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sábado, 28 de octubre de 2023

Animal

de Sofia Exarchou. Grecia, 2023. 117’.
28 de octubre de 2023. Teatro Cervantes, 68º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Punto de encuentro). V.O.S. 

Kalia trabaja como animadora en un hotel turístico de una isla griega. Al grupo de bailarines llega Eva, una chica polaca que se inicia en esa forma de vida. Los ensayos de coreografías por el día, la intensa actuación en el escenario o en la discoteca y los encuentros sexuales, más bien incidentales, en el resto del tiempo completan unas rutinas agobiantes.

En esta historia inmersiva, la directora de Park vuelve a retratar los bordes de la costa y del ocio en esas noches clónicas de los cebaderos del desenfreno turístico mediterráneo. Las coreografías son insinuantes y potentes, pero la música y el ruido resulta agobiante. Como también lo acabará siendo para estos animales nocturnos que trabajan en la producción y satisfacción del deseo de los otros. Es difícil envidiar las vidas de Kalia y a Eva. Seguramente tampoco las de los alemanes, ingleses, italianos y rusos que las miran cada noche en esos garitos del turismo estabulado. El cine de Sofia Exarchou tiene algunas conexiones con el de Ulrich Seidl. En cierta medida, Animal comparte con Rímini el tema y, hasta cierto punto, la forma. Las dos son dos estupendas películas con efectos disuasorios.

sábado, 30 de octubre de 2021

Las cartas perdidas

de Amparo Climent. España, 2021. 75’.
30 de octubre de 2021. Teatro Cervantes, 66º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Tiempo de Historia)

Actrices españolas ponen voz y rostro a cartas escritas por mujeres en tiempos de la guerra y de la represión franquista. A veces lo hacen en lugares significativos para lo que en ellas se dice. También hay testimonios de ancianas que recuerdan hechos de aquel tiempo. Y mucha música, algunos bailes y demasiados colores.

Menos es más. Sobre todo cuando se tratan temas como estos. La fuerza de los textos que nos llegan desde otro tiempo se devalúa al querer enfatizarlos poniéndolos en boca de actrices actuales. Entonces la expresividad deviene impostura y la acumulación de testimonios y temas acaba por banalizar lo que se quiere contar dejando muy patentes las intenciones pero muy reducidos los efectos. Acumular rostros y nombres sin aportar circunstancias desdibuja aquellas vidas y hace que las evocaciones no parezcan fines en si mismos sino medios para armar una película sobre un tema en el que el bonitismo resulta particularmente inadecuado. Habiendo tantos documentales ilustrativos y conmovedores sobre la memoria histórica que han aportando tanto a su conocimiento y reivindicación, no se entiende que aquí se derroche el talento y la disposición de tantas buenas actrices en un documental que tiene muchas pretensiones pero que aporta muy poco. Y es que la sintonia con la causa no garantiza la calidad del resultado.

sábado, 26 de octubre de 2019

La cueva

de Feras Fayyad. Siria, 2019. 95’.
26 de octubre de 2019. Teatro Cervantes, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Tiempo de Historia). V.O.S.

El 2018 ya van cinco años de asedio en la ciudad Siria en la que sigue abierto un hospital que es casi una cueva. El edificio está en ruinas, así que los médicos trabajan en ese mundo subterráneo conectado por túneles con otros lugares de la ciudad. El ruido insoportable de los aviones rusos que bombardéan la ciudad y la llegada constante de civiles heridos hace durísimo y heroico el quehacer de los médicos y sanitarios que trabajan en esas condiciones terribles.

Cuando comienza la proyección de este impresionante documental ya sabemos que ha obtenido el Premio de la Sección Tiempo de Historia. Y bien lo merece porque es hora y media de inmersión completa en el infierno de ese hospital subterráneo. La cámara sigue principalmente a la joven doctora que lo dirige. Pero también escudriña el quehacer de los sanitarios que trabajan allí sin apenas medios y con la mayor presión imaginable. Hay mucho miedo, pero nunca un mal gesto. La cueva es un retrato de lo mejor de la condición humana en medio del dolor más terrible que se hace especialmente duro con cada llegada de niños heridos y con  la impotencia de quienes los atienden. La referencia final al Mediterráneo nos recuerda que este testimonio sobre la intrahistoria de una guerra nos compromete especialmente a los europeos que hemos permitido a nuestros gobiernos no ser más activos frente a esa espiral bélica. Y que les hemos permitido que nos hablen de mafias que trafican con personas en lugar de exigirles que organicen el rescate de quienes sufren las guerras. La cueva es una joya cinematográfica y también el fármaco que necesitarían recibir muchas conciencias enfermas. Antes de la película se proyectó el corto El infierno, de Raúl de la Fuente (el director de Un día más con vida), sobre una cárcel de Costa de Marfil. Otro testimonio bien filmado sobre el dolor humano que forma un buen díptico con la película  de Fayyad.

