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sábado, 30 de octubre de 2021

La habitación

de Roman Vasyanov. Rusia, 2021. 123’.
30 de octubre de 2021. Teatro Zorrilla, 66º Semana Internacional de Cine de Valladolid (Punto de Encuentro). V.O.S.

Una residencia en la que viven muchos jóvenes compartiendo habitaciones en la URSS de los años ochenta. Hay intensidad en las relaciones y tensiones soterradas. Hasta que el suicidio de una chica que huye de la presión depredadora del marido de la gobernanta hace que los problemas se multipliquen y la comunidad parezca salvaje.

No es una película distópica pero por momentos lo parece. Lo opresivo de los espacios y lo tóxico de las relaciones hace que esta historia coral sobre una comunidad juvenil que vemos descontextualizada parezca tener algo de metáfora orwelliana.  Pero, aunque no se exploren esas vías hermenéuticas, la película de Roman Vasyanov cuenta con unos intérpretes tan bien conjuntados y tiene una fuerza y una intensidad dramática tan notable que, ya solo por la manera en que se muestra la aspereza de ese entorno y esas circunstancias, La habitación resulta un caleidoscopio antropológico del mayor interés cinematográfico.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Razzhimaya Kulaki

de Kira Kovalenko. Rusia, 2021. 97’.
25 de septiembre de 2021. Teatro Victoria Eugenia, 69º Festival de San Sebastián. V.O.S.

Ada vive agobiada por la presión cariñosa de su hermano y de un pretendiente. Cada día espera el regreso de su otro hermano que se fue a otra ciudad y podría ayudarla a escapar del continuo control de su padre. Las secuelas que sufre desde el asalto a la escuela de Beslán hacen que, para poder llevar una vida normal, necesite una nueva operación. Pero su padre se opone porque no quiere que corra ningún riesgo más.

El entorno de Osetia del Norte en que se desarrolla esta historia no puede ser más desolador y, aunque la masacre en la escuela de Beslán en 2004 apenas es mencionada, su sombra preside una película que tiene su mayor mérito en la forma en que nos hace sentir la asfixia que siente la protagonista por la presión de unos personajes masculinos que, a fuerza de quererla y de querer protegerla, le hacen la vida imposible. Formalmente áspera y sin subrayados, la película de Kira Kovalenko consigue hacer ver que los micromachismos más sofocantes quizá sean son los que se basan en el afecto.

martes, 13 de julio de 2021

Queridos camaradas

de Andrei Konchalovsky. Rusia, 2020. 120.
13 de julio de 2021. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

En 1962 Lyudmila tiene un cargo relevante en el partido comunista de Novocherkask. Son días difíciles en la ciudad con subidas insoportables de precios y escasez de productos básicos. Los trabajadores de una gran fábrica local se declaran en huelga y eso es algo inconcebible para el estado soviético. Lyudmila es partidaria de no tolerarlo, pero su forma de ver las cosas irá cambiando cuando vea la masacre que el KGB provoca una mañana entre los manifestantes y el empeño que Moscú pone en cerrar la ciudad e impedir que nadie hable de lo que ha pasado. El drama de esta mujer es aún mayor porque entre los muertos que se han enterrado clandestinamente podría estar su hija, una joven que participaba en las movilizaciones y con la que tenía fuertes desacuerdos políticos.

El director de El cartero de las noches blancas y de esa obra de arte mayor titulada Paraíso nos ofrece otra magnífica película en este retrato que es a la vez un drama familiar y un documento histórico de gran calado político. El personaje de Lyudmila está interpretado magníficamente por Yuliya Vysotskaya, la actriz que también hizo un trabajo extraordinario en Paraíso. Una ambientación impecable, un blanco y negro muy elegante y una relación de aspecto 4:3 que le da un aire aún más clásico a una película con vocación de serlo, hacen que ya solo en lo formal sea una delicia contemplar (en versión original) esta magnífica película. Pero Andrei Konchalovsky nos muestra además el drama de una mujer que quiere seguir creyendo en los ideales que dieron sentido a su vida pero sabe que enfrentarse a ellos es lo que hace tan digna y peligrosa la conducta de su hija. Seguramente los rusos, además de recuperar la memoria de aquellos hechos terribles, encontrarán en la película de Konchalovsky otras claves que quizá pudieran tener que ver con su presente. Por ejemplo, me queda la duda de si la añoranza de la mano firme de Stalin que la protagonista manifiesta no estará también sirviendo de espejo crítico sobre la adhesión que buena parte del pueblo ruso parece sentir ahora hacia su caudillo. No sé si Konchalovsky tendría esa intención, pero si así fuera así le añadiría otra valiosa capa a su magnífica película.

