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sábado, 4 de octubre de 2025

Turismo de guerra

de Kikol Grau. España, 2024. 70.
4 de octubre de 2025. Laboral Cinemateca, Gijón.

El turismo banalizador. También del sufrimiento y el horror. Son los nuevos usos celebratorios en ciertos lugares de la memoria. Los turistas se pueden hacer selfis en un nido de ametralladoras o ante un campo de exterminio. También asistimos a recreaciones históricas en las que hay mucha verosimilitud, muchos aplausos y mucho disfrute macho. Por ejemplo, mientras se revive con mucho realismo la batalla del Ebro.  

Con lucidez y mucho desparpajo Kikol Grau ha hecho un documento polivalente. De hecho, su presencia ha dado mucho juego en el coloquio. La suya es una película orientada a mostrar y deconstruir las pulsiones aparentemente infantiles que hay en el turismo de guerra. Cuando yo era niño no era raro que los Reyes te echaran un fuerte bien surtido. Con sus confederados, sus vaqueros, sus comanches y sus caballos. Así podíamos jugar a la conquista del Oeste. Los duelos podían ser a otra escala si lo que te traían los Reyes eran pistolas, cartucheras y sombrero. Me he acordado de todo esto viendo a esos adultos disfrutando mientras juegan a matarse. Se nota que les encanta uniformarse para jugar muy disciplinadamente con armas y banderas. Tengo para mi que, junto con la testosterona, son desde el Neolítico los tres elementos sustanciales de la guerra. Así que no comparto la sorpresa de Kikol Grau ante el hecho de que la masculinidad sea lo dominante en las guerras (en las reales y en estas con las que se juega). Creo que piensa hacer una segunda parte de este documental y, para compensar, busca incluir también personajes femeninos. No se lo recomiendo. En las guerras puede haber alguna Agustina de Aragón, pero precisamente es la excepción lo que confirma la regla. Y es que, como el coñac Soberano o el fútbol, la guerra es cosa de hombres. De hecho, LaLiga es la Liga y a nadie se le ocurriría llamarla Liga M. Aunque sería formalmente disonante, pero esta película encajaría bien en un ciclo sobre la guerra. Propongo otros títulos: Sobre la historia natural de la destrucción, La zona de interés, 20 días en Mariúpol o La voz de Hind. Y como antídoto para la banalización del tema sugiero también algunas lecturas. Por ejemplo, La guerra es una estafa de Smedley Butler, Tierra arrasada de Alfredo González-Ruibal y, sobre todo, El silencio de la guerra de Antonio Monegal. Algunos adultos quizá deberían leer más y jugar menos. Sobre todo con la guerra.

sábado, 17 de febrero de 2024

Nuestro día

de Hong Sang-soo. Corea del Sur, 2023. 84.
17 de febrero de 2024. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Una mujer que tiene un gato y un poeta maduro que ya no bebe ni fuma reciben en sus apartamentos las visitas de algunos jóvenes. Ella perderá su gato y luego lo recuperará. Y él recuperará la costumbre de beber soju y fumar cigarrillos.

Esta era una de las dos películas de Hong Sang-soo que se proyectaron en la última edición del festival gijonés. En Gijón hay otro festival de cine, bastante menos conocido, que ya ha cumplido veinticuatro años. Se llama "Peor… ¡Imposible!" y programa justamente ese tipo de películas. Y, viendo esta (pen)última historia del prolífico director coreano, uno duda sobre cuál será el destino futuro de su cine. De hecho, viendo momentos como los de las preguntas que el joven hace al poeta sobre qué es para él la vida, el amor o la verdad (y las respuestas que él le da), no sé en cuál de los dos festivales encajarían mejor. El de cine independiente le dedicó en 2013 una amplia retrospectiva, a la que Hong Sang-soo no llegó a asistir. Hasta ese momento tenía bien justificado el lugar que ha venido ocupando en el panorama del cine independiente. Pero la recurrencia de los premios que ha seguido recibiendo quizá haya alimentado en él cierta voluntad por venir a Gijón. Pero al otro festival.

sábado, 10 de junio de 2023

Jusqu'ici, tout va

de Francesc Cuéllar. España, 2022. 66.
10 de junio de 2023. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.
15 de enero de 2026. Filmin, V.O.S. 

