jueves, 20 de noviembre de 2014

Kid-Thing

de David Zellner. EE.UU., 2012. 83'.
20 de noviembre de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Annie es una niña casi salvaje que vive con su padre en un no-lugar de Texas. Vagando por el bosque oye la voz de una mujer que pide ayuda desde el fondo de un pozo. Durante varios días la única que le presta es algo de comida. La cosa acaba tan dramáticamente como cabe imaginar.

Quizá pretenda ser una reflexión pesimista sobre el carácter no innato de la compasión y el altruismo. O una mirada triste sobre la violencia que engendran el tedio y la anomia en la socialización infantil. Pero su parsimonia narrativa también la hace tediosa para el espectador. Así que lo que podría ser un buen corto se acaba haciendo muy largo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Filth

de Jon S. Baird. Reino Unido, 2013. 97’.
19 de noviembre de 2014. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

En un túnel de Edimburgo unos canallas matan a un japonés. Si consigue resolver el caso el sargento Bruce Robertson podría ascender a inspector y recuperar a su mujer. Pero la historia no se centra en eso, sino en la deriva de este policia alucinado que maltrata a sus compañeros y se instala en la locura.

Al comienzo parece que va a ser un buen chute de Torrente a la escocesa. Pero la cosa deriva por derroteros más psicodélicos. Sexo, drogas y mal rollo. Esa podría ser la síntesis de una película dislocada de la que me he sentido bastante ajeno.

martes, 18 de noviembre de 2014

La sal de la Tierra

de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado. Francia, 2014. 100’.
18 de noviembre de 2014. Cines Los Prados, Oviedo.

Wim Wenders y el hijo de Sebastião Salgado le acompañan en algunos de los viajes del proyecto Génesis. Y también repasan su vida y lo que significaron para él reportajes como Otras Américas, Éxodos, La mina de oro de Serra Pelada, Trabajadores o Sahel. La mayoría están dedicados al sufrimiento de los seres humanos. A la sal de la Tierra.

Tras el homenaje a Pina, Wim Wenders dedica un nuevo documental a otro artista reconocido. Pero si la danza comparte con el cine la fascinación por el movimiento, la fotografía confronta con él al reivindicar la quietud.  Wenders lo sabe y cede todo el protagonismo a las poderosas imágenes del brasileño a las que da el tiempo que necesitan para que puedan ser vistas como si asistiéramos a una magna exposición retrospectiva (inolvidable aquel adelanto de Génesis que trajo a Oviedo en el otoño de 2006 y extraordinaria la exposición que ha organizado CaixaForum sobre ese mismo proyecto ocho años después).  Sebastião Salgado también aparece en la pantalla comentando en blanco y negro lo que sentía mientras realizaba cada trabajo. Así, él mismo acaba formando parte del coherente relato sobre su obra que motiva esta hermosa película.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Black Coal, Thin Ice

de Diao Yinan. China, 2014. 106’.
17 de noviembre de 2014. Cines Centro, Gijón.

En 1999 aparecen restos humanos en el carbón que llega a varias centrales térmicas de una provincia china. El cadáver es identificado, pero el crimen no queda bien esclarecido. Cinco años después el policia que participó en aquella investigación trabaja como guardia de seguridad. Pero sigue indagando sobre unos hechos que vuelven a hacerse presentes con nuevas muertes. Las pistas conducen a la mujer del hombre que supuestamente había sido asesinado entonces.

Un thriller con notable voluntad de estilo. Elegancia formal en la composición de los planos. Magnífica fotografía para retratar sórdidos paisajes urbanos en inviernos radicales. Sencillez en la manera de filmar escenas tan sorprendentes como la del tiroteo desencadenado con la inesperada caída de una pistola. El relato no es nítido, pero la trama se sigue. Quizá el premio a la mejor película en el festival de Berlín pueda parecer excesivo, pero este thriller chino es una sorpresa estética bien interesante.

sábado, 15 de noviembre de 2014

La gente del río

de Martín Benchimol y Pablo Aparo. Argentina, 2012. 70'.
15 de noviembre de 2014. Espacio INCAA Gaumont, Buenos Aires.

