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lunes, 15 de junio de 2026

El día de la revelación

de Steven Spielberg. EE.UU., 2026. 145’.
15 de junio de 2026. Cines Parqueastur, Corvera.

Daniel Kellner huye de la corporación para la que trabajaba llevándose pruebas de la llegada de extraterrestres a nuestro planeta y de que sus tecnologías están siendo usadas por su empresa. Paralelamente, la periodista de televisión Margaret Fairchild adquiere poderes extrasensoriales desde que cruzó su mirada con la de un cardenal que entró por la ventana de su casa. El y ella son perseguidos por los esbirros de la corporación, pero acaban encontrándose y así el mundo, casi al borde de la guerra, conocerá la gran revelación.
 
Hay algo de buena nueva en la última historia de Spielberg, un puntito de conexión con el catolicismo y una notable presencia de esos hombres de negro, que llevan gafas negras, pinganillos negros y que no dejan de perseguir a los buenos en sus enormes coches muy negros y muy gringos. Son dos horas y media de poderes extraños, secretos secretísimos, muchas huidas y otras tantas persecuciones que hacen entretenida esta película. Sin embargo, ofende un poco que las imágenes secretas de la recogida de cadáveres alienígenas pretendan resultar muy trágicas y muy conmovedoras a pesar de su gran parecido con las imágenes públicas de los cadáveres de niños palestinos sacados de los escombros de Gaza que tan poco efecto han tenido en el país amigo de Netanyahu. Mal vamos si para Spielberg los problemas de este mundo solo tendrán solución cuando lleguen los extraterrestres (incluido ET, al que se le ve bastante acabado en su cameo final). Por lo demás, resulta muy cansino eso de que si los extraterrestres llegan a la Tierra fijo que lo hacen por gringolandia.

lunes, 13 de febrero de 2023

Los Fabelman

de Steven Spielberg. EE.UU., 2022. 151’.
13 de febrero de 2023. Cines Parqueastur, Corvera.

La infancia y juventud del propio Spielberg en Nueva Jersey, Arizona y California. Y las consecuencias familiares y escolares de su pasión por la cámara.

Hay quizá algún guiño a sus propias películas. También algunas confesiones ambiguas sobre la responsabilidad de su cámara en la separación de sus padres. El tono es ágil y amable. Sin pretensiones nostálgicas ni lecciones cinéfilas. Spielberg nos muestra cómo el cine le cambio la vida a aquel niño que quedó fascinado al contemplar un tren en una pantalla. No es un homenaje al cine en el sentido en que lo son Cinema Paradiso,  La última película o la reciente Babylon. Es, más bien, una evocación personal que podría componer un curioso díptico con La Morte Rouge. Spielberg aportaría la perspectiva americana y Erice la mirada poética.

sábado, 31 de marzo de 2018

Ready Player One

de Steven Spielberg. EE.UU., 2018. 140’.
31 de marzo de 2018. Cines Parqueastur, Corvera.

En 2045 Halliday muere. Él fue el creador de Oasis, el universo virtual en el que pasan la mayor parte de su tiempo las personas. A partir de ahora el poder en ese mundo lo tendrá quien encuentre las tres llaves que Hallyday ha escondido. Una gran empresa quiere hacerse con ellas para controlarlo todo. También Wade Watts, un adolescente fascinado con la cultura audiovisual y los videojuegos que lo sabe todo sobre la vida de Halliday. Y también comparte su ética. 

Steven Spielberg ha llevado al cine la idea de aquella Second Life fallida (quizá apareció antes de tiempo) para crear una fábula prodigiosa llena de referencias a lo audiovisual en sentido amplio (cine, videojuegos y culturas digitales). Ready Player One es una película abierta a múltiples interpretaciones. Desde las relacionadas con la prospectiva hasta las que encuentran en ella un retrato preciso de este presente en el que los señores del aire ya imperan a sus anchas. Quizá pueda ser leída también como una advertencia sobre esa cultura norteamericana contemporánea en la que aquel oasis de democracia y civilización que alguna vez se creyó ese país podría estar en peligro ahora que un tipo con mucho dinero se ha hecho con todo el poder. El viejo Halliday también podría ser un dios padre bondadoso (su nombre podría remitir también al Hall de 2001 de Kubrick) y el adolescente podría ser el hijo dispuesto a redimir a la humanidad (el encuentro entre los dos en la Basílica de San Pedro también da para muchas lecturas). Así que buscando interpretaciones globales en esta nueva maravilla de Spielberg, descifrando los muchos guiños cinéfilos y digitófilos que ofrece o simplemente dejándose llevar por esta historia trepidante llena de imágenes sorprendentes, uno tiene garantizadas más dos horas de disfrute total. Yo creo haberlas aprovechado bien y he quedado encantado con las tres formas de verla.

jueves, 25 de enero de 2018

Los archivos del Pentágono

de Steven Spielberg. EE.UU., 2017. 116’.
25 de enero de 2018. Cines Parqueastur, Corvera. V.O.S.

