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sábado, 26 de octubre de 2019

La cueva

de Feras Fayyad. Siria, 2019. 95’.
26 de octubre de 2019. Teatro Cervantes, 64º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Tiempo de Historia). V.O.S.

El 2018 ya van cinco años de asedio en la ciudad Siria en la que sigue abierto un hospital que es casi una cueva. El edificio está en ruinas, así que los médicos trabajan en ese mundo subterráneo conectado por túneles con otros lugares de la ciudad. El ruido insoportable de los aviones rusos que bombardéan la ciudad y la llegada constante de civiles heridos hace durísimo y heroico el quehacer de los médicos y sanitarios que trabajan en esas condiciones terribles.

Cuando comienza la proyección de este impresionante documental ya sabemos que ha obtenido el Premio de la Sección Tiempo de Historia. Y bien lo merece porque es hora y media de inmersión completa en el infierno de ese hospital subterráneo. La cámara sigue principalmente a la joven doctora que lo dirige. Pero también escudriña el quehacer de los sanitarios que trabajan allí sin apenas medios y con la mayor presión imaginable. Hay mucho miedo, pero nunca un mal gesto. La cueva es un retrato de lo mejor de la condición humana en medio del dolor más terrible que se hace especialmente duro con cada llegada de niños heridos y con  la impotencia de quienes los atienden. La referencia final al Mediterráneo nos recuerda que este testimonio sobre la intrahistoria de una guerra nos compromete especialmente a los europeos que hemos permitido a nuestros gobiernos no ser más activos frente a esa espiral bélica. Y que les hemos permitido que nos hablen de mafias que trafican con personas en lugar de exigirles que organicen el rescate de quienes sufren las guerras. La cueva es una joya cinematográfica y también el fármaco que necesitarían recibir muchas conciencias enfermas. Antes de la película se proyectó el corto El infierno, de Raúl de la Fuente (el director de Un día más con vida), sobre una cárcel de Costa de Marfil. Otro testimonio bien filmado sobre el dolor humano que forma un buen díptico con la película  de Fayyad.

jueves, 4 de junio de 2015

Silvered Water, Syria Self-Portrait

de Wiam Bedirxan y Ossama Mohammed. Siria, 2014. 93’.
4 de junio de 2015. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

En la ciudad sitiada de Homs una joven kurda graba imágenes del horror. Y las comparte con un director sirio que desde París va componiendo un testimonio fílmico estremecedor.

Los desastres de la guerra desde dentro. Igual que los vio Goya. Los suyos fueron los ojos de la guerra hace dos siglos en España. Como lo son ahora los de Fabio Bucciarelli y Manu Brabo en Siria. La magnífica exposición de los dos fotógrafos (aún se puede ver estos días en el foyer del auditorio) es el complemento perfecto de esta película en la que el naturalismo del horror casi parece abstracto y la relación entre los dos cineastas compone un impresionante poema cinematográfico. Hay imágenes filmadas por ella en Homs. Otras grabadas por personas anónimas que con sus móviles levantan acta del espanto. También hay videos obscenos hechos por las propias bestias mientras torturan, matan y disfrutan causando dolor. Son mil y una imágenes de una  pesadilla en la que emociona ver a ese niño que busca flores en medio de las ruinas. En la presentación de la película un representante de Amnistía Internacional nos recordó que más de once millones de sirios han tenido que huir de sus hogares. Y que según ACNUR casi cuatrocientos mil de ellos necesitan urgentemente refugio en otros países. En diciembre pasado el gobierno español anunció su disposición de acoger a ciento treinta. Así no es extraño que entre enero y abril de este año hayan muerto en el Mediterraneo mil setecientas personas. Y que más de setecientas se ahogaran en un solo barco cuyos restos nadie ha buscado. Hoy este lugar cumple fielmente su propósito. Niemeyer lo definió como "una plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz”. Hoy el Centro Niemeyer es un lugar de Siria.