Mostrando entradas con la etiqueta Loach. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Loach. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de octubre de 2023

El viejo roble

de Ken Loach. Reino Unido, 2023. 110’.
29 de octubre de 2023. Teatro Carrión, 68º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Sección oficial). V.O.S. 

A un pueblo de la zona de Durham, que en los años ochenta sufrió el cierre de las minas, llega, desde Siria, un grupo de refugiados. Algunos no los reciben nada bien y, al bajar del autobús,  un energúmeno le rompe la cámara fotográfica a una chica. El dueño del único pub de la zona, The Old Oak, la ayuda a repararla. Ese será el comienzo de una amistad capaz de despertar en otros el espíritu solidario. Como en los tiempos las huelgas mineras.

Fortaleza, solidaridad y resistencia. Son los viejos lemas sindicales de la pancarta con la que desfilarán juntos los ingleses y los sirios al final de la película. Como Nanni Moretti en El sol del futuro, Ken Loach ha querido cerrar su película con ese alegre desfile que nos recuerda que la unión hace la fuerza. El viejo roble es una magnífica historia sobre la fortaleza, la solidaridad y la resistencia, pero también un extraordinario alegato en favor de la compasión y contra de la guerra, a favor de la esperanza y contra la xenofobia. Una lección para entender que hay que ser muy imbécil para culpar y demonizar a los que están abajo y no unirse contra los daños provocados por los que están arriba. El de Ken Loach es siempre un cine comprometido, de izquierdas, reivindicativo y entrañable. Con historias como esta nos recuerda que una vez hubo solidaridad, fortaleza y resistencia entre los menesterosos, entre los parias de la Tierra y, en suma, entre los que sufren. Por eso su cine es tan necesario. Para recordar que nunca serán las Thatcher, las Aguirre o las Ayuso las que nos salvarán. Ni, por supuesto, los Trump, los Bolsonaros o los Milei. Y que ponerse el lado de ellos es reforzar las costuras de un mundo mal hecho. Así que es estupendo saber que, aquí en Valladolid, El viejo roble ha recibido el premio del público.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Sorry we missed you

de Ken Loach. Reino Unido, 2019. 101’.
4 de noviembre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Ricky quiere salir adelante como sea. Tiene la oportunidad de trabajar como repartidor franquiciado si se compra una furgoneta. Para pagar la entrada tendrá que vender el coche con el que su mujer va a los domicilios en los que trabaja como cuidadora. Él conducirá sin descanso su furgoneta y ella pasará todo el día tomando autobuses de casa en casa. En la suya también tienen problemas porque, aunque la niña pequeña es un encanto, el hijo mayor está pasando una adolescencia bastante problemática.

Hay dos películas en este último trabajo de Ken Loach y las dos son muy buenas. Una es un retrato amargo y certero de esta nueva modalidad de subempleo esclavista que son los (pseudo)autónomos franquiciados. La otra es una descripción conmovedora de la intimidad de una familia que paga las consecuencias. El ritmo del relato es sosegado, pero su contenido resulta estresante. Con el sobrio naturalismo marca de la casa, Ken Loach consigue meternos en la dura cotidianidad de este modo de explotación desde el punto de vista de sus víctimas. La vida de Ricky y su familia es un ejemplo de esos muchos nadies a los que casi nos hemos acostumbrado a no ver y, lo que es peor, a no querer ver. Por ejemplo, esos repartidores de Glovo con los que nos cruzamos antes de entrar en estas mismas salas de cine cuando recargan apresuradamente en el McDonald's sus jorobas ambulantes. El de Ken Loach es cine comprometido y necesario. Y siempre directo, claro y reflexivo. Porque la tragedia continua de Ricky y los suyos no solo está mostrada sino también explicada. Sin que se noten las costuras, se van hilvanando diálogos naturales con análisis tan diáfanos y rotundos como ese impresionante monólogo con el que el explotador inmediato abre la película. Loach hace cine de izquierdas, centrado en los desheredados, en los desahuciados y en los oprimidos. Es compasivo retratando a los explotados y sobriamente áspero mostrando lo poco que ahora sabemos sobre esos explotadores virtuales que viven a ambos lados de unas tecnologías nada entrañables. Esas que han conseguido tener bien domesticada a tanta gente en ese ciego consumismo doméstico que, seriado o empaquetado, mantiene bien cebadas unas granjas humanas en las que no se intuye ninguna rebelión inminente.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Yo, Daniel Blake

de Ken Loach. Reino Unido, 2016. 100’.
2 de noviembre de 2016. Cines Los Prados, Oviedo.

