sábado, 3 de enero de 2026

Sueños de trenes

de Clint Bentley. EE.UU., 2025. 102.
3 de enero de 2025. Netflix. V.O.S.

La vida de Robert Grainer, un hombre que trabajó como aserrador en la construcción del ferrocarril en las primeras décadas del siglo XX. Entre sus temporadas de trabajo, vivía feliz en su cabaña junto al río con su mujer Gladys y su pequeña Kate. Hasta que un incendio en el bosque lo cambió todo para siempre. 

En el día de hoy Estados Unidos ha demostrado que puede ser el país más poderoso y odioso del mundo y estar en manos del sádico más ignorante. Martín Caparrós (¿para cuándo su Premio Princesa de Asturias?) lo explica como nadie en El País en un texto titulado El puto amo. Por eso, justamente ahora, resulta tan reparadora esta joya que nos muestra que, más allá de su imperialismo salvaje y su capitalismo despótico, la América que habla inglés fue también la tierra de Thoreau, Whitman y de gentes como el protagonista de esta historia: un hombre bueno. Aunque Sueños de trenes no fuera el retrato poético de una vida ejemplar y una alegoría delicada sobre el equilibrio entre la vida humana y la naturaleza, ya sería una magnífica película. Lo es en conjunto y también por partes porque cada plano, cada secuencia, cada evocación y cada premonición son de una belleza conmovedora. Es como si el aliento de Whitman y Thoreau inspirara a Clint Bentley para dar el tono justo a una historia hecha con imágenes hermosísimas acompañadas con la música más delicada y pertinente. La mirada de Clint Bentley parece un destilado de lo mejor de Terrence Malick y las composiciones de Bryce Dessner recuerdan las texturas más bellas de Michael Nyman, pero evitando las querencias manieristas de estos. Así que hay mucha belleza en Sueños de trenes, una película que me ha hecho pensar también en Hasta el fin del mundo, de Viggo Mortensen. Otra magnífica historia americana sobre el amor y la bondad.