domingo, 27 de octubre de 2019

Papicha

de Mounia Medour. Argelia, 2019. 106’.
27 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Son los años noventa en Argelia. La fuerza de los islamistas es notable. Sobre todo para las mujeres que padecen la presión para que oculten sus cuerpos. Pero Nedjma y sus amigas se niegan a ello. Tiene dieciocho años, estudia en la universidad y le encanta diseñar vestidos. Es una papicha dispuesta a que en su país ser mujer y ser feliz no tengan que ser incompatibles. Por eso se empeña en preparar un desfile de moda en el que ellas lo harán todo. Y sufrirán las consecuencias.

Mounia Medour ha recibido el premio al mejor nuevo director y el premio del público por su primera película. Con la alegría desbordante de estas papichas que están a punto de parecer histéricas y con el acecho de un terror que hace muy vulnerable su forma de vivir, el espectador contempla esta trepidante historia que siempre deja bien claro quiénes son los buenos y quiénes los malos en las tensiones argelinas de aquel tiempo. La historia esta inspirada libremente en hechos reales. Pero con independencia de sus lecturas políticas o la veracidad del relato, Papicha derrocha vitalidad en esos planos cerrados con escasa profundidad de campo, en esas hermosas telas cuyo relieve casi tocamos y en esos rostros juveniles a los que uno no puede más que desear siempre lo mejor y temer muchas veces lo peor. La agilidad del montaje y algunas escenas especialmente afortunadas (como las que tienen lugar dentro de los coches) hacen de Papicha una película que, teniendo una clara voluntad reivindicativa que seguramente le ha venido bien para conquistar el favor del público, no tiene en eso su principal valor. Con un ritmo cálido y frenético Mounia Medour vuelve a confirmar lo que tantas veces digo: que en el otro lado del Mediterráneo hay cineastas que merecen mucha más atención de la que reciben. Así que, aunque las películas del viernes no me parecieron tan buenas como esperaba, las que hemos visto ayer y hoy demuestran que es posible ver muy buen cine aunque solo se pueda estar un fin de semana en la Seminci. Volveremos.

And then we danced

de Levan Akin. Suecia, 2019. 106’.
27 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Merab baila desde niño. Ahora aspira a conseguir la plaza que hay disposible en el cuerpo de baile de la Compañía Nacional de Danza de Georgia. Por eso ensaya una pieza tradicional con mucha relevancia para la identidad nacional de su país. La llegada de Irakli, otro buen bailarín que aspira al mismo puesto, le desestabiliza. Y no solo por lo bien que baila. También por la inesperada pasión con los que los dos empiezan a quererse.

La relación entre los dos protagonistas hará que la película seguramente tenga recorrido en los festivales LGTB. Pero su interés no está solo en eso. La música, la pasión juvenil (la de esos amantes, pero también la de todo el grupo con el que conviven) y el ambiente de Tiflis que la película retrata hacen muy grato seguir esta historia que siempre bordea la aspereza y el fracaso, pero que tiene un momento de gloria y belleza superlativa en ese baile final que es a la vez un precioso desplante. Levan Gelbakhiani se ha llevado un merecido premio al mejor actor en una película en la que casi no hay plano que no protagonice. Pero Levan Akin ha demostrado que tiene pulso y mirada para construir una película que da gusto ver y escuchar. Visto lo visto, no hay nada que objetar por ahora a lo que conocemos del palmarés de esta edición de la Seminci.

La vida invisible de Eurídice Gusmão

de Karim Aïnouz. Brasil, 2019. 139’.
27 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Son los años cincuenta en Río de Janeiro. Guida y Eurídice son dos hermanas que se quieren mucho y lo comparten todo. Hasta que una noche Guida se enamora de un marino griego y huye con él a Grecia. Su padre no la perdona, así que cuando vuelve embarazada la repudia para siempre. Antes de irse, Guida le pregunta por Eurídice y él le dice que está cumpliendo en Viena su sueño de convertirse en una gran pianista. Pero no es verdad. Así que Guida y Eurídice seguirán durante muchas décadas viviendo en Río sin saber una de la otra y sin dejar de quererse. Guida le escribe cartas a Eurídice que sus padres nunca le entregan.

Un preámbulo y un epílogo selváticos en los alrededores de Río enmarcan metafóricamente esta historia memorable. Con aires de drama clásico, con una ambientación y una fotografía cautivadoras y con unos personajes bien diferentes pero también complementarios, La vida invisible de Euridice Gusmão tiene bien merecidos la Espiga de Plata, el premio Fipresci y los premios a las dos actrices en esta edición de la Seminci. Es una película larga que nunca se hace larga, un retrato de feminidades pretéritas contado desde la mayor cercanía, casi desde las entrañas. Karim Aïnouz ha filmado una de esas historias que parecen destinadas a permanecer en la memoria. De hecho, el suyo es un dramón que podría derivar hacia lo folletinesco pero que consigue mantener en todo momento esa fascinación en las imágenes, ese ritmo y esa cercanía casi táctil que hacen inolvidables otros dramas como Revolutionary Road de Sam Mendes o Carol de Todd Haynes. Esa es la estirpe a la que pertenece la película de Aïnouz. Y da gusto poder disfrutarla con la sonoridad de ese portugués que tan bien le va a esta conmovedora historia.