jueves, 10 de agosto de 2017

Las furias

de Miguel del Arco. España, 2016. 125.
10 de agosto de 2017. Teatro Cervantes, Béjar. XXI Semana de Cine Español.

El abuelo era un gran actor y antes de perder la memoria habló a la niña de las furias, esos seres anteriores a los dioses que castigaban los males hechos dentro de la familia. Entre los dos sigue habiendo una complicidad especial que los separa de los demás miembros de esa familia desgarrada. La abuela querría presentarles a sus hijos a esa psicóloga joven y guapa que todos consideran su asistente pero que en realidad es su amante. Pero no se atreve, así que les dice que piensa vender la casa y los invita a pasar unos días juntos en ella. Allí será evidente la tensión entre los tres hermanos y los dramas de cada uno de ellos. La crisis radical de la hermana con su marido, la felicidad con plazo fijo del hermano exitoso que quiere aprovechar la ocasión para casarse con la mujer con la que vive desde hace veinte años y el resentimiendo del hermano menor que sigue viviendo en la casa y se lleva mal con todos. Para la nieta, que contempla lo que pasa desde su lúcidez desquiciada, está muy claro que las furias están acosando sin tregua a esta familia cuarteada.

Un guión magnífico de principio a fin. Desde ese preámbulo que abre la historia conectándola con la teogonía griega hasta ese final hiperdramático pero también catártico y luego esperanzador. De Miguel del Arco ya solo esperamos lo mejor en el teatro (también en proyectos tan extraordinarios como el de Kamikaze en el Pavón). Y ahora también en el cine tras esta estupenda primera película. Las furias es una historia sobre dramas y demonios familiares muy reconocibles. Quizá por eso a los espectadores menos teatreros o menos conocedores de la mitología les pueda sorprender ese subtexto que la acompaña en la que hay no pocas referencias al teatro y a los mitos clásicos. Referencias siempre bien traídas en un guión impecable y más que premiable. Igual que las soberbias interpretaciones de un elenco deslumbrante en el que están que se salen Mercedes Sampietro, José Sacristán, Carmen Machi, Bárbara Lennie, Gonzalo de Castro, Pere Arquillué, Emma Suárez, Alberto San Juan... Y entre ellos también la joven Macarena Sanz, que ya estaba estupenda en el papel de ciega podemita en la reciente Selfie de Victor García León y que aquí borda ese personaje fascinante de la adolescente que todo lo ve y todo lo entiende y que tan magníficamente conecta con el de ese gran actor que interpreta (y es) José Sacristán. Así que uno solo lamenta no haber podido ver antes en salas comerciales una película que tendrá bien merecidos los premios que puedan darle y que vuelve a confirmar lo valiosas que son iniciativas como las de esta Semana de Cine Español en Béjar que se desarrolla en su delicioso teatro Cervantes. Con esta edición ya ha cumplido veintiún años mostrando buen cine. Y brindándonos estupendas noches cinéfilas en algunos de estos días de agosto que acostumbramos a pasar en estas hermosas tierras en que Salamanca ya es casi extremeña.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Kamikaze

de Alex Pina. España, 2014. 94.
5 de agosto de 2015. Teatro Cervantes, Béjar. XIX Semana de Cine Español.

Un terrorista suicida de Karadjistan sube a un avión de Russian Airways que se dirige a Madrid. Su idea es hacerlo explotar tras el despegue para que caiga sobre Moscú. Pero una tormenta de nieve obliga a suspender el vuelo y los pasajeros son trasladados a un hotel en el que esperarán varios días a que el temporal amaine.