Sin apenas tiempo para terminar las tres últimas tomas de la mañana, el director de una película recibe la visita de la actriz protagonista. Ella no rueda hasta mañana, pero viene a comunicarle que no hará la escena del desnudo que tenían prevista para la semana siguiente. Será una confrontación radical sobre lo que significa la honestidad en el arte y en las relaciones personales. Y sobre la dificultad de deslindar los límites entre el compromiso y la libertad.

Ayer vimos de nuevo en Avilés Finlandia, la cuarta obra de Pascal Rambert que, tras La clausura del amor, Ensayo y Hermanas, parece empeñado en explorar las posibilidades combinatorias de las confrontaciones humanas, sustituyendo el diálogo entreverado por la fuerza del monólogo sucesivo. Algo de eso encuentro en esta magnífica opera prima de Francesc Cuéllar que, además de una lucida reflexión sobre las relaciones entre un director y una intérprete, plantea también una mirada muy sugerente sobre los vínculos profesionales y las asimetrías entre la honestidad y el afán. Una tensión que afecta singularmente a las generaciones más jóvenes en sectores como los de la creación y la investigación. Y en esto, esta estupenda película parece sintonizar con las reflexiones de Remedios Zafra. Nada menos.

domingo, 21 de mayo de 2023

Una bonita mañana

de Mia Hansen-Løve. Francia, 2022. 112.
21 de mayo de 2023. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Entre un invierno y un verano en París, Sandra está viviendo momentos importantes de su vida. Su padre padece una enfermedad neurodegenerativa que le ha dejado ciego y cada vez vive más extrañado. Ese difícil trance coincide con el inicio de una relación apasionada con un amigo muy querido. Sandra vive sola con su hija y él también tiene un hijo, pero está casado y le está costando mucho romper su matrimonio. Igual que a ella despedirse de su padre.

Mia Hansen-Løve acierta al situar entre dos estaciones esta historia parisina que termina con ese bonito plano de una mañana estival en Montmartre. Todo es delicado y creíble en esta hermosa historia sobre el comienzo de un amor perdurable y la despedida de un padre que ya solo conserva la bondad. La verdad con que se retratan y conjugan ambas experiencias nos recuerda que, a veces, la vida hace que las despedidas más tristes coincidan con los instantes más apasionados. Una bonita mañana es mucho mejor que El porvenir y contiene algunas de las cosas que más me gustaron de La isla de Bergman. Pero, sobre todo, muestra con belleza y ternura la pasión de los comienzos amorosos y la conmoción de las despedidas filiales. Quien lo probó lo sabe.

domingo, 5 de marzo de 2023

Aftersun

de Charlotte Wells. Reino Unido, 2022. 98.
5 de marzo de 2023. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Vacaciones de una niña con su padre en Turquía. Días de sol, playa y piscina de los que quedan algunos videos y muchos recuerdos. 

Lo que vemos es lo que Sophie está evocando mientras ve esos videos muchos años después. Charlotte Wells nos coloca en un lugar intermedio entre la mirada ingenua y atenta de la Sophie de once años y los recuerdos, dulces y dolorosos, de la que ha alcanzado la edad que tenía su padre en aquel momento. En fuera de campo queda para nosotros lo que ha sido de él. Y ese vacío nos sirve para interpretar algunas escenas en clave premonitoria de no sabemos muy bien qué. Aftersun es un homenaje contenido a la vivencia del tiempo. La de ese presente continuo que disfrutamos mientras se va y la de ese pasado (im)perfecto que siempre nos acompaña.

sábado, 25 de febrero de 2023

Dilo alto y fuerte

de Nabil Ayouch. Marruecos, 2021. 101.
25 de febrero de 2023. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Anap llega a una escuela de arte de un barrio de Casablanca para enseñar rap a unos adolescentes con vidas difíciles. El conservadurismo que les rodea no acepta sus manifestaciones de rebeldía. Y poco a poco serán más intensas y creativas.