Daniel Blake es un honrado carpintero maduro que, tras sufrir un infarto, padece las kafkianas disfunciones entre el sistema de bajas médicas y el de las oficinas de empleo británicas. En una de ellas conoce a Rachel, una joven madre al borde de la pobreza que ha tenido que trasladarse a vivir lejos de Londres. Daniel ayuda a Rachel todo lo que puede. Pero sus propios problemas crecen cada día en una maraña burocrática de la que no es capaz de escapar.

Ken Loach ha ganado este año la Palma de Oro en Cannes por esta película. Habría estado muy bien que el premio hubiera sido por toda la carrera de este buen director que tantas veces ha sabido unir militancia político, naturalismo narrativo y emoción.  Sin embargo, en Yo, Daniel Blake no lo consigue. Nada que reprochar al tema y al compromiso que Loach mantiene intacto y que comparto por lo que hace a las intenciones de esta película. Pero el buen cine no está hecho solo de buenas intenciones. Tiene que haber historias sólidas y verosímiles que contagien la emoción del drama que se quiere contar. Yo, Daniel Blake la tiene en la catártica escena de la pintada que tan oportunamente justifica el título de la película. También en los momentos menos subrayados de la relación entre este viudo maduro y esta joven madre soltera que comparten afectos y solidaridad desde su condición de perdedores. Sin embargo, encuentro demasiadas situaciones que no están bien planteadas. Por ejemplo, la crisis de ella en el banco de comida, la decisión de él de buscarla en el prostíbulo o la previsible y poco verosímil penúltima escena. Me hubiera gustado mucho que esta película de Ken Loach me gustara mucho más. Sobre todo después de que él (o su productora) hace un par de semanas tuviera la amabilidad de poner un "me gusta" en nuestro tweet sobre la proyección en el instituto de su estupenda Buscando a Eric. Un gran tipo Ken Loach. Y casi siempre un gran director.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La parte de los ángeles

de Ken Loach. Reino Unido, 2012. 106’.
5 de diciembre de 2012. Cines Marta, Avilés.

El juez da otra oportunidad a Robbie. En lugar de mandarlo a la cárcel le impone un año de servicios comunitarios. Así se integra en un grupo de perdedores de los que Harry, un verdadero ángel escocés tan bondadoso como aficionado al buen whisky, intenta sacar lo mejor. Tras desarrollar un buen olfato para el whisky, Robbie ejecuta con sus compañeros un curioso plan en la destilería en la que se subasta una barrica sublime. Con algunos imprevistos, la cosa sale bien y Robbie no se olvida de la parte de los ángeles.

Ken Loach nos ha mostrado muchas veces la injusticia y nos ha hecho sentir la impotencia por el destino de los perdedores. Pero en esta magnífica historia, contada con hilarante ternura, demuestra que la justicia es posible y que no es necesario que para que unos ganen otros deban perder. Aquí todos ganan. Hay un robo, pero nadie resulta perjudicado. Es lo que tiene esperar que los perdedores pueden dejar de serlo. La confianza que deposita en ellos el juez, Harry, la novia de Robbie (y hasta su hijo recién nacido) es lo que hace posible el final feliz de esta historia. Ken Loach está en las antípodas del ministro Wert. Para Ken Loach ni es justa ni inevitable la desigualdad. Para Wert es simplemente natural. Ken Loach cree que hay que cuidar y esperar lo mejor de los perdedores para que puedan dejar de serlo. Wert los olvida porque solo le interesan los ganadores. Ken Loach pasará a la historia por esas buenas películas con las que defiende la justicia social. Wert pasará a la historia por la injusticia social que provocará su mala educación.