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sábado, 28 de noviembre de 2020

Subterranean

de Gabriel Velázquez y Manuel Matanza. España, 2020. 70’.
28 de noviembre de 2020. 58º Festival de Cine de Gijón (sección: albar). Filmin. V.O.S.

Pablo y Marieta son L.A.Drones, un grupo musical que se está haciendo un hueco en los garitos de Los Ángeles. Los vemos tocando en los conciertos, comprando y consumiendo sustancias varias, queriendo mucho a su perro y también teniendo broncas importantes entre ellos.

En Artico y en Zaniki Gabriel Velázquez demostró que sabe poner la cámara y retratar los lugares. Sin embargo, algunos de sus personajes parece que se comen sus películas. Le pasó con Eusebio en la anterior y con Pablo en esta. Entre la ruralidad castellana y los no-lugares californianos creo que a su cámara y a su mirada les sienta mucho mejor lo primero. Así que casi le recomendaría que volviera a Salamanca y utilizara su brío para contarnos historias con más interés y mostrarnos paisajes y paisanajes más sugerentes.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Zaniki

de Gabriel Velázquez. España, 2018. 76’.
18 de noviembre de 2018. Teatro Jovellanos, 56º Festival de Cine de Gijón (sección oficial).

Zaniki es Beltrán, un niño salmantino al que su abuelo Eusebio quiere transmitir el legado musical y vital de los antepasados charros. Así que en la casa y en el campo le enseña a tocar instrumentos muy domésticos y a vivir desde dentro las tradiciones de su tierra.

Paisaje y figura. El paisaje es bellísimo y lo capta primorosamente la cámara de Gabriel Velázquez como esperábamos de él tras la estupenda Ärtico que pudimos ver hace cuatro años en la Semana de cine español de Béjar. Pero la figura es tan poderosa que se hace con la película y aportando lo que en los créditos se denomina guión vital casi se come el espacio del director. Así que a Gabriel Velázquez le quedan unas decisiones estetico-técnicas que hacen de Zaniki una película tan especial como cabe esperar de la poderosa  imagen de su cartel. Pero la ficción que articula la historia está excesivamente centrada en el personaje del abuelo, cuando está claro que Velázquez sabe lo que se hace cuando filma a los niños. Algo parecido sucedió en la presentación de la película, en la que el protagonista principal fue Eusebio con sus hermosas músicas y sus muy entusiastas alegatos. Eso sí, el encuentro me deparó un momento muy regocijante cuando alguien del público criticó el olvido de las tradiciones asturianas por las que nadie parece hacer nada y puso como ejemplo envidiable lo que se hace en Salamanca. Y es que nunca está mal reducir los ombligos de quienes los tienen muy grandes.

jueves, 7 de agosto de 2014

Ärtico

de Gabriel Velázquez. España, 2014. 78’.
7 de agosto de 2014. Teatro Cervantes, Béjar. XVIII Semana de Cine Español.

Periferias salmantinas. En los paisajes invernales y en las vidas desangeladas de unos adolescentes sin futuro.

La estética de Los santos inocentes y la ética de Deprisa, deprisa. La atmósfera del invierno en el campo, los planos fijos de los rostros y sus nombres, las escopetas y las palomas, los sonidos de unas manos golpeando una mesa. Todo eso me ha recordado a la película de Camus. Los disparos, los coches, el trapicheo, la violencia macho, la adolescencia bronca. Eso me ha hecho pensar en la de Saura. Pero la síntesis de Gabriel Velázquez es muy singular. Como su manera de mostrar los límites de un territorio arquetípico. La vecindad entre la belleza rural del campo charro y los no-lugares periféricos de una ciudad como Salamanca. Los encuadres están muy cuidados. La crudeza de esas historias juveniles sin palabras contrastan grandemente con la elegancia con que se muestran esos paisajes rurales y urbanos. En la presentación de la película Gabriel Velázquez destacó la intención poética de ese contraste. Y lo ha conseguido. La película sorprende. Me apetece ver su anterior Iceberg, de la que este Ärtico parece ser una nueva visita a las vidas de esos adolescentes. Pero por más que sea intencional lo desdibujado de esos personajes en unos entornos tan bien filmados, me parece que en ese contraste hay cierto desequilibrio. De este frío Ärtico la estética me dice más que su ética. Me quedo más con el paisaje que con las figuras.