jueves, 7 de agosto de 2014

Ärtico

de Gabriel Velázquez. España, 2014. 78.
7 de agosto de 2014. Teatro Cervantes, Béjar. XVIII Semana de Cine Español.

Periferias salmantinas. En los paisajes invernales y en las vidas desangeladas de unos adolescentes sin futuro.

La estética de Los santos inocentes y la ética de Deprisa, deprisa. La atmósfera del invierno en el campo, los planos fijos de los rostros y sus nombres, las escopetas y las palomas, los sonidos de unas manos golpeando una mesa. Todo eso me ha recordado a la película de Camus. Los disparos, los coches, el trapicheo, la violencia macho, la adolescencia bronca. Eso me ha hecho pensar en la de Saura. Pero la síntesis de Gabriel Velázquez es muy singular. Como su manera de mostrar los límites de un territorio arquetípico. La vecindad entre la belleza rural del campo charro y los no-lugares periféricos de una ciudad como Salamanca. Los encuadres están muy cuidados. La crudeza de esas historias juveniles sin palabras contrastan grandemente con la elegancia con que se muestran esos paisajes rurales y urbanos. En la presentación de la película Gabriel Velázquez destacó la intención poética de ese contraste. Y lo ha conseguido. La película sorprende. Me apetece ver su anterior Iceberg, de la que este Ärtico parece ser una nueva visita a las vidas de esos adolescentes. Pero por más que sea intencional lo desdibujado de esos personajes en unos entornos tan bien filmados, me parece que en ese contraste hay cierto desequilibrio. De este frío Ärtico la estética me dice más que su ética. Me quedo más con el paisaje que con las figuras.