jueves, 5 de febrero de 2026

Marty Supreme

de Joshua Safdie. EE.UU., 2025. 149.
5 de febrero de 2026. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

Marty Mauser es muy bueno en el ping pong. Tanto, que casi gana el campeonato mundial en Londres. El vencedor es un japonés del que quiere desquitarse en la siguiente edición. Pero, para viajar a Tokio y poder participar, necesita dinero y está dispuesto a pasar por encima de quien sea para conseguirlo. También de las mujeres que le quieren.
 
Elogio de un canalla. Eso acaba siendo esta historia trepidante, amoral e incoherente (primero pierde contra el japonés y al final le gana sin más entrenamiento que sus maldades). Timothée Chalamet puede resultar tan bien parado como su personaje y quizá consiga ganar el Oscar frente a intérpretes con trabajos tan notables como los de Leonardo DiCaprio en Una batalla tras otra, Ethan Hawke en Blue Moon, Michael B. Jordan en Los pecadores o Wagner Moura en El agente secreto. Si finalmente lo logra, la gran diferencia no será un trabajo mejor que el de ellos sino, probablemente, el atractivo que para algunos tiene la catadura moral de su personaje. Lo mismo sucede con Donald Trump. Este no juega al ping pong (al menos con una pelotita), pero el personaje de Marty Mauser parece creado como trasunto suyo. De hecho, ambos comparten una exitosa maldad y un ansia desbocada por la exaltación del ego. La serie de catastróficas desgracias que va causando el muchacho de las gafitas debería resultar repugnante. Como también su depredador machismo, tanto con una amante humilde como con una actriz famosa. Pero lo que riza el rizo es esa parte final en la que, pocos años después de Hiroshima, ese joven gringo somete y humilla a los japoneses y, tras ser aplaudido por unos alegres uniformados estadounidenses que celebran esa nueva victoria sobre ellos, regresa en un avión militar para emocionarse y llorar viendo a su hijo recién nacido. Un bebé que quizá represente a los estadounidenses de la era PostMAGA. En fin, que Marty Supreme es muy entretenida por su truculencia, pero, aunque sea algo más sutil, su imaginario no debe estar muy lejos del de ese otro panegírico trumpista que se ha estrenado esta semana: Melania. ¿Supreme?