El director de Los caballos de Dios, Much Loved y Razzia vuelve a demostrar su capacidad para dirigir a actores no profesionales en situaciones naturales y sacar de ellos lo mejor. El contrapunto de estos adolescentes apasionados por el rap son los clanes integristas que protagonizaban (seguramente en el mismo barrio) la historia de Los caballos de Dios y que aquí aparecen tangencialmente. Aunque es menos dramática, encuentro cierta vecindad entre el empoderamiento por enrapamiento de estos chicos marroquíes y la rebelión de las chicas argelinas que preparaban un desfile de moda en Papicha, la película de Mounia Medour. Lo que me ha gustado menos es quizá la gestualidad un tanto afectada de ese profesor liberador. Pero hay que reconocer que resulta muy complicado trasladarnos desde otra lengua los ritmos de las composiciones raperas. Por eso tienen tanto mérito esos subtítulos que durante casi toda la película intentan algo tan difícil como hacernos sentir la pulsión rebelde y poética de sus alegatos rimados.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Ordet

de Carl Theodor Dreyer. Dinamarca, 1955. 125.
18 de diciembre de 2021. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Morten es el patriarca de la granja de los Borgen y también un hombre muy religioso que vive con sus tres hijos: Mikkel, Johannes y Anders. Anders quiere casarse con la hija del sastre del pueblo con el que Morten tiene grandes discrepancias sobre ortodoxia religiosa. Johannes se volvió loco tras estudiar a Kierkegaard y deambula por la casa y las dunas cercanas creyéndose Jesucristo. Mikkel está felizmente casado con Inger y esperan su tercer hijo. Sin embargo, el parto se complica y el bebé muere. A las pocas horas también muere Inger. Johannes insiste en que podría resucitarla si alguno de los presentes tuviera fe.

Un clásico existencialista. La familia, la vida, la muerte, la religión y la fé se dan cita en esta historia que tiene la intimidad propia del teatro y en la que la parsimonia y los ademanes son algunas de las claves para que hasta el ritmo resulte cautivador. Aunque no se diera importancia a su contenido metafísico, su brillantez formal es tan notable que casi siete décadas después sigue resultando impresionante la escena final del funeral en ese espacio casi vacío de blancura minimalista. No sería extraño, por tanto, que Pasolini tuviera en mente al Jesucristo de Dreyer cuando planteó esa otra joya de la historia del cine que es su Evangelio según San Mateo. Por lo demás, Ordet aún parece más contenida y mesurada cuando tenemos  tan reciente As in heaven, esa variación sobre el mismo tema dirigida por Tea Lindeburg que el festival de Gijón proyectó hace unas semanas entre las películas más selectas de la última edición de Zinemaldia.

viernes, 23 de abril de 2021

La nube

de Just Philippot. Francia, 2020. 100.
23 de abril de 2021. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Virginie vive con su hijo pequeño y su hija adolescente en una granja. No sabemos qué fue del padre pero parece que antes tenían cabras. Ahora Virginie ha apostado por la cría de saltamontes porque considera que podrían ser la solución a los problemas alimentarios del futuro. De momento se los vende a otros granjeros que crían ocas. La hija de Virginie sufre el desprecio de otros jóvenes que se burlan de la extraña obsesión de su madre por los saltamontes. Las tensiones irán creciendo a la par que el número de invernaderos que Virginie va levantando en la granja.

Familias, obsesiones y miedo ante el futuro. Son temas que La nube comparte con Take Shelter, la magnífica película de Jeff Nichols. También hay cielos nublados, exteriores opresivos y una banda sonora que no asusta pero inquieta. La obsesión de esta mujer no es construir un refugio subterráneo sino levantar invernaderos y criar masivamente esos saltamontes de zumbido cuasieléctrico. Hay imágenes de insectos en primerísimos planos o formando nubes mucho más densas y menos aleatorias que las bandadas de estorninos. De hecho, La nube tiene cierto parentesco metafórico con Los pájaros de Hitchcock y hasta con los géneros vampíricos. Just Philippot ha sabido dosificar la creciente tensión de la historia hasta el tremendo final acuático y nocturno que cierra la relación triangular entre la madre, la hija y los insectos.

sábado, 27 de marzo de 2021

Del inconveniente de haber nacido

de Sandra Wollner. Austria, 2020. 94.
27 de marzo de 2021. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Elli disfruta del verano a solas con su padre. En una elegante casa en medio del bosque comparten instantes de felicidad y también muchos recuerdos. Pero no todos porque Elli es un androide con memoria configurable al que le faltan instantes del pasado familiar. Cuando salga de la casa y se pierda en el bosque acabará mezclando esos recuerdos con los de anciana para la que ella será una inquietante compañía que se convierte en remedo del hermano muerto hace sesenta años.

