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domingo, 12 de julio de 2015

Los héroes del mal

de Zoe Berriatúa. España, 2015. 98.
12 de julio de 2015. Teatro Filarmónica, Oviedo. III Festival Internacional de Cine y Arquitectura.

Tres adolescentes marginados que se unen. Primero para defenderse. Luego para vengarse. Son los héroes del mal.

Los adolescentes como perversos polimorfos. Esa podría ser la tesis de una película (otra más) para reforzar ese imaginario que concibe los institutos como lugares peligrosos habitados por seres intratables. Entre la deliciosa infancia y la sosegada vida adulta parece existir una edad aquejada por todos los males y en la que cualquier maldad es posible. Los héroes del mal casi podría verse como cine gore lleno de violencia y mal rollo si no fuera por sus pretensiones naturalistas que acaban haciéndola aburrida. Así que no entiendo la decisión del jurado de la prensa que le ha concedido el premio de la crítica en esta edición del Ficarq. Los héroes del mal queda muy lejos de aquel otro trío, también formado por dos chicos y una chica, sobre el que Patricia Ferreira aportó una mirada mucho más sutil en su magnífica Los niños salvajes.

Escapes de gas

de Bruno Salas. Chile, 2014. 72.
12 de julio de 2015. Teatro Filarmónica, Oviedo. III Festival Internacional de Cine y Arquitectura.

La celebración en Santiago de Chile de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en 1972 era una ocasión para mostrar al mundo la vía chilena al socialismo que lideraba Salvador Allende. Para ese fin se levantó en solo 275 dias el edificio UNTAD III, un ilusionante reto en el que colaboraron trabajadores, artistas de vanguardia y arquitectos influidos por el movimiento moderno. El resultado se convirtió en un icono y por eso fue objeto de una agresiva transformación tras el golpe de 1973. La gestación de aquel proyecto, su destino en los años de la dictadura y su recuperación actual motivan una película que es también un homenaje a Félix Maruenda, el escultor que diseñó la singular estructura para la salida de gases.

Imágenes de distintas épocas y declaraciones de algunos testigos se van sucediendo en este documental que muestra hasta qué punto la arquitectura puede ser espejo (incluso roto) de la historia. Algo que Escapes de gas tiene en común con Campaneros, la película avilesina con la que comparte el premio al mejor documental de esta edición del Ficarq y que reseñé aquí en febrero.

jueves, 9 de julio de 2015

The competition

de Ángel Borrego Cubero. España, 2013. 90.
9 de julio de 2015. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo. III Festival Internacional de Cine y Arquitectura. V.O.S.

La construcción del Museo Nacional de Arte de Andorra en una parcela en medio de Andorra la Vella. Ese es el objetivo de un concurso al que son invitados los arquitectos más prestigiosos del mundo (los premios Priztker y similares). Jean Nouvel, Frank Gehry, Dominique Perrault y Zaha Hadid participan en él y preparan sus proyectos. También lo iba a hacer Norman Foster, pero se retiró cuando conoció una de las condiciones: que se permitiera grabar imágenes para este documental durante la preparación de los proyectos y en su presentación ante el jurado andorrano.

Una experiencia única. La de conocer la vida cotidiana de los grandes estudios de arquitectura mientras preparan a contrarreloj sus proyectos y la forma en que los defienden ante un jurado a puerta cerrada. Ángel Borrego Cubero consigue que su cámara no moleste (salvo a Norman Foster que no quiso aceptarla) y podamos ver cómo se trabaja dentro de esos estudios que tanta proyección tienen fuera. Así descubrimos que Frank Gehry es tan majo como nos muestra el documental de Sidney Pollack, que Dominique Perrault parece un arquitecto apasionado que cree en sus proyectos, que en el equipo de Zaha Hadid hay un ambiente estupendo y que Jean Nouvel es un tipo soberbio que maltrata a sus profesionales y al que todos sus subordinados parecen temer. Aunque ver cuajar los proyectos y asistir a las presentaciones de esas megaestrellas en Andorra es ya una gozada, lo mejor viene al final. El único resultado tangible de aquel concurso fue este estupendo documental porque tras un cambio de gobierno se decidió no construir el museo.

Habitar la utopía

de Mariano Agudo. España, 2015. 69.
9 de julio de 2015. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo. III Festival Internacional de Cine y Arquitectura.

