rojo que su madre no llegará a comprar. Dos generaciones de mujeres con distintas expectativas en su relación con los hombres: su madre solo puede aspirar a no perder a su marido, pero Wadjda quiere correr al lado de Abdullah. Y quizá ganarle. De hecho, lo consigue en esa espléndida escena final que tanto recuerda a aquella promesa de libertad con que Truffaut terminaba Los cuatrocientos golpes.