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domingo, 2 de noviembre de 2025

Silent Friend

de Ildikó Enyedi. Hungría, 2025. 145’.
2 de noviembre de 2025. Teatro Carrión, 70º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Sección Oficial). V.O.S.

En el jardín de una antigua universidad alemana hay un enorme y bello Ginkgo Biloba que está allí desde 1832. Un neurocientífico de Hong Kong que estudia el cerebro de los bebés se interesa por él y entra en contacto con una botánica para llevar adelante estudios como los de la neurología aplicados a ese viejo ser ramificado. A comienzos del siglo pasado, una de las primeras mujeres que estudiaron botánica en esa universidad también se retrató junto a ese árbol a la luz de la luna. Y en 1972 un estudiante muy habilidoso con los dispositivos eléctricos aprovechó el encargo de una compañera para continuar sus investigaciones sobre las relaciones entre una planta y la gente. 
 
Cada una de las tres historias de Silent Friend es ya una estupenda película con personajes masculinos y femeninos formando sugerentes parejas científicas. Sus relaciones con ese majestuoso árbol convierten este homenaje a la vida secreta de las plantas en una delicia que, tengan o no relevancia sus afanes empiristas, resulta una obra magnífica en la que destaca la delicada interpretación de Tony Leung Chiu-Wai (el protagonista de Deseando amar) o escenas tan memorables como de la joven e inteligente botánica ante el vetusto y machista tribunal. Me encanta ese ejemplar de Ginkgo Biloba que llegó jovencito al parque del Muelle y que, tras más de cuarenta años, tiene ya un porte notable. Lleva en Avilés cinco veces menos tiempo que el robusto ejemplar en esa universidad, pero ahora que ya estamos en noviembre tengo ganas de ver si sus hojas estarán tan hermosas como las que vemos en el plano final de ese árbol que, en cierto  modo, protagoniza esta estupenda película. Así que me alegro de que, además de la Espiga Verde, haya obtenido la Espiga de Plata en la Seminci.

lunes, 25 de noviembre de 2024

El caso Abel Trem

de Gábor Reisz. Hungría, 2023. 120.
25 de noviembre de 2024. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

Entre un lunes y el martes de la semana siguiente, Abel se enamora de una compañera, se queda mudo en el examen final que todos aprueban y es el centro de una tormenta mediática con alta tensión política. Todo por llevar una escarapela del nacionalismo húngaro y culpar a un profesor de suspenderlo por ello.

No es una película sobre adolescentes ni sobre institutos. Es la anatomía de un caso que refleja muy bien la fractura de un país que invoca la revolución cívica del 15 de marzo de 1848 y se acaba entregando al extremismo reaccionario de Viktor Orbán. El caso Abel Trem es una película sencilla, bien contada y con mucha verosimilitud. No solo para el caso de Hungría, también para mostrar los resortes psicológicos de ese viejo fantasma que recorre de nuevo el mundo, llenándolo de odio y reclamando soluciones viejas a los problemas complejos.

jueves, 29 de junio de 2023

¡No lloréis, preciosas!

de Márta Mészáros. Hungría, 1970. 85.
29 de junio de 2023. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Unos jóvenes húngaros van de concierto en concierto siguiendo a grupos locales que cantan como los Beatles. Iban a casarse, pero la guapísima novia de uno de los chicos se enamora de un cantante, también muy guapo, y se va con él. El novio despechado y sus amigos salen a buscarla y a ajustarle cuentas a él. O no.

Una retrospectiva sobre el cine de Márta Mészáros, un ciclo sobre la música pop en la Europa del Este en los setenta o un seminario de estudios de género sobre la cosificación de las mujeres en el imaginario cinematográfico europeo. Esas podrían ser algunas justificaciones para programar esta película restaurada que, además de torpeza, tiene mucha música, caras muy lindas y algunos movimientos de cámara correctos. Pero, para despedir la temporada de cine en el Niemeyer hasta el próximo otoño, tiene el mismo sentido programar esta película que proyectar ahora Digan lo que digan en la filmoteca de Budapest. La dirigió Mario Camus en 1968 y Raphael y Serena Vergano estaban guapísimos entonces, pero no me imagino a los cinéfilos húngaros viéndola porque sí.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido

de Lili Horvát. Hungría, 2020. 95.
29 de septiembre de 2021. Cines Los Prados, Oviedo.