Cerca del río está Ernestina, un pueblo con ciento cincuenta habitantes rústicos y mayormente de la edad tardía. La vida allí es pacífica. Hasta que un robo que todos achacan a los forasteros que vienen al río hace que uno de los vecinos asuma labores de guardia de seguridad. Un incendio, un ahogamiento y algunas sospechas dan que pensar sobre si sus verdaderos demonios no serán interiores.

Tras comer en la Avenida de Mayo vuelvo a otra sala del espacio Gaumont para ver este documental que compite con El estado de las cosas en elegancia formal y cuidado en los encuadres. También aquí son los protagonistas los que hablan. La mayoría son ancianos emparejados que muestran ante las cámaras mucho más sobre sus vidas de lo que quisieran declarar. Por ejemplo, ese matrimonio mayor al que parecen unir décadas de odio y recelos. O ese tipo descamisado que entre patéticas risas acaba confesando lo que parece la violación de un cura. Es una película de atmósferas que muestra menos de lo que deja intuir acerca de ese tipo de comunidades asfixiantes que quizá esconden secretos que pudieran hacerlas temibles. Vamos, lo mismo que quienes las habitan suelen pensar de los forasteros. Así que me llevo de Buenos Aires el mejor recuerdo de mi participación en el congreso, del reencuentro con los amigos y de estos buenos momentos de cine y teatro. Volveré. 

El estado de las cosas

de Joaquín Maito y Tatiana Mazú. Argentina, 2012. 71'.
15 de noviembre de 2014. Espacio INCAA Gaumont, Buenos Aires.

Fletes y remates. Trabajadores que vacían casas llenas de recuerdos. Subasteros que distribuyen los objetos por los mercados de Buenos Aires. Vemos las cosas e intuimos los afectos. Pero solo con las imágenes y las palabras de quienes las separan de sus anteriores dueños.

Veo tantas películas argentinas que comienzan con el logo del INCAA que tenía muchas ganas de conocer su espacio Gaumont en la hermosa plaza del congreso. En las tres salas que lo componen se proyecta todo el día buen cine argentino a solo ocho pesos por sesión. Salí temprano para pasear y despedirme de la ciudad en esta preciosa mañana de la primavera austral. Así que, igual que en los días tórridos del verano madrileño, después de unas horas de calor casi agradecí entrar en la oscuridad de un cine. Pero mientras veía la película me parecía seguir curioseando por rincones desconocidos de Buenos Aires. Joaquín Maito y Tatiana Mazó dejan su cámara fija en las calles donde las camionetas de Fletes 2001 hacen ese trabajo triste de separar las cosas de las vidas. La elegancia de los encuadres y su medida duración componen bellos bodegones urbanos que armonizan con las palabras sentidas de quienes cambian esas cosas de estado y de lugar. Ha sido muy atinada la decisión de no mostrar sus entornos originales ni a sus anteriores dueños. "Les estás pagando por sus afectos" dice alguien que comercia con esos objetos, demostrando una sensibilidad y una pena que quizá no sientan muchos de los hijos o los nietos que los venden. El sello DOCA (Documentalistas Argentinos) al que se adhiere esta película es garantía de cierto estilo y no poca calidad. O eso me ha parecido viendo hoy El estado de las cosas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Ignasi M.

de Ventura Pons. España, 2013. 87'.
2 de noviembre de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Ignasi Millet es homosexual, catalán, seropositivo, padre, independentista, empresario fracasado, escalador en Montserrat y restaurator de obras de arte. También es creativo, alegre, irónico, buen hijo, amigo de su ex mujer y muy querido por todos los que le conocen. Y por cualquiera que contemple sus conversaciones sinceras e hilarantes con todos ellos.

