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jueves, 11 de septiembre de 2025

Romería

de Carla Simón. España, 2025. 115’.
11 de septiembre de 2025. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo.

En el verano en que entrará en la universidad, Marina pasa unos días en Vigo conociendo a su familia paterna. Lleva el diario de su madre que murió cuando ella era muy pequeña y una cámara de video para filmar los lugares en los que compartió pasiones con su padre. A él Marina no lo llegó a conocer. 
 
Tras Estiu 1993 y Alcarrás, esta película también se podría haber titulado Verano 2004 que es el momento en que la protagonista va conociendo los paisajes en que fueron felices sus padres y a esa familia gallega que, como tantas otras en los ochenta, no supo asumir que la muerte por la heroína no era un final buscado ni merecido por nadie. Carla Simón cierra así su trilogía familiar en la que recrea recuerdos que no pudo tener y comparte un retrato magnífico de la infancia, la adolescencia, la edad tardía y también de los paisajes determinantes en su vida. En el coloquio con Barbara Lennie, Carla Simón confesó que no sabía que el título de la película tenía en estas tierras matices que lo hacen sinónimo de fiesta y celebración rural, lo que subraya aún más el tono luminoso que quiso dar a su película. De hecho, aunque no rehuye tratar la crueldad de la heroína en los cuerpos y las almas, evita ese tono lúgubre o moralizante, tan frecuente en ese tema, y apuesta por una reivindicación alegre de ese presente continuo del que está hecha la felicidad. Formalmente Romería es también una joya. Y no solo por la conmovedora naturalidad que consigue en la relación entre los personajes interpretados por actores y no actores, también por la manera de entreverar el presente de julio de 2004, tan crucial para Marina, con aquellos años ochenta que en la parte final de la película recrea como recuerdos oníricos a partir de lo vivido en esos días. Carla Simón tiene el acierto de mantener los intérpretes de los personajes de los dos tiempos en ese sugerente viaje íntimo que Marina emprende cuando decide soltar amarras en la ría de Vigo en busca de su pasado familiar. El mismo lugar en que también lo hicieron Santa y sus compañeros de Los lunes al sol soñando con un futuro mejor en Australia.

martes, 3 de mayo de 2022

Alcarràs

de Carla Simón. España, 2021. 120’.
3 de mayo de 2022. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

La familia Solé vive de su plantación de melocotones. Los cultivan desde hace muchos años pero la tierra no es suya. Su propietario se la cedió al abuelo en agradecimiento por esconder a su familia durante la guerra civil. Pero aquella vieja amistad ya no sirve porque el heredero ha decidido dedicar esos terrenos a la instalación  de paneles solares. Así que este será el último verano en que la familia Solé cosechará melocotones en Alcarràs.

Carla Simón sabe dónde poner la cámara para hacernos sentir que formamos parte de esa familia, que siempre hemos estado con ellos y que nos interesa tanto la ira del padre, como la paciencia de la madre,  la pena del abuelo, los silencios de los hijos mayores y, por supuesto, los juegos de las niñas. Alcarràs consigue un delicado equilibrio entre la inmersión en esa intrahistoria familiar y los leves apuntes contextuales que aportan a la historia matices de denuncia. Y lo logra evitando por igual las posibles nostalgias neorrancias y los lugares comunes propios del discurso de la España (o Cataluña) supuestamente vaciada. Carla Simón pertenece a ese tipo de directoras que saben mostrar la cotidianidad de la vidas en familia haciéndonos sentir que no hay ni cámaras ni pantallas. Me refiero a cineastas españolas tan notables como Neus Ballús, Mar Coll, Isabel de Ayguavives o Clara Roquet, argentinas como Lucrecia Martel, Ana Katz, Paula Hernández o Milagros Mumenthaler o chilenas como Marcela Said o Dominga Sotomayor. Carla Simón forma parte de ese magnífico grupo y hasta ahora solo ha hecho dos películas: Estiu 93 y Alcarràs. Nada menos.

sábado, 1 de julio de 2017

Estiu 1993

de Carla Simón. España, 2017. 96’.
1 de julio de 2017. Cines Renoir Plaza de España, Madrid. V.O.S.

Frida queda huérfana con seis años. Ese verano es el primero que pasa con sus tíos y su prima en el campo. A partir de ahora serán su nueva familia. Y las cosas no serán fáciles para ninguno de ellos.

¿Puede el verano protagonizar una película? ¿Puede el cine reflejar los miedos adultos y las culpas infantiles? Estiu 1993 demuestra que sí. Este retrato impecable de un tiempo crucial en la vida de esta familia (por la dedicatoria final parece claro que está inspirado en la propia infancia de la directora) es mucho más que una película magnífica protagonizada por dos niñas deliciosas. Carla Simón sabe sacar oro de sus gestos y sus palabras, pero su película tiene mucho más mérito que ese. Es una historia cautivadora sobre la ternura y la memoria, sobre las dificultad con que se tejen los lazos que con el tiempo construirán los afectos. La fascinación que producen las dos niñas puede hacer pensar que la historia solo trata de ellas. Pero no. Aunque podría hacerlo, Carla Simón no quiere aprovecharse del magnetismo que  tienen esas niñas cuando una cámara con tan buen pulso narrativo como el suyo es capaz de enamorarnos de ellas. Estiu 1993 no es una de esas películas tramposas que se sostienen solo en los niños. En esto su cine se parece al de Kore-eda. Y es que en su película, tan importantes como las vivencias de los niños son también los sentimientos de los adultos. Esos padres cuyos temores uno entiende perfectamente. Esa familia barcelonesa que enmarca una red de relaciones que nos hacen atisbar el lugar que en ellas debió ocupar esa madre por cuya muerte la niña pregunta a su tía en la conmovedora escena del final. Como tantas otras magníficas películas barcelonesas, Estiu 1993 seguramente se verá poco fuera de Cataluña. Doblar a las niñas sería un crimen y en este país subtitular las películas se considera tan raro como oír hablar en catalán. Y será una lástima porque es una de las películas más conmovedoras e interesantes que ha dado el cine español en los últimos tiempos.