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lunes, 8 de junio de 2026

Ariel

de Lois Patiño. España, 2025. 108’.
8 de junio de 2026. Filmin. V.O.S.

Agustina es una actriz argentina que visita a su familia en Galicia antes de coger un barco hacia las Azores. En la ruta todos duermen y al llegar no encuentra ni rastro de la compañía con la que iba a preparar La tempestad, pero sí a algunos personajes de Shakespeare que vagan por allí.

El director de Costa da morte,  Lúa vermella y Samsara nos ofrece una deliciosa historia de ficción onírica que nace de su colaboración con Matías Piñeiro, un excelente director argentino que ha hecho maravillas con los personajes femeninos de Shakespeare en películas como Viola o Isabella. Con el magnífico trabajo de Agustina Muñoz e Irene Escolar, Lois Patiño nos ofrece una película singular que se acerca a la ficción pero manteniendo siempre esa narrativa liminal y elegancia visual con que logra hacer protagónicos a los paisajes costeros, en este caso de las Azores. 

viernes, 24 de noviembre de 2023

Samsara

de Lois Patiño. España, 2023. 113’.
24 de noviembre de 2023. Cines Ocimax. 61º Festival de Cine de Gijón (sección: Albar).

Niños y adolescentes en un tempo budista de Laos. Predominio absoluto del color naranja y la masculinidad sosegada. Un muchacho visita a una anciana y lee para ella fragmentos de un libro en el que la muerte se describe como el tránsito del alma entre un cuerpo y otro. Cerrando los ojos imaginamos nosotros ese viaje que nos lleva a una comunidad costera de Tanzania en la que una preciosa cabra acaba de nacer. Será la compañera de una niña deliciosa. 

Paisajes lejanos y sonidos cercanos en Costa da Morte. Deslizamiento hacia el rojo y acercamiento a lo inefable en Lúa Vermella. Y equilibrio perfecto en este viaje entre los continentes y las vidas que hacemos en Samsara desde el Extremo Oriente budista hasta las costas africanas en que se afanan las recolectoras de algas. Una delicia visual y sonora que se convierte en experiencia única si uno hace caso a lo que se indica y, en el ecuador de la película, cierra los párpados (yo lo hice sin pestañear y eso me permitió ver la sombra de la mácula) y deja que lleguen a su retina los destellos de un viaje sonoro entre dos mundos y dos formas de vida. La masculinidad adolescente y sosegada de la primera parte tiene su contrapunto perfecto en esas infancias femeninas que nos cautivan en la segunda. La intensidad del rojo y la contundencia de la dimensión mágica en Lúa Vermella se atenúan con el naranja amable y la delicadeza poética con que la primera parte de Samsara va anticipando el viaje del alma de la anciana hacia un nuevo nacimiento. Y los hermosos paisajes intermareales gallegos que, con sus afanes y conversaciones, hacían tan magnética la contemplación de Costa da Morte se convierten aquí en sublimes en esas costas africanas en las que unas niñas escuchan relatos masais y juegan absortas con  caracoles y cangrejos mientras sus mayores hablan del agua y recolectan algas. Son dos horas sublimes en las que Lois Patiño nos cautiva con  la armonía de las imágenes y los sonidos, con el culto a la belleza abstracta de los paisajes y las palabras y con esa apacible manera de mover la cámara y cuidar los tiempos en cada plano. El suyo es cine sanador. Como contemplar la forma en que los humanos se dejan acariciar por los paisajes.

martes, 8 de diciembre de 2020

Lúa Vermella

de Lois Patiño. España, 2020. 84’.
8 de diciembre de 2020. X Festival Márgenes. Filmin. V.O.S.

Lugareños hieráticos. Voces interiores que expresan temores y recuerdos. De la bestia del mar. De la inmensa presa que también parece un monstruo que engulle. El Rubio salió con su barco a por él. Ayer. Mañana. Dentro de mil años. Pero se ahogó en medio de un rugido que todos oyeron en la aldea. Es el tiempo de la luna roja. Y con ayuda de las meigas el Rubio regresará de entre los peces muertos. Como un Jonás de saliera de la gran presa.

Lois Patiño nos ofrece el relato telúrico y elusivo propio de un Nietzsche gallego. Su película está llena de imágenes bellísimas  en las que, además de gentes de Camariñas y Lemos, también hay rocas, vacas y hasta fantasmas (quizá meigas) con sábanas blancas sobre fondo rojo. Muchas planos son verdaderos bodegones paisajísticos. Y hay también espejos formando parte de escenas interiores o de performances intermareales. La belleza de una fotografía que en el tramo final sufre un deslizamiento hacia el rojo, la poética de unos textos íntimos y populares y unas transiciones casi abstractas que tienen la fuerza hidráulica y sísmica de las fotografías de Pablo Genovés, hacen que la estética crepuscular de Lúa Vermella resulte fascinante. Es una película distinta que cautiva por la cadencia del sonido, por la fuerza de las imágenes y por las sugerencias casi míticas del relato. Aunque quizá sea más propia de los museos de arte contemporáneo que de las salas de cine.

domingo, 19 de enero de 2014

Costa da morte

de Lois Patiño. España, 2013. 81’. 
19 de enero de 2014. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Leñadores, pescadores, cazadores, paseantes, marineros, bañistas, mariscadoras, campaneros, percebeiros, bomberos... Los afanes cotidianos de un paisanaje en un paisaje. El de la costa de la muerte.

Gente en sitios. Con permiso de Cavestany, ese también podría ser el título del documental de Patiño. Las dos películas comparten una mirada aparentemente incidental sobre gentes diversas en lugares concretos. Los de Cavestany son siempre urbanos y algo oníricos. Los de Patiño están en los bordes de un territorio muy real. En lugares que, más que filmados, parecen retratados con encuadres casi pictóricos (como esas mariscadoras que recuerdan a las figuras de Genovés). En Costa da morte la pantalla es como una ventana desde la que contemplamos paisajes abiertos en hermosos planos fijos de duración variable. Las personas se ven lejos, sin rostros definidos. Pero las oímos muy cerca. Nos sentimos casi al lado de esas gentes que pegan la hebra en medio de paisajes cautivadores. Las escenas se encadenan con parsimonia. La justa para disfrutar con lo que se ve y lo que se oye. Con las imágenes de esos percebeiros que parecen cangrejos refugiándose cuando llega la ola. Con los diálogos entre esos marineros que lamentan y justifican el nombre de su territorio. El documental llega al Niemeyer con mucho prestigio (premiado en Locarno y Sevilla, ha inaugurado el último festival de Márgenes). Nos lo presenta esta noche el propio Lois Patiño que responde amablemente a las curiosidades del público conocedor del lugar. También nos comenta esa intencional dualidad de unos paisajes abiertos en los que sentimos muy cerca, casi táctilmente, la vida cotidiana de unas gentes que vemos siempre a lo lejos. Grata película y grato encuentro el de esta noche. Retomamos así en el nuevo año una buena costumbre. La de recibir (con llenazo) en el cine del Niemeyer a buenos directores que nos presentan buenas películas.