sábado, 26 de octubre de 2019

Lara

de Jan Ole Gerster. Alemania, 2019. 98’.
26 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Una jornada especial para Lara. Es el día en que cumple 60 años y también la fecha en que su hijo da un concierto de piano en el que estrenará una composición. Tras un preámbulo con tentaciones suicidas al amanecer seguimos a esta mujer amargada que dejó el piano porque su profesor le dijo que no tenía talento y que formó a su hijo con la mayor exigencia. Ahora está distanciada de él pero sigue siendo hipercrítica con su trabajo. Así que todo lo que hace parece dirigido a que sea más triste ese día. Y a estropearle un gran éxito a él. 

Tras la estupenda Oh boy esperaba lo mejor de Jan Ole Gersen. Y no me defrauda. Es otra jornada en Berlín asistiendo a tensiones generacionales, en este caso desde la insoportable amargura de una madre. La película sigue solo a este personaje desangelado, pero nos ofrece un contrapunto perfecto en el de ese vecino jubilado que también vive un drama con su hijo pero sabe salir mejor parado. El resto de los personajes (la abuela, el padre y la novia del pianista, el profesor de Lara...) componen un retablo impecable que, con unos encuadres muy sugerentes y un trenzado de sentimientos especialmente trabajado, hacen de Lara una obra mayor del cine alemán actual. Por lo demás, también ha sido delicioso Matches, el corto de animación que la precedió. Con unas cerillas ) y una voz infantil, el húngaro Géza M. Tóth  nos ha explicado maravillosamente de qué va la vida de los adultos desde la mirada de los niños. Así que la tarde de este sábado ha sido, otra vez, un festín cinéfilo. Por eso nos gusta tanto venir a la Seminci.

36 horas

de Néstor Mazzini. Argentina, 2019. 96’.
26 de octubre de 2019. Teatro Zorrilla, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Punto de Encuentro).

Pedro dirige una productora ahogada por deudas. Ha dejado de pagar a Hacienda así que el desastre es inminente. También el familiar porque está separado de su mujer y los dos tienen una niña pequeña. La inminencia de la fiesta de cumpleaños de la niña y la gravedad de la crisis financiera de la empresa que también comparten hace muy difícil ese día y medio para Pedro.

Un retrato de un boludo perfecto. Pero 36 horas no es solo eso. Esta magnífica historia sobre la debacle de este hombre ridículo es una oportuna ilustración de esa boludez social que genera formas de vida en las que el dinero, el crecimiento y las deudas son el aire que respiran (en Argentina y en otros sitios) unas clases medias que no quieren serlo. Claudia Piñeiro lo retrató magníficamente con esa estupenda novela sobre la época de Menem que es Las viudas de los jueves y Néstor Mazzini hace lo mismo en la época de Macri con esta magnífica película. Filmada con poco presupuesto y con mucho saber hacer (en el guión, en el ritmo, y en el trabajo con los actores) 36 horas se hace interesante desde el primer segundo hasta que se acaba ese tiempo. El naturalismo de los diálogos y lo bien que se entienden César Troncoso y Andrea Carballo en las disputas de sus personajes hacen que la película sea mucho más que notable. En el agradable coloquio que siguió a la proyección Néstor Mazzini nos comentó que ya tiene filmada la segunda parte de lo que será una trilogía. Ojalá que tenga mucho éxito con estas 36 horas y podamos ver pronto en España las otras dos películas.

La cueva

de Feras Fayyad. Siria, 2019. 95’.
26 de octubre de 2019. Teatro Cervantes, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Tiempo de Historia). V.O.S.

El 2018 ya van cinco años de asedio en la ciudad Siria en la que sigue abierto un hospital que es casi una cueva. El edificio está en ruinas, así que los médicos trabajan en ese mundo subterráneo conectado por túneles con otros lugares de la ciudad. El ruido insoportable de los aviones rusos que bombardéan la ciudad y la llegada constante de civiles heridos hace durísimo y heroico el quehacer de los médicos y sanitarios que trabajan en esas condiciones terribles.

Cuando comienza la proyección de este impresionante documental ya sabemos que ha obtenido el Premio de la Sección Tiempo de Historia. Y bien lo merece porque es hora y media de inmersión completa en el infierno de ese hospital subterráneo. La cámara sigue principalmente a la joven doctora que lo dirige. Pero también escudriña el quehacer de los sanitarios que trabajan allí sin apenas medios y con la mayor presión imaginable. Hay mucho miedo, pero nunca un mal gesto. La cueva es un retrato de lo mejor de la condición humana en medio del dolor más terrible que se hace especialmente duro con cada llegada de niños heridos y con  la impotencia de quienes los atienden. La referencia final al Mediterráneo nos recuerda que este testimonio sobre la intrahistoria de una guerra nos compromete especialmente a los europeos que hemos permitido a nuestros gobiernos no ser más activos frente a esa espiral bélica. Y que les hemos permitido que nos hablen de mafias que trafican con personas en lugar de exigirles que organicen el rescate de quienes sufren las guerras. La cueva es una joya cinematográfica y también el fármaco que necesitarían recibir muchas conciencias enfermas. Antes de la película se proyectó el corto El infierno, de Raúl de la Fuente (el director de Un día más con vida), sobre una cárcel de Costa de Marfil. Otro testimonio bien filmado sobre el dolor humano que forma un buen díptico con la película  de Fayyad.

