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domingo, 3 de marzo de 2019

Figuras

de Eugenio Canevari. Argentina, 2018. 85’.
3 de marzo de 2019. Sala Berlanga, Madrid.

Stella y Paco son dos maduros que se quieren y viven juntos desde hace unos años en Barcelona. Ella tiene esclerosis lateral amiotrófica y depende de él. También en parte de su hija, que no vive con ellos. Ellas son argentinas y Stella no tiene actualizados los papeles de residencia ni se ha divorciado de su marido. Así que Paco no puede gestionar una ayuda para ella. Vemos las dependencias físicas y emocionales que se van dando entre los tres.

La cámara siempre está donde debe. Mayormente en los espacios interiores de ese piso del que Stella casi nunca sale. La enfermedad está en el centro de la película, pero no la agota. Ni agota al espectador, porque Figuras es más bien una historia de personas que hacen frente, con mejor o peor fortuna, a las dificultades de la vida. No es un documental, pero la historia está hecha de experiencias verdaderas y eso se nota en la fuerza de los sentimientos de lo que vemos en la pantalla. Hemos llegado solo a esta última película del ciclo Panorama Latinoamericano y he sentido no poder ver algunas de las que se proyectaron estos días en la Sala Berlanga (por ejemplo, Princesita de la chilena Marialy Rivas). Pero al menos hemos podido ver esta sencilla e intensa película que, sin ningún subrayado, muestra la delicadeza e intimidad con que el cine nos puede acercar a las periferias de la enfermedad.

domingo, 6 de diciembre de 2015

La academia de las musas

de José Luis Guerín. España, 2015. 92’.
6 de diciembre de 2015. Sala Berlanga, Madrid.
11 de febrero de 2016. Centro Niemeyer, Avilés.
25 de mayo de 2016. Laboral Cinemateca, Gijón. 

Rafaelle Pinto dirige un curso en la Universidad de Barcelona sobre la literatura, el amor y las musas. Momentos de sus clases se combinan con encuentros con sus alumnas y diálogos con su mujer. La posibilidad de que las musas literarias inspiren a las mujeres reales es motivo de estudio en ese curso. Y preside las relaciones entre el profesor y esas mujeres.

Si fuera una ficción tendría un guión propio del mejor Woody Allen. Pero lo que vemos es una suerte de diario filmado de encuentros aparentemente reales durante unos meses de invierno en Barcelona e Italia. Quienes hablan de Dante y de Beatriz o de Abelardo y de Eloisa no son actores. Son realmente quienes parecen, con sus nombres y profesiones. Aunque a veces los vemos detrás de cristales que hacen más íntimos los encuentros, sus diálogos tienen la misma verdad que los de aquellos seres que con tanto respeto nos mostró José Luis Guerín unas calles más abajo en su magnífica En construcción. Pero aquí su magistral lección cinematográfica llega a un límite nunca visto porque el triángulo entre la literatura, la vida y la pantalla tiene un nivel de verdad, de reflexividad, de belleza y de ironía realmente apabullante. La academia de las musas es una experiencia distinta a todo lo visto en el cine y merecerá ser estudiada como un hito estético tan relevante como El sol del membrillo. No me extraña que, según cuentan, en el taller que dirigió en el festival de Gijón hace un par de semanas, Victor Erice hablara del cine de José Luis Guerín. Los dos me parecen cineastas extraordinarios cuyas obras trascenderán estos tiempos. Dentro de mucho tiempo podré decir que yo estaba allí la primera vez que se proyectó en Madrid La academia de las musas.

miércoles, 3 de abril de 2013

Fear and desire

de Stanley Kubrick. EE.UU., 1953. 68’. B/N
2 de abril de 2013. Sala Berlanga, Madrid. V.O.S.

Cuatro soldados quedan perdidos en un bosque tras las líneas enemigas de una guerra desconocida. Las dificultades del retorno y la posibilidad de matar a un general enemigo ponen a prueba su carácter y su actitud ante la vida. El miedo y el deseo hacen que surjan pronto la violencia, el heroísmo y la locura.

Se hace extraño ver ahora esta ópera prima que un genio tan indiscutible como Kubrick quiso destruir a pesar de (o quizá por) haber hecho todo en ella: dirigirla, rodarla, montarla y producirla. La película tiene ya sesenta años pero está impecablemente restaurada. Es fácil buscar en algunas de sus escenas premoniciones de lo que vendría después (desde el pacifismo temprano de Senderos de gloria hasta la sensualidad tardía de Eyes Wide Shut). Pero tampoco es difícil darle la razón a Kubrick y entender los motivos por los que siempre renegó de ella y la consideró una obra fallida. Por suerte, en su momento no fue mal recibida y su autor pudo continuar una carrera que ahora justifica sobradamente el interés (y el morbo cinéfilo) que tiene contemplar esta rareza en la que el joven Kubrick se preguntaba si hay algún hombre que no sea una isla.

viernes, 29 de marzo de 2013

El cuaderno de barro

de Isaki Lacuesta. España, 2011. 60’.
29 de marzo de 2013. Sala Berlanga, Madrid. V.O.S.

Junto al coreógrafo y bailarín Josef Nadj, Miquel Barceló ejecuta la performance “Paso doble”, en la que los dos brotan, golpean, moldean y desaparecen en un escenario de arcilla. El sorprendido público son los propios habitantes de Gogolí, que tanto aprecian a su vecino Miquel.

De su colaboración con Miquel Barceló en Mali, Isaki Lacuesta se trajo dos películas: Los pasos dobles y El cuaderno de barro. La primera es (más o menos) una ficción que solo se salva por las imágenes de Barceló y en la que uno se pregunta qué llevó al artista a aparecer en esa extraña historia. La segunda es este interesante documental que da respuesta a esa pregunta y hasta explica el título de aquella película. Barceló y su contexto africano llenan las magnéticas imágenes de una hora de cine que se hace muy corta. Los gestos y los sonidos de la ejecución de la performarce se alternan con las imágenes sobre su preparación y con otros momentos en los que Barceló aparece conversando o trabajando. El diálogo inicial sobre la sirena y el delfín, el encuentro entre el artista y su modelo albino o la reflexión final de Barceló mientras pinta en la cueva, justifican sobradamente la presencia de la cámara de Isaki Lacuesta al lado del artista. Su mirada es aquí tan oportuna como parecía en las otras obras que había visto de él: La leyenda del tiempo, que tan bien evoca otro entorno (Cádiz) y otro artista (Camarón) y In between days, aquellas cartas que intercambió con Naomi Kawasi en las interesantes correspondencias fílmicas que pudimos ver hace poco más de un año en el CCCB.