martes, 30 de marzo de 2021

El profesor de persa

de Vadim Perelman. Rusia, 2020. 127’.
30 de marzo de 2021. Casa de la Cultura, Avilés.

Un francés se salva de morir fusilado por los nazis diciendo que él no es judío sino persa. El jefe de cocina del campo de concentración al que le llevan quiere aprender esa lengua, así que el prisionero conservará su vida mientras le enseñe palabras de una lengua que él tampoco conoce.

La historia se presenta como inspirada en hechos reales, aunque no se dice hasta qué punto. De hecho, parte de lo que se muestra no parece verosímil y muchas de las situaciones tienen más que ver con los clichés de los retratos cinematográficos del nazismo que con un relato original. En la escena final, el protagonista consigue facilitar los nombres de más de dos mil personas que pasaron por el campo porque los había memorizado para inventar palabras en sus clases de persa. Pero ni siquiera ese momento emotivo consigue compensar una película que se hace larga y, sobre todo, innecesaria.

lunes, 9 de noviembre de 2020

La guerra de Anna

 de Aleksey Fedorchenko. Rusia, 2018. 74’.
 9 de noviembre de 2020. 17 Festival de Sevilla (sección: Las nuevas olas). Filmin. V.O.S.

Una niña sale de entre los muertos. Está medio enterrada junto a otras personas que han sido asesinadas por los nazis. Es en Ucrania, durante la guerra. La niña ha conseguido salir viva pero ya no tiene a nadie. En el primer momento unos ancianos la amparan, pero luego la llevan a un edificio escolar que parece abandonado. Durante el día se esconde en el hueco de una chimenea para que no la encuentren los soldados nazis que lo han ocupado.

Una niña feral en medio de la guerra. Eso parece esta pequeña que tiene que buscarse la vida en un lugar en el que ya no existe. Durante hora y cuarto  seguimos el deambular mudo de esta niña nadie que solo cuenta con la compañía de un gato. La ambientación transmite la soledad y el frío que padece cada día y cada noche esta niña desamparada. Y también el miedo.  El que sienten los inocentes en medio de las guerras.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Conference

de Ivan I. Tverdovskiy. Rusia, 2020. 135’.
 7 de noviembre de 2020. 17 Festival de Sevilla (sección: Las nuevas olas). Filmin. V.O.S.

Natasha organiza todos los años un acto de homenaje catártico a la tragedia que ella y más de ochocientas personas vivieron como rehenes de terroristas chechenos en el teatro Dubrovka de Moscú. Cada año participan menos personas y en su familia le reprochan que lo siga organizando. El encuentro tendrá lugar en el propio teatro y durante varias horas los asistentes compartirán terribles recuerdos de aquellos días.

Una película radicalmente teatral. Por el contenido, por la forma y por el texto. Concebida como un tríptico formalmente muy sobrio y de gran realismo, la primera parte y la última se centran en el entorno familiar de Natasha, mientras que la segunda, notabilísima, tiene lugar en el propio teatro y nos ofrece con una fuerza impresionante los recuerdos de aquella tragedia por parte de quienes siguen queriendo recordarla y quizá conjurarla. El referente es histórico y, para quienes supimos de ella, aquellos hechos tienen la escala de las tragedias más extremas tanto por la acción de quienes los provocaron como por la forma en que el gobierno ruso decidió resolverlos (otra tragedia inconmensurable fue la que tuvo lugar dos años después con la masacre en la escuela de Beslan en Osetia del Norte). Así que  Ivan I. Tverdovskiy nos ofrece una película de alto calado documental en la que la obscenidad insoportable se evita al plantear el relato como evocaciones muy emotivas pero sosegadas que también permiten reflexionar sobre la forma en que cabe afrontar los traumas. El guion de la película y la forma en que se desarrolla en su parte central me hacen desear que algún autor o director teatral la vea y se plantee la forma de llevarla al escenario. O mejor dicho, al patio de butacas.

domingo, 10 de mayo de 2020

Andrey Tarkovsky. A cinema prayer

de Andrey A. Tarkovsky. Rusia, 2019. 97.
10 de mayo de 2020. D'A Film Festival Barcelona. Filmin, Avilés. V.O.S.
 