Ventura Pons dijo en el coloquio que la película está siendo muy bien recibida en todo el mundo. Y no me extraña. El personaje verdadero que la motiva es un verdadero personaje que enamora a la cámara y se sale de la pantalla. Tanto que esta noche solo hemos lamentado que no haya podido venir al cine del Niemeyer (hoy también lleno) para seguir disfrutando con su charla. En su lugar han acompañado al director dos meritorias activistas antisida. Es verdad que esa circunstancia de la vida de Ignasi hace que la película pueda ser vista en clave temática. Pero, como tantas personas interesantes, su perfil es mucho más poliédrico (también lo decía el propio Pons). De hecho, sus visiones de la cultura, de la familia, de la creatividad o de Cataluña ya darían para otras tantas miradas temáticas no menos relevantes. Aunque el protagonista no sea su director, Ignasi M. se encuadra en ese nuevo género cinematográfico, que yo denominaría películas selfies, en el que autorretratos naturalistas se convierten en historias cautivadoras y, por lo general, excelentes. Estoy pensando, por ejemplo, en la estupenda Gözümün Nûru de los turcos Hakki Kurtulus y Melik Saracoglu que nos encontramos la semana pasada en el festival de Valladolid. O en Stories we tell, la impresionante opera prima de la actriz Sarah Polley. Pero también en películas españolas tan interesantes como Ilusión de Daniel Castro, Asier y yo de Aitor Merino y Amaia Merino o en la magnífica Mapa de Leon Siminiani.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Dos días, una noche

de Jean-Pierre y Luc Dardenne. Bélgica, 2014. 95’.
1 de noviembre de 2014. Cines Los Prados, Oviedo.

Tras una depresión Sandra está a punto de regresar al trabajo. Pero sus compañeros votaron su despido cuando el dueño de la empresa les planteó que para que ella siga tendrían renunciar a sus pagas extraordinarias. Como hubo presiones que pudieron condicionar el resultado, la votación se repetirá el lunes. Sandra tiene el fin de semana para convencerles de que cambien su voto y no la despidan.

Los encuadres con elementos verticales que enfatizan la radicalidad de las confrontaciones me parecen el único mérito de esta película exasperante. Y no solo por la actitud pusilánime y comprensiva del personaje principal (perdonable al presentarla como depresiva), sino porque los Dardenne no vienen de un país exótico en el que los trabajadores no hayan tenido nunca derechos ni haya memoria de conceptos como conciencia de clase, solidaridad, lucha obrera o sindicatos. Que la película se plantee como una sucesión de confrontaciones individuales con fuerte presencia de lo psicológico me parece un desacierto mayúsculo en el enfoque de una historia que evita cualquier reflexión más allá de esos toscos dilemas éticos. Viendo la sala llena para ver esta ingenua, resignada y resignante película pienso en el contraste de su éxito con el limitado reconocimiento que ha tenido la magnífica Hermosa juventud. Esa joya con la que Jaime Rosales ha demostrado que se puede señalar mucho con muy poco y de la que los Dardenne tendrían tanto que aprender sobre la manera de llevar al cine los problemas del presente.

viernes, 31 de octubre de 2014

Sueño de invierno

de Nuri Bilge Ceylan. Turquía, 2014. 195’.
31 de octubre de 2014. Cines Centro, Gijón. V.O.S.

Aydin es un hombre acomodado y culto que vive retirado en Capadocia con su mujer y su hermana. De joven fue actor y ahora dirige un pequeño hotel con encanto. La atención a los huéspedes, los artículos que redacta para un periódico de la zona y la idea de escribir un libro sobre la historia del teatro turco van ocupando su tiempo. Pero el distanciamiento con su joven mujer y la mala relación con su hermana divorciada son cada vez más evidentes. Un incidente con el hijo del inquilino de una de las propiedades que heredó de su padre y la disputa con su mujer por sus actividades filantrópicas harán que la culpa y la compasión también estén presentes en esta hermosísima historia sobre interiores existenciales.

