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sábado, 20 de junio de 2026

Dreams

de Michel Franco. México, 2025. 100’.
20 de junio de 2026. Cines Ocimax, Gijón.

Fernando ha pasado la frontera en el contenedor de un camión atestado de emigrantes. Viene de México y se dirige a San Francisco para encontrarse allí con Jennifer. Ella pertenece a una familia acaudalada y lo conoció en la fundación de apoyo a la danza que tienen en aquel país. El romance entre los dos es tórrido y las virtudes de Fernando como bailarín deberían permitirle vivir bien en San Francisco si consiguiera regular su situación como inmigrante. Pero las cosas no saldrán bien para él porque la pasión que Jennifer siente por él es muy intensa, pero tiene ciertos límites. 
 
El buen recuerdo que tenía de Nuevo orden y de Memory (también protagonizada por Jessica Chastain) me hacían pensar que la nueva película de Michel Franco podría ser interesante. Pero Dreams tiene poco que ver con aquellas. La historia no conmueve ni como romance apasionado entre dos seres distanciados por la edad y el origen ni como retrato de los dramas que viven muchos mexicanos en Estados Unidos. Dreams no aburre y son apreciables los bailes de Fernando y las agitadas coreografías de sus encuentros sexuales con Jennifer. Pero nada más.  

miércoles, 10 de junio de 2026

La luz

de Fernando Franco. España, 2026. 118’.
10 de junio de 2026. Cines Ocimax, Gijón.

Manuel tiene previsto colgar pronto los hábitos. Es un buen cura al que valoran mucho sus feligreses, pero le persigue lo que hizo hace treinta años. Uno de los tres niños de los que abusó entonces le ha denunciado ahora. 
 
Fernando Franco sabe ahondar como nadie en las zonas más oscuras de la condición humana. Y lo hace siempre con un naturalismo conmovedor, evitando los trazos gruesos y los juicios obvios. Por eso son tan buenas películas suyas como La herida, Morir, La consagración de la primavera o Subsuelo. La luz se centra en un tema tan candente como el de los casos de abusos en la iglesia católica. Franco no es el primero que lo trata (ahí están otras tan interesantes como El club de Pablo Larraín, Spotlight de Thomas McCarhty, Gracias a Dios de François Ozon o Mantícora de Carlos Vermut), pero quizá sea el que mejor ahonda en la culpa que siente quien cometió aquellos abusos en el pasado y no busca ahora ningún perdón, sino su propio martirio para servir, quizá, de ejemplo a quienes cometieron o protegieron actos tan execrables como los suyos. Manuel lleva al límite la vivencia sincera del catolicismo por parte de ese personaje haciendo que su conducta parezca, a veces, tan inverosímil como la del protagonista de Escape, la magnífica película de Rodrigo Cortés. La luz es, en cierto modo, el contrapunto de Los domingos. Siendo las dos muy naturalistas, Fernando Franco trata aquí un tema mucho más relevante sin plantear ambigüedades ni promover falsos dilemas. Y evita mostrar la truculencia de los actos para centrarse en las consecuencias a largo plazo, tanto para las víctimas (son escenas breves, pero magníficas, esos encuentros de Manuel con dos de ellas ya adultas) como para ese cura que al conocerlos es aún más consciente de que el remordimiento íntimo no es suficiente. Sin cargar las tintas ni hacer demagogia, Fernando Franco esboza la cuestión del celibato como causa primera de esas tragedias, y también la responsabilidad de las jerarquías eclesiásticas que han dado la espalda o se han puesto de perfil en estos temas. Tras su excelente trabajo en La cena, la forma en que Alberto San Juan interpreta magníficamente a este cura seguramente le hará ganar un Goya que ya tenía bien merecido con aquella película. A su lado hay un elenco soberbio del que forman parte nada menos que Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Ramón Barea, Pablo Gómez-Pando, Nacho Sánchez y Luis Callejo. Y no quiero olvidarme de Antonio Zafra que borda aquí el papel de Jaime, ese sacristán que no habla, pero se entiende muy bien con Manuel. Él es el verdadero ángel de esta historia y su relación con el cura pone de manifiesto que la bondad, la esperanza, la compasión y la piedad son, junto con el perdón, los valores más importantes y reivindicables del catolicismo. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Subsuelo

de Fernando Franco. España, 2025. 115.
9 de noviembre de 2025. Cines Ocimax, Gijón.

Eva y Fabián son hermanos mellizos, pero muy distintos. Ella es amable y se siente culpable. Él es taimado y un tanto siniestro. Sobre todo, desde aquel terrible accidente de coche que cambió tanto la vida de los dos.
 