La vida y la obra de Andrey Tarkovsky desde la elegante mirada de su hijo. Vemos imágenes personales, momentos de sus películas y algunos paisajes que fueron relevantes para aquel gran director. Y también escuchamos su voz poética y lúcida. La de un hombre para quien el cine podía ser hierofanía.

"Lo específico del cine es que registra y expresa el tiempo". Lo dice la voz de Tarkovsky en este documental que, en cierto modo, también registra su propio tiempo, el de un director que esculpía como nadie el tiempo y que además sabía que lo estaba haciendo. Este no es solo un bellísimo documental sobre un gran director. Es un documento del mayor interés filosófico y estético (valga la redundancia). Una reivindicación de la trascendencia cotidiana. De esa manifestación de lo sublime que está en la mirada. La que sabe mostrar y la que sabe ver. Gracias Tarkovsky. Gracias a los dos.

martes, 24 de diciembre de 2019

Dovlatov

de Alexey German Jr. Rusia, 2018. 126’.
22 de diciembre de 2019. Teatro Filarmónica, Oviedo. V.O.S.

Las dificultades de un escritor empeñado en no someterse a las presiones que sufre su oficio en la URSS de los setenta. Vemos a Dovlatov con sus amigos en Leningrado luchando por abrirse camino en la literatura rusa y enfrentándose a la imposibilidad de publicar sin renunciar a su independencia. 

El ambiente bohemio y cómplice de los artistas rusos está magníficamente retratado con esa fotografía de colores cálidos en tiempos muy fríos. De hecho, me interesa más ese entorno urbano y humano que las peripecias de un personaje con cuya gestualidad empatizo menos que con sus circunstancias. Alexey German consigue que resulten fascinantes cada plano y cada escena de una historia sosegadamente dramática que tiene como escenario la misma ciudad en la que Kantemir Balagov sitúa veintitantos años antes la historia de esa joya titulada aquí como Una gran mujer. Estos días la ponen en Los Prados, así que mañana la volveré a ver. Lo hago porque la película es estupenda, pero también porque la oferta cinematográfica en las salas comerciales asturianas es raquítica. Menos mal que también existen salas públicas como el Teatro Filarmónica y programaciones tan notables como las de Radar. Sin ellas, serían insoportables meses como este en los que productos industriales como Frozen o Star Wars secuestran a las salas y a los públicos de una forma que me recuerda a aquellas Semanas Santas en blanco y negro en las que las procesiones parecían obligatorias y también nos dejaban sin alternativas en los cines y en la tele.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Un joven ruso

de Alexander Zolotukhin. Rusia, 2019. 72.
1 de diciembre de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Un jovencísimo soldado ruso queda ciego en su trinchera tras un ataque con gas durante la Primera Guerra Mundial. Él no quiere volver a casa así que le encargan vigilar el cielo y avisar cuando escuche que llegan aviones alemanes.

¿Puede haber mayor desamparo que ser ciego en una guerra? El desasosiego que produce la situación de este soldado, que ya parecía desvalido antes de perder la vista, es aún mayor con ese grano historicista y esa relación de aspecto casi cuadrada que tiene la película. Pero las imágenes y sonidos de la guerra se entremezclan con los del ensayo de una orquesta que bien podría estar preparando ahora algo así como la banda sonora de la película. Así que la sensación de inmersión y distanciamiento simultáneos que tiene el espectador hacen extraña y a la vez poética la contemplación del infortunio del joven soldado. Alexander Zolotukhin consigue que este ensayo sobre la ceguera y la guerra lo sea también literalmente en su singular película.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Una gran mujer

de Kantemir Balagov. Rusia, 2019. 130’.
27 de septiembre de 2019. Teatro Victoria Eugenia, 67º Festival de San Sebastián (sección: Perlas). V.O.S.
23 de diciembre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Al terminar la guerra Iya trabaja de enfermera en un hospital de Leningrado. También cuida del bebé de Masha, la amiga con la que sufrió lo indecible en el frente. Seguramente por eso tiene de vez en cuando momentos en que se queda como congelada. Uno de ellos tendrá consecuencias dramáticas. Y cambiará las vidas de las dos.

