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martes, 3 de octubre de 2023

Golpe de suerte

de Woody Allen. Francia, 2023. 96.
3 de octubre de 2023. Cines Parqueastur, Corvera.

Fanny vive en París con su marido Jean, un exitoso hombre de negocios que se dedica a hacer más ricos a los ricos. Un día se encuentra con Alain, un compañero del instituto que ahora es escritor y que también vive en París. Casi sin querer, los dos retoman un romance que Fanny intenta ocultar a Jean. Sin embargo, él contrata a un detective y después Alain desaparece.

No sé cuántas películas no habré visto de las cincuenta que con esta ha dirigido Woody Allen, pero deben ser pocas. Y siempre con esa sensación tan grata de encontrarme con personajes cuyas vidas me interesan, aunque tengan poco que ver con la mía. Es cuestión de ambientes y de atmósferas, y en eso creo que influye mucho la primorosa fotografía de Vittorio Storaro (aquí unas veces tan otoñalmente cálida y otras tan azul interior). La historia tiene los pequeños enredos habituales del maestro en los que nosotros sabemos casi todo lo que unos personajes ocultan y otros van desvelando mientras revelan su verdadero carácter. Por ejemplo, lo malos que pueden llegar a ser algunos tontos, como el marido. Y, por supuesto, en esta historia también está muy presente el azar, como en ese bonito homenaje que Woody Allen hace aquí a la lotería. O en ese texto del manuscrito del escritor desaparecido que Fanny lee al final y que bien podría ser un pequeño testamento del maestro Allen recordándonos lo deliciosamente improbable que es vivir y lo importante que es intentar ser felices mientras vivimos. Gracias Woody.

viernes, 2 de octubre de 2020

Rifkin's Festival

de Woody Allen. EE.UU., 2020. 92.
2 de octubre de 2020. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Un cinéfilo hipocondríaco acompaña a su mujer al festival de San Sebastián. Ella es la agente de un director joven y engreído que presenta allí su última película. Entre las ensoñaciones cinematográficas del marido, sus encuentros con una médica española que le encanta y la sintonía más que profesional que la mujer tiene con ese director emergente, parece claro que el matrimonio no regresará entero del festival.

El fin de semana pasada tendríamos que haber estado en el festival de San Sebastián pero el dichoso virus nos ha impedido repetir la estupenda experiencia del año pasado. Así que el estreno de la última película de Woody Allen no ha podido ser más oportuno para nosotros. Rifkin's Festival no es uno de esos artefactos de ajustada relojería que tanto valoramos en su cine. Más bien tiene ese tono ligero y deliciosamente estival que le da a sus películas europeas (Inglaterra ya no es Europa, lo digo por Match Point, Scoop y El sueño de Casandra). Rifkin's Festival resulta muy grata aunque solo sea por ver a Wallace Shawn en el papel clásico del propio Woody Allen y por contemplar cómo se multiplican los guiños cinéfilos en escenas tan divertidas como las de las referencias al cine japonés o las ensoñaciones en blanco y negro en las que hace irónicos homenajes a unas cuantas películas clásicas del cine europeo (El séptimo sello, Fresas salvajes, El ángel exterminador...) También ha sido un gusto ver a Elena Anaya convirtiéndose en otra estupenda musa alleniana y a Sergi López haciendo de pintor hispano histriónico y apasionado. Por suerte, una de las sesiones se proyecta en versión original subtitulada y eso se agradece especialmente en las escenas en las que estos aparecen. Lo único malo ahora es que habrá que esperar un año para encontrarnos otra vez con ese universo delicioso y queridísimo que es siempre el cine de Woody Allen.

viernes, 11 de octubre de 2019

Día de lluvia en Nueva York

de Woody Allen. EE.UU., 2019. 92.
11 de octubre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Gatsby y Ashleigh son una pareja de universitarios enamorados. Él es un neoyorkino afortunado (por su familia y porque se la da muy bien el juego). Ella es hija de un banquero de Tucson y quiere ser periodista. Ashleigh tiene la oportunidad de entrevistar en Manhattan a un famoso director de cine que está ultimando su nueva película, así que Gatsby quiere acompañarla para enseñarle lo mejor de la ciudad. Tras la entrevista ella se va liando con gentes del cine. Él también se encuentra con la hermana de una antigua novia y tendrá que ver a su familia. Así que pasarán ese día de lluvia cada uno por su lado.

