21 de marzo de 2020. DVD, Avilés.

Con personas completamente ajenas al mundo de la interpretación, Jaime Rosales ha conseguido filmar esta joya. Sueño y silencio trata de lo esencial y está hecha con lo esencial. Lo esencial de una historia sobre un duelo que va más allá de La soledad. Lo esencial de unas escenas en las que el hiperrealismo es llevado al límite. Tanto, que lo espiritual se cuela en esa forma de poner la cámara que tendría mucho que enseñar al propio Malick y sobre la que Jaime Rosales abundará después en Petra, esa otra película magistral en la que los suaves movimientos de cámara también parecen los de un espíritu. En Sueño y silencio Rosales ha optado por un sonido directo que respeta siempre las distancias. Unos encuadres siempre bien elegidos para que lo importante sea solo lo que contemplamos. Un blanco y negro iluminado siempre con luz natural que hace casi atemporal esta historia trágica. Y un prólogo y un epílogo cenitales en los que asistimos (primero en blanco y negro, luego en color) al espectáculo de ver trabajando a ese otro fabricante mediterráneo de obras de arte universales que es Miquel Barceló. Sueño y silencio es otra muestra de que el cine de Jaime Rosales es superlativo. Quizá no apto para públicos impacientes, pero absolutamente cautivador para quien sabe que Chéjov contaba muchísimo con lo poco que contaba.