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jueves, 23 de noviembre de 2023

El mal no existe

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2023. 106’.
23 de noviembre de 2023. Teatro Jovellanos. 61º Festival de Cine de Gijón (sección: Crossroads). V.O.S.

Takumi vive con su hija en un entorno natural muy bien conservado. Sus vidas y las de su comunidad pueden verse afectadas si se lleva a cabo la idea de instalar allí un glamping (un camping con glamur). Ese invierno un hombre y una mujer tienen una reunión con los vecinos de la zona para presentarles el proyecto. Estos les plantean con mucha educación algunas objeciones importantes. Y los dos forasteros quedarán fascinados por la magia de esas formas de vida y la belleza del lugar.   

El cine de Hamaguchi suele ser urbano e intimista y con alto voltaje emocional. Una suerte de Hong Sang-soo con la poesía de Kore-Eda y el espíritu de Rohmer. La relación entre la niña y su padre y la escena final con los ciervos es fiel al aliento poético de las magníficas  películas que he visto de él (La ruleta de la fortuna y la fantasía, Happy hour y Drive my car). Pero en El mal no existe Hamaguchi se aleja de la ciudad y adopta una perspectiva gozosamente ambientalista con una historia que recuerda un poco a la de Tierra prometida de Gus Van Sant. Algo que se agradece en estos tiempos en que el Black Friday ubicuo, la alta velocidad inminente y el cuento del lobo feroz me hacen encontrar especialmente bellos y propicios los bosques japoneses.

sábado, 12 de febrero de 2022

Drive my car

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2021. 179.
12 de febrero de 2022. Cines Los Prados, Oviedo.

Poco antes de que ella muera, Yusuke Kafuku descubre que su mujer tiene relaciones con otro hombre. Los dos formaban una pareja  perfecta pero ese punto ciego en su memoria condiciona el duelo por su pérdida. Kafuku es un actor y director prestigioso al que, un tiempo después, invitan a dirigir Tio Vania en Hiroshima. Entre los actores candidatos está el joven que se acostaba con ella y, sorprendentemente, decide asignarle el papel protagonista. A Kafuku le gusta repasar los textos mientras viaja en su querido Saab 900, así que pide que le busquen un alojamiento a una hora de distancia de la ciudad. El festival que le contrata le asigna una joven muy seria y eficaz para que conduzca su coche. Es Misaki, una chica que también sufre las consecuencias de una pérdida. Igual que Kafuku tenía cosas que reprochar a un ser querido y en cierto modo se culpa por su muerte. Así que Chèjov y el Saab harán que compartan muchas cosas.

Mi primer coche era rojo, he tenido dos Saab y el que tengo ahora se fabricó en Hiroshima. Así que, conmigo, los azares y simetrías del cine de Hamaguchi parecen extenderse más aca de la pantalla en esta película. Para más sintonía, sus historias son de estirpe rohmeriana y en esta, inspirada en un relato de Murakami, las referencias al teatro son esenciales. Por eso no es de extrañar que me cautive esa reflexión chejoviana sobre la vida que encuentra en el Saab un lugar más propicio que la mesa de ensayos. O que me encante el (relativo) fuera de campo de la memoria trágica de Hiroshima cuando Misaki lleva a Hafuku a ver la gran planta de residuos que será metáfora del proceso catártico que los dos emprenderán sobre sus vidas. También valoro que quien lo propicie sea esa joven conductora (al principio casi silente) que tiene tantos paralelismos con el personaje de Sonia, la sobrina de Vania que interpreta la actriz muda que al final de la obra protagonizará uno de los momentos más hermosos de la película. De modo que las tres horas de Drive my car no se me hacen largas. Sin embargo, debo decir que la historia me da más motivos para pensar que para sentirme conmovido. En esto no la encuentro mejor que esa joya triple de Hamaguchi titulada La ruleta de la fortuna y la fantasía. Quizá, haya sido por verla en versión doblada, por la sintonía preventiva con el Saab y el teatro o por los grandes elogios que está recibiendo. Lo cierto es que me hubiera gustado que Drive my car tuviera también esa emoción sosegada que tanto bien le ha hecho al cine japonés que sigue el magisterio de Ozú. Por ejemplo, la que caracteriza casi siempre a las películas de Kore-Eda.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Happy Hour

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2015. 317.
7 de noviembre de 2021. Filmin. V.O.S.

Cuatro amigas de treinta y tantos hacen cosas juntas y planean hacer otras. También comparten y juzgan los cambios en sus vidas. Como sus divorcios y sus efectos emocionales.

Cinco horas de cine rohmeriano en versión japonesa. Aunque, a efectos de proyección (extraña palabra habiéndola visto en Filmin) la película se divida en tres partes, no se trata de una trilogía ni de una serie corta. Es una única historia que fluye sin interrupciones en la que se nos propone un acompañamiento continuo de la vida de esas mujeres. Hamaguchi ha querido dar tiempo al tiempo para que podamos asistir a un taller en el que se trabaja la relación con el cuerpo, a una lectura literaria con coloquio posterior, a conversaciones más o menos incidentales en trenes o autobuses y a diálogos de sobremesa en los que ninguna prisa atenaza. Es el tiempo de las relaciones reales mostradas sin estridencias. Una forma de hacer cine que no busca secuestrar al espectador con los cambios de ritmo propios de las series sino invitarlo a acompañar a estas cuatro mujeres cuando las cosas les van bien y cuando no. Son cinco horas de vida en femenino nipón. Una experiencia única de cine largo sobre las distancias cortas.

sábado, 6 de noviembre de 2021

La ruleta de la fortuna y la fantasía

de Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2021. 121.
6 de noviembre de 2021. Cines Los Prados, Oviedo.

Una chica le cuenta en un taxi a una amiga el mágico encuentro que ha tenido con un joven que resultará ser el exnovio de esta. Por encargo de su amante, otra chica se anima a visitar a un antiguo profesor que acaba de publicar una novela con escenas muy eróticas. Y una tercera cree encontrarse fortuitamente con una compañera de estudios a la que no veía desde hace veinte años.

Magia (o algo menos reconfortante), Una puerta abierta de par en par y Una vez más son los títulos de los tres cuentos que nos ofrece Ryûsuke Hamaguchi en esta magnífica película. Son tres joyas con  protagonistas femeninos de las que me cautiva su atmósfera delicadamente rohmeriana. Es fácil encontrar también parentesco con las películas de Hong Sang-soo pero donde en el coreano es tosco, confuso y desaliñado, Ryûsuke Hamaguchi resulta preciso, nítido y delicado. Cada uno de estos tres cuentos sentimentales es ya una película memorable, pero Hamaguchi consigue que entre ellos, más que por los personajes, haya puentes esenciales y sutilmente transitables como la referencia en la primera historia a la posibilidad de un sexo hecho solo con palabras y su ejemplificación en la segunda. O la catástrofe personal que se deriva de un error digital con que se cierra esta segunda historia y la alusión distópica a un mundo sin Internet con que se abre la tercera. No había visto hasta ahora ninguna película de Ryûsuke Hamaguchi pero me parece que ya puedo declararme devoto de su cine.