Tres horas y cuarto de cine mayúsculo. Una historia chejoviana en la bellísima Capadocia nevada. La fotografía, la iluminación y los encuadres interiores hacen que esta inmensa película resulte siempre subyugante. Pero la cadencia con que Nuri Bilge Ceylan va construyendo la historia de esas vidas varadas, el cruce y las simetrías de los reproches entre los personajes y el acierto con que la parsimonia narrativa genera un distrute sosegado y creciente hacen de esta película una delicia para paladares cinematográficos sensibles a la contención narrativa. Los largos diálogos bilaterales (entre la esposa y la cuñada, entre él y su hermana, entre él y su esposa...) y algunas escenas más corales (la reunión filantrópica, el diálogo alcoholizado en casa del amigo, la llegada de la mujer a la casa del inquilino...) tienen una teatralidad y una hondura psicológica impresionantes. La percepción que uno tiene sobre los personajes y la sintonía que establece con alguno de ellos van variando a lo largo de la película (hasta la escena de la reunión filantrópica me reconozco más cerca de Aydin que de su mujer, pero a partir de ese momento noto el giro en mi apreciación sobre ambos). También es destacable la relevancia que van teniendo los personajes periféricos y el contrapunto que suponen algunos de ellos (los dos hermanos inquilinos en la magnífica escena en que la mujer los visita, el viajero que escribe un libro pero sabe vivir el presente...) Intuyo también que todo esto será percibido de modo muy distinto según la edad y el momento vital de cada espectador. Por eso me parece que Nuri Bilge Ceylan, el director turco que tanto me había impresionado con Tres monos y Érase una vez en Anatolia, merece entrar, con esta película, en el olimpo de esos cineastas que crean obras imprescindibles.

jueves, 30 de octubre de 2014

Borgman

de Alex van Warmerdam. Holanda, 2013. 113'.
30 de octubre de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Borgman sale del bosque y entra en la casa de una familia acomodada. Ha tenido un encuentro violento con el marido, pero la mujer lo oculta y lo protege. La sintonía entre ellos acabará siendo letal cuando Borgman haga aparecer a otros personajes inquietantes.

Las referencias más obvias serían los Funny Games de Haneke o las historias vampíricas. Pero yo encuentro a este Borgman más cercano a una versión holandesa del mito del hombre del saco o del sacamantecas. Hay momentos surrealistas y derivas argumentales sorprendentes, pero no tan radicales como para que la historia no se siga o genere perplejidades. Hay también violencia, pero con un punto irónico o esteticista que también la hace llevadera. Ciertas imágenes (los perros en la casa, los cadáveres en el fondo del lago, la destrucción del jardín...) son sugerentes e inquietantes, pero el conjunto de la película no me resulta tan atractivo como le debió perecer al jurado de Sitges el año pasado.

sábado, 25 de octubre de 2014

Tokyo!

de Michel Gondry, Leos Carax y Bong Joon-ho. Japón, 2008. 110’.
25 de octubre de 2014. Cines Broadway, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Ciclo Bong Joon Ho). V.O.S.

Tres historias de Tokio. Interior design de Michel Gondry. Merde de Leos Carax y Shaking Tokyo de Bong Joon-ho. En la primera una chica y su novio pasan unos días en el minúsculo apartamento de una amiga mientras buscan uno para ellos. En Merde un extraño ser que vive en las alcantarillas y que come flores y billetes sale para aterrorizar a los viandantes. Y en la historia de Bong Joon-ho un hikikomori que lleva diez años aislado en su ordenado apartamento no tiene más contacto humano que el de la chica que le lleva las pizzas. Pero un día la mira a los ojos.