Master Cheng

de Mika Kaurismäki. Finlandia, 2019. 114’.
26 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial -fuera de concurso-). V.O.S.

Un chino y su hijo llegan a un pequeño pueblo de la Laponia finlandesa preguntando por un hombre que nadie parece conocer. El chino se llama Cheng y es un gran cocinero al que ese finlandés ayudó en Shangai cuando, tras la muerte de su mujer, la vida de Cheng se complicó. Pero ese hombre ha fallecido y ahora él no decide ayudar en la cocina de Sirkka. Ella es la dueña de un restaurante que apenas tiene otros parroquianos que los viejos de la zona. Pero el éxito de los platos de Cheng cambiará muchas cosas. Entre ellas la popularidad del restaurante, la alegría y la salud de quienes lo frecuentan y también la soledad de Sirkka y de Cheng.

No soporto ese engendro televisivo de maneras medio sádicas que se llama Master Chef. Así que el ternurismo entrañable de este Master Cheng se me hace bastante llevadero aunque solo sea porque entiende la cocina como lugar en el que no tienen cabida la prisa, la riña y la competividad. En este maridaje cultural chinofinlandes todo está presidido por el altruismo y el buen rollo, no por ese ordeno y mando, ese juzgo y descalifico, que caracteriza a aquel deplorable programa televisivo. Como también sucede en esas ligas de debate en las que se promueve la retórica competitiva y que tanto éxito están teniendo en universidades e institutos. Cualquier día a alguien se le ocurrirá llevarlas a la televisión para ofrecer desde ella aún más intoxicación competitiva. En Master Cheng no hay nada tóxico. Al contrario, todo es previsible y saludable. Un cine muy digestivo en el que todo está masticado para que el público no se complique. Es una película con una presentación bonita y una digestión sencilla. No es un plato sofisticado ni es cocina de autor, pero tampoco le hace daño a nadie.

viernes, 25 de octubre de 2019

Un hijo

de Mehdi M. Barsaoui. Túnez, 2019. 96’.
25 de octubre de 2019. Teatro Zorrilla, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección Punto de Encuentro). V.O.S.

Una familia tunecina muy feliz dejará de serlo durante un viaje al sur de su país. En una emboscada inesperada a una patrulla de policías el hijo de la pareja recibe un disparo que daña gravemente su hígado y requiere un trasplante. La madre no puede ser la donante porque tiene otro grupo sanguíneo. El padre tampoco porque los análisis indican que él realmente no lo es. Ella intentará encontrar al padre biológico y él aceptará la oferta que le hacen para buscar otra solución.

El comienzo promete y la trama parece que nos va a ofrecer esos requiebros morales que hacen tan estupendas muchas películas que nos llegan desde el otro lado del Mediterráneo (sin ir más lejos la que vimos el martes en la Casa de la Cultura). Sin embargo, pronto se ve que esta tiene más amaneramientos gestuales y formales que maneras originales o contenidos novedosos. Por lo demás, el machismo reactivo del padre me resulta exasperante. El corto tailandés (El dossier de El dossier) sobre unos chicos que quieren hacer una película fue algo mejor. A ver qué tal mañana.

El condado

de Grímur Hákonarson. Islandia, 2019. 90’.
25 de octubre de 2019. Teatro Carrión, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

El marido de Inga se ha suicidado al no poder soportar las presiones de la cooperativa de granjeros islandeses a la que pertenecía. A pesar de las deudas ella seguirá a cargo de la explotación ganadera a la que dedicaron sus vidas. Pero también emprenderá una revuelta contra esa mafia local.

Volvemos por séptimo año a la Seminci y comenzamos con la nueva película de Grimur Hákonarson que ya ganó hace cuatro años la Espiga de Oro aquí. Los hermosos paisajes islandeses, las faenas cotidianas de los ganaderos y algunas asperezas en sus relaciones personales son lo que tiene en común esta película con aquella interesante historia en la que dos hermanos que criaban carneros se llevaban fatal. La protagonista de esta también tiene fuerza y podría dar para una historia más compleja. Sin embargo, el interés de la película se acaba aún antes que la tenacidad de Inga. Por lo demás, uno no acaba de entender por qué hay que meterse con las cooperativas rurales. No sé en Islandia pero las de aquí no me parecen mala cosa.

martes, 22 de octubre de 2019

Los informes sobre Sarah y Saleem

de Muayad Alayan. Palestina, 2018. 127’.
22 de octubre de 2019. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Saleem y Sarah son amantes clandestinos que se encuentran algunas noches. Los dos viven en Jerusalen pero él es un palestino casado que espera su primer hijo y ella es judía y su marido es un coronel de la policía israelí. Sus vidas se complican cuando, tras un incidente en Belén, detienen a Saleem y quieren saber quién era la mujer que le acompañaba.

