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viernes, 25 de septiembre de 2026

Narciso

de Marcelo Martinessi. Paraguay, 2026. 101’.
25 de septiembre de 2026. Kursaal, 74º Festival de San Sebastián (Sección Horizontes Latinos).

A finales de los cincuenta, un joven llegado de Buenos Aires busca trabajo en un teatro de Asunción desde el que se emiten programas de radio. Es Narciso y durante un tiempo conseguirá que su pasión por el rock & roll le haga muy popular en las ondas. Son los tiempos de Stroessner y lo que se llevaba entonces era ensalzar el folclore paraguayo y perseguir a los homosexuales. Dos motivos para acabar con la vida de alguien como Narciso. 
 
El director de Las herederas ha conseguido aunar muchas voluntades para crear esta película tan nocturna y bien ambientada. En la presentación y en el coloquio se habló del cine paraguayo y se citó por un momento a Renate Costa, la malograda directora de Cuchillo de palo, un documental magnífico y conmovedor sobre aquella lista de los 108 que enmarca los dramáticos hechos que retrata esta película. En España el cine paraguayo no es tan conocido como merece. Igual que sucede con la dura historia de aquel país, esa tierra sin mal en el corazón de América. Así que la producción internacional de esta película ojalá sirva para dar más de visibilidad a un cine que no nace ahora sino que tiene películas tan interesantes como las citadas de Marcelo Martinessi y Renate Costa, pero también  La hamaca paraguaya de Paz Encina, 7 cajas de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, La última tierra de Pablo Lamar o Tren Paraguay de Mauricio Rial Banti.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Apenas el sol

de Arami Ullón. Paraguay, 2020. 75’.
29 de noviembre de 2021. Filmin. 59º Festival de Cine de Gijón (sección: tierres en trance). V.O.S.

Mateo Sobode Chiqueno graba testimonios de personas mayores que, como él, fueron sacados de la selva donde vivían sin contacto con el mundo de los blancos. Lo hace para que no se pierda la memoria del pueblo Ayoreo. Y también como denuncia de algo que al parecer sigue ocurriendo. 

Salesianos, evangélicos y menonitas han sido los responsables de la expulsión del pueblo Ayoreo de su hábitat secular en la selva. Civilizar a las comunidades indígenas (o pueblos originarios) no fue un afán remoto, sino que ha seguido siendo práctica habitual allí donde los intereses de algunos, por ejemplo los de los ganaderos, pugnan por hacerse con sus territorios. De eso va este documental en el que personas mayores recuerdan lo que les hicieron quienes seguramente consideraban que los rescataban del salvajismo. Muchos piensan que el retorno a aquella vida ya no les sería posible ahora. Pero algunos intentan que no se pierda su memoria y que nadie moleste a los que aún permanecen en la selva. Por eso Sobode Chiqueno (el Mateo se lo puso un misionero) sigue grabando.

lunes, 21 de enero de 2019

Las herederas

de Marcelo Martinessi. Paraguay, 2018. 125’.
21 de enero de 2019. Teatro Filarmónica, Oviedo.

Dos amantes maduras que viven como hermanas se ven obligadas a vender los objetos de valor que hay en su casa de Asunción. Una de ellas entra en la cárcel y en ese tiempo la otra gana algo de dinero haciendo de taxista para otras mujeres. Especialmente para una más joven de la que se enamora.

A pesar de la mala calidad del sonido en esta proyección, la contenida historia de Las herederas se hace más que interesante. Con una interpretación soberbia de Ana Brun y una cuidadísima manera de poner la cámara que apuesta por los encuadres intencionados y por una limitada profundidad de campo para concentrar la atención en los personajes, Las herederas vuelve a demostrar la gran calidad del trabajo de los cineastas paraguayos. Igual que me pasa con el cine islandés, creo que me resultaría fácil programar un ciclo con estupendas películas de esa querida tierra sin mal situada en el corazón de América. Ahí van algunos ejemplos del buen cine paraguayo: La hamaca paraguaya de Paz Encina, 108 Cuchillo de palo de Renate Costa, 7 cajas de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, La última tierra de Pablo Lamar o Tren Paraguay de Mauricio Rial Banti. Y, por supuesto, Las  herederas de Marcelo Martinessi, una película que tiene bien merecidos los premios que está recibiendo.

viernes, 3 de febrero de 2017

Tren Paraguay

de Mauricio Rial Banti. Argentina-Paraguay, 2011. 64’.
3 de febrero de 2017. Centro Cultural Paraguayo Americano, Asunción.