La película se proyecta dentro del ciclo que este año dedica la Seminci a Bong Joon-ho, el autor de la tercera parte de esta trilogía sobre el extrañamiento en Tokio. La de Gondry nos habla de esos minúsculos espacios agobiantes en los que no se hace fácil la vida de los jóvenes nipones. La inesperada capacidad de la protagonista para convertirse en silla en el tramo final de la historia resulta especialmente poética y sorprendente. En el último plano de Merde Leos Carax nos anuncia irónicamente la reaparición en Nueva York de su extraño ser verde, pero lo resucitará en el Paris de Holy Motors. Su historia parece una estupidez propicia para las risas, pero la relación (implícita) de lo que cuenta con los ataques coordinados con gas sarín en el metro de Tokio en 1995 y la referencia (bien explícita) a  un episodio tan vergonzante de la historia nipona como el de Nankin en 1937 hacen que se me escapen sus propósitos en esta película y que la extrañeza que ya me provocó este personaje verde en Holy Motors se convierta en algo más negativo en esta lamentable parte de una película que, en conjunto, me resulta muy sugerente. Sobre todo por lo bien que conecta el mediometraje de Joon-ho con el de Gondry. En el del director coreano que motiva el ciclo los terremotos son la única oportunidad para salir de ese aislamiento autoimpuesto que parece querer denunciar en la hermosa fábula con que se cierra la trilogía. No ha estado mal, por tanto, la selección de las seis películas que hemos visto desde la tarde de ayer en la Seminci. Cuatro de ellas estaban en la sección oficial y, aunque no lo esperaba, me parece justificado el premio al mejor guión que se lleva El corderito, la primera de las que vimos ayer. Vista la acogida que ha tenido en su proyección de esta tarde en el Teatro Carrión, tampoco me extraña el premio del público que ha recibido Nuestro último verano en Escocia. También ha tenido una espiga de plata Mal cazador, el último corto de los cinco que hemos visto. Por lo demás, solo nos ha defraudado Alguien a quien amar, la película sobre la que, curiosamente, teníamos más expectativas. Así que otra vez ha sido muy grata esta breve visita a la Seminci. Un festival que, además, tiene el aliciente de unos teatros preciosos para las proyecciones (esta vez hemos estado en el Carrión, en el Calderón y en el Zorrilla) y de una ciudad que ofrece mucho en poco espacio. Lo ideal cuando se tiene poco tiempo. Volveremos.

Nuestro último verano en Escocia

de Guy Jenkin y Andy Hamilton. Reino Unido, 2014. 95’.
25 de octubre de 2014. Teatro Carrión, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Doug y Abi se están separando. Pero viajan con sus tres hijos a Escocia para asistir al cumpleaños del padre de Doug. La celebración será muy especial porque el abuelo tiene cáncer y los días contados. Lo que los nietos hacen con él en la playa a la que solía ir con su hermano cambiará las vidas de todos.

Una película familiar. Por lo que cuenta y por el público al que está dirigida. Los diálogos de los niños son deliciosos y muchas veces hilarantes. Aunque quizá no tanto como le ha parecido a la mayoría del público que esta tarde ha llenado el Teatro Carrión y que reía sonoramente a la menor oportunidad. A mi, que soy de risa menos fácil, eso me descoloca un poco y casi me hace recelar de lo que estoy viendo. Pero no. Nuestro último verano en Escocia (extraña traducción de What we did in our holidays) es una película amable con las dosis justas de buen humor inglés (¿o escocés?) que se ve con agrado y que seguramente tendrá éxito en su exhibición comercial. Antes se proyectó el corto Mal cazador, de Sahim Omar Kalifa. Es la historia de un joven que encuentra en el campo a una chica que está siendo violada y con la que asumirá (sin problema) la obligación de casarse. Es un pequeño cuento sutil sobre cómo algunas obligaciones pueden resultar gratas si quienes las imponen no lo saben.

Gözümün Nûru

de Hakki Kurtulus y Melik Saracoglu. Turquía, 2013. 78’.
25 de octubre de 2014. Teatro Zorrilla, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección Punto de Encuentro). V.O.S.

Melik nos cuenta su historia. La de su pasión por el cine que le llevó a estudiarlo en la universidad de Lyon y la de su temor a no poder verlo más tras el desprendimiento de retina que le ha obligado a volver a Estambul. Tras la operación en su ojo izquierdo (el derecho ya lo había perdido cuando era adolescente) pasará cuarenta días boca abajo con los dos vendados. Y con la incertidumbre de no saber si podrá volver a ver.