Woody Allen vuelve a Manhattan para enseñarnos nuevamente lo bien que se le da contar historias urbanas, también bajo la lluvia. Dos jóvenes desahogados y sentimentalmente confusos son en esta ocasión los protagonistas de una jornada en la que da gusto acompañarlos tanto por la curiosa personalidad de cada uno (él con aires de diletante urbano sin rumbo, ella deliciosamente perdida entre las gentes del cine) como por los ambientes en que Woody Allen los sitúa. El guión no tiene los juegos de simetrías ni las encrucijadas morales de otras películas suyas, pero resulta muy agradable seguir (y aún más con la fotografía de Vitorio Sttoraro) a estos muchachos tan bien perfilados por este veterano director al que tan mal están tratando en su país últimamente. Así que ha sido muy grato este día de lluvía en Nueva York y ya estamos con ganas de ver lo que ha filmado este verano en San Sebastián. Si en Estados Unidos le ponen pegas, que no lo dude ni un momento. Aquí le seguimos queriendo como siempre.

martes, 26 de diciembre de 2017

Wonder Wheel

de Woody Allen. EE.UU., 2017. 101’.
26 de diciembre de 2017. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

Como aprendiz de escritor, Mickey nos va contando la historia de su relación amorosa con Ginny. Ella está casada con Humpty,  un trabajador del parque de atracciones de Coney Island que hace tiempo que no tiene relación con su hija Carolina porque se casó con un mafioso que ahora la persigue y quiere martarla. Carolina viene a refugiarse a casa de Humpty y Ginny, pero conoce a Mickey y la relación entre los dos desquicia a Ginny. 

Woody Allen nos lleva a los años cincuenta en Coney Island para contarnos una historia que tiene mucho que ver con las de Eugene O'Neill o Tennessee Williams. De hecho, las referencias y homenajes teatrales no están solo en la estructura de la historia, en las relaciones entre los personajes y en lo que expresamente dice la voz narrativa. También están en la manera tan radical con que Vittorio Storaro plantea una impresionante fotografía de colores clásicos y saturados y de luces crepusculares y horizontales que parecen más propias del teatro que del cine. Los dilemas amorosos, los desequilibrios que trae consigo alguien que llega (como en Blue Jasmin, pero también como en Un tranvía llamado deseo) y lo que cada cual busca o encuentra en las diferentes parejas, son algunos de los asuntos que trata esta nueva película del maestro que, además de ser visualmente muy poderosa y de contar con una excelente interpretación de Kate Winslet, es también un hermoso homenaje a las imágenes y a las historias de los años cincuenta. La compañía de Vittorio Storaro y el regreso a unas épocas especialmente lucidas para el teatro y el cine americanos hacen que Wonder Wheel tenga cierta continuidad con Cafe Society. Y eso está muy bien. Ojalá esta sea la tendencia y, después de estas historias tan bien ambientadas en los años treinta y cincuenta, podamos ver en su película del año que viene cómo ve ahora Woody Allen aquellos años setenta en que muchos empezamos a quererle.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cafe Society

de Woody Allen. EE.UU., 2016. 96’.
31 de agosto de 2016. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Un joven neoyorquino busca en Los Ángeles una oportunidad. No le será difícil encontrarla porque su tío es un gran productor de Hollywood y le contrata como ayudante para que pueda relacionarse en ese mundo. Y lo hace. Especialmente con la secretaria de su tío que es precisamente la joven con la que el maduro magnate tiene un romance. Entre casarse con el sobrino e irse a Nueva York o seguir con el tío que en ese trance abandona a su mujer para vivir con la joven, ella se inclina por la seguridad que le ofrece la Costa Oeste. Pasado el tiempo todos volverán a verse en Nueva York donde el joven se ha convertido en un exitoso empresario del mundo de la noche.

Ayer lo explicó magníficamente David Trueba en su columna de El País. Encontrarse cada año con la nueva película de Woody Allen es como volver a ver a un amigo entrañable. Y son ya tantos años que uno nunca será objetivo con él (como tampoco lo sería con Éric Rohmer si siguiera entre nosotros). De todas formas, frente a los críticos con el amigo a uno siempre le es fácil defenderlo. Y hacerlo no solo con pasión sino con buenos argumentos. Como los que nos vuelve a ofrecer el viejo maestro neoyorquino en esta amable película ambientada en unos años treinta que lucen tan hermosos (que gran elección la de Vittorio Storaro para la dirección de fotografía) con todo impecable y como recién estrenado. En ese placer visual me ha recordado al que nos ofreció hace tres años Baz Luhrmann en El gran Gatsby con Leonardo Dicaprio. Cafe Society no tiene una trama enredada ni giros inesperados. Tampoco un guión con ironías barrocas. Es un Woody Allen depurado y sosegado. Con dilemas de difícil solución. Con secretos que el espectador conoce solo un poco antes que los personajes. Con momentos deliciosos con referencias a la religión (mayormente judia y cristiana), a las mafiosos de aquella época, y a algún intelectual atormentado que recuerda al que protagonizó su anterior película. Además, en Cafe Society aparecen algunas de las simetrías y contrapuntos que definen a Woody Allen y su cine. Como los que hay entre Nueva York y Los Ángeles (y entre su cine y la gran industria), los de las edades del amor (que tanto hablan de su propia vida) o los de la inercia afectiva y los riesgos de abandonarla (otra vez su propia vida). Una película que seguramente confirmará a los demás que los devotos allenianos estamos un tanto alienados con su cine. Pero solo por escuchar su voz en off como narrador omnisciente (menos mal que había una sesión con versión original en Oviedo) y por contemplar ese sugerente final con el hermoso giro de cámara en torno a los dos protagonistas ya ha merecido la pena el reencuentro al final del verano con este buen amigo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Irrational man

de Woody Allen. EE.UU., 2015. 96.
25 de septiembre de 2015. Cines Parqueastur, Corvera.