En junio de 1971 Nixon consigue que se prohíba al The New York Times seguir revelando el informe secreto que encargó Robert McNamara sobre las decisiones de los gobiernos de Estados Unidos en relación con Vietnam. The Washington Post  también consigue acceder a ese informe y sigue publicando su contenido. Ben Bradlee, el director del periódico, y Katherine Graham, su propietaria y primera editora, asumen los riesgos que supone enfrentarse a los abusos del poder.

En la senda de películas tan interesantes como Spotlight de Thomas McCarthy o La verdad de James Varderbilt, Steven Spielberg nos recuerda el papel fundamental del periodismo en una democracia con esta historia sobre aquellos papeles del Pentágono cuya publicación marcó el comienzo del fin de la Guerra de Vietnam y de la presidencia de Nixon. Las tramas de la película resultan algo confusas al principio pero se van definiendo a medida que el relato se centra en el dilema que tiene como protagonistas a la valiente editora y al tenaz director que interpretan una Meryl Streep y un Tom Hanks soberbios. Los archivos del Pentágono es, por tanto, un interesantísimo relato histórico que pone de manifiesto no solo la importancia de un periodismo independiente y comprometido con la verdad, sino también el papel de esos héroes que en los momentos más críticos saben resistir a las presiones más interesadas. Nada que ver con el lamentable papel que están desempeñando la mayoría de los medios españoles en estos tiempos cruciales en relación con Cataluña. Especialmente ese periódico que compro a diario desde hace más de treinta años y que tanto me avergüenza ahora.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El puente de los espías

de Steven Spielberg. EE.UU., 2015. 135’.
17 de diciembre de 2015. Cines Parqueastur, Corvera.

James Donovan es un abogado al que le encargan defender a un ruso acusado de espionaje en los tiempos de la Guerra Fría. Luego negociará en Berlín su intercambio por un piloto y un estudiante americanos. Donovan es un abogado honesto y un hábil negociador que, de ser detestado en su país, pasó a convertirse casi en un héroe.

El estupendo guión de los hermanos Coen, la prodigiosa ambientación que siempre ofrece Spielberg y la soberbia interpretación de Tom Hanks hacen que El puente de los espías no defraude y uno salga del cine con la sensación de haber visto un clásico. El puente de la parte final y la tenacidad del protagonista me han recordado a Salvar al soldado Ryan. Su vocación altruista en escenarios alemanes me ha hecho pensar también en La lista de Schindler. Y, aunque esta nueva película de Spielberg no es tan ambiciosa como aquellas, creo que quedará en la memoria como una de las mejores de este gran director. Los hechos reales que inspiran esta historia tienen poco que ver, pero el heroismo cívico del protagonista de El puente de los espías me ha recordado al del Pereira de Tabucchi o a ese otro americano, ahora repudiado, al que quizá algún día se le reconozca su valor. Estoy pensando en Edward Snowden, el joven cuya gesta también tiene película (Citizenfour de Laura Poitras) y sobre la que dije en este blog algo que también me sirve para James Donovan: gentes como él, más que poner en riesgo la seguridad de sus países, son las que mantienen vivos sus mejores valores.

domingo, 27 de enero de 2013

Lincoln

de Steven Spielberg. EE.UU, 2012. 150’.
26 de enero de 2013. Parqueastur, Corvera.

Enero de 1865. Recién reelegido y con la guerra civil a punto de terminar, Lincoln se empeña en conseguir la aprobación de la decimotercera enmienda, la que abolirá la esclavitud en los Estados Unidos. Para lograr el apoyo del Congreso usa toda su habilidad política. El fin de la guerra y su asesinato en abril de ese año completarán su legendario perfil histórico.

Otro resumen de la película: “La medida más importante del siglo XIX urdida por la corrupción del hombre más puro de América”. Quien dice estas palabras con el acta de la votación en la mano es Thaddeus Stevens, el viejo político radical que interpreta Tommy Lee Jones. Y es que este imponente Abraham Lincoln que encarna (nunca mejor dicho) Daniel Day-Lewis haría las delicias de Maquiavelo. Y no porque defienda que el fin justifica los medios, sino porque demuestra que en política no es más importante la justicia de lo perseguido que la oportunidad, el cálculo y la habilidad para alcanzarlo. El Lincoln de Spielberg es el líder por excelencia. Las pequeñas anécdotas que recuerda resultan tan cautivadoras como los discursos para la historia que parece hacer siempre que habla. Es curioso como estas dos horas y media de negociaciones, compras de votos y presiones varias no solo se siguen con interés, sino que acaban destilando sin molestar algunas de las esencias del orgullo americano. En estos tiempos de ingenuo descrédito de lo político (ya lo decía Franco: “haga como yo, no se meta en política”) no viene mal que Spielberg nos recuerde que lo bueno de la historia también se lo debemos a la política. Y que para cambiarla es tan necesaria la utopía como el realismo político.