En mayo de 2012 treinta familias ocupan un edificio vacío en Sevilla. Allí constituyen la Corrala Utopía, una comunidad con la que quieren poner de manifiesto que disponer de una vivienda digna es un derecho de las personas, no de los bancos. Van pasando los meses y se mantienen unidos aunque durante ese tiempo se ven obligados a recuperar formas de vida antiguas como arreglarse sin electricidad o no tener agua corriente. Al final Ibercaja parece ser más fuerte que el Defensor del Pueblo andaluz y el 6 de abril de 2014 la policia los desaloja para que el banco que acaba de comprar las viviendas pueda disfrutar de ellas vacías y los desahuciados lo sean una vez más.

Dedicamos la tarde a ver algunos documentales de la sección Arquitecturas filmadas del Ficarq. El primero es María Elena, un mediometraje que muestra la vida cotidiana en el último pueblo salinero del mundo. Maria Elena está en Atacama y su aridez contrasta con la ternura de unas gentes que son tratadas con sobriedad y respeto por la cámara de Rodrígo Lepe Cavagnaro. A continuación vemos Habitar la utopía, una de esas películas reivindicativas de temática social que bien podría haber sido programada por El Documental del Mes. Mariano Agudo retrata el día a día de casi dos años de resistencia solidaria en una pequeña comuna, en una corrala sevillana del siglo XXI, formada por unos vecinos que han decidido responder al verbo desahuciar (tan conjugado en estos años en España) con el de ocupar. Su reivindicación es la de un derecho constitucional, obscenamente conculcado en un país en el que la burbuja financiera se ha nutrido del vacío que suponen los millones de viviendas desocupadas. Habitar la utopia es una bofetada moral a la que seguramente algunos darían respuestas jurídicas para intentar justificar lo injustificable: que haya personas sin hogar mientras hay tantos hogares vacíos que solo sirven para sostener las ficciones económicas de los bancos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Manglehorn

de David Gordon Green. EE.UU., 2014. 97.
8 de julio de 2015. Teatro Campoamor, Oviedo. III Festival Internacional de Cine y Arquitectura. V.O.S.

Lo vemos trabajando como cerrajero, cuidando de su gata, discutiendo con su hijo, conversando cada viernes con la cajera de su banco, estropeándolo todo en una cita con ella... Es Manglehorn, un hombre sensible y huraño que escribe cartas a Clara, aquel amor perfecto que perdió para siempre.

En su tercera edición el Ficarq deja Avilés (el lugar natural para el maridaje entre cine y arquitectura) y se traslada a Oviedo. La programación sigue siendo extraña y, aunque mañana veremos documentales sobre arquitectura, hay que buscar con atención para evitar esas malas películas que se preestrenan en este festival pero no tienen nada que ver con ella. Hoy hemos tenido suerte y, aunque la cerrajería no sea un oficio básico en la arquitectura, hemos podido disfrutar de otro recital interpretativo de Al Pacino. Su personaje en Manglehorn tiene mucha relación con el de La sombra del actor de Barry Levinson. Los dos son perdedores que viven una cotidianidad extraña (o extrañada) y sienten que su felicidad estaría en un amor perdido (Manglehorn) o posible (La sombra del actor). En las dos Al Pacino llena la pantalla con una presencia total que nos hace entender también lo que no se nos muestra de esos personajes heridos (la relación con Clara en esta película, el pasado de ese actor declinante en la de Levinson). Son seres que viven con intensidad y distanciamiento esa singular cotidianidad de quienes se sienten en busca de un tiempo perdido. Aunque la fama se la dieron personajes más jóvenes y activos creo que este Al Pacino maduro y parsimonioso es aún mejor.

viernes, 18 de julio de 2014

Visual Acoustics

de Eric Bricker. EE.UU., 2008. 83.
18 de julio de 2014. Centro Niemeyer. II Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés. V.O.S.

Un simpático nonagenario se encuentra con amigos. Todos hablan bien de él. También Frank Gehry, al que le pasaba lo mismo en el documental de Sydney Pollack. Este viejito delicioso es Julius Shulman, uno de los fotógrafos de arquitectura más importantes del siglo XX. Su especialidad era el movimiento moderno. Sobre esa arquitectura, especialmente en California, creó iconos tan hermosos como la fotografía del cartel. 