El roce hace el cariño. Y mucho más si es con unos cuantos españoles y argentinos. Por muy terrorista que se sea, cualquiera caerá rendido ante nuestro natural buen rollo en situaciones de gregarismo accidental. Esa es la tesis de una película que quiere aunar cuatro géneros: el de los dramas aéreos, el de los conflictos políticos, el de la comedia y el de las historias de amor con final feliz. Y no lo hace peor (ni mejor) que esas películas americanas del género tonto que se mantienen varias semanas en nuestras carteleras. Kamikaze tiene a su favor que está interpretada por buenos actores que saben activar los resortes de la risa y la emoción del público. Así que se lo han pasado muy bien los bejaranos que esta noche llenaban el Teatro Cervantes. Y es que la película de hoy en la Semana del Cine Español era de un director de aquí.

martes, 4 de agosto de 2015

24 cines por segundo

de Mariela Artiles. España, 2013. 61.
4 de agosto de 2015. Teatro Cervantes, Béjar. XIX Semana de Cine Español.

El cine (español) en las nuevas encrucijadas. La de la digitalización de las salas, la de la desaparición de los cines del centro de las ciudades, la de la atomización de las pantallas... Una coyuntura que interpretan muy lúcidamente directores, productores, distribuidores y exhibidores.  Y que se complementa con la épica de esas sábanas blancas que algunos héroes siguen llevando a las plazas de los pueblos.

Un año más coincidimos con esta Semana de Cine Español de Béjar que está a punto de cumplir ya dos décadas. Ayer se proyectó Todos están muertos de Beatriz Sanchís (la habíamos visto en diciembre en la Filmoteca de Cataluña) y hoy ha venido Mariela Artiles al Teatro Cervantes para presentar y comentar este estupendo documental que es un buen diagnóstico de la situación del cine en España (mucho peor que la situación -creativa- del cine español). Hay tanta sensatez en las declaraciones que este documental se convierte en un verdadero libro blanco sobre los problemas de nuestro cine. Pero no es solo eso. Los fundidos en blanco y las imágenes de ese héroe de Peñaranda de Bracamonte (que, además de mantener abierto su cine, lleva en su camioneta películas a los pueblos) hacen de este documental bastante más que una serie de excelentes testimonios. En el coloquio pensaba en la suerte que tienen aquí. Los Multicines de Béjar y los Van Dyck de Salamanca siguen abiertos haciendo que el público palomitero tenga en la sala de al lado las películas con las que disfrutan los (otros) cinéfilos. Tras el cierre hace tres semanas de los Cines Centro de Gijón ya no tenemos en Asturias salas de cine dentro de nuestras ciudades. Todas están ya en centros comerciales y ofrecen pocas excepciones a la carroña continua que suministra la industria norteamericana. En Asturias, y sobre todo en la comarca de Avilés, se sigue proyectando mucho buen cine español, latinoamericano y europeo. Pero hay que buscarlo en los centros culturales o en los festivales y eventos cinéfilos (como este). Y eso supone una dramática escisión de los públicos que, por suerte para ellos, no sufren los salmantinos.

jueves, 7 de agosto de 2014

Ärtico

de Gabriel Velázquez. España, 2014. 78.
7 de agosto de 2014. Teatro Cervantes, Béjar. XVIII Semana de Cine Español.

Periferias salmantinas. En los paisajes invernales y en las vidas desangeladas de unos adolescentes sin futuro.

La estética de Los santos inocentes y la ética de Deprisa, deprisa. La atmósfera del invierno en el campo, los planos fijos de los rostros y sus nombres, las escopetas y las palomas, los sonidos de unas manos golpeando una mesa. Todo eso me ha recordado a la película de Camus. Los disparos, los coches, el trapicheo, la violencia macho, la adolescencia bronca. Eso me ha hecho pensar en la de Saura. Pero la síntesis de Gabriel Velázquez es muy singular. Como su manera de mostrar los límites de un territorio arquetípico. La vecindad entre la belleza rural del campo charro y los no-lugares periféricos de una ciudad como Salamanca. Los encuadres están muy cuidados. La crudeza de esas historias juveniles sin palabras contrastan grandemente con la elegancia con que se muestran esos paisajes rurales y urbanos. En la presentación de la película Gabriel Velázquez destacó la intención poética de ese contraste. Y lo ha conseguido. La película sorprende. Me apetece ver su anterior Iceberg, de la que este Ärtico parece ser una nueva visita a las vidas de esos adolescentes. Pero por más que sea intencional lo desdibujado de esos personajes en unos entornos tan bien filmados, me parece que en ese contraste hay cierto desequilibrio. De este frío Ärtico la estética me dice más que su ética. Me quedo más con el paisaje que con las figuras.

martes, 5 de agosto de 2014

Grand Piano

de Eugenio Mira. España, 2013. 90.
5 de agosto de 2014. Teatro Cervantes, Béjar. XVIII Semana de Cine Español.

