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viernes, 28 de octubre de 2016

Maravillosa familia de tokio

de Yôji Yamada. Japón, 2016. 108’.
28 de octubre de 2016. Teatro Carrión, 61º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

La abuela quiere divorciarse. Y tiene buenos motivos porque el abuelo es un imbécil machista. Los matrimonios de los hijos tampoco son mucho mejores. Excepto el menor que tiene una novia estupenda y podría tener una vida mejor. En todo caso, el objetivo de esa familia de Tokio es impedir ese divorcio senil.

Pobre Ozú. Yamada se aprovechó de él en la innecesaria Una familia de Tokio que parasitaba el prestigio de los Cuentos de Tokio y a la que, precisamente por eso, un jurado miope concedió hace tres años la Espiga de Oro en este festival. Ahora parece que Yamada quisiera burlarse de Ozú con esta comedia casposa y aberrante (el cartel lo dice todo) que hace parecer de arte y ensayo las que dirigía Mariano Ozores. El plano final, más que un tributo a Ozú, me parece casi un insulto. Lo peor es que lo veía venir, pero uno quiere desconfiar de sus prejuicios y a veces da otra oportunidad a quien lo defraudó una vez. Por lo demás, la hora de proyección nos encajaba muy bien y el Teatro Carrión está muy cerca del hotel.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Una familia de Tokio

de Yôji Yamada. Japón, 2013. 146’. 
26 de noviembre de 2013. Cines los Prados, Oviedo.

Una pareja de ancianos viajan a Tokio para pasar unos días con sus hijos. El contacto con ellos será también una despedida porque cuando van a regresar a su isla la madre muere.

Han pasado sesenta años entre los Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu y esta historia que pretende recrearla hoy. Y la diferencia es abismal. El guión es en gran medida el mismo con pequeños cambios en algunos personajes (el hijo que vivía en otra ciudad en la historia de Ozú vive en Tokio en la de Yamada, su novia viene a ser aquella inolvidable nuera viuda y los nietos radicalmente rebeldes hace sesenta años son ahora mucho más moderados). Pero el resultado es muy diferente. Cuentos de Tokio perfilaba mucho más y mucho mejor el carácter de todos los personajes y hacía importantes todos los momentos y todas las conversaciones, mientras que Una familia en Tokio convierte en impostadas (incluso ñoñas) las partes en que pretende ser más fiel al original. Vana empresa la de intentar actualizar un relato que se ha hecho intemporal. Pero es que además Una familia en Tokio se olvida de que el original de Ozú no solo es mayúsculo por la historia que cuenta, sino también por la belleza formal con que lo hace. Cada plano y cada secuencia de Cuentos de Tokio es una lección de inspiración en la composición de los encuadres, en la geometría con que se colocan y se mueven los personajes, en la cadencia con que se suceden las imágenes. Nada hay de eso en Una familia en Tokio. Así que no se entiende el motivo de un sucedáneo que lo único que aporta es el posibe interés que pueda despertar por ver el original. Quizá sea a Ozu al que ha querido premiar de forma transitiva (e innecesaria) el festival de Valladolid concediendo una Espiga de Oro a esta copia que realmente no la merece.