Una prestigiosa neurocirujana  deja su trabajo en Estados Unidos y vuelve a Budapest para encontrarse con el hombre de su vida. Se conocieron en un congreso y quedaron en verse en un puente sobre el Danubio. Sin embargo, él no aparece. Cuando lo encuentra dice que no la conoce.

El comienzo recuerda a las historias amorosas de la trilogía de Linklater. Pero la música, los personajes y los ambientes tienen más que ver con el cine de Kieślowski. Las dudas de la protagonista sobre si habían concertado realmente aquella cita también la tiene a veces el propio espectador. Aunque quizá estén de más algunos elementos que tienen escaso desarrollo (el enamoramiento del hijo del paciente, la llegada a Budapest de la amiga neoyorquina), la extraña relación entre los protagonistas hacen que la película interese. Seguramente no estará entre las mejores de las películas que han sido premiadas con la Espiga de Oro, pero no está nada mal en la sección oficial de la Seminci.

jueves, 24 de junio de 2021

Sus madres

de Asia Dér y Sara Haragonics. Hungría, 2020. 75.
24 de junio de 2021. VI Festival de cine LGTBI, Avilés. Filmin. V.O.S.

Virág y Nóra son una pareja de mujeres húngaras que deciden adoptar. La maternidad compartida será la propia de cualquier familia. Pero eso no es del todo cierto en un país como Hungría donde su orientación sexual es demonizada y su manera de entender la familia parece clandestina. 

Esta semana Viktor Orbán ha vuelto a demostrar en Bruselas que Europa le tolera demasiado y que los suministradores de esa droga social llamada fútbol son tan indecentes que se muestran equidistantes entre el gobierno húngaro y los derechos de las personas de las que trata esta película (me refiero al rechazo de la UEFA a la iluminación arcoíris del estadio de Munich para el partido entre Alemania y Hungría del campeonato de esa cosa que se celebra estas semanas). Así que la película tiene una lectura reivindicativa plenamente compartible sin que por ello su desarrollo resulte enfático. Al contrario, la cotidianidad familiar y la delicia de la presencia infantil hacen muy grata la contemplación de unas imágenes que seguramente tienen en la naturalidad su mayor virtud.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Siete pequeñas coincidencias

de Péter Gothár. Hungría, 2020. 105’.
 8 de noviembre de 2020. 17 Festival de Sevilla (sección: Las nuevas olas). Filmin. V.O.S.

Una profesora de canto, un marido restaurador de obras de arte y un hijo adolescente. Las cosas cambiarán cuando aparezca Albana, una joven deliciosa que cautiva por igual a la madre y al hijo.  

Seguramente resultará menos confusa para los húngaros que para mi. Así me parece esta película que tiene una fotografía, una ambientación y unos encuadres muy interesantes, pero cuyas claves no acabo de pillarlas. Tiene diálogos extravagantes y escenas de surrealismo cautivador, pero no consigo entender esas siete pequeñas coincidencias que se anuncian en el título.

martes, 15 de enero de 2019

Atardecer

de László Nemes. Hungría, 2018. 142’.
15 de enero de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Una joven que se ha criado en Trieste vuelve a Budapest para pedir tranbajo en la sombrerería que fue la casa de sus padres hasta que perecieron en un incendio cuando ella era una niña. En esa ciudad la joven iniciará una serie de búsquedas. La de un hermano del que no sabía nada. La de unos personajes con relaciones poco claras. Y la del destino que tiene en la corte de Viena la joven que cada año es elegida de entre las trabajadoras de esa extraña sombrerería de postín.

Proximidad máxima, profundidad de campo mínima, sonido omnipresente y seguimiento continuo del protagonista. Esos fueron los mimbres con los László Nemes consiguió que El hijo de Saúl fuera una de las películas más importantes que se hayan filmado sobre el Holocausto. Buena parte de esos recursos los utiliza también en Atardecer, añadiéndoles además una cuidadísima ambientación que nos hace sentirnos en el Budapest inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la historia se hace muy confusa. Uno no entiende lo que está buscando esa chica, ni las relaciones entre las gentes que parecen estar al tanto de unos secretos que al menos a mi se me escapan. Así que Atardecer me ha defraudado. Pero eso no empaña el extraordinario recuerdo que tengo de la sobrecogedora historia de El hijo de Saúl.

martes, 3 de abril de 2018

1945

de Ferenc Török. Hungría, 2017. 91’.
3 de abril de 2018. Cine Albéniz, Málaga. V.O.S.