Un famoso pianista vuelve a tocar. Lo hace con el valioso piano de un amigo fallecido. Unas anotaciones amenazantes en la partitura y una voz en un auricular le conminan a interpretar una pieza que hace tiempo que no toca. Su vida y la de su mujer dependen de que no falle ni una nota.

Las imágenes que acompañan a los créditos iniciales son muy sugerentes. También lo es la idea de un thriller en el tiempo real de un concierto. Pero conforme la historia avanza se va haciendo convencional. Como concierto resultaría sorprendente. Como película no.

lunes, 4 de agosto de 2014

Piratas y libélulas

de Isabel de Ocampo. España, 2013. 70.
4 de agosto de 2014. Teatro Cervantes, Béjar. XVIII Semana de Cine Español.

En el barrio de las Tres Mil Viviendas unos adolescentes preparan una obra de teatro. Los Capuleto y los Montesco son aquí gitanos y payos. Con la ayuda de Shakespeare, su profesora de lengua hace que tengan oportunidad de vivir otras vidas. No solo en el teatro.

Con Sevilla pura y pura nos emocionamos viendo como un teatro (el Lope de Vega de Sevilla) servía para reparar por una noche la injusticia cometida con los gitanos de Triana. Algunos de estos Piratas y libélulas quizá pudieran ser los nietos de aquellos desheredados a los que la especulación sacó de sus hogares y condenó al ostracismo en ese barrio maldito. Pero otra vez el teatro y la bendición de contar con educadores que merecen ese nombre (Mati es la heroína visible, pero con ella hay muchos más) nos muestran el milagro de que otra vida sea posible para quienes, teniendo más futuro que pasado, parecen irremediablemente condenados por su origen. Isabel de Ocampo hace cine comprometido y bello. Su matizada cámara está atenta a los gestos de unos chicos a los que uno no se cansa de mirar.  Y con ese material tan sensible ha sabido construir una historia llena de verdad (y a la vez mostrarnos una verdad llena de historia). Sus Piratas y libélulas son el opuesto de La clase de Laurent Cantet. Como la del francés su cámara sabe enamorarnos de los adolescentes. Pero la de ella no hace trampas. Sus niños no son actores. La Mati está a años luz de ese estúpido profesor parisino. Y su discurso no es resonante y reaccionario como el del francés. Isabel de Ocampo juega con la ventaja de que el Instituto "Romero Murube" de Sevilla le da una lección de saber hacer pedagógico en contextos socialmente extremos a ese adocenado liceo parisino entre cuyos muros campea la burocracia (como en tantos institutos españoles para cuyos claustros debería ser obligatorio ver esta película). Pero señalar que la mirada de Isabel de Ocampo es mucho más limpia y oportuna que la de Cantet no es decir mucho. Lo que ella hace debe compararse con referentes mejores. Quizá con los Taviani que con Cesar debe morir también nos mostraron hace poco lo que Shakespeare y el teatro pueden hacer por los reclusos. O lo que ellos pueden hacer por Shakespeare y el teatro. Justamente eso que también hacen en Asturias los queridos amigos de la UTE del centro penitenciario de Villabona (en la revista Escuela y en mi blog de educación les dediqué un artículo -Cárceles, pueblos y héroes- sobre el acoso que están sufriendo por parte de un gobierno que parece tener igual inquina por la cultura, por la educación pública y por quienes trabajan en favor de la integración social). Tenía razón Isabel de Ocampo cuando en el interesante coloquio que siguió a la proyección señalaba que el cine social tiene una obligación aún mayor de tener calidad (lo he dicho al reseñar otras películas que casi dañan las causas que reivindican). Su película la tiene y mucha. Es honesta, tiene intención y tiene verdad. Así que ha sido muy grato que estos días de descanso en el pueblo coincidan, un año más, con esta deliciosa Semana de Cine Español en Béjar en cuya primera jornada hemos podido encontrarnos con esta joya.

jueves, 8 de agosto de 2013

Los niños salvajes

de Patricia Ferreira. España, 2012. 97’.
7 de agosto de 2013. Teatro Cervantes, Béjar. XVII Semana de Cine Español.


