domingo, 30 de octubre de 2016

Eshtebak

de Mohamed Diab. Egipto, 2016. 97’.
30 de octubre de 2016. Teatro Carrión, 61º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Durante una de las violentas manifestaciones de 2013 en El Cairo van entrando detenidos en un furgón policial. Primero unos periodistas. Luego una familia. Después otras gentes. Algunos pertenecen a los Hermanos Musulmanes. Otros los detestan. Durante un día y una noche asistimos a lo que pasa en ese espacio cerrado. Y a través de sus pequeñas ventanas también presenciamos lo que sucede fuera. Pero sin salir nunca del furgón.

La vemos en la mañana del domingo, el día en que se proyectan algunas de las películas premiadas. Eshtebak ha obtenido el Premio Pilar Miró al mejor nuevo director, el premio a la mejor dirección de fotografía y también Sociograph Award (el que mide las emociones del público). Pero también podría merecer esa Espiga de Oro que se ha llevado Locas de alegría de Paolo Virzi (muy buena debe ser para habérselo arrebatado). Confirmando lo que anticipé en su reseña, Cruce 48 ha obtenido también el premio del público de la sección Punto de Encuentro. Así que hemos podido ver dos de las películas premiadas y nos parece muy bien (haberlas visto y que se lleven esos premios). Eshtebak es formalmente tan radical que la cámara nos hace sentir que somos uno más de los detenidos en ese furgón que, además de ser un espacio cinematográficamente intensísimo, nos aporta una perspectiva muy relevante sobre lo que sucedió en Egipto entre aquella primavera árabe y el derrocamiento de Mohamed Morsi. De hecho, ese furgón podría ser también una buena metáfora de las tensiones sociales que en los últimos años se vienen viviendo en ese país. La película nos propone una mirada angustiosa y trepidante sobre las relaciones humanas en un espacio cerrado. Pero también es una original perspectiva que nos permite estar en medio de los duros enfrentamientos callejeros y presenciar lo que sucedió durante esos días en las calles de El Cairo con una mirada que está a medio camino entre el cine bélico y el documental. Además de merecer todos los premios que reciba, esta película también debería poder ser vista en muchas salas comerciales. Sería apasionante para el público palomitero. Pero, por su intención y su radicalidad formal, cautivaría también a los otros cinéfilos. Así que ha sido un cierre perfecto para estos tres días de Seminci. Volveremos.