La historia está basada en hechos reales pero la forma en que se va contando tiene la urdimbre y la trama de las mejores tragedias clásicas. Un guión perfecto con una evolución magníficamente trenzada sobre un conflicto lleno de dilemas en los que es fácil ponerse en la piel de los cuatro personajes implicados. Las interpretaciones son soberbias (también las de los actores secundarios) y desde el comienzo nos van presentando a unos seres muy bien construidos poniéndose a prueba la fortaleza y la lealtad de estos amantes truncados y mostrándose la evolución de lo que sienten sus parejas. Cada vez tengo más claro que al otro lado del Mediterraneo (desde Marruecos hasta Irán) se hace un cine magnífico con unos guionistas soberbios que saben construir historias cautivadoras en las que se plantean conflictos no menos universales que los de los clásicos griegos. Esta película palestina estuvo el año pasado en la Seminci y bien podría haberse llevado una Espiga. Sospecho que entre las que he seleccionado para ver el próximo fin de semana quizá tengamos suerte y nos encontremos con una película tunecina y un documental sirio que podrían confirmar una vez más mi buena opinión sobre el cine que se hace más allá del Mediterráneo. 

domingo, 20 de octubre de 2019

Retrato de una mujer en llamas

de Céline Sciamma. Francia, 2019. 120.
20 de octubre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Marianne tiene el encargo de hacer un retrato de Héloïse pero esta no lo sabe. Se trata de preparar su próximo matrimonio, pero la pintora y su modelo se irán enamorando. Una historia muy romántica, por el tema y por las formas, pero situada en la Francia del XVIII.

No tiene nada que ver con Tomboy, la otra película que había visto de Sciamma que no me había gustado nada. Hay aquí una voluntad estética muy intensa que nos ofrece imágenes hermosas pero que también tiene derivas hacia un esteticismo complaciente. Los paisajes con playas y acantilados tempestuosos y los interiores con telas y velas que quieren ser cálidas van generando atmósferas apropiadas para una historia de amor que por momentos me resulta demorada aunque otras veces la encuentro precipitada. Pero no solo es el ritmo lo que me deja fuera de esta historia. También esa voluntad de parecer muy intensa, muy profunda y muy inspirada.

sábado, 19 de octubre de 2019

Comportarse como adultos

de Constantin Costa-Gavras. Francia, 2019. 124.
19 de octubre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Intrahistoria de las relaciones entre Grecia y Europa desde el punto de vista de aquel político de izquierdas llamado Yanis Varoufakis. Le seguimos durante los cinco meses de 2015 en que fue ministro. Asistimos a sus encuentros en los despachos del gobierno griego. En los de los jerarcas europeos. En las salas de reuniones del Eurogrupo. Plantando cara con datos, argumentos y coherencia a unos burócratas integristas que trabajan con maneras más propias de las curias medievales que de las democracias modernas. Una trepidante historia verdadera que es también una verdadera historia del mayor interés público. Una película bien contada y una espléndida lección de ética y política.

Este blog ya tiene sus años así que he tenido tiempo de arrepentirme de algunas de las cosas que he dicho. Por ejemplo, de lo mal que he puesto a Angela Merkel en algunas reseñas en las que lo cinematográfico se cruzaba con lo político. Lo digo porque, si bien ella promovía austericidios como el de Grecia, la forma en que entendió después la crisis de los refugiados me pareció más razonable. Sin embargo, Costa-Gavras me ratifica ahora en aquellas críticas. Y no solo a ella, también a esos burócratas que hicieron sufrir tanto a los portugueses y a los griegos (de los españoles ya se encargó su propio gobierno). Frente a ellos, Yanis Varoufakis es mi héroe. Listo, honesto y tenaz, sabía desenvolverse sin temor en esos territorios hostiles de troikas, eurogrupos y demás artefactos dispuestos a obviar a las personas en sus decisiones. Ya sé que Costa-Gavras es un director comprometido (lo volvió a demostrar en El capital, su última película) y que esta vez recoge el punto de vista que el propio Varoufakis ha expresado en su libro. Pero conviene recordar que sobre Europa, la economía, la democracia y la política todos tenemos opiniones. También esos poliburócratas que se creían semidioses y que aquí salen tan malparados. Sobra decir que yo estoy con Costa-Gavras y Varoufakis, no con ellos.

miércoles, 16 de octubre de 2019

El funambulista

de Simon Brook. Francia, 2012. 83’.
16 de octubre de 2019. Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo. V.O.S.

Vemos a Peter Brook dirigiendo unos ensayos. Sobre gran alfombra y con un alambre imaginario los actores s van convirtiendo por momentos en funambulistas. La intimidad de las indicaciones y las bromas, el cuidado con que se miman los gestos y los silencios, la atención compartida para preservar la sintonía y extremar la lucidez... De todo esto nos percatamos gracias a la cámara de Simon Brook. Sin importunar a su padre y sin que los actores reparen en ella.

