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sábado, 27 de septiembre de 2025

La misteriosa mirada del flamenco

de Diego Céspedes. Chile, 2025. 110’.
27 de septiembre de 2025. Kursaal, 73º Festival de San Sebastián (Premio del Jurado Joven).

En tiempos del sida, en un lugar remoto del norte minero de Chile, una niña llamada Lidia es cuidada con mucho amor por un travesti que decidió adoptarla como una madre cuando la pequeña apareció por allí. Él se llamaba Flamenco y era el ser más hermoso y querido en aquella tierna comunidad a la que apenas llegaban los reproches por sentir que se había nacido en un cuerpo equivocado.  
 
El premio del jurado joven de este festival es una idea estupenda que confía en el tino de más de 140 jóvenes valorando películas de nuevos directores o de la sección Horizontes Latinos. Aquí su criterio ha coincidido con el del festival de Cannes que consideró a esta película como la mejor de la sección Un certain regard. La misteriosa mirada del flamenco demuestra que Diego Céspedes quiere mucho a sus personajes y consigue crear atmósferas coloridas, espesas y subyugantes. Y también sabe poner la cámara (magnífica la perspectiva de la penúltima escena en el coche), contar bien las historias y cerrarlas evitando esa querencia centrípeta que yo reprochaba del final de La buena suerte. Así que ha sido un gusto regresar a ese norte chileno (quizá Antofagasta, Iquique, Atacama o Arica) y será interesante ver los futuros trabajos de este joven director.

La voz de Hind

de Kaouther Ben Hania. Túnez, 2025. 89’.
27 de septiembre de 2025. Kursaal, 73º Festival de San Sebastián (Premio del Público). V.O.S.

En la tarde del 29 de enero de este año en el centro de emergencias de la Media Luna Roja se recibe una llamada desde Alemania. Quien llama es un palestino que pregunta por su hermano y su familia. Al parecer su coche ha sido tiroteado desde unos tanques israelíes en Gaza. Ellos consiguen hablar con una niña que sigue viva en ese coche. Es Hind Rajad, tiene seis años y toda su familia está muerta a su lado. Durante varias horas los voluntarios siguen hablando con ella por teléfono. E intentando que les den permiso para que una ambulancia que está a solo ocho minutos de distancia pueda ir a rescatarla. Pasan las horas, llega la noche y el ejército israelí finalmente les da vía libre. Pero cuando la ambulancia está llegando también es tiroteada y los rescatadores mueren. Como la voz de Hind que se apaga para siempre.
 
Recuerdo aquellos días de enero. Ya son más de 65.000 los palestinos asesinados y de ellos más de 20.000 eran niños, pero lo que pasó con esa niña me pareció entonces una de esas monstruosidades que confirman que el canalla que ha hablado esta semana en la ONU no es un judío, sino Hitler redivivo. No solo él encarna ahora el mal absoluto. También esos millones de israelíes que votaron al Likud (y a esas otras derivas ¿aún? más infernales) y que siguen apoyando lo que está haciendo su ejército en Palestina. También esas decenas de miles de israelíes que han entrado armados en Gaza y no se han suicidado. Todos ellos deberían escuchar una y otra vez la voz de Hind. Y las de esas mujeres que por teléfono intentaban acariciarla con palabras. Porque todo esto es también una cuestión de género. Las voces que cuidan y protegen son femeninas. Y son siempre masculinas las que discuten, protocolizan, se disculpan o justifican, pero deciden y finalmente matan. Kaouther Ben Hania ha tenido el acierto de respetar la necesaria linealidad de la historia, de identificar con claridad cuándo las voces son las de las grabaciones reales (las de la niña siempre lo son) y cuándo no son de los actores sino de los voluntarios reales de la Media Luna Roja que hablaron con ella durante aquellas horas terribles. Y tiene también el mérito de renunciar a cualquier innovación formal. En El hombre que vendió su piel y, sobre todo, en Las cuatro hijas había demostrado su notable originalidad, pero aquí ha preferido renunciar a cualquier ejercicio de estilo en favor de la verdad cruda de los hechos.  Después del Gran Premio del Jurado en Venecia, La voz de Hind ha recibido en San Sebastián el Premio del Público con la puntuación más alta de la historia del festival. Un premio dentro y fuera de las salas, porque durante estos días las calles de Donostia han clamado contra el genocidio. Tengo muchas ganas de que esta película se estrene. Ojalá que también fueran a verla nuestras derechas más o menos extremas. Quizá así podrían entender lo que pasó esta tarde en el Kursaal. Nadie aplaudía. La voz que habíamos escuchado era realmente la de Hind y el impresionante silencio que acompañó la película se mantuvo mientras pasaban los títulos de crédito. Solo se oían algunos llantos y pañuelos. Y solo cuando los créditos estaban terminando se empezó a aplaudir. Era un aplauso que sonaba a dolor quebrado, a respeto infinito y a indignación imponente. Ojalá se escuchara en toda Palestina. Desde el río hasta el mar. Pero sobre todo ojalá se escuchara también en Tel Aviv. Allí quizá haya seres humanos avergonzados por lo que está haciendo su país.