El título de la película es de Cioran y el tema va mucho más allá de los debates sobre los androides como competidores de las mascotas animales en el acompañamiento de los humanos. El ritmo moroso de la historia es solo apto para espectadores sosegados. Así que uno empieza planteándose si la historia pretende suscitar reflexiones sobre la pedofilia a partir de esta Lolita sintética para encontrar luego resonancias del debate sobre los sexos y los géneros con esa reconfiguración de la niña a una versión masculina. Sin embargo, la película va más allá de todo eso planteando ideas de más calado sobre la familia, los sentimientos, la memoria y la identidad. De hecho, Sandra Wollner retoma las reflexiones originales que Mary Shelley planteó con su moderno Prometeo. Con Frankenstein no estaba creando el hito seminal del imaginario sobre los robots y la inteligencia artificial, sino consideraciones mucho más relevantes acerca de la condición humana. Su mirada hacia lo humano estaba más emparentada con el emotivismo de Hume que con el racionalismo mecanicista de Descartes. Y es que quizá las utopías y distopías sobre nuestro futuro están demasiado centradas en la inteligencia artificial y la superinteligencia y no nos pararnos a pensar que lo más inquietante de lo que espera a los humanos no son los desafíos de la inteligencia artificial sino los de la sensibilidad y la moralidad artificial.

sábado, 13 de marzo de 2021

Las letras de Jordi

de Maider Fernández Iriarte. España, 2019. 70.
13 de marzo de 2021. Laboral Cinemateca, Gijón.

Maider tiene varias conversaciones con Jordi. Para poder comunicarse con ella, él le va señalando las letras con el dedo. Tiene parálisis cerebral y vive en una residencia. Le gusta el contacto con las personas y siempre tiene presente a Dios. Por eso irá a Lourdes y la cámara de Maider lo acompañará.

Siguiendo a Herta Müller, Carlos Skliar habla de manera conmovedora de los intactos, los dañados y los rotos. Jordi no está intacto, pero tampoco está roto. Su voluntad de comunicarse hace que el tiempo con él sea muy diferente. Y nos permite apreciar el valor de la comunicación y la duración del instante. Contemplando los diálogos morosos entre Maider y Jordi da tiempo para pensar sobre las cosas importantes. Sobre el valor del lenguaje, la textura de las palabras y la condición humana. El documental de Maider Fernández Iriarte se une a la serie de películas que deberían ver los educadores, y en general los profesionales del cuidado, para salir de la disciplina de sus disciplinas y reflexionar sobre la empatía y la compasión. Por ejemplo, Piratas o Libélulas de Isabel de Ocampo, Conducta de Ernesto Daranas, La hora de los deberes de Ludovic Vieuille, À l'école des philosophes de Fernand Melgar o System Crasher de Nora Fingscheidt. Como Las letras de Jordi, varias de ellas tratan de los dañados, algunas incluso de los rotos, pero todas son del mayor interés para esos intactos que ni siquiera saben que lo son. Pero, además, la película de Maider Fernández Iriarte incluye un regalo muy especial para mi. Esas imágenes de Lourdes que me devuelven algunos de los primeros recuerdos de mi vida. Los de aquel viaje con mis padres y mi hermano a Rognac, al lado de Marsella, para ver a mis tíos y al primo que acababa de nacer. De vuelta paramos unas horas en Lourdes y, aunque acababa de cumplir cuatro años, no he olvidado aquel lugar.

domingo, 28 de febrero de 2021

El año del descubrimiento

de Luis López Carrasco. España, 2020. 200.
28 de febrero de 2021. Laboral Cinemateca, Gijón.

Conversaciones de gente corriente en el Tana, un bar de barrio del Lago de Cartagena. Hablan sobre muchas cosas. Sobre cómo les va la vida ahora y cómo nos iba antes. También hablan de lo que pasó en 1992, aquel año en que España parecía tocar el cielo desde Sevilla y Barcelona mientras Cartagena se convertía en un infierno.
 