En la presentación de la película Simon Brook citó a Heisenberg para explicar por qué su padre se negaba a permitir que nadie presenciara sus ensayos. Eso también le incluía a él. Así que convencerle para que por unos días le permitiera filmarlos dependía de que el ojo de su cámara no fuera visto por nadie. Y eso es una gran ventaja para nosotros ya que, como sucedía en el Marat-Sade que vimos el sábado, el sujeto espectador logra estar presente en este delicado sistema creativo sin alterar la posición ni la calidad del movimiento del objeto teatral observado. Así que El funambulista resulta una magnífica lección interpretativa que debería ser vista en todas las escuelas de teatro (y hasta en esas escuelas de público que a veces se echan tanto en falta). Por lo demás, la tarde ha sido sencillamente extraordinaria con el homenaje que los alumnos de las escuelas de arte dramático de toda España le brindaron a Peter Brook. Cordial, amable y emocionado el veterano maestro pudo presenciar en primera fila varias escenas que, tomando como hilo conductor los tipos de teatro que él distinguió en El espacio vacío, nos ofrecieron varias decedas de alumnos en una delicia escénica muy diversa y bien hilvanada. La última parte estuvo a cargo de los alumnos cordobeses y asturianos y, en su tramo final, llegó a ser conmovedora hasta la lágrima con todos frente a nosotros y una joven actriz caminando entre ellos mientras cantaba (casi musitaba) Agora non, esa añada asturiana que en belleza y emotividad me parece prima hermana  de El cant del ocells. Quién lo dude, que busque el cortometraje de Víctor Erice Alumbramiento y, tras disfrutar con los once minutos de esa joya, escuche esa música perfecta que, como el teatro de Peter Brook, parece tener acceso directo al corazón.

martes, 15 de octubre de 2019

Encuentros con hombres notables

de Peter Brook. Reino Unido, 1979. 108’.
15 de octubre de 2019. Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo. V.O.S.

Los encuentros son los del joven Gurdjieff en lugares lejanos. Los tuvo con personas notables a las que hacía preguntas existenciales. Y también con los ritmos cautivadores de unas danzas y unas músicas bien lejanas.

El espacio vacío y metafísico puede estar también en Afganistán. Esto es lo que nos propone Brook en esta reivindicación de su maestro armenio a través de unas imágenes muy cautivadoras y escasamente subrayadas por palabras. La película sigue teniendo el magnetismo de su bella sencillez. Tan solo me descolocan un poco los rostros occidentales y las palabras en inglés en unos paisajes en los que debían ser debían ser muy poco frecuentes hace cuarenta años. Aunque quizá sea solo mi sensibilidad lingüística que me hace percibirlo. O lamentar que en el encuentro de esta tarde en el Palacio Valdés Antonio Gil decidiera hablar con Peter Brook todo el tiempo en inglés sin explicarnos el motivo. Una lástima, porque ayer estuvo magnífico en el estupendo acto que tuvimos ocasión de compartir con los alumnos de las escuelas de teatro.

lunes, 14 de octubre de 2019

El hombre de hierro

de Andrzej Wajda. Polonia, 1981. 152’.
14 de octubre de 2019. Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo. V.O.S.

A un periodista de una radio polaca le encargan en 1980 difamar a los lideres del sindicato Solidaridad. Al otro lado un joven idealista quiere rendir homenaje a su padre, otro activista al que diez años antes había matado la policía en otra revuelta.

La ciudad de Gdansk recibirá el viernes el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Eso es lo que explica que se haya incluido esta película en la programación cinematográfica de esta semana en la Fábrica de Armas. Supongo que El hombre de hierro tendría más interés como testimonio (intra)histórico en otro tiempo (hace más de treinta años) y en otro lugar (la propia Polonia donde, por cierto, ayer la ultraderecha ganó abrumadoramente las elecciones). Sin embargo, ahora cuesta reconocer los valores cinematográficos de un largometraje (muy largo) dirigido por Wajda, aunque no lo parezca. No importa. La tarde ha sido magnífica con la Master Class a la que se nos ha permitido asistir para ver al actor Antonio Gil trabajando con veinte alumnos de las escuelas españolas de teatro que el miércoles actuarán ante Peter Brook. Una verdadera delicia.

domingo, 13 de octubre de 2019

Lo que arde

de Oliver Laxe. España, 2019. 85.
13 de octubre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Amador vuelve a la casa de su madre. Acaba de salir de la cárcel por haber provocado un incendio en su entorno lucense. Sus relaciones con la gente son mínimas, y los diálogos con su madre muy escuetos. La compañía de la perra y las tres vacas parece suficiente para este hijo y esta madre gallegos.

Lo que arde comparte con Mimosas la enorme fuerza de sus imágenes. Pero si el interés de lo que Oliver Laxe contaba en aquella película no llegué a captarlo, la contención  narrativa de la que hace gala en esta historia de personajes casi silentes y ruralidad inmersiva me resulta absolutamente fascinante. Amador y Benedicta no son actores pero todo lo que hacen destila una verdad que ya quisieran alcanzar muchos profesionales. Sin ningún subrayado y sin hacer ningún juicio sobre nadie Laxe nos adentra en ese mundo radical en el que las vacas, las megamáquinas y las motosierras merodean por el bosque. También esos incendios a los que asistimos desde una cercanía que casi quema. "Si hacen sufrir es porque sufren". Se lo dice Benedicta a su hijo hablando de los eucaliptos. Pero la frase condensa muchas más cosas. También esas políticas del bosque que han podido hacer de Amador un ser más desgraciado que amable.

sábado, 12 de octubre de 2019

Marat/Sade

de Peter Brook. Reino Unido, 1967. 116’.
12 de octubre de 2019. Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo. V.O.S.

