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jueves, 15 de octubre de 2020

Dehesa, el bosque del lince ibérico

de Joaquín Gutiérrez Acha. España, 2020. 94’.
15 de octubre de 2020. Cines Los Prados, Oviedo.

El lince. Pero también el conejo, el águila imperial, la cigüeña negra, la grulla, el buho real, el buitre negro (y el leonado), el águila perdicera (y la culebrera), el meloncillo, la abubilla, el martín pescador, la lechuza, la nutria, el autillo, la gineta... y por supuesto los toros, los cerdos y las ovejas. Habitantes de ese mundo maravilloso y radicalmente ibérico que es la dehesa.

Tras sus estupendas películas Guadalquivir y Cantábrico, Joaquín Gutiérrez Acha nos ofrece esta magnífica Dehesa filmada en España y Portugal que, aunque tiene al lince como estrella principal, nos muestra durante una hora y media paisajes repletos de vida que me encantan. Son los que quedan bajo ese balcón de extremadura al que se asoma El Cerro de mis antepasados. Bajar a Monfragüe, a las llanuras de Cáparra o acercarnos hasta Mérida son algunos de los ritos que cumplimos con muchísimo gusto al menos una vez al año. Es la suerte que tenemos los que venimos de las Rayas. Las que unen a España y Portugal o las que funden a las sierras salmantinas con las dehesas extremeñas.

martes, 4 de abril de 2017

Cantábrico

de Joaquín Gutiérrez Acha. España, 2017. 101’.
4 de abril de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Osos, lobos, armiños, ciervos, jabalíes, corzos, gatos monteses, lirones, urogallos, buitres, pitos, picos, mirlos acuáticos, halcones abejeros, perdices pardillas, pechiazules... Y también arañas, mariposas, sapos, hormigas y, por supuesto, salmones. Habitantes vertebrados e invertebrados de un cantábrico salvaje que vemos entre un invierno y un otoño.

Otra delicia para quienes disfrutamos contemplando y conociendo nuestra fauna. La más llamativa de estas tierras, como el oso o el urogallo. La que, como el lobo o el salmón,  sirve de testigo de la salud ambiental de esta península y de esta cornisa entre las montaña y el mar.  Esa que los ignorantes alimañeros que habitan en lo peor de nuestra política (rural y no tanto) usan de coartada para pedir el exterminio de cormoranes y nutrias o para justificar cacerías de una especie como el lobo que algunos quieren contraponer a la ganadería para satisfacer sus instintos masacradores. Ellos lo ignoran, pero el lobo es un lujo ambiental que tenemos el privilegio de tener en España, un país que por su biodiversidad es la envidia de Europa pero que, como nos pasa con la lengua y con tantas otras cosas, nosotros no sabemos apreciar en su inmenso valor. Las imágenes de Cantábrico son cautivadoras y de una calidad excepcional. El relato es amable y oportuno. El ritmo, marcado por las estaciones, es simplemente el natural para una película que continua el buen hacer que Joaquín Gutiérrez Acha demostró en Guadalquivir. Habrá quienes reprochen la convencionalidad del formato naturalista o de la música que acompaña a las imágenes. Yo no lo voy a hacer. Ver Cantábrico me resulta tan grato como ver Océanos o Nómadas del viento, esas películas ya clásicas del cine ambiental francés a las que nadie pondría un pero. Así que Joaquín Gutiérrez Acha no tiene que innovar nada para tenerme con seguridad entre su público si se anima a continuar la serie y aumentar su frecuencia. Propongo algunos posibles títulos: Pirineo, Duero, Tajo, Dehesa, Rías, Baleares, Canarias, Humedal, Monfragüe, Delta del Ebro, Cíes, Cabo de Gata,  Ria Formosa... Y para otra vida, para cuando la fauna de esta península ya esté bien recogida en el cine puede cruzar el Atlántico y seguir filmando en otras tierras con las que la nuestra comparte lengua y belleza.

martes, 31 de diciembre de 2013

Guadalquivir

de Joaquín Gutiérrez Acha. España, 2013. 90’. 
30 de diciembre de 2013. Cines Centro, Gijón.

Desde Cazorla a Sanlúcar seguimos el ritmo de la vida en ese río maravilloso: águilas imperiales (y reales), cigüeñas negras (y blancas), buitres leonados (y negros), garzas reales (e imperiales), linces, moritos, ginetas, somormujos, ciervos, grullas, muflones, abejarucos, anguilas, camaleones... Y también flamencos. Y un zorro que nos acompaña en este periplo por un río que vincula a Europa con América, que une lo romano con lo musulmán y lo cristiano. Y que hace posible que millones de aves de tres continentes se encuentren en Doñana. Ese río tan bello está en Europa. En España. En Andalucía. Y se llama Guadalquivir.

Por si fuera poca la belleza de las imágenes, este documental poético está acompañado por la voz perfecta de Estrella Morente que nos va guiando con palabras oportunamente líricas hasta desembocar en ese ¡Oh Guadalquivir! de Antonio Machado que canta al final (¡qué ganas de volver a escucharla en el Teatro Jovellanos en el recital del próximo 22 de febrero!). Este país es maravilloso por muchos motivos. Y no es el menor su alucinante diversidad biológica. Quienes disfrutamos tanto con unos prismáticos (¡cuánto debemos a Félix Rodríguez de la Fuente!) en los observatorios de Monfragüe, del Delta del Ebro, de Doñana y también de Zeluán (¡cuánto debemos a la gente de Mavea y a los amigos ornitólogos de la adolescencia!) somos conscientes de la suerte que tenemos de vivir en un país que es envidiado (con motivo) por los naturalistas de toda Europa. Joaquín Gutiérrez Acha hace patria al crear este bellísimo documental que captura (en alta velocidad y en time lapse) el latido de la vida de esa espléndida naturaleza mediterránea que llega al Atlántico. Una gozada para despedir un año de cine. Han sido casi doscientas películas, entre las cuales he visto mucho bueno en el cine. Lo malo es la propia situación de los cines (en Avilés seguimos llorando la pérdida de los queridos cines Marta). Esos que algunos dicen que son caros sin poner ninguna objeción a burbujas económicas y mediáticas tan dañinas como la inmobiliaria o la del fútbol. Algunos pensarán que me gasto mucho en cine. No lo sé. Me gasto en los cines una cantidad similar a la que dono cada año a las ONGs de las que soy socio. Y esos dos gastos (junto con los de los viajes y el resto de mi consumo cultural) son los que considero mejor invertidos. Porque son los que me producen la satisfacción de poder imaginar otros mundos mejores. Y de ayudar a que otros puedan crearlos.