El pasado domingo vimos en la Fundación ICO de Madrid Fotografía y arquitectura moderna en España. 1925-1965. La relación entre fotógrafos y arquitectos era el tema de aquella interesante exposición. También es uno de los que se han tratado esta tarde en la película, en la conferencia de Richard Levene (el director de la prestigiosa revista El Croquis) y en la desigual mesa redonda posterior. La independencia del fotografo respecto del arquitecto (radicalmente defendida por Levene y practicada en El Croquis), la posibilidad de una mirada neutra sobre la arquitectura, la reivindicación del movimiento moderno o el sentido del blanco y negro en la fotografía de arquitectura han motivado interesantes reflexiones hoy. También la cuestión del impacto y las epifanías que provoca la visita a una obra en esos instantes singulares que ninguna fotografía puede sustituir. Como los que muchos hemos sentido en Roma entrando temprano en el Panteón. O las que me provocan a veces estos edificios con los que pasa algo muy curioso en este festival. Tanto el año pasado como este, Niemeyer aparece mucho en las películas (la última vez esta misma tarde cuando el propio Julius Shulman hablaba de las emociones que sintió en Brasilia), pero nada en las intervenciones de los ponentes que jamás citan el lugar en el que están. Quizá porque les resulte transparente. O porque desde esta sala, tan hermosa cuando se abren las cortinas laterales, no lo pueden ver porque hace más de un año alguien decidió que estuvieran siempre cerradas. No lo sé, pero cada vez que salgo del cine y me emociona la belleza de la plaza entre las dos luces del anochecer pienso si los arquitectos que me rodean serán ciegos para que tanta belleza les resulte invisible. Curioso festival de arquitectura este que ignora por completo la que lo alberga.

miércoles, 16 de julio de 2014

Amancio Williams

de Gerardo Panero. Argentina, 2013. 77.
16 de julio de 2014. Centro Niemeyer. II Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés.

La Casa sobre el arroyo fue la obra más importante de Amancio Williams. Y casi la única, porque la mayor parte de los proyectos de este arquitecto argentino no llegaron a realizarse.

Además de aquella casa Amancio Williams se encargó de dirigir el proyecto de la Casa Curutchet (la de El hombre de al lado) que diseñara Le Corbusier (el pasado domingo vimos en el Caixaforum de Madrid una interesante exposición sobre él). Amancio Williams fue también el autor de los famosos paraguas invertidos cuyas elegantes formas popularizó Norman Foster en las gasolineras de Repsol. Por lo demás, el documental se alarga para ensalzar la figura de este arquitecto argentino que quizá no tenga suficiente reconocimiento en su país (a juzgar por el lamentable estado de deterioro de su Casa sobre el arroyo en Mar del Plata). La tarde comenzó con una conferencia de los arquitectos Cristina Díaz Moreno y Efrén García Grinda en la que lo más interesante fueron las referencias a dos de sus proyectos actuales: un espacio cívico en el valle del Jerte y la remodelación de la Fundación Giner de los Ríos en Madrid. Entre la conferencia y el documental se proyectó  Las estructuras vivas de Pérez Piñero, un cortometraje de la época de la EXPO-92 que reivindica la obra de quien diseñó la cúpula del Teatro-Museo Dalí. Tras la película hubo una mesa redonda de contenidos más bien divagantes.

martes, 15 de julio de 2014

Corazón de León

de Marcos Carnevale. Argentina, 2013. 110.
15 de julio de 2014. Teatro Palacio Valdés. II Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés.

Ivana es una mujer rotunda que se enamora de León, un tipo encantador pero pequeñito.

La película se me ha hecho larga, muy larga. Lo que cuenta no va más allá de la imagen del cartel. Es una lástima ver al estupendo Guillermo Francella de ¡Atraco! o El secreto de sus ojos digitalmente minimizado en esta comedia boba que alguien ha considerado apta para la sesión inaugural de este festival.

sábado, 20 de julio de 2013

Apuntes de Frank Gehry

de Sydney Pollack. EE.UU, 2005. 83’.
19 de julio de 2013. Centro Niemeyer. I Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés. V.O.S.


Sydney Pollack acompaña a Frank Ghery. Habla con él en su casa y en su coche. Asiste en su estudio al proceso creativo de dar forma a sus edificios. Y también hace que otros hablen de él. Casi todos con devoción. Hasta su psicólogo.