Con el Informe General de Portabella (no solo el de 1977, también el de 2016) podría medirse esta nueva película de Luis López Carrasco que me parece mucho más atinada que El futuro, su anterior viaje a otro pasado que situó en 1982 (me temo que Felipe González nunca le ha caído nada bien). El año del descubrimiento comienza conceptualmente borrosa. Como si entráramos en un bar y pilláramos a medias conversaciones ajenas que quizá nos interesen. Pero poco a poco la atención de la cámara (y el montaje) se va centrando. Y con ella la nuestra, que no se ve importunada (todo lo contrario) por la decisión de que prácticamente las tres horas y veinte que dura la película se desarrollen con la pantalla partida ofreciendo imágenes, a veces paralelas y otras no tanto, de esas gentes que hablan. El modelo formal es el de Jaime Rosales en La soledad, pero Luis López Carrasco lo lleva más lejos con una insistencia tan atrevida como exitosa. Las imágenes de la violencia pretérita y las apasionadas evocaciones de los sindicalistas en el tramo final de la película constituyen toda una bofetada a los pseudodebates que estos días tenemos a cuenta de la libertad de expresión y los disturbios callejeros por el encarcelamiento del rapero. Con el estilo neutro y tosco de Portabella, López Carrasco consigue trascender las obviedades con solo dar voz a quienes no suelen tenerla frente a las cámaras. Y así escuchamos palabras impertinentes que precisamente por ello resultan tan pertinentes. Como lo que se dice en ese epílogo sindical, con remate en el relato de un sueño simétrico al que abre la película, tras el cual el paraninfo de la Laboral (¡por fin vuelvo a ver cine en un cine!) estalla en un aplauso inmediato y espontáneo. Como si tres horas y veinte minutos hubieran durado solo lo que dura ese epílogo. Así que tras El año del descubrimiento de López Carrasco casi apetece seguir viendo imágenes reveladoras. Así que me animo a recomendar tres formalmente muy distintas a las de esta película pero que encuentro emparentadas con algunas de las cosas que se dicen en ese epílogo: Economía circular, Mi empleo, mi futuro (y 2) y El valor de lo intangible.

domingo, 1 de marzo de 2020

Un gato en la pared

de Vesela Kazakova, Mina Mileva. Bulgaria, 2019. 92.
1 de marzo de 2020. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Irina es una arquitecta búlgara que trabaja como camarera en Londres y vive con su hermano y con su hijo en un barrio cutre. Un gato que aparece en el edificio y ellos acogen en su casa será el detonante de un conflicto con unos vecinos que tendrá consecuencias importantes. Sobre todo cuando el gato se esconda en un hueco de la pared.

El Londres brexitero y gentrificador es el contexto de esta historia pequeña que nos mete en la casa de una emigrante empeñada en vivir dignamente en una sociedad que quizá no merezca la buena voluntad de gentes como ella. Aunque por el naturalismo con que se retratan a estos nadies la película recuerda el estilo de Ken Loach, Vesela Kazakova y Mina Mileva no han querido convertirla en denuncia dirigida hacia arriba, sino que se limitan a mostrarnos conflictos horizontales en los que lo ideológico es más tácito que expreso. Quizá porque, más que plantear grandes tesis, lo que les interesa es retratar la cotidianidad de unas vidas cercanas en una ciudad ajena. Y eso beneficia a su película.

sábado, 15 de febrero de 2020

Para Sama

de Waad al-Kateab y Edward Watts  Reino Unido, 2019. 93.
15 de febrero de 2020. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

En Alepo una periodista y un médico comprometidos con aquella revolución ilusionada decidieron quedarse y tener una hija en los tiempos del asedio. Él dirige un hospital y ella usa su cámara para dar testimonio de tanto sufrimiento. Se lo cuenta a su hija para que lo entienda cuando crezca. Y también a quien quiera saber cómo ha sido el infierno en Siria durante la guerra.

El País publicaba ayer que entre 2013 y 2018 España internó a cuarenta y dos refugiados en un CIE con la pretensión de devolverlos a Siria. Eran los tiempos en que Europa dejó que el Mediterraneo se convirtiera en fosa común para quienes huyen del infierno. Para Sama tiene la misma fuerza y cuenta una historia parecida a la de La cueva de Feras Fayyad (merecidísimo premio de la sección Tiempo de Historia en la última Seminci). Las dos son joyas cinematográficas que se unen a aquel autorretrato sirio que desde la ciudad de Homs compusieron Wiam Bedirxan y Ossama Mohammed en Silvered Water. Todas ellas son bofetadas éticas que servirán para que en el futuro alguien se pregunte cómo se ha consentido todo esto. La respuesta será la misma que en Líbano, Palestina, Irak, Bosnia, Ruanda, El Salvador, Camboya, Indonesia... Y no será nuestra ignorancia.