El amor que permanece

de Hlynur Pálmason. Islanda, 2025. 109’.
27 de septiembre de 2025. Kursaal, 73º Festival de San Sebastián (sección Perlak). V.O.S.

Él es un marinero que trabaja en un gran barco pesquero. Ella es una artista plástica que indaga sobre la forma en que el óxido y el tiempo dejan huella en sus lienzos. Tienen tres hijos y un perro. Y acaban de separarse.

El director de Un blanco, blanco día y Godland mantiene su tono intimista y su adoración por los paisajes islandeses en esta nueva película sobre la cotidianidad familiar de una pareja que se quiebra. La historia es aparentemente sencilla y está llena de pequeñas ironías, pero también trufada de imágenes surrealistas con las que Pálmason parece experimentar con la posibilidad de un realismo mágico radicalmente septentrional. Nada extraño en un director capaz de hacer de un plano fijo una poderosa metáfora. Por ejemplo, esa imagen preambular de un galpón que inesperadamente se abre a la intemperie. 

sábado, 28 de septiembre de 2024

Turn me on

de Michael Tyburski. EE.UU., 2024. 99’.
28 de septiembre de 2024. Kursaal, 72º Festival de San Sebastián (Premio de la Juventud). V.O.S.

En un mundo feliz la gente trabaja, vive emparejada y toma cada día una pastilla que le garantiza la plenitud. Hasta que una muchacha deja de tomarla un día y empieza a saber muchas cosas. Por ejemplo, en qué consiste reír y disfrutar del deseo.

El joven jurado ha tenido el acierto de premiar esta historia distópica que se desarrolla en escenarios nada efectistas habitados por gentes que han decidido dos cosas: entregarse a la amnesia y aceptar que la mejor versión de si mismos está en la imperturbabilidad. Pero todo cambia cuando esa Eva del porvenir, sin probar ninguna manzana se acerca al árbol del bien y del mal y aprende a distinguirlos. Luego incitará a hacer lo mismo a su Adán y, con éxito relativo, también al resto de su cuadrilla. Es verdad que lo que nos propone Michael Tyburski tiene mucho parentesco con el mundo del que nos habla Yorgos Lanthimos en Langosta, pero en Turn me on, además de las resonancias bíblicas (o quizá del Paraíso perdido de Milton) encuentro vecindades en la actitud de estos salvajes renegados con los de El mundo feliz de Aldous Huxley. Y hasta con Platón porque, al fin y al cabo, estamos hablando de prisioneros emparejados en una caverna en la que se miran pantallas. Una de ellas llega a asomarse al exterior y luego regresa. Como en el Estado platónico, aquí también hay una jerarquía de clases que separa a los que viven plácidamente ignorantes mientras trabajan y consumen, de los guardianes de la estabilidad de ese mundo y los que lo diseñan. Los agoreros que anuncian el fin de la filosofía en las aulas ignoran el provecho que le sacan algunos cineastas y esos jóvenes cinéfilos (por ejemplo, los de este jurado) que saben buscar en las salas el antídoto a tanta dosis domesticadora que suministran las plataformas.  Así que bravo por Tyburski. Y bravo por el jurado joven.