Salimos de Asunción y emprendemos un viaje en el que encontramos estaciones abandonadas, catenarias desvencijadas y raíles sepultados por la hierba. Y también testimonios precisos de personas que mantienen viva la memoria de lo que significó el ferrocarril en sus vidas y en sus pueblos. Relatos unas veces dramáticos, otras divertidos y siempre llenos de añoranza.  

Una de las primeros lugares que visité en Asunción la primera vez que vine a Paraguay fue su hermosa estación, hoy convertida en un museo tan céntrico como melancólico. Así que esta intensa semana de gratísimo trabajo con los profesores paraguayos no podía tener mejor despedida que esta película. Venir a verla en la última jornada del ciclo del CCPA (y de mi estancia aquí) me resultaba imprescindible. Por muy paraguaya y por muy representativa de esa pérdida que para tantos países de la región ha supuesto la desaparición del ferrocarril (también en el mío: las vías y estaciones de la Ruta de la Plata son un nítido recuerdo infantil para mi y una melancólica presencia en sus ruinas actuales). Pero las buenas expectativas que tenía sobre la película se vieron desbordadas desde el comienzo con los elegantísimos primeros planos que acompañan a los títulos de crédito. Una fotografía bellísima en su calidez casi sepia. Unos encuadres soberbios. Los relatos fascinantes de unas gentes que recuerdan muy bien lo que significaba para ellos el tren y lo que supuso su pérdida. Y, sobre todo, esas imágenes en movimiento perfecto acompañadas de un sonido extraordinario que nos hacen sentir la presencia fantasmal de aquel ferrocarril antiguo y poderoso. Todo eso hace de Tren Paraguay una joya cinematográfica que no olvidaré y que merecería ser vista en muchas pantallas. Así que no he podido cerrar de mejor manera esta semana de trabajo intenso y muy grato en Asunción, esta ciudad a la que cada vez me gusta más volver. La próxima vez creo que será en agosto.

jueves, 2 de febrero de 2017

Chicas nuevas 24 horas

de Mabel Lozano. Argentina-Colombia-España-Paraguay-Perú, 2015. 70’.
2 de febrero de 2017. Centro Cultural Paraguayo Americano, Asunción.

De Paraguay, de Bolivia, de Perú y de Colombia. Vemos testimonios concretos en los que la ilusión de una vida mejor se convierte en la pesadilla de la esclavitud para unas chicas con historias similares a las de muchos miles de mujeres de esos países.

No había tenido la oportunidad de ver este documental en España y me lo encuentro precisamente en uno de los países en que ha sido filmado. Las escenas y testimonios son duros y pertinentes (mejores los de la política paraguaya o el activista peruano que los de la fiscal y los policias españoles). Sobre todo los que cuentan las propias chicas (especialmente la colombiana y la paraguaya). Sin embargo, sobra completamente esa historia intercalada de la ejecutiva que intenta vender a un público (y molestar al público) lo lucrativo y fácil que resulta el negocio de la trata de mujeres. Los subrayados excesivos y las ficciones impertinentes no aportan nada al retrato de un drama que casi se banaliza con  esa irónica bofetada al espectador. La película es militante, pero también obvia. Sobre este mismo tema resulta más interesante y perturbadora la mirada de Isabel de Ocampo en Evelyn, una película mucho mejor que esta.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Latas vacías

de Hérib Godoy. Paraguay, 2014. 70’.
1 de febrero de 2017. Centro Cultural Paraguayo Americano, Asunción. V.O.S.

Hace siglo y medio, durante la Guerra de la Triple Alianza, se enterraron muchos tesoros en los campos paraguayos. Y, según la tradición, quienes los encuentran pueden sufrir maldiciones dramáticas. El asesinato del hermano de Alfonso podría ser una de ellas. Por eso huyó a Coronel Oviedo y malvive recogiendo latas vacías en esa ciudad. Allí coincide de nuevo con buscadores sin escrúpulos. Pero esta vez renuncia al tesoro que ha encontrado y lo devuelve a la tierra. Finalmente será el tesoro el que lo buscará a él en un vertedero y la historia no acabará mal.