domingo, 15 de diciembre de 2019

El viaje de Marta

de Neus Ballús. España, 2019. 83.
15 de diciembre de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Marta pasa unos días de vacaciones con su padre y su hermano en un hotel de Senegal. Los dos viven con su madre y pocas veces viajan con él. Esta vez lo acompañan aprovechando que va a firmar unos contratos de su agencia de viajes con hoteles de la zona. Marta se aburre bastante y se lleva muy mal con su padre. Tan solo parece interesarle un joven que trabaja en el hotel y que graba con su cámara las excursiones de los turistas. 

El viaje de Marta y La hija de un ladrón. Dos películas catalanas que merecerían este año muchísimos premios. Por ejemplo, al magnífico trabajo de las jóvenes actrices que las protagonizan (Greta Fernández y Elena Andrada), al de esos actorazos que hacen de padres (Eduard Fernández y Sergi López), a unos guiones en los que la sutileza es compatible con el naturalismo y la sencillez y, por supuesto, a unas directoras que tienen mucho que contar y saben hacerlo sin imposturas. A Belén Funes la descubrimos con su primer largometraje, pero la singular mirada de Neus Ballús ya nos dejó cautivados en la Seminci de 2013 con aquella joya hiperrealista que se titulaba  La plaga. Así que no nos podíamos perder esta nueva película suya que solo ha tenido en Asturias dos proyecciones y que, por fortuna, hemos podido ver en versión original (algo raro en un país empeñado en que Cataluña sea española pero que no tiene claro si también lo es el catalán). El viaje de Marta es una historia pequeña y sutil que aportaría mucho a cualquier público. Es una película sobre las relaciones turísticas entre europeos y africanos sin la aspereza de la películas de Ulrich Seidl. Es también una reflexión sobre el papel de la cámara en la construcción de los relatos sin necesidad de sesudos ensayos. Y, sobre todo, una historia sobre la adolescencia y las relaciones paterno-filiales sin discursos edificantes. Puro naturalismo que deja espacio para que el espectador pueda verse reflejado en este retrato de un momento vital tan importante como el del tránsito dislocado de la adolescencia a la mayoría de edad. El viaje de Marta es una delicia apta y grata para muchos públicos. Sin embargo, serán pocos los que la podrán ver.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Un joven ruso

de Alexander Zolotukhin. Rusia, 2019. 72.
1 de diciembre de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Un jovencísimo soldado ruso queda ciego en su trinchera tras un ataque con gas durante la Primera Guerra Mundial. Él no quiere volver a casa así que le encargan vigilar el cielo y avisar cuando escuche que llegan aviones alemanes.

¿Puede haber mayor desamparo que ser ciego en una guerra? El desasosiego que produce la situación de este soldado, que ya parecía desvalido antes de perder la vista, es aún mayor con ese grano historicista y esa relación de aspecto casi cuadrada que tiene la película. Pero las imágenes y sonidos de la guerra se entremezclan con los del ensayo de una orquesta que bien podría estar preparando ahora algo así como la banda sonora de la película. Así que la sensación de inmersión y distanciamiento simultáneos que tiene el espectador hacen extraña y a la vez poética la contemplación del infortunio del joven soldado. Alexander Zolotukhin consigue que este ensayo sobre la ceguera y la guerra lo sea también literalmente en su singular película.

sábado, 1 de junio de 2019

Nuestro tiempo

de Carlos Reygadas. México, 2018. 173.
1 de junio de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón.

Juan y Esther viven con sus hijos en el campo criando toros. Él es un poeta reconocido que no se considera celoso. Hasta que la relación de ella con un amigo gringo pone a prueba la apertura sentimental que los dos creían compartir.