El director de películas tan especiales como La consagración de la primavera, Morir y, sobre todo, La herida, nos ofrece un relato inquietante que recuerda a los de Carlos Vermut (y no solo por la presencia de Nacho Sánchez, el protagonista de Mantícora). En Subsuelo la herida no es un sustantivo, sino la propia Eva, ese personaje dañado sobre el que Julia Martínez hace un trabajo magnífico. Y herida también ha quedado su madre, el personaje con el que Sonia Almarcha consigue que recordemos el de aquella otra madre que interpretó en La soledad. Fernando Franco nos ofrece un extraordinario relato sobre la culpa en el que se pone de manifiesto que la atención a una víctima puede facilitar el sadismo contra quien se siente culpable. La intención y la trama son impecables, pero también lo es la manera en que se construye esta película desde ese extraordinario plano secuencia inicial que desembocará en una grabación de móvil que condiciona el resto de la historia. La forma de poner la cámara en todas las escenas y de mostrarnos solo los mensajes y nunca las respuestas, hacen de Subsuelo una película especialmente cautivadora en lo formal. También por el sonido y la música, tan oportuna y cuidada por un director que suele prescindir de ella. En Asturias Subsuelo se proyecta solo en una sala y en una única sesión. Esperemos que algún merecido Goya la traiga de nuevo a los cines y compense este error.

lunes, 24 de junio de 2024

Memory

de Michel Franco. México, 2023. 103’.
24 de junio de 2024. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Sylvia ha debido tener un pasado complicado. Se lleva bien con su hija, pero le preocupa que consuma alcohol. Ella no lo hace desde que la tuvo y sigue yendo todavía a su grupo de Alcohólicos Anónimos. Una noche alguien la sigue hasta su casa. Es Saul, un buenazo desmemoriado que resultará tan necesario y reparador para ella como ella lo será con él. Así podrá enfrentarse al trauma de una madre con la no se habla y que permitió que su padre le hiciera lo peor.

Una historia de amor entre seres dañados. Él vive sin pasado y ella no puede dejar de tenerlo presente. Sus respectivas vulnerabilidades los unen y fortalecen dando a la película la textura de las mejores historias de amor. La bondad de Saul y su apertura a quien le quiere me ha recordado al personaje de Marcela, con su amnesia anterógrada, en Catedrales, la magnífica novela de Claudia Piñeiro. Jassica Chastain y Peter Sarsgaard (él me había encantado en el papel de Milgram en Experimenter) están estupendos en esta película sencilla, delicada y ajena a los efectismos. Nada menos.

lunes, 12 de diciembre de 2022

La consagración de la primavera

de Fernando Franco. España, 2022. 110.
13 de diciembre de 2022. Casa de la Cultura, Avilés.

Laura estudia primero de Químicas y vive en un colegio mayor femenino de Madrid. Es una chica tímida y discreta pero abierta a nuevas experiencias. Una noche, en que su prima se enrolla con un chico, conoce de forma imprevista a David, un joven con parálisis cerebral que parece muy amable. Ella vuelve a su casa porque se entiende muy bien con él y con su madre. De hecho, hará de asistente de servicios sexuales para él. Así se gana un dinero y mantiene la amistad con los dos. También va conociendo a otros chicos y aprendiendo muchas cosas fuera de la facultad.

El director de La herida, aquella maravilla que consagró a Marian Álvarez, ha vuelto a crear otra joya. Es cierto que Fernando Franco aborda un tema tan polémico como el de Las sesiones, aquella magnífica película sobre la sexualidad y las palabras. Pero La consagración de la primavera es bastante más que eso. Es un retrato generacional impecable de una juventud bondadosa y abierta. De hecho, todos los personajes que aparecen en esta historia (y no solo esa maravillosa madre que compone Emma Suárez) son gente buena y empática que nunca empalaga. Al contrario. El guion y la dirección de actores es un prodigio hiperrealista con  mucha contención y sutileza que la emparenta con la recién estrenada Mantícora de Carlos Vermut o con el cine de Jonás Trueba. La consagración de la primavera nos regala, además, detalles tan sutiles como el propio título o esa actitud deliciosamente abierta de Laura, una chica que nunca cierra las puertas.

martes, 23 de marzo de 2021

Nuevo orden

de Michel Franco. México, 2020. 88’.
23 de marzo de 2021. Casa de la Cultura, Avilés.

Una boda en una familia bien de Ciudad de México. Y una rebelión de las masas que asaltan con violencia su casa y todo el país. Asistimos a una revolución en marcha en la que los desposeídos no son menos violentos que los militares dedicados al secuestro y la extorsión. La novia, una empleada de la casa y su hijo son las únicas personas dignas en este retablo de una sociedad invertebrada. Y acabarán mal. 