Recién terminada la guerra un hombre judío y su hijo regresan el día en que se celebra la boda del hijo de un preboste de su pueblo. Llegan con dos baúles camino del cementerio para enterrar objetos de sus seres queridos. Su regreso inesperado preocupa a los que en su momento los denunciaron y ahora están preparando una fiesta.

Como un estupendo western en blanco y negro. La dignidad de ese padre y ese hijo supervivientes en el trayecto de la estación al cementerio altera la paz aparente de ese pueblo húngaro en el que muy pocos se sienten culpables. A la mayoría les preocupa más conservar lo rapiñado que la vergüenza por lo que hicieron. 1945 es cine sobrio y contenido sobre episodios muy sombríos de la intrahistoria europea. Así que ha sido muy grato encontrarnos con esta interesante película en una de las salas de este cine que dentro de pocos días albergará la 21ª edición del Festival de Málaga.

domingo, 9 de abril de 2017

Solo el viento

de Benedek Fliegauf. Hungría, 2012. 98’.
9 de abril de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Una familia gitana vive en un bosque húngaro. Son una madre que trabaja en lo que puede, una adolescente responsable que va a la escuela, un chico listo que no lo hace y un abuelo incapacitado que apenas puede salir de la infravivienda en la que viven. El padre está en Canadá y espera que pronto puedan reunirse con él. Todos tienen miedo porque una banda de racistas ha asesinado en la noche a otra familia gitana.

Ayer se celebró el Día Internacional del Pueblo Gitano y eso seguramente explica que el miércoles se proyectara en el Valey una mejorable película francesa y hoy veamos en el Niemeyer esta estupenda película húngara. Las dos proyecciones han ido precedidas de sendos anuncios de la Fundación Secretario Gitano, tan pertinentes y compartibles como es costumbre en sus cuidadas campañas. A diferencia de Geronimo, Solo el viento no se recrea en los tópicos sino que aporta una impresionante denuncia sobre la marginación y el miedo que se puede sentir siendo gitano en Hungría (un país que últimamente parece empeñado en que le expulsen de Europa). Con maneras cámara en nuca, a lo Dardenne, pero con un magnífico manejo del tiempo y del encuadre, Solo el viento es un áspero retrato de la cotidianidad de una familia gitana durante una jornada que comienza antes de que amanezca y termina muy mal en la noche. Como decía en la reseña de ayer a propósito de la de Aki Kaurismäki, estaría muy bien que vieran esta película ciertos individuos. En este caso los que propagan cada día el odio y el miedo hacia los gitanos. Y es que a lo que realmente hay que temer es a esa inoculación del miedo que ellos practican. De eso en Hungría (y también aquí) se sabe bastante.

martes, 23 de febrero de 2016

El hijo de Saúl

de László Nemes. Hungría, 2015. 107.
23 de febrero de 2016. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Auschwitz. 1944. Un hombre en un sonderkommando. Es Saúl, un judío húngaro que trabaja entre la cámara de gas y el crematorio. Lo seguimos durante dos días en esa fábrica de la muerte. Un tiempo en el que todo su afán es intentar dar sepultura al cadáver de un chico.

No quise verla en el festival de Gijón porque temía que la película no fuera digna del tema. Pero las buenas críticas que ha recibido y que hasta Claude Lanzmann la haya alabado me han hecho esperar con mucho interés esta oportunidad de verla en la Casa de la Cultura. Y desde su primer plano encuentro que El hijo de Saúl son palabras mayores. En la historia del cine y en el cine sobre la historia. La cámara nos coloca a una cercanía máxima del protagonista ofreciéndonos una profundidad de campo mínima. La única posible para aproximarnos a la experiencia de un ser humano obligado a deambular entre el horror. Las imágenes borrosas y los sonidos terribles nos sitúan en medio de la realidad, más que dantesca, de la organización industrial de la muerte. Y asistimos a ella desde la perspectiva del proletariado más extremo que quepa imaginar. Desde ahí es desde donde Lázló Nemes nos hace partícipes de la voluntad de redención de un hombre que busca dar sentido a su vida entre los muertos intentando dignificar al que podría haber sido su hijo. Casi en fuera de campo queda el intento de rebelión de ese sonderkommando cuya resistencia contrasta con la pasividad, cuando no la colaboración, que los organizadores de aquel exterminio industrial encontraron en los líderes de las comunidades judías. László Nemes nos ha llevado a los infiernos para que acompañemos el gesto agónico y poético de un hombre (si esto es un hombre) en medio de una pesadilla que resultaría obscena si fuera solo una ficción.