Abe Lucas es un profesor de filosofía que acaba de llegar a la universidad. Su personalidad esquiva y torturada fascina a Rita (una profesora madura) y a Jill (una alumna brillante). Con las dos acabará teniendo relaciones no solo académicas. Los desequilibrios existenciales de este extraño profesor cesan cuando pone en práctica un plan que da sentido a su vida: mejorar un poco el mundo matando a un juez que está amargándole la vida a una mujer.

Joaquin Phoenix interpreta con brío a este existencialista atormentado que encuentra de lo más racional imponer justicia anónima asesinando a un juez desconocido. El giro de la historia, cuando Abe y Jill escuchan la conversación de la mujer, hace que este Irrational man vaya más allá de la ridiculización de escépticos y racionalistas (y ahora filósofos pelmas) que Woody Allen parecía haber emprendido con su anterior Magia a la luz de la Luna. Así, aunque con un tono menor, vuelve en parte a los temas de asesinatos, culpas y digresiones morales que hicieron tan fascinantes películas como El puente de Casandra o Match Point.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Magia a la luz de la Luna

de Woody Allen. EE.UU., 2014. 97’.
13 de diciembre de 2014. Parqueastur, Corvera.

Un famoso mago de los años veinte es invitado por un amigo a desenmascarar a una joven medium que está teniendo mucho éxito en la Costa Azul. Su agresivo escepticismo quedará ridiculizado por la magia del amor.

El desembaucador embaucado. La pesada racionalidad aligerada. La seguridad escéptica debilitada por el amor. Es lo que Woody Allen nos propone en esta nueva comedia estructurada como un juego de espejos entre la arisca racionalidad y la magia del amor. Sin embargo, aunque la idea me parece bien construida y algunos diálogos son estupendos (estamos hablando de una película del maestro) no me acaba de llegar la magia sentimental que debería despertarse entre los personajes. Entiendo la atracción que el ilusionista escéptico podría sentir por la joven maga, pero lo que ella pueda ver en él se me escapa. Woody Allen me lo deja esta vez en el más allá. No importa. Él sigue siendo uno de mis ilusionistas preferidos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Blue Jasmine

de Woody Allen. EE.UU., 2013. 98’.
25 de noviembre de 2013. Parqueastur, Corvera.

Jasmine está arruinada. No le queda otro remedio que irse a San Francisco a vivir con su hermana Ginger. Las dos son muy distintas. Jasmine era la mujer de un poderoso especulador financiero que se ha suicidado en la cárcel. Ginger trabaja en un supermercado y lleva una vida humilde con sus dos hijos y su nuevo novio. Es una convivencia obligada en la que esta inestable Jasmine intenta rehacer su vida. Y complica bastante la de los demás.

Woody Allen ha vuelto a América. Esta vez a la Costa Oeste (Nueva York solo aparece en los flash back). La estupenda interpretación de Cate Blanchet de ese personaje poliédrico (un regalo para cualquier actriz) ya hace que merezca la pena ver esta película. Pero hay mucho más. Es una historia bien contada en la que Woody Allen vuelve a contraponer a quienes se mueven como peces en el agua en una vida regalada y a los torpes que hacen siempre el ridículo en esos entornos. Mira Sorbino en Poderosa Afrodita creo que fue la primera que me encantó en ese registro. Luego han sido muchos (entre ellos Javier Bardem y Penélope Cruz) los que han dado vida a esos seres toscos y sin hipocresía. Reconozco que el doblaje de esos personajes cutres me resulta incómodo al principio. Pero luego me olvido y disfruto del contraste entre esa aparente gentuza que en realidad es buena gente y esa gente bien que en realidad es bien mala. De Blue Jasmine me gusta el ritmo de la historia. Me gusta la organización de un relato que combina dos tiempos y dos espacios. Y también me gusta la intención de regodeo en la humillación de esos burbujeros (Alec Baldwin como trasunto de Madoff) que tanto mal (nos) han hecho. No soy de los insatisfechos que cada año comparan la última película de Allen con alguna supuesta obra maestra anterior (¿cuál sería? ¿no lo es el conjunto de su obra?). Soy de los que se alegran de poder disfrutar de un regalo suyo cada año y de encontrar en él sorpresas y momentos de encantamiento. Me sucede cuando sus películas me parecen perfectas. Pero también cuando las encuentro deliciosamente imperfectas. Jasmine es muy imperfecta, pero Blue Jasmine es deliciosa.