sábado, 24 de enero de 2015

Still Alice

de Richard Glatzer y Wash Westmoreland. EE.UU., 2014. 101’.
24 de enero de 2015. Cines Golem, Madrid. V.O.S.


Alice acaba de cumplir cincuenta años. Mientras da una conferencia sobre cómo los niños adquieren las palabras ella olvida una. Es el primer síntoma de un Alzheimer precoz que en poco tiempo borrará su identidad.

Ser consciente de que el tiempo y el espacio se deshacen como la arena. Quizá sea lo peor de una enfermedad que comienza con la lucidez de saber que toda lucidez se perderá. Por eso Alice graba ese video en el que se da instrucciones precisas para cuando ya no sea Alice. Julianne Moore interpreta muy bien un papel para el que, por desgracia, hay muchas personas en las que inspirarse. Still Alice (aquí se ha traducido como Siempre Alice en lugar de Todavía Alice) es una buena ficción sobre un tema que tiene magníficos precedentes. Como El hijo de la novia de Juan José Campanella con una Norma Aleandro insuperable. O Arrugas, el cómic de Paco Roca (esta mañana hemos visto una estupenda exposición sobre su obra en la Fundación Telefónica) llevado al cine por Ignacio Ferreras. O Bicicleta, cullera, poma, el documental de Carles Bosch que recoge el valiente testimonio de Pasqual Maragall. O también André y Dorine, la deliciosa y emotiva obra con que Kulunka Teatro ha llevado también el Alzheimer a los escenarios. Así que salgo del cine reconfortado por saber que todavía recuerdo esas buenas historias sobre el olvido. Y que sigo siendo el mismo que tanto disfrutaba en aquel tiempo en que este espacio se llamaba Alphaville.