Mostrando entradas con la etiqueta Sotomayor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sotomayor. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de mayo de 2020

De jueves a domingo

de Dominga Sotomayor. Chile, 2012. 96.
2 de mayo de 2020. Festival Renoir de Cine Iberoamericano, El blog de los Cines Renoir, Avilés.

Lucía y su hermano viajan en coche con sus padres hacia el norte. El jueves temprano dejan Santiago para emprender una ruta en la que compartirán acampada con unos amigos y llegarán casi al límite de territorios desérticos. Como la relación de sus padres que parece estar terminando.

No había podido ver esta película cuando se proyectó en el Niemeyer hace unos años, pero me encantó Tarde para morir joven, la última película de Dominga Sotomayor por la que recibió un merecido premio a la mejor dirección en la penúltima edición del festival de Gijón. Mucho de lo que escribí ayer sobre Sonámbulos podría repetirlo ahora sobre esta película hiperrealista que nos devuelve a los años noventa con la mirada de esa niña que asiste al que quizá sea el último viaje con sus padres. Sorprende la memoria y la precisión de la directora para construir los gestos y los detalles que muestran la textura de la vida cotidiana en un tiempo ya lejano. Sorprende su habilidad y pertinencia para poner la cámara. Y sorprende la familiaridad con que se relacionan los cuatro protagonistas de esta película de carretera en la que da gusto sentirse viajando en su coche sin importunarles. Magnífico cine chileno que ahora recupero pero que me habría encantado poder ver en pantalla grande. Ya va faltando menos para volver a ellas.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Tarde para morir joven

de Dominga Sotomayor. Chile, 2018. 110’.
22 de noviembre de 2018. Teatro Jovellanos, 56º Festival de Cine de Gijón (sección oficial).

Verano de 1990 en las montañas cercanas a Santiago de Chile. Varias familias con muchos niños y adolescentes se preparan para la Nochevieja. Serán dos días en los que estaremos con ellos e iremos contemplando sus relaciones. Las de unos adultos que acaban de salir de la dictadura y buscan en las montañas una vida más pura. Las de unos niños que buscan una perra y encuentran otra. O las de unos adolescentes apasionados que se inician en el amor.
 
En la línea de joyas chilenas, argentinas o españolas como El verano de los peces voladores de Marcela Said, La ciénaga de Lucrecia Mártel o Estiu 1993 de Carla Simón, Dominga Sotomayor nos lleva a vivir casi en presente un verano de su pasado. De aquel tiempo en que las casas y las generaciones estaban abiertas y uno contemplaba o protagonizaba esos momentos de intensidad infinita que conforme pasa la vida cada vez nos gusta más evocar. Tarde para morir joven es exigente al principio porque sitúa al espectador en medio de una comunidad en la que contempla retazos de conversaciones y relaciones que solo podrá entender si se deja llevar y asiste sin exigencias al paso del tiempo: de los minutos en la película, de las horas en aquella realidad. Y es que Dominga Sotomayor nos sitúa en ese hiperrealismo poético que hace tan magníficas las películas que citaba, pero más por lo que desvelan incidentalmente que por lo que muestran deliberadamente. Así que me parece bien merecido el premio a la mejor dirección que recibió en el festival de Locarno y muy triste que este tipo de cine magnífico que se hace en Iberoamérica tenga tan poca difusión en España.