La muy sobrevalorada Parásitos no es la única película que últimamente ha puesto a los ricos frente a la pesadilla de quedar a merced de los pobres. De forma más contenida y con más interés que aquella cínica película coreana, ese tema ha sido tratado también por la argentina Verónica Chen en Marea alta, una película inquietante, magnética y opresiva sobre una mujer y unos obreros en una casa cerca de la playa. O también por el mexicano David Zonana que, con un surrealismo entre posmoderno y colorista que recuerda por momentos a Buñuel o a Lanthimos, nos muestra en Mano de obra la ocupación de una casa de ricos por familias menesterosas. Con su Nuevo Orden Michel Franco nos ofrece un nueva versión de la pesadilla de las élites con una historia que, más que distópica, resulta aleccionadora para quienes creen que la violencia solo puede afectar a otros. Además de contar con un guión bien estructurado, Nuevo orden es una metáfora de la penetración y sedimentación del mal en la sociedad mexicana (algo sobre lo que también resultan muy interesantes el documental Silencio Radio de Juliana Fanjul sobre la periodista Carmen Aristegui y la extraordinaria Sin señas particulares de Fernanda Valadez que pudimos ver en la última edición del Festival de Huelva). Además, la película de Michel Franco pone algunas cosas en su sitio. Por ejemplo, el verdadero significado de expresiones como toque de queda que en estos tiempos pandémicos algunos asocian con el fastidio de no tener los bares abiertos a partir de cierta hora. Ojalá hubiera un nuevo orden en el mundo de la cultura y películas como esta tuvieran el lugar que merecen en el panorama del cine actual.

viernes, 29 de diciembre de 2017

The disaster artist

de James Franco. EE.UU., 2017. 98.
29 de diciembre de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Un joven con vocación actoral deja San Francisco cautivado por un amigo estrafalario y con mucho dinero que quiere hacer con él algo importante. Así los dos van a Los Ángeles y acaban protagonizando en 2003 The Room, una película desastrosa que llenó de carcarajadas la noche del estreno. 

Es tan mala y da tanta risa que hasta parece buena. Eso debieron pensar aquellos a los que la vergüenza ajena no les llevó a obviar aquella estupidez que recaudó menos de dos mil dólares y le costó seis millones de dólares a su loco y potentado perpetrador, sino a encumbrarla como una referencia pseudocinéfila que yo, por fortuna, desconocía. La gestación de aquella patética cosa es recreada ahora por esta otra estupidez que firma un tal James Franco. Después de que hayan pasado cosas tan alucinantes como que The disaster artist  haya sido premiada en el festival de San Sebastían como mejor película o que en el festival de Gijón se haya considerado que la mejor de este año era esa bobada francesa titulada En attendant les barbares, solo se me ocurre decir una cosa: estamos locos.

domingo, 6 de octubre de 2013

La herida

de Fernando Franco. España, 2013. 98’.
5 de octubre de 2013. Cines Van Dyck, Salamanca.

La herida es Ana, una conductora de ambulancia para la que la vida es un tormento. Ella sufre. Y se hiere. Y también hiere a los demás. Solo parece feliz mitigando el sufrimiento de quienes van en su ambulancia.

Todo el tiempo la seguimos de cerca. Y casi duele. La cámara se mueve siguiendo gestos y diálogos. No hay la tregua que da el distanciamiento del plano y el contraplano. Eso nos hace estar siempre al lado de Ana y sentir su dolor indecible e insoportable. Sobre todo porque viene de dentro. Y llega adentro. No es (solo) cine para psicólogos y psiquiatras. Es cine mayúsculo. Ese que nos hace entender por qué Michael Haneke merece venir a Asturias en un par de semanas. Un cine que no suelta a un personaje herido admirablemente interpretado por una Marián Álvarez a la que le costará dejar de ser Ana. Pero no es cine solipsista. Aunque sus relaciones con los demás personajes apenas están esbozadas, esos leves trazos ya harían excelente a cualquier otra película (esa madre que aparenta calma en la tormenta, ese Jaime que comparte y comprende, ese Martín que se hunde en la desmemoria, ese confidente invisible al que Ana le cuenta todo, ese Alex omitido hasta una escena breve y poderosa que sería magistral si no estuviera en una película llena de ellas). Entre los agradecimientos Fernando Franco (el impresionante montador de Blancanieves que aquí se estrena como magnífico director) incluye a Jaime Rosales y a León Siminiani. Y me alegra esa complicidad expresa. Como ellos, es un director que sabe llevar la vida a la pantalla. Y hacer que lo que pasa en la pantalla afecte a nuestras vidas. Tras el fundido en negro que corta el llanto de Ana, nadie se movió de su butaca. En silencio dejamos desfilar todos los títulos de crédito entre el rumor de la vida en la calle que llegaba por una puerta abierta al lado de la pantalla y la congoja de un llanto ahogado unas filas más atrás. Instantes como estos son los que hacen sublime la experiencia de ver cine en el cine. Y solo ocurren cuando por la pantalla ha pasado cine mayor.