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viernes, 10 de enero de 2020

El faro

de Robert Eggers. EE.UU, 2019. 110’.
10 de enero de 2020. Cines Los Prados, Oviedo.

A una minúscula isla del Atlántico llegan Thomas Wake y Epharaim Winslow para atender el faro durante varias semanas. Wake es un viejo farero que ordena y manda y Winslow un joven solitario con sentimientos torturados. La relación entre los dos será tan dura y difícil como el clima del lugar. Pasadas algunas semanas los dos perderán bastante más que la noción del tiempo. 

Eggers ya nos sorprendió hace tres años con su capacidad para crear atmósferas extremas e inquietantes en ambientes aislados y humanamente asfixiantes en su película La bruja. Ahora lleva al límite su virtuosismo visual y sonoro. Con una relación de aspecto 4:3, una fotografía expresionista en blanco y negro y unos encuadres perfectos, El faro es una película con vocación de gran clásico. De hecho, uno imagina la magnífica exposición fotográfica que se podría hacer con sus imágenes con solo seleccionar un fotograma de cada escena o incluso de cada plano. La historia es áspera y está repleta de referencias cinéfilas y literarias. Y no solo las que Eggers ha incluido deliberadamente porque también es posible encontrar ecos de cierto surrealismo o realismo mágico en las ensoñaciones del joven y, sin que ninguna imagen lo subraye, uno piensa en el Duelo a garrotazos de Goya como síntesis pictórica de lo que Eggers nos muestra. Sobra decir que Robert Pattison y el camaleónico Willem Dafoe están magníficos en estos personajes casi mitológicos que han de convivir (o malvivir) en ese lugar extremo en el que uno custodia el secreto de la la luz que brota de lo alto de ese faro fálico y el otro sueña con arrebatársela.

lunes, 30 de mayo de 2016

La bruja

de Robert Eggers. EE.UU., 2015. 92’.
31 de mayo de 2016. Cines Parqueastur, Corvera.

Una familia de colonos ingleses en Nueva Inglaterra es expulsada del pueblo en el que vivían. El motivo son los desacuerdos del padre con la iglesia de la comunidad. El matrimonio y sus cinco hijos levantan una granja cerca del bosque. Allí viven en estricta observancia de unas reglas religiosas que les hacen interiorizar la culpa y el miedo. Y también temer a las brujas que habitan en ese bosque. La desaparición del hijo menor, un bebé de apenas unos meses, mientras su hermana lo cuidaba es el inicio de la serie de desgracias que padecerá esta familia.

Hay dos retratos magníficos en esta opera prima de Robert Eggers. La de la vida cotidiana de esta familia integrista del siglo XVII y la de ese bosque fantasmagórico habitado por brujas. El primero, que es el que vemos la mayor parte del tiempo, casi produce más desasosiego que las imágenes de las brujas y sus manifestaciones. Los dos retratos son formalmente impecables y tan elegantes que parecen inspirados por referentes pictóricos. Pero encuentro problemas a la relación entre ambos. La existencia real de las brujas que la película plantea no acaba de conciliarse con su construcción social (en este caso familiar) que también parece querer defenderse. Si la película pretende mostrarnos lo segundo (y lo hace bien) no deberíamos ver como ciertas a las brujas del bosque. Y si trata de una historia de brujas (tremenda pero muy bien contada) no sería necesario que sus víctimas pertenecieran a una familia integrista. En La bruja hay dos películas que me han gustado, pero hubiera preferido que hubiera una sola. La de ese matrimonio ultracristiano que vive en la culpa y el miedo y que los contagia a sus hijos.