La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade. Nada mejor que el título original del texto que Peter Weiss escribió en 1963 para resumir el contenido de esta película sobre la obra teatral que el propio Peter Brook estrenó en 1964.

Peter Brook quería ser director de cine más que de teatro. Pero una cosa le llevó a la otra, así que no es extraño que, tras su exitoso trabajo escénico sobre el texto de Weiss, tan explícita como elusiva,  decidiera llevarla al cine. Y al hacerlo debió enfrentarse al reto de decidir cuál sería en cada momento el lugar desde el que mirar una propuesta susceptible de tantas miradas. Por eso su cámara comparte el ritmo trepidante de una puesta en escena que convierte lo que sucede en ese asilo de Charenton en una experiencia sorprendente en la que la ambigüedad de esa cuarta pared, que aquí tiene forma de reja, hace que uno no acabe de tener claro dónde queda la ficción y dónde está la realidad. Visualmente poderosa e inmersiva hasta donde lo permite la pantalla, Marat/Sade nos hace pensar en la locura y en el teatro, en los juegos de espejos entre ambos y también en los que suscita un texto sobre unos hechos de finales del XVIII que parecen interpelar directamente al espectador sobre un presente tan problemático como el de siglo y medio después. Tras asistir al magnífico Why? ha sido más que oportuno este viaje al pasado (muy bien presentado por Etelvino Vázquez antes de la proyección) con este Marat/Sade (o Weiss/Brook) que tan importante ha sido para la historia del teatro. Y también para el diálogo entre este y el séptimo arte.

viernes, 11 de octubre de 2019

El señor de las moscas

de Peter Brook. Reino Unido, 1963. 91’.
11 de octubre de 2019. Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo. V.O.S.

Unos niños ingleses quedan a su suerte en una isla tropical. Poco a poco se van buscando la vida. Y recreando un mundo de relaciones, normas y jerarquías que tendrán consecuencias terribles.

Volvemos a la Fábrica de Armas de la Vega (estos días La Fábrica en Premios) para disfrutar de las muchas actividades que se organizan aquí en la semana de los Premios Princesa de Asturias. La mayoría de las que hemos reservado tienen que ver con Peter Brook (por ejemplo, mañana veremos aquí su última obra de teatro: Why? y el martes lo tendremos en Avilés en un encuentro con el público en el Palacio Valdés). Con solo unas fotografías antiguas durante los títulos de crédito, Peter Brook contextualiza perfectamente lo que les ha pasado a estos niños. De hecho, la primera imagen de una escuela vetusta sirve de contrapunto radical al estado de naturaleza (y de barbarie) en el que se encontrarán a los niños esos marinos impolutos que desembarcan en la isla al final de la película. La decisión de usar el blanco y negro para negar la paradisíaca exuberancia tropical de la isla es muy acertada y ayuda a contemplar con inquietud ese infierno prístino en el que poco a poco se va convirtiendo el espacio, también moralmente insular, del que los niños se van apropiado casi al tiempo que se deshacen de cualquier prurito ético. Así que este gran hombre del teatro demuestra con la famosa novela de Golding que su vocación cinematográfica también estaba bien justificada. Tras la proyección fue un gustazo asistir al concierto Ruido Verde de John Falcone y su banda. Igual que ayer también estuvo magnífica la inauguración de esta semana de actividades con el Tríptiko audiovisual y musical a cargo de Rino Stefano Tagliafierro que, partiendo del Jardín de las Delicias de El Bosco, nos ofreció una experiencia casi hipnótica que se prolongó en las visitas a las exposiciones. Entre ellas, la magnífica y sencillisima propuesta Kyrie, que con solo un gran crucifijo de madera en el que se proyectan veinte cristos del Museo del Prado y una música oportunísima crea un ambiente que ya justifica acercarse hasta esta Fábrica de Armas que está pidiendo a gritos ser tratada como lo han sido otros espacios similares (Tabacaleras, Matadero...). La verdad es que con programaciones culturales como las que ofrece la Fundación estos días da gusto estar en Asturias en esta época del año.

Día de lluvia en Nueva York

de Woody Allen. EE.UU., 2019. 92.
11 de octubre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Gatsby y Ashleigh son una pareja de universitarios enamorados. Él es un neoyorkino afortunado (por su familia y porque se la da muy bien el juego). Ella es hija de un banquero de Tucson y quiere ser periodista. Ashleigh tiene la oportunidad de entrevistar en Manhattan a un famoso director de cine que está ultimando su nueva película, así que Gatsby quiere acompañarla para enseñarle lo mejor de la ciudad. Tras la entrevista ella se va liando con gentes del cine. Él también se encuentra con la hermana de una antigua novia y tendrá que ver a su familia. Así que pasarán ese día de lluvia cada uno por su lado.

