lunes, 12 de enero de 2026

Familia de alquiler

de Hikari. Japón, 2025. 103.
12 de enero de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.

Un actor estadounidense lleva tiempo viviendo en Tokio, pero no le salen buenos papeles. Hasta que un día le ofrecen hacer de americano triste en un funeral aparentemente real. Se lo encarga una empresa que atiende los deseos de personas que necesitan que un actor interprete un papel para mejorar la vida de alguien. El del novio en una boda ficticia con la que la novia quiere tener una coartada para irse a vivir a Canadá. El del padre desconocido de una niña pequeña que necesita no ser huérfana para poder entrar en una escuela. O el del periodista que entrevista a un actor anciano que antes había sido muy famoso. El trabajo no es difícil, pero a veces le genera dilemas. Y también tiene sus riesgos cuando va más allá de lo que le encargan. 
 
Brendan Fraser está estupendo en el papel de ese actor bondadoso incapaz de deslindar la frontera entre la persona y el personaje. Con esta bonita historia, Hiraki ha conseguido hacer mucho más que una película apta para todos los públicos. Hay delicadeza en la forma en que presenta las necesidades afectivas de las distintas edades (la niña, el anciano, la novia o ese hombre con esposa y amante). También hay sutileza al incluir la relación del protagonista con esa encantadora prostituta. Los dilemas que se plantean están resueltos con mucha ternura al final de esta bonita película que, en cierto modo, recuerda a Familia, la ópera prima de Fernando León de Aranoa protagonizada por Juan Luis Galiardo. Con su preciosa estética nipona, Familia de alquiler recuerda a otras joyas sobre los rituales de la muerte. Me refiero a dos películas extraordinarias que vimos en los cines Verdi de Barcelona en julio de 2009: Despedidas de Yōjirō Takita y Still Walking de Hirokazu Kore-Eda. Nada menos.