Tenía motivos familiares para que esta historia me resultará muy próxima. Por otra parte, el magnífico recuerdo de Gabor, el documental sobre un director de fotografía ciego que vimos en la Cineteca de Madrid hace unos meses, también nos animó a elegir esta película entre la oferta matinal de la Seminci (se proyectaba en el teatro Zorrilla, lo que también es un aliciente). Y lo cierto es que este ensayo autobiográfico sobre la ceguera no nos ha defraudo. Al contrario, es muy original en la manera de contar una historia que podría resultar dura, pero que se hace muy grata e interesante. Los encuadres, la composición de las escenas, el uso de la voz en off, la manera de organizar las partes que se ven de la pantalla y las numerosas referencias a la propia actividad cinematográfica del protagonista me hacen pensar en un estilo generacional ágil y fresco que Kurtulus y Saracoglu podrían compartir con directores que me gustan tanto como Siminiani. Hay un uso impecable del espacio doméstico, de la naturalidad cotidiana de los miembros reales de la familia de Malik. Y hay también referencias al propio cine tan oportunas como las de los Lumiere (un apellido muy relacionado con Lyon y con los miedos de Melik) o Buñuel (en esa dulce evocación del ojo pintado en una tarta que un cuchillo corta). Así que hemos tenido suerte con la elección de esta mañana y hemos podido comprobar nuevamente el excelente nivel del cine turco. Quizá no se vea en España, pero Gözümün Nûru es una propuesta sobresaliente que no merecería ser proyectada solo en este festival. También ha sido muy bueno el corto de animación que la ha precedido (Una taza de café turco, de Bir Fincan Türk Kahvesi) en el que una abuela resume para su nieta la historia de su vida en lo que dura un café.  

viernes, 24 de octubre de 2014

Little feet

de Alexandre Rockwell. EE.UU., 2013. 60’.
24 de octubre de 2014. Teatro Calderón, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Lana y Nico son dos hermanos deliciosos. Parecen haber perdido a su madre y la imaginan mirándoles desde una pluma que vuela tras una guerra de almohadas. O bajo el agua de la bañera. O en la playa a la que llegarán para liberar a su pececito después de un periplo urbano lúdico y maravilloso. 

Solo están ellos (y un amigo algo mayor). Son los hijos de Rockwell y él sabe que también la cámara está enamorada de ellos. Y el espectador. Pero no nos hace trampas cautivándonos solo con la espontaneidad de sus hijos como hacía Reygadas con los suyos en Post Tenebras Lux. En esta singular película Rockwell me recuerda más bien al Kore-Eda de joyas como Nadie sabe o Milagro. Pero con un tono poético y una alegría que borra la sombra de esa pérdida intuida. Little feet parece el más bello regalo a una madre muerta. El de la alegría de unos hijos que la recuerdan y la echan de menos, pero que son libres, creativos y felices. La coherencia de la noche no ha podido ser mayor porque esta joya americana ha venido precedida de otra también centrada en la mirada infantil. La gallina, el magnífico corto con el que Una Gunjak nos sitúa en la vida cotidiana de una familia que va a celebrar un cumpleaños en los terribles días del cerco a Sarajevo.

Alguien a quien amar

de Pernille Fischer Christensen. Dinamarca, 2014. 100’.
24 de octubre de 2014. Teatro Carrión, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Thomas Jacob es una estrella músical de fama mundial. Vive en Los Ángeles, pero vuelve a Dinamarca para grabar un disco. Hace años que no ve a su hija, así que el encuentro es obligado. Ella tiene un niño de once años, Noa, del que Thomas tendrá que hacerse cargo por una temporada. O para siempre.