Por todo lo alto

de Emmanuel Courcol. Francia, 2024. 103’.
28 de septiembre de 2024. Kursaal, 72º Festival de San Sebastián (Premio del Público). V.O.S.

Un afamado director de orquesta tiene leucemia. Su hermana no puede ser donante porque realmente no lo es. El que sí es su hermano es un trabajador despedido de un pueblo del norte. Aquél no lo sabía, pero fue adoptado por una familia bien y su hermano quedó al cuidado de un matrimonio humilde y bondadoso. Así que el donante de médula es un simple aficionado a la música que toca en una orquesta de pueblo y el que la recibe es un gran director de orquesta que ha podido contar siempre con todos los medios.

Quizá he hecho un espóiler de esta película que tiene algunas de las cosas buenas que Emmanuel Courol demostró en El triunfo. De todas formas, no he contado el resto de esta historia sobre la fraternidad, ni tampoco ese final arrebatado y conmovedor que le ha garantizado ese 9,32 con que la ha valorado el público. Está claro que el gusto de este y el del jurado de este este año tienen poco que ver. Y yo estoy más con el jurado.

sábado, 30 de septiembre de 2023

La estrella azul

de Javier Macipe. España, 2023. 129’.
30 de septiembre de 2023. Kursaal, 71º Festival de San Sebastián (Premio de la Juventud).

En los noventa, un rockero zaragozano de cierto éxito lo deja todo y se va al norte de Argentina tras las huellas de Atahualpa Yupanqui buscando la sinceridad musical. En Santiago del Estero conoce a don Carlos Carabajal, el padre de la chacarera santiagueña. Allí pasa unos días con su familia y, de vuelta a Zaragoza, intenta que lo aprendido con él llegue también a España. Pero las cosas no van bien y Mauricio muere sin haber logrado que en España se conozca a don Carlos.

Pero Javier Macipe sí lo consigue. Que se sepa quien fue Mauricio Aznar Müller y que quien vea esta película se enamore de la música chacarera y su baile, de don Carlos, de su familia y del corazón de América. Nunca he presenciado un aplauso tan intenso y sentido como el del público de esta tarde en el Kursaal. Antes de la proyección se entregó a Javier Macipe el premio que le ha concedido el público joven (que ha demostrado muy buen criterio -la segunda que más les gustó fue Blondi-). La estrella azul es muchas cosas. Es un magnífico musical, un estupendo documental, una reflexión sobre el arte y la música, sobre España y América y también sobre los lazos familiares de aquí y de allá. Y también tiene la virtud de romper los límites entre lo filmado, los filmadores y los espectadores haciendo que, hace más de veinte años antes y  tres escenas antes del final, el personaje nos anticipe que ahora estaremos viendo esta maravilla. Las últimas escenas son también un prodigio hermosísimo con esa rotura de los límites con la cámara dándose la vuelta en la casa de Mauricio en un panóptico poético (como la de Saura al final de Fados) o incluyéndonos en ese delicioso baile santiagueño que a mí me devuelve a tantos momentos vividos en la querida Ñamérica y al público que inevitablemente estalló en aplausos le habrá hecho sentir lo mucho que uno se pierde si  no conoce ese corazón de América. La estrella azul es, seguramente, una de las joyas de esta edición del festival. Ojalá que eso le de buena estrella y pueda verla mucha gente. Mauricio y don Carlos bien se lo merecen.