Un planteamiento interesante entre el thriller, el terror, el naturalismo lumpen y el realismo mágico. La historia tiene estructura y moraleja. Pero poner bien la cámara y encadenar oportunamente los planos y las escenas es más difícil de lo que parece.

lunes, 30 de enero de 2017

Ore Ru (Esperando a Francisco)

de Armando Aquino. Paraguay, 2015. 70’.
30 de enero de 2017. Centro Cultural Paraguayo Americano, Asunción.

En julio de 2015 el Papa Francisco visitó Asunción. Vemos la espera y los preparativos del acontecimiento desde la perspectiva de cuatro personas sencillas. Una niña muy animosa que tiene cáncer, otra que vive en uno de los bañados (los barrios más pobres de Asunción), una indígena que es líder en su comunidad y una joven muy activa que sobrevivió a la tragedia de Ycua Bolaños en la que en 2004 murieron casi cuatrocientas personas. La llegada del Papa será muy emocionante para las cuatro.

Estoy en Asunción para el primer módulo de la segunda edición de la Cátedra CTS. Y justamente se celebra una semana de cine paraguayo en el CCPA. Así que podré aprovechar para ver algunas películas. La primera es este documental bien contado en el que se distinguen claramente dos partes que se podrían titular la espera y la llegada. La primera es un delicado retrato de la cotidianidad de esos cuatro seres humildes con los que es fácil sentir empatía y desearles lo mejor. La segunda parte, que incluye imágenes televisivas, retrata el acontecimiento que supuso en Asunción la llegada del Papa Francisco sin perder de vista las expectativas (algunas satisfechas, otras defraudadas) de esos cuatro personajes. Es un documental sencillo en su factura e intenciones, pero que se ve con agrado.

martes, 2 de agosto de 2016

La última tierra

de Pablo Lamar. Paraguay, 2016. 77’. 
2 de agosto de 2016. EYE, Amsterdam.

Un anciano enciende una vela en la noche. Luego ceba y vela a la mujer que agoniza en una humilde cabaña. Al amanecer ella ha muerto y durante ese día él se baña en el río, la lava con cariño y cava una tumba en el bosque. 

En esta estupenda semana en Amsterdam era inevitable una visita al Eye, la nueva filmoteca holandesa (con cuatro salas de cine, espacios para exposiciones temporales y un magnífico lugar de encuentro con vistas a la ciudad) que se alza, con una arquitectura blanca y espectacular, frente a la estación central a solo tres minutos en transbordador. Por fortuna, en su variada programación nos hemos encontrado con esta sorprendente ópera prima del paraguayo Pablo Lamar (un país al que volveré dentro de pocas semanas para impartir el primer módulo de la Cátedra CTS y del que en los últimos años he visto películas tan magníficas como Cuchillo de palo de Renate Costa o 7 cajas de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori). La última tierra no tiene palabras. Es una sucesión de imágenes de quietud perfecta (solo en el hermosísimo último plano la cámara se mueve y da un nuevo sentido al título de esta singular película) hilvanadas por un magnífico sonido sin cortes aparentes que, sin duda, merece el premio que ha recibido en el Festival de Róterdam. La película de Pablo Lamar exige del público una actitud contemplativa como la que se adopta ante las pinturas de Rembrandt o Vermeer. Así de exigente y de gratificante es La última tierra, una película que también podría titularse los cuatro elementos. Porque esta historia de amor pretérito, esta ceremonia de duelo de un hombre para el que hoy termina todo, es también un homenaje sensorial a la naturaleza primigenia, la que se manifiesta en el fuego (que abre y cierra la historia), en la tierra (que el hombre prepara y luego evita para su amada), en el agua (que recibe amorosa al viudo en el río y que le facilita las últimas caricias al cuerpo querido) y en el aire (que lleva y trae todos los sonidos del día y de la noche que acompañan esta soledad inabarcable). La última tierra no es apta para todos los públicos. Su parsimonia de belleza áspera y triste exige del espectador mucho más que otras películas sobre despedidas en la edad tardía. Pero lo que cuenta no es menos esencial que aquel Amor de Haneke. Aunque suceda en un lugar remoto del Paraguay y no en un piso burgués de París. Aunque las palabras y el refinamiento urbano de aquellos ancianos europeos contrasten con el silencio y los gestos esenciales de este hombre de la entraña América y total.

jueves, 13 de junio de 2013

7 cajas

de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. Paraguay, 2012. 105’.
12 de junio de 2013. Centro Niemeyer, XII Certamen Nacional de Cortometrajes de Avilés. V.O.S.