El magnífico recuerdo de Una familia (la anterior película de esta directora que vimos el año pasado en el Niemeyer) nos hizo tener muy claro que una de las que no nos perderíamos en la Seminci sería esta. Y hay que reconocer que Pernille Fischer Christensen tiene una gran capacidad para analizar las tramas de los afectos familiares y llevarlas delicadamente a la pantalla. Lo había demostrado en aquella estupenda película que, además de otros méritos, incluye una de las agonías más impresionantes y que yo haya visto en el cine (aunque sea mucho menos conocida que la de Haneke). Sin embargo, en Alguien a quien amar el divismo del guapo cantante maduro acaba ahogando la intensidad de la historia. En la primera parte sorprende ver a un personaje con una gestualidad afectada que casi no varía entre los escenarios y la intimidad. Pero a partir del inesperado suceso que cambia la situación del niño, la historia parece concentrarse excesivamente en el abuelo y en un drama subjetivo que cada vez nos importa menos. Así que Alguien a quien amar se queda en un extraño punto medio entre la magnífica historia familiar de la anterior película de Christensen y el simple culebrón de sobremesa que por momentos parece. De hecho, ha sido más interesante Si me abandonas ahora, una historia también familiar de Maria Eriksson sobre el momento en que una joven se va a vivir con su novio y lo que pasa cuando una madre no lo lleva bien. Esos diecinueve minutos suecos casi resultan mejores que la hora y media danesa.

El corderito

de Kutlug Ataman. Turquía, 2014. 85’.
24 de octubre de 2014. Teatro Carrión, 59º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

En un pueblo de Anatolia el pequeño Mert está a punto de ser circuncidado. Su madre quiere sacrificar un cordero e invitar a todos los vecinos pero no puede comprarlo. El padre pide un préstamo pero le entrega el dinero a una prostituta. Entre tanto, la hermana mayor de Mert le agobia con la idea de que él será el corderito que los vecinos se comerán. Como su madre lo llama así, él lo acaba creyendo.

Los paisajes invernales y los diálogos de los dos niños son magníficos. Las interpretaciones de los padres no tanto. Quizá porque los actores son menos toscos que sus personajes. La historia se sigue con interés y, aunque ese padre pasmado e imbécil pone un poco de los nervios, la astucia de la madre y los pequeños hace que el doble final resulte sorprendente y oportuno. Antes de la película se proyectó Tornistan, un breve corto de animación con el que Ayçe Kartal confronta la cotidianidad de los hogares turcos con los conflictos políticos de la plaza de Taksim. Aunque seguramente El corderito no será premiada, no ha estado mal como comienzo de estos dos días de Seminci.

jueves, 23 de octubre de 2014

Soy mucho mejor que voh

de José Manuel Sandoval. Chile, 2012. 87'.
23 de octubre de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

A Cristobal le acaba de dejar su mujer. Ella se ha ido a Barcelona y él deambula por Santiago en busca de otras mujeres. Con el deseo y la torpeza de un hombre a la deriva.

Una especie de ¡Jó qué noche! en versión chilena y masculina. Los encuentros y desencuentros de este "hueón" dubitativo van componiendo una historia que se ve con interés. El diálogo preambular (altamente sexual) entre las dos mujeres que intentan ligarse a Cristobal y ese final en que se debate entre intentar recomponer su familia o ser  capaz de renunciar a ella, enmarcan con acierto los acechos, requiebros y huidas de un personaje patético que no sabe ser ni marido, ni padre, ni amante (¿arquetipo de una masculinidad dislocada?). El chilenísimo lenguaje de esta película obliga a mantener la atención para no perderse nada. Pero a ello no ayuda la incomprensible decisión de subtitularla. Si ya son molestos esos subtítulos en inglés con que nos llegan las copias para festivales de algunas películas, que se pongan en español es mucho más grave. Aprender a entender (y disfrutar) las distintas formas de hablar español en los dos lados del charco (y también dentro de España) es un aliciente más para ir al cine. Por eso resulta tan molesta la falta de respeto hacia nuestra lengua y hacia nuestro cine que suponen esos subtítulos cuando, como hoy, el sonido no dificulta la escucha.

miércoles, 22 de octubre de 2014

De caballos y hombres

de Benedikt Erlingsson. Islandia, 2013. 85’.
22 de octubre de 2014. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

En los hermosos paisajes de Islandia se van sucediendo varias historias de caballos y hombres. Primerísimos planos de lo que reflejan los ojos de los caballos separan las peripecias de una comunidad humana y equina mostradas como pequeños relatos salvajes.