La sociedad de la nieve

de Juan Antonio Bayona. España, 2023. 144’.
30 de septiembre de 2023. Kursaal, 71º Festival de San Sebastián (Premio del Público).

Más de dos meses en medio de los Andes. La vida anterior en Montevideo, el vuelo, el accidente, la supervivencia y finalmente la travesía heroica hasta los valles de Chile. 

51 años después, Juan Antonio Bayona espectaculariza aquel drama icónico con su habitual destreza para retratar lo imposible y lo indeseable. Fuimos muchos los que leímos en aquel tiempo Viven y vimos la primera película sobre aquella tragedia (yo en el Cine Florida de Avilés). Pero incluso los que no habían nacido entones han tenido noticia de los aspectos truculentos que hicieron tan famosa aquella lucha heroica por la supervivencia. La vemos ahora otra vez porque habíamos comprado entradas para tres de los premios del festival y el del público le ha correspondido a esta por aclamación. No estoy seguro si lo habría obtenido si Bayona, en lugar de volver a aquellos hechos resabidos y moralmente inocuos, se hubiera atrevido a retratar con su característica intensidad visual a unos chicos subidos al timón de un petrolero para viajar desde África a Canarias. O a decenas de personas hacinadas en una lancha que tras sobrevivir al Sáhara y a Libia intentan llegar a alguna isla italiana. Seguro que en esos periplos también habría momentos muy espectacularizables con los que Bayona habría podido demostrar que, además de ponernos los pelos de punta ante accidentes inevitables, también está dispuesto a hacerlo sobre lo que sí tiene responsables. Y no estaría nada mal que lo hiciera porque, con su tirón mediático, le echaría una mano a causas mucho mejores que las del negocio de Netflix. Por ejemplo, a las que retrata Marcel Barrena en Mediterráneo. Pensar que esta película ha sido seleccionada para los Oscar. Algunos deben creer que Bayona representa mejor que Erice lo mejor del cine español.

Mamántula

de Ion de Sosa. España, 2023. 45’.
30 de septiembre de 2023. Kursaal, 71º Festival de San Sebastián (sección: Zabaltegui).

Encuentros homosexuales que terminan con uno de los amantes convertido en un despojo sin huesos ni músculos. Solo piel y líquidos pegajosos que recuerdan a los de las telas de las arañas. El asesino es Mamántula y dos mujeres policías tratan de encontrarlo.

Ion se Sosa nos ofrece una historia que puede ser una gamberrada, una parodia del género policíaco, un guiño alucinado a la ciencia ficción o una muestra de que el cine LGTBI también puede ser muy negro y muy arácnido. Es un mediometraje por momentos tosco y por momentos bastante cuidado (en las escenas psicodélicas, en las de los arácnidos de otro mundo o en las de los despojos tras las mamadas del hombre araña). Lo cierto es que es una película entretenida que no hay que tomarse muy en serio y que provocó muchos  aplausos (seguramente afines) entre el público. Antes de Mamántula se proyectaron dos cortometrajes. El primero, Aunque es de noche. Una historia hiperrealista y poética en la que Guillermo García López retrata la vida de unos jóvenes en las infraviviendas de la Cañada Real. Y el segundo Contadores de Irati Gorostidi. Ambientado impecablemente en una asamblea de trabajadores de una fábrica en 1978 recuerda aquellos tiempos en los que se buscaba la unión y la fuerza sindical y que tanto contrastan ahora en los que muchos van a sus empleos como seres atomizados y silentes. Un compañero de CC.OO. que visitaba nuestro centro para dejar algunos documentos a los afiliados me decía el otro día que muchos de ellos no quieren que se sepa que lo son. Con esto ya está dicho todo.