Víctor trabaja en el mercado 4 de Asunción. Es un joven carretillero al que le encantan las pantallas. Las de las televisiones que muestran películas y las de los móviles que las graban. Con cien dólares podría comprar uno. Y eso es lo que le ofrecen por carretear siete cajas hasta nuevo aviso. Ese día y esa noche serán frenéticos en el mercado.

Un cambio de última hora en el festival de cortometrajes ha hecho que la película prevista (Nana, de Valérie Massadian) haya sido sustituida por estas 7 cajas. Así, en solo dos semanas he podido disfrutar de dos gratas sorpresas del cine paraguayo: Cuchillo de palo, el interesante documental de Renate Costa, y esta trepidante película de Maneglia y Schémbori. Un estrambótico secuestro,
una carnicería polivalente, un adolescente fascinado por las imágenes, una chica que no soporta el machismo, una policía escasa de coches, un parto imprevisto, una confusión entre lechugas y tomates, unos carretilleros salvajes y, sobre todo, ese mercado 4 son los elementos que se entretejen en esta atractiva película apta para todos los paladares cinematográficos. 7 cajas es popular en su contenido (la vida en ese mercado) y en su destinatario (el público palomitero y el cinéfilo). Y también honesta en su ambición de trascender lo local sin traicionarlo (ni siquiera en su lenguaje, mestizo entre el castellano y el guaraní). Es verdad que lo tortuoso de los callejones, las posiciones de la cámara y la agilidad del montaje recuerdan al estupendo Meirelles de Ciudad de Dios, pero a mi su tono híbrido entre el thriller y la comedia y sus personajes tiernos, salvajes o casposos me recuerdan por momentos al cine de Berlanga. Ojalá que a estos directores paraguayos les dé suerte el paralelismo que también se advierte entre el agradable final de su ópera prima y el más tenso de la de Amenábar. Como aquella Tesis estas 7 cajas tienen su motor en la fascinación por las imágenes. Y las de esta película merecen ser vistas en muchas pantallas.

jueves, 30 de mayo de 2013

Cuchillo de palo - 108

de Renate Costa. España-Paraguay, 2010. 93’.
30 de mayo de 2013. Centro Niemeyer, Avilés.

Renate indaga sobre la vida de su tío Rodolfo. Había sido cuchillo de palo en una familia de herreros y homosexual en un país que los estigmatizaba incluyéndolos en listas (la primera era de 108, un número que en Paraguay aún sigue significando puto o maricón). Renate pregunta por él a su padre, a sus vecinos y a quienes le conocieron. Así consigue averiguar aspectos de su vida que quizá explican los motivos de su muerte.

En la memoria de Renate había una historia que merecía ser contada. Y lo ha hecho delicadamente en esta ópera prima tan honesta y sencilla como sincera y emotiva. Su cámara siempre está donde debe. Sus preguntas (y sus silencios) también. Así consigue mostrarnos escenas magníficas como las de sus confrontaciones con su padre (un hombre simple lleno de tópicos homófobos y religiosos) o las de sus encuentros con los amigos de Héctor (el otro nombre de Rodolfo). Y poco a poco nos va desvelando las circunstancias de una biografía truncada, pero también las de un país en el que un canalla llamado Stroessner supo utilizar el miedo y los prejuicios de la gente. A los lugares que recuerdo de mis (siempre cortas) estancias en Asunción se unirán ahora esa esquinita en la que hay una lavanderia y esa calle en la que el padre de Renate tiene su taller. La oportuna mirada de esta joven directora paraguaya sabe hacer buen cine en esos humildes escenarios. Y algo más. Recuperar la memoria y la dignidad.