Una pequeña joya muy nórdica y casi muda. Hay momentos surrealistas (como el de la imagen del cartel o el de la llegada a caballo al barco), encuadres preciosos (como los que cierran varias de las historias), escenas que dan algo de risa (o algo de grima) y una banda sonora más que oportuna para armonizar ese mundo bellamente mestizo de caballos y de hombres. 

domingo, 19 de octubre de 2014

El congreso

de Ari Folman. Israel, 2013. 118'.
19 de octubre de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

A la actriz Robin Wright le ofrecen su último contrato. La escanearán y harán que protagonice nuevas películas con la misma edad. Veinte años después es invitada al congreso de futurología que se desarrolla en un mundo irreal al que se accede con la mente y la química.

La primera parte plantea un dilema faústico que tiene en el presente y el futuro del cine un buen tema de reflexión. En ella, además de la protagonista, destaca un Harvey Keitel soberbio con un monólogo memorable durante el escaneado de la actriz. La segunda parte se desarrolla en un mundo animado en el que me siento confundido. Lo que le pasa a ese avatar dibujado me interesa mucho menos y, aunque reconozco la calidad de las imágenes, noto que la historia pierde coherencia y profundidad. Sin embargo, la breve tercera parte en la que la protagonista regresa al mundo real en busca de ese hijo tan especial me reconcilia de nuevo con una película que quizá plantea demasiadas cosas para una apuesta formal tan radicalmente escindida.

sábado, 18 de octubre de 2014

Relatos salvajes

de Damián Szifrón. Argentina, 2014. 115’.
18 de octubre de 2014. Parqueastur, Corvera.

Un avión en el que coincide gente que conoce a un tal Pasternak. Un canalla que cena en el bar donde trabaja la hija de un hombre que se suicidó por su culpa. Un adelantamiento en una carretera que acaba muy mal. Un ingeniero de explosivos al que la grúa le lleva varias veces el coche. Un trato con un empleado doméstico para que asuma la culpa del accidente que provocó el hijo de una familia bien. Y una boda en la que la esposa descubre la infidelidad del marido. Pasternak. Las ratas. El más fuerte. Bombita. La propuesta y Hasta que la muerte nos separe. Seis relatos salvajes.

Salvajemente magníficas son las seis historias de esta película que lamentablemente solo dura dos horas. Lo que se cuenta, los lugares en que nos coloca la cámara, los giros de cada historia, la forma en que se cierran... Todo es sobresaliente. Es ya alucinante el final de ese magnífico relato preambular en el que un avión se nos cae encima antes de que lleguen siquiera los títulos de crédito. Salvajes y más que oportunos son también los animales que los ilustran. Y están magníficos Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín y todos los demás actores que protagonizan estas seis geniales minipelículas entre las que yo no sería capaz de elegir la mejor. Hay ecos del Duelo a garrotazos de Goya en esa pugna entre conductores que Szifrón nos presenta en El más fuerte. Los magníficos Tres monos del hoy aclamado Nuri Bilge Ceylan partían de una situación similar a la que se nos plantea en La propuesta.  Todos hemos querido ser ingenieros de explosivos alguna vez para poder poner las cosas en su sitio como hace Ricardo Darín en Bombita... Y no sigo. Solo espero poder ver pronto una nueva película de Damián Szifrón. Y todas las que ha hecho hasta ahora. Está claro que Almodóvar sabe lo que se hace cuando produce películas tan excelentes como esta. Otra prueba del magnífico nivel del cine argentino.