Dance first

de James Marsh. Reino Unido, 2023. 100’.
30 de septiembre de 2023. Kursaal, 71º Festival de San Sebastián (sección oficial -fuera de concurso-). V.O,S

Samuel Beckett en la ceremonia de entrega del premio Nobel. Sube al escenario pero no se queda allí. En un espacio vacío dialoga consigo mismo sobre sus culpas y arrepentimientos. Así iremos repasando su vida en cinco capítulos en blanco y negro: Madre, Lucia, Alfy (y Suzanne), Suzanne (y Barbara) y El final.

El guion de una película sobre Beckett en la que también aparece Joyce es todo un reto para cualquiera. Y James Marsh sale muy bien parado con unos estupendos diálogos sobre la escritura, la vida y los tormentos beckettianos. Dance first es formalmente elegante pero no tiene pretensiones ampulosas y deja espacio a la inteligencia del espectador. Pero con ser importante, no es el texto su única virtud. Mostrar a Beckett trepando por el lateral del escenario para desdoblarse en un no-lugar con aspecto de limbo o purgatorio en el que bien se podría esperar a Godot es un comienzo magnífico para una historia que está contada como introspección biográfica. La fotografía es muy bella (tanto en la parte en blanco y negro, como en la que tiene color), los ambientes están muy cuidados y las interpretaciones de Gabriel Byrne y Sandrine Bonnaire (que interpreta a la Suzanne jovencita y también a la anciana) podrían ser merecedoras de muchos premios. Dance first tiene su estreno mundial aquí como la película de clausura de esta edición del festival. Seguramente dará mucho que hablar a partir de ahora.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Secaderos

de Rocío Mesa. España, 2022. 98’.
24 de septiembre de 2022. Kursaal, 70º Festival de San Sebastián (sección: Nuevos directores).

Entre los secaderos de tabaco de las vegas de Granada es feliz en verano una niña que regresa al pueblo de sus abuelos. Allí también se siente agobiada una adolescente que reniega un poco de todo. Las dos son las únicas que ven a veces a ese dulce monstruo que deambula entre los secaderos.

Secaderos tiene más que ver con Alcarràs que con Destello Bravío. El contrapunto mágico que aportan las apariciones de ese delicioso monstruo mitiga la pretensión de hiperrealismo rural que resulta impecable con los abuelos, las chonis rurales y las niñas pero que tiene cierto problema con el tiempo. El de estas últimas parece más el de la memoria de la directora (y el de la mía) que el de unas chiquillas de hoy en día. No niego que disfrutarían muchísimo volviendo a unos pueblos que la mayoría ya no tienen, pero me resulta raro que sus juegos y sus maneras sean, no solo ajenas a lo virtual, sino paleoanalógicas. Tras el libro de Sergio del Molino, parece que la España vacía se está llenando de imaginarios (neorrurales, neorrománticos, neorrancios...) Después de quedar fascinada por Alcarràs y por el corto Carta a mi madre para mi hijo que Carla Simón ha dirigido para Miu Miu, estaría bien saber qué piensa Ana Iris Simón de esta película. Supongo que le encantaría. A mi también me ha gustado, pero casi me quedo con Destello Bravío. Está más cerca de mis gustos cinematográficos y también de mi pueblo.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Carburo

de Josip Žuvan. Croacia, 2022. 113’.
23 de septiembre de 2022. Kursaal, 70º Festival de San Sebastián (sección: Nuevos directores). V.O.S.

Antonio y Nikola son vecinos y muy amigos. Los dos comparten la afición de convertir latas en proyectiles y grabar con sus móviles los lanzamientos. Sus padres mantienen una enemistad heredada de los abuelos. Así que los enredos de estos adolescentes no parecen menos peligrosos que las hostilidades entre sus mayores.