Conserva lo mejor de Post Tenebras Lux (la belleza de las atmósferas y de las imágenes crepusculares) y no tiene ninguna de sus excentricidades (la ausencia de un verdadero relato, el formato de 4:3 con aquella insufrible lente biselada). En Nuestro tiempo Carlos Reygadas apuesta por un formato radicalmente panorámico en el que aún resultan más bellos esos paisajes de Tlaxcala que me recuerdan a los hermosos campos abiertos de Salamanca o de Cáceres.  La cámara se mueve con sosiego y parece levitar por la cotidianidad de este matrimonio en crisis interpretado por el propio director y su familia en la casa en que viven. No sé si Reygadas se dedica realmente a criar ganado bravo, pero lo filma con una fuerza y una radicalidad (en la belleza y también en el dramatismo) pocas veces vista en el cine. Nuestro tiempo es una reflexión sobre las posibilidades de un amor sin celos. O un retrato sobre los celos desde el punto de vista de quien se creía inmune a ellos. Pero más allá de eso, es también un ejercicio cinematográfico original que, evitando arritmias en el relato, consigue sacar el mayor partido a hallazgos como el de esa voz en off infantil, las quizá metafóricas peleas entre toros o esas cartas que escuchamos mientras contemplamos imágenes tan poderosas como la del avión crepuscular que se acerca a la Ciudad de México. Así que Nuestro tiempo me reconcilia con Reygadas. De hecho, no se me hacen nada largas estas casi tres horas en casa de esta familia cosmopolita y taurina.

viernes, 31 de mayo de 2019

Ray & Liz

de Richard Billingham. Reino Unido, 2018. 107.
31 de mayo de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Ray, Liz y sus dos hijos (el propio Richard y su hermano pequeño Jason). Vemos a Ray cuando ya es viejo y vive encerrado en su habitación pendiente solo de las tres botellas de cerveza que le llevan cada día. También contemplamos escenas cotidianas de la infancia de esos niños que se criaron en una familia a la deriva.

Con una ambientación perfecta en su feismo, con unas interpretaciones impresionantes encarnando la marginalidad y con unos encuadres fascinantes (los primeros planos de insectos, los espacios desvencijados, la luz cálida de los interiores invernales) Richard Billingham consigue trasladar con mucho éxito su experiencia como fotógrafo a esta autobiografía áspera y conmovedora que podría compartir contextos e intenciones con el cine de Ken Loach, pero que también aporta una poética propia que hace que el espectador no tenga claro si ha asistido a un elegantísimo retrato del desvalimiento o a una evocación sentimental hiriente y compasiva a la vez. Ray & Liz es una película tremenda (aunque nunca tremendista) con la que Billingham demuestra que un buen fotógrafo puede ser también un gran director si tiene algo que contar y sabe cómo hacerlo.

viernes, 24 de mayo de 2019

Love me not

de Lluís Miñarro. España, 2019. 86.
24 de mayo de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

En mitad del desierto unos soldados custodian el pozo en el que está recluido Jokanaan, un peligroso islamista con pinta de profeta. Salomé queda fascinada por él y cuando su padre, el comandante Antipas, le ofrece cualquier cosa si ella baila para él, Salomé le pide la cabeza del profeta. En ese lugar desolado también están la mujer del comandante y un par de soldados mexicanos llamados Hiroshima y Nagasaki.

La Salomé de Óscar Wilde recreada en un campamento militar durante la guerra de Irak. Lluís Miñarro no se pone límites en la construcción de una historia que a buena parte del público le ha parecido disparatada. El recuerdo de la magnífica Stella Cadente que presentó en el Niemeyer en 2014 seguramente me han predispuesto a favor de esta historia. De hecho, la referencia a Babel en la estupenda escena inicial en la que el catalán se mide sin pudor con el inglés me hace pensar que uno de los subtextos de la película (si es que los tiene) podría estar relacionado con las lenguas. Además de esas dos, se habla árabe y también español con varios acentos (los diálogos de los mexicanos con nombres japoneses me parecen estupendos). Miñarro combina recursos teatrales (las escenas largas de conversaciones y la del baile en la tienda del comandante) con planteamientos metafísicos (los planos de y desde el pozo, las imágenes cenitales del desierto...) y con provocaciones surrealistas (los penes, los pezones, los reptiles...) que dan al conjunto una aspecto desmañado que seguramente descoloca a buena parte del público. A mi no me molesta esa amalgama de imágenes provocadoras que no siempre son coherentes con un guión que a veces tiene la verosimilitud propia de la improvisación y a veces parece pretender que se note mucho su escritura. Lo que encuentro más débil es quizá el centro de gravedad de la historia: ese profeta místico (¿será un guiño, por contraste, al musulmán encarcelado de la película de Jacques Audiard?) que ocupa un lugar central en este cuadro surrealista, pero al que no encuentro mucha más relevancia que a los genitales de los mexicanos o a los reptiles de los créditos. Contra la perplejidad que seguramente habrá causado, a mi me ha encantado esa escena final con la protagonista cantando en un garito de Ciudad de México la canción de la Salomé eurovisiva. Sin embargo, Love me not no me deja tan buen recuerdo como Stella Cadente. Y no por la historia ni por la forma de contarla. Más bien porque no encuentro aquí la elegante y coherente atmósfera de aquella película igualmente arritmica pero mucho más perturbadora. Tengo que añadir, en todo caso, que lo mejor de la tarde no ha sido la película sino poder participar en el excelente curso que se desarrolla aquí durante este fin de semana (diez horas en total) y asistir a un magnífico repaso de la (contra)historia del cine español entre 1931 y 2018 de la mano de Luis E. Parés, un joven erudito amenísimo, un tipo con mucho criterio y un comunicador excepcional que nos ha hecho pensar y disfrutar muchísimo con su fundamentada reivindicación de una historia del cine español alejada de los tópicos y del habitual menosprecio propio de la amnesia. Escucharlo en el Paraninfo y charlar con él en la comida del sábado ha sido una delicia.