Woody Allen vuelve a Manhattan para enseñarnos nuevamente lo bien que se le da contar historias urbanas, también bajo la lluvia. Dos jóvenes desahogados y sentimentalmente confusos son en esta ocasión los protagonistas de una jornada en la que da gusto acompañarlos tanto por la curiosa personalidad de cada uno (él con aires de diletante urbano sin rumbo, ella deliciosamente perdida entre las gentes del cine) como por los ambientes en que Woody Allen los sitúa. El guión no tiene los juegos de simetrías ni las encrucijadas morales de otras películas suyas, pero resulta muy agradable seguir (y aún más con la fotografía de Vitorio Sttoraro) a estos muchachos tan bien perfilados por este veterano director al que tan mal están tratando en su país últimamente. Así que ha sido muy grato este día de lluvía en Nueva York y ya estamos con ganas de ver lo que ha filmado este verano en San Sebastián. Si en Estados Unidos le ponen pegas, que no lo dude ni un momento. Aquí le seguimos queriendo como siempre.

domingo, 6 de octubre de 2019

Contemplación

de Pete Middleton y James Spinney. Reino Unido, 2016. 90.
6 de octubre de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

La ceguera en primera persona. Las grabaciones en cintas de audio que John Hull fue haciendo desde que en 1983 perdió la visión componen un testimonio detallado y reflexivo de ese proceso terrible. Escuchamos sus palabras y vemos imágenes bien compuestas sobre las situaciones que describe. Se comprende por qué Oliver Sacks valoraba tanto su testimonio. Y se entiende perfectamente que si la sordera aisla del mundo relacional a quien la padece, la ceguera hace que casi desaparezca el resto del mundo.

Un lúcido y pormenorizado ensayo sobre la ceguera. Si hubiera que escoger cuatro películas sobre ella, dejando aparte la más metafórica A ciegas de Fernando Meirelles inspirada en el libro de Saramago,  a este documental uniría Blind del noruego Eskil Vogt, Gözümün Nûru de los turcos Hakki Kurtulus y Melik Saracoglu y Gabor del argentino Sebastián Alfie. Son películas marginales pero que, desde enfoques bien distintos (más irónicas y esperanzadas las dos últimas, más reflexivas y parsimoniosas las dos primeras) aportan perspectivas muy penetrantes sobre las vivencias de quienes no pueden ver. No debe ser fácil llevar al cine este tema, sobre todo si quien lo hace pretende que la película sea útil y apta tanto para los que ven como para los que no. Creo que Contemplación lo consigue.

viernes, 4 de octubre de 2019

Joker

de Todd Phillips. EE.UU., 2019. 121.
4 de octubre de 2019. Cines Parqueastur, Avilés.

Arthur Fleck es un bufón sin gracia. Un tipo raro que se ríe cuando no quiere y al que no quiere casi nadie. Ha estado en un psiquiátrico y no recuerda haber tenido nunca un instante de alegría. Arthur malvive haciendo de payaso y acompaña a su madre que sigue esperando la ayuda de un potentado que ahora se presenta a alcalde y que, según ella, sería el padre de Arthur. Los recortes acaban con la atención psicológica que recibía. También con sus medicinas. Así que la aspereza de un entorno que no le entiende acaba provocando en él reacciones violentas. Las máscaras de payaso se extenderán por la ciudad. Y también la tensión en las calles.

Joaquin Phoenix será recordado por este papel. Y tendrá bien merecidos todos los premios que reciba. Joker es la tragedia de un hombre que sufre. Un retrato áspero de la ausencia de empatía. Un ensayo nihilista sobre la risa. Todo eso con una ambientación urbana impecable que nos sitúa en los años setenta u ochenta y con una banda sonora de lo más pertinente (cuando hay música y cuando no) que crea la atmósfera más adecuada para acercarnos a la tragedia de este hombre ridículo evitando cualquier subrayado. El recuerdo de Taxi driver resulta inevitable y aún más con la presencia de Robert de Niro en un personaje que sirve de contrapunto en muchos sentidos al del bufón. Joker es además una película que respeta a todos sus públicos subtitulando las canciones y poniendo en español los textos que aparecen. Un ejemplo de cómo debería tratar siempre la industria americana a los públicos no anglosajones. Lucrecia Martel presidía el jurado que le dio el León de Oro en la reciente edición del festival de Venecia, así que aquel premio no fue condescendiente y no sería raro que esta singular película pudiera convertirse en un clásico de nuestro tiempo. Una historia trágica llena de risas, un alegato político, una crítica de la patologización de la diversidad. Joker es una película accesible pero con muchas capas. También es un juego de espejos morales. Así que el espectador no sale seguro de si lo que ha visto es a un bufón que merece compasión o al detonante (heroico o diabólico) de una revolución. Por eso Joker, además de una magnífica película, es un catalizador de reflexiones morales.

Mientras dure la guerra

de Alejandro Amenábar. España, 2019. 107.
4 de octubre de 2019. Cines Parqueastur, Avilés.