El director y los actores han venido esta noche al Kursaal para presentar esta primera proyección internacional de una película que no parece una ópera prima. Además de una historia sencilla sobre la incomunicación entre unos vecinos, en este Carburo hay también otras cosas más sutiles. Por ejemplo, un retrato metafórico sobre la forma en que los odios ancestrales hicieron tan terrible aquella guerra de los noventa y la manera en que todo aquello puede seguir afectando a quienes no lo vivieron. La obsesión de estos chicos por los explosivos analógicos (que quisieran hacer virtualmente visibles para los americanos) recuerda la brutalidad de juegos de guerra de hace treinta años. En este sentido, la esperanza llega en esa escena final en la que los dos consiguen manejar un dron con sus móviles para ver el mundo desde arriba y olvidarse de carburos y proyectiles.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Petite maman

de Céline Sciamma. Francia, 2021. 72’
25 de septiembre de 2021. Kursaal, 69º Festival de San Sebastián. V.O.S.

La abuela de Nelly acaba de morir. Mientras sus padres vacían la casa ella conoce a Marion, una niña que vive al otro lado del bosque de la casa de su abuela. Marion también tiene ocho años y las dos se entienden muy bien. Sobre todo cuando juegan a ser una madre y una hija.

El premio del público en esta edición del festival de San Sebastián se lo lleva esta película de Céline Sciamma cuya mayor virtud es su corta duración. Seguramente a muchos adultos se les cae la baba viendo niños en la pantalla (de ahí el premio) pero me temo que esta nostalgia de la infancia tenía mejor arreglo si en los parques de nuestras ciudades hubiera más niños que perros. Por lo demás, la distancia entre el verano del 93 de Carla Simón y este otoño francés de Céline Sciamma es enorme. La misma que hay entre el cine sincero que derrocha calidad y el cine efectista que solo la aparenta.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Especiales

de Olivier Nakache y Erik Toledano. Francia, 2019. 114’.
28 de septiembre de 2019. Kursaal, 67º Festival de San Sebastián (Premio del público). V.O.S.

Stephane Benhamou y Daoud Tatou lideran asociaciones que se hacen cargo de jóvenes autistas o con problemas graves de conducta. Son casos que superan a sus familias y no tienen en las instituciones más vida que la del encierro. Vemos la comprometida brega diaria de estos dos héroes casi anónimos. Y también la forma en que sortean las presiones de unos inspectores que se empeñan en buscar lo que no se ajusta a norma.  

Cuando ayer le ponía un diez a esa perla de Balagov titulada Una gran mujer, sabía que era improbable que volviera a encontrármela esta tarde en que hemos decidido ver tres de las películas que han sido premiadas (en algún caso se ignora cuál lo ha sido cuando comienza la proyección). Y es que yo no suelo coincidir con los públicos festivaleros en la valoración de la que merece ser considerada como la mejor película. Lo que me llama la atención es la facilidad con que suelen premiar lo edificante y lo emotivo al margen de los valores artísticos de las obras. Pasó en cierta medida el año pasado en Gijón con La escuela de filósofos y pasa más claramente ahora con Especiales. En todo caso, aquella me pareció mucho mejor que esta. No obstante, nada tengo que objetar a las intenciones y al compromiso de lo que aquí se cuenta, por lo demás inspirado en hechos reales. Creo que eso queda claro en el artículo que publiqué hace unos días sobre estos temas en el otro blog (Con asterisco). De todas formas me gustaría que la capacidad que el público tiene para distinguir el bien del mal (el diabólico y hasta el banal) cuando lo ve en la pantalla se transfiriera también a la vida cotidiana y sobre todo al quehacer profesional de determinadas gentes. Aunque ahora que lo pienso, muchos de los supuestos profesionales en los que pienso apenas frecuentan los cines, los teatros y me temo que ni los libros. Así que igual no está tan mal que los premios del público intenten ser edificantes y los reciban películas tan normales como Especiales. Al menos esta pone a caldo a la función inspectora, una labor que, por lo general, tiende a ser mucho más encomiable y meritoria cuando no actúa que cuando decide hacerlo.