De los recortes tentativos en sus maquetas a los edificios definitivos en las ciudades. Pollack nos muestra a Ghery en una intimidad creadora que parece más la de un artesano experimental que la de un técnico racional. Aunque no se oculta la envergadura de su estudio ni la importancia de su equipo, lo esencial es poner de manifiesto la (divina) humanidad de un arquitecto (estrella). Hoy no hubo cortometraje previo. Pero sí conferencia. Esta vez sobre arquitecturas alienígenas. Es decir, sobre la vecindad entre las obras de los arquitectos-estrella y los artefactos del cine de ciencia-ficción que vienen dispuestos a destruir la Tierra. Esa venía a ser la tesis de una conferencia entretenida que le habría gustado mucho a Carlos de Inglaterra. La mesa redonda posterior no tuvo mucho interés. Tan solo (otra vez) algunas aportaciones de ciertos arquitectos del público. Durante más de una hora se habló de arquitecturas icónicas sin apenas citar a Niemeyer ni al lugar en el que nos encontrábamos. ¿Será un no-lugar? ¿Querrían algunos que lo fuera? Me siento un alienígena.

viernes, 19 de julio de 2013

J.L. Sert. Un sueño nómada

de Pablo Bujosa. España, 2013. 72’.
18 de julio de 2013. Centro Niemeyer. I Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés. V.O.S. 

Tras la construcción del pabellón de España para la Exposición de París de 1937, Sert se va a Cuba y pronto a Estados Unidos. Será un exiliado tan reconocido internacionalmente como olvidado aquí. Su relación con los artistas más importantes del siglo XX, sus concepciones arquitectónicas y urbanísticas, su importante papel en la Universidad de Harvard y las características de algunas de sus obras se repasan en esta película que recorre con rigor una biografía bien interesante.

Es como un documental para la BBC. La descripción es del propio director y no puede ser más acertada. Riguroso, interesante, documentado, accesible. Lo que se espera de un buen documental. No hay concesiones al género de los documentales creativos (el propio Pablo Bujosa también lo dejó claro). Se trataba de dar a conocer a la persona y la obra de alguien que para muchos (empezando por el propio director) resultaba bastante desconocido, a pesar de haber sido el creador de un lugar tan popular como la Fundación Miró de Barcelona o de haber alcanzado un enorme prestigio en los ámbitos académicos norteamericanos. Sert se une así a tantos nombres de exiliados que nos hacen pensar en lo qué habría sido de este país si hubiera fracasado aquel golpe aciago del que hoy se cumplen tantos años. La película vino precedida de Minka, un sencillo cortometraje en el que la vida de una casa es paralela a la relación (muy sentimental) entre un japonés y un norteamericano. Antes hubo una conferencia sobre decorados arquitectónicos en el cine (un repaso histórico sin mucha gracia) y después un coloquio en el que sobresalieron las interesantes aportaciones del director del documental y de María Charneco, una arquitecta que está haciendo su tesis sobre Sert y que asesoró en sus contenidos.

miércoles, 17 de julio de 2013

La escala humana

de Andreas Mol Dalsgaard. Dinamarca, 2012. 76’.
17 de julio de 2013. Centro Niemeyer. I Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés. V.O.S.


Copenhague, Nueva York, Los Ángeles, Congqing, Siena, Melbourne, Daca y Christchurch son las ciudades que sirven para mostrar en cinco capítulos que otro urbanismo es posible.

El título no puede ser más claro. Se reivindica un urbanismo a escala humana. Una ciudad para las personas. Una planificación participativa. El enemigo es siempre el mismo, la ciudad hecha a la medida del automóvil. La alternativa, el empoderamiento del peatón y el ciclista. Quien lo revindica es el arquitecto danés Jan Gehl. Por lo demás, nada nuevo para quienes encontrábamos más estimulante a Ivan Illich que a Robert Moses. Antes de este documental se proyectó el cortometraje Noncity de Andrea Fernández y Nuno Pessoa: una denuncia anti-Seseña, pretendidamente poética, que resulta tan tópica como relamida. La tarde había comenzado con una conferencia pastiche bastante prescindible y terminó con una mesa redonda que tuvo interés por la intervención de algún arquitecto presente entre el público y por la reivindicación que hizo Juan Carlos de la Madrid de la magnífica simbiosis entre arquitectura y cine que tenemos en Avilés en los cines Marta (hoy los más antiguos de Asturias). Allí el séptimo arte resiste a diario en un hermoso palacio construido hace más de tres siglos (antes de que hubiera películas). Y es que en Avilés muchas cosas están hechas a escala humana. La última este maravilloso lugar en el que se desarrolla un festival que, sorprendentemente, no le dedica ninguna conferencia ni mesa redonda al maestro brasileño que lo creó. Ni siquiera una película.