El 18 de julio de 1936 Unamuno no ve con reparos el golpe. Pero el 12 de octubre pasará noblemente a la historia por su gresca con Millan-Astray. Su cese y restitución como rector, sus encuentros con Franco, sus paseos con los amigos que serán pronto asesinados y sus confrontaciones con su hija hacen que cambie su percepción sobre lo que está sucediendo.

No es Amar en tiempos revueltos pero a la película le sobran subrayados musicales, evocaciones pastoriles de cuando Unamuno era joven y énfasis en la relevancia de su vida familiar (no está claro si eso es una tesis sobre las cuitas del protagonista o simplemente un recurso para ampliar los públicos). También sorprende un poco la amabilidad con que se dibuja el papel de la mujer de Franco (otra vez se destaca la relevancia de la vida familiar, ahora la de este) y quizá sobran algunos guiños al espectador enterado.  Por lo demás, la historia es entretenida y se atiene a los hechos conocidos. Sin embargo, tras la interesada polémica de hace unos meses a propósito del alcance real de la riña entre Unamuno y Millán-Astray, uno no tiene claro qué es lo que aporta esta película a la comprensión cabal de un pasado que, en muchos aspectos, sigue bien presente: a Franco parece que le queda poco tiempo en su mausoleo pero nadie se pregunta qué pinta allí y en lugar tan destacado Primo de Rivera, salvo confirmar el relato franquista de que aquel 18 de julio no hubo un golpe de estado sino un alzamiento legítimo y salvador. Claro que por rebelión han sido procesados (y probablemente serán condenados) los políticos catalanes que promovieron un referéndum, pero aquel golpista que fue nombrado por sus secuaces Jefe del Estado "mientras dure la guerra" lo dejó todo tan bien atado que muchos españoles llegan a creer que Oriol Junqueras cometió el mismo delito que Tejero pero que aquel 18 de julio nadie delinquió. Así que, con ciertas dudas sobre si la película pone en el sitio que merecen en nuestra memoria a aquel intelectual vasco y salmantino y a aquel militar gallego y conspirador, lo que sí tengo muy claro es lo bien que están en ella otro vasco y un catalán. Me refiero a Karra Elejalde (increíble su capacidad para hacer creíble a este Unamuno) y a Eduard Fernández (un actor magnífico siempre, pero que aquí borda a un Millán-Astray histriónico, canalla y sobrecogedor).

miércoles, 2 de octubre de 2019

Push

de Fredrik Gertten. Canadá, 2014. 92’.
2 de octubre de 2019. Teatro Filarmónica, Oviedo. V.O.S.

Más allá de la gentrificación. Un análisis de esa economía financiera y extractiva que ha aprendido a enriquecerse con las viviendas deshabitadas. Sean bloques incendiados o edificios de lujo, de lo que se trata es de expulsar a las personas para especular sobre esa ciudad ideal que parece ser la ciudad vacía. En esta nueva economía  se mezcla el dinero más negro con los fondos para las jubilaciones. Es la depredación inversora e invasora. La negación del ágora, de la polis y de cualquier control público. Un capitalismo amoral y malvado que ha sustituido el oro por las viviendas vacías sin tener en cuenta que habitarlas sigue siendo uno de los derechos humanos. Este urbanicidio solo tiene enfrente a los vecinos más concienciados, a algunos activistas internacionales y a unos pocos políticos valientes. Como Ada Colau en Barcelona.

Hace cuatro años El Documental del Mes ya programó otra magnífica película de Fredrik Gertten, Bicicletas Vs. coches, un documento revelador que le habría encantado a Ivan Illich. En él ponía de manifiesto lo desigual del conflicto entre la cultura atrincherada del automóvil y el activismo emancipador de la bicicleta. Aquella película mostraba cómo se libra esa batalla en ciudades como Los Ángeles, São Paulo, Bogotá, Copenhague o Berlín. Ahora Gertten se ocupa de otra guerra más amplia que tiene como escenario las grandes ciudades y como protagonistas, por un lado, a los ciudadanos concretos y, por otro, a los fondos de inversión anónimos y a esas empresas con nombres tan oscuros como Blackstone. Leilani Farha, relatora especial de la ONU sobre el derecho a la vivienda, sirve de guía en este periplo global que muestra cómo la gentrificación es solo un detalle en una transformación económica que está haciendo imposible la vida tradicional en las ciudades. Londrés, Berlín, Nueva York, Toronto, Seúl o Barcelona son solo algunos ejemplos de esa lucha desigual entre la ciudad que se resiste a ser vaciada para la especulación virtual y esa red financiera en la que los dineros de Isabel II, Netflix, Apple, o Amazon se mezclan en un proceso depredador al que le da igual que el derecho a la vivienda sea uno de los derechos humanos. Saskia Sassen, Joseph Stiglitz o Roberto Saviano explican con claridad la naturaleza de un proceso de economía carroñera que se está cebando con las ciudades y sus ciudadanos. El Documental del Mes es público y gratuito en las dos únicas salas de Asturias en que se proyecta. Películas como esta demuestran que debería ser de programación obligatoria en muchas más. Y casi también de visionado obligatorio para mucha, mucha gente. Y no miro a nadie.