domingo, 16 de diciembre de 2018

La noche de 12 años

de Álvaro Brechner. Uruguay, 2018. 122.
16 de diciembre de 2018. Laboral Cinemateca, Gijón.

Tres prisioneros tupamaros durante la dictadura. Y doce años terribles en los que fueron sometidos a la máxima privación sensorial. Uno de ellos era Pepe Mujica.

La opresión en estado puro. La que fuera de campo se intuye que sufrió el pueblo uruguayo y la que sentimos desde el punto de vista de unos hombres a los que se quiso privar de cualquier punto de vista. Las imágenes y el montaje son agobiantemente hipnóticos y el sonido adquiere todo el relieve que seguramente debió tener para unos cautivos que tardaron mucho tiempo en volver a ver un cielo estrellado o un paisaje abierto. Álvaro Brechner consigue situarnos durante dos horas en ese tremendo lugar psicológico en el que estuvieron durante doce años aquellos tres hombres. No sé si con La noche de 12 años llegará a tener la fama que consiguió Alan Parker con El expreso de media noche, pero desde luego bien la merece. Y no solo por haber hecho una película singularmente intensa y especialmente útil en estos tiempos desmemoriados, sino porque ha sabido sacar lo mejor de un elenco magnífico. A los extraordinarios trabajos de Antonio de la Torre en el papel de Mujica y de Chino Darín y Alfonso Tort en el de sus compañeros de cautiverio, se une el de Soledad Villamil en una escena magnífica que aporta algo de esperanza entre tanta barbarie. Y qué decir de Silvia Pérez Cruz que nos regala cuatro canciones extraordinarias (hace solo un par de semanas nos emocionaba con algunas de ellas en el memorable concierto que dio aquí con Marco Mezquida) y demuestra nuevamente que también sabe ser una actriz deliciosa. Así que La noche de 12 años es, por muchos motivos, una película sobresaliente.

sábado, 10 de noviembre de 2018

El león duerme esta noche

de Nobuhiro Suwa. Francia, 2017. 103.
9 de noviembre de 2018. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Jean es un actor que debe interpretar su propia muerte. Lo hace en la escena del comienzo que se retoma al final. Entre tanto, se encuentra en un viejo caserón con Juliette, el gran amor que murió hace más de cuarenta años. Allí coincide también con unos niños que quieren filmar una película y le piden que actúe para ellos.

Jean-Pierre Léaud se moría magníficamente en la extraordinaria película de Albert Serra sobre Luis XIV. Aquí discrepa del director sobre la forma en que se ha de afrontar ese trance en el cine. De hecho, en la última escena lo hace de dos formas distintas. En medio, Nobuhiro Suwa parece querer decirnos que, en el fondo, el cine es un acto de amor hacia el pasado y también un juego de niños. Un mensaje muy apropiado contando con un actor tan singular como Jean-Pierre Léaud. Aquel que protagonizó nada menos que Los cuatrocientos golpes de Truffaut cuando era poco más que un niño.