A Alex le gusta hacer graffitis, Gabi entrena en un gimnasio y Oky se lleva bien con los dos. Se conocen del instituto, pero su complicidad aumenta fuera. Los tres tienen familias que saben poco de ellos. La orientadora le consigue una beca a Alex para que pueda ir a Amsterdam en el verano a aprender a pintar, pero él no tiene suficiente dinero. Las cosas se complican y tras una escapada frustrada la tranquila Oky hará algo horrible al regresar a su casa.

La película nos había gustado mucho el año pasado. Así que la hemos vuelto a ver con Ángela en esta XVII semana de cine español que se organiza en verano en Béjar y en la que ayer vimos Los ojos de la guerra y el viernes veremos una sesión de cortometrajes (Luces rojas, de Rodrigo Cortés, y Libre te quiero, de Basilio Martín Patino, completan la programación que este año se desarrolla en el bonito Teatro Cervantes). Patricia Ferreira hace un excelente trabajo con esos magníficos actores adolescentes que resultan mucho más que creíbles en esta película. El espectador comprende bien unas vidas que son desconocidas para sus padres y sus profesores. Las escenas familiares son oportunas y comparten esa rara verdad con que se esbozan las relaciones escolares (los diálogos entre los profesores y sus diversas formas de estar en el aula demuestran que Patricia Ferreira ha tenido buenos asesores y que ha querido sortear los tópicos y prejuicios que suelen hacer tan exasperante el cine sobre lo escolar). No hay tesis en la película, ni culpas definidas. El drama que retrospectivamente articula la historia permite construir un relato eficaz que (acertadamente) no pretende moralizar. Pero, más allá de ese drama, me quedo con la naturalista descripción de ese triángulo adolescente que no termina de encontrar cuáles son las ventajas de ser un marginado. La playa-callejón en la que los tres viven un instante de intensidad infinita es una metáfora cinematográfica perfecta e inolvidable.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Los ojos de la guerra

de Roberto Lozano Bruna. España, 2011. 97’.
6 de agosto de 2013. Teatro Cervantes, Béjar. XVII Semana de Cine Español.


Los ojos de la guerra son los de los reporteros. Gentes como Enrique Meneses, Gervasio Sánchez, Rosa María Calaf, Mikel Ayestarán, Ramón Lobo, Sergio Caro o Arturo Pérez-Reverte muestran que la verdad de lo que sucede en las zonas con conflictos depende de la pluralidad y honestidad de quienes lo relatan. Los testimonios sobre su trabajo y las imágenes de la forma en que lo hacen algunos de ellos son el contenido de este documental sobre las guerras y sobre el periodismo en las guerras.

Los desastres de la guerra. Ese podría ser también el título de un documental que muy oportunamente se abre y se cierra con la mirada de Goya, la que inauguró el género. En medio, imágenes de Bosnia, Afganistán, Irak o el Congo y de los reporteros que les dan sentido. Sus testimonios nos hacen reflexionar sobre la naturaleza y la dimensión ética de su trabajo. Sin desmerecer al resto, es Gervasio Sánchez el que destaca de una forma especial en esta película. Y es que la persona está a la altura de la obra. Las imágenes haciendo los reportajes fotográficos que hemos visto en el CCCB, en el MUSAC o en el Valey (hasta el 1 de septiembre está allí todavía “Vidas minadas, 10 años”) evidencian que su actitud con los protagonistas está a la altura de lo que muestra. Sus palabras desmienten con razón las miradas relativistas de otros. Y es que aunque el mal sea banal o plural siguen teniendo responsabilidad los que no hacen todo lo posible por evitarlo. Quienes recordamos los terribles partes de radio de aquella tarde de julio de 1995 que anticipaban lo que iba suceder en Srebrenica sabemos que los dirigentes autistas que no impidieron aquel genocidio no pueden alegar desconocimiento de lo que estaba pasando. Por eso son imprescindibles reporteros como Gervasio Sánchez, gente honesta en sus palabras, en sus obras y en su resistencia a la omisión.