Tras la extraordinaria Demasiado cerca, no quería perderme en este festival la segunda película de Kantemir Balagov. Se programa en la sección Perlas y estoy seguro que habrá  pocas (no solo este año) tan extraordinarias como la de este director que sabe mostrar como nadie las periferias existenciales de las guerras. Y no solo de las guerras, también de las maternidades dramáticas, de las eutanasias terribles y de los amores desfallecidos con personajes y tramas paralelas que darían para otras magníficas películas (la del médico abnegado, la del vecino enamorado o la del hijo pánfilo de la jerarca comunista). Lo que aquí nos cuenta Balagov tiene la urdimbre y la complejidad de las tragedias clásicas. Una tremenda mirada ética que hace aún más relevante la estética sublime de las imágenes que en cada escena y en cada plano nos ofrecen un material depurado y cautivador. Recuerda Peter Brook que la mejor lección que recibió sobre estética se la debe a un maestro que le desveló que lo que tienen en común todas las artes es el ritmo. La materia del cine es el tiempo así que la tesis de Brook parece en él incuestionable. Pero la extraordinaria cadencia con que Balagov usa el rojo y el verde en esta película (y también el naranja y el amarillo de los cabellos pelirrojos y pajizos de las protagonistas) demuestra que la perfección rítmica también puede hallarse en las cadencias cromáticas. Y todo eso contando con unas interpretaciones singulares y portentosas a cargo de Viktoria Miroshnichenko y Vasilisa Perelygina, dos actrices que, para pasmo del espectador,  es la primera vez que hacen una película. Y esto no es la primera vez que lo hace Balagov: imposible olvidar la interpretación de Darya Zhovner en Demasiado cerca, la anterior perla de este director.  Una gran mujer solo tiene un defecto: el título que le han puesto aquí. Pero de eso no tiene ninguna culpa Balagov. Él solo nos ofrece (nada menos) una experiencia estética y ética tan áspera como fascinante. Sin duda, comparable a las que nos deparan algunas pinturas en los mejores museos. Así que seguiremos atentos a su cine.      

jueves, 28 de junio de 2018

Demasiado cerca

de Kantemir Balagov. Rusia, 2017. 118.
28 de junio de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Una familia judía de una república caucásica tiene que afrontar el drama del secuestro del hijo menor y su mujer. Para pagar el rescate tendrán que venderlo todo.

Demasiado cerca es una opera prima impresionante. Balagov nos cuenta esta historia desde el punto de vista de la hija mayor, una joven magníficamente interpretada por Darya Zhovner que tiene una intensa complicidad con los personajes masculinos: ese padre amigo y compañero, ese hermano amado y rival y también ese amante rústico y sosegado. Su contrapunto es la madre. Ella adora al hijo perdido y está dispuesta a todo por él. La elegantísima fotografía es cálida y oscura a la vez y el formato 4:3 enfatiza el realismo de una historia que tiene algo de tragedia griega. Seguramente se nos escapan algunas claves contextuales de la historia (la integración -o no- de las comunidades judias en ese entorno, el papel de la religión en esa zona tan desconocida para nosotros, el significado de ese terrible video en VHS sobre matanzas en Chechenia que ven sin querer unos jóvenes...), pero Demasiado cerca es una magnífica película que cuenta con unas interpretaciones portentosas (no solo la de Darya Zhovner) y una dirección sobresaliente a cargo de este joven cineasta ruso llamado Kantemir Bagalov. Ojalá podamos ver pronto en España lo próximo que haga.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Sin amor

de Andrey Zvyagintsev. Rusia, 2017. 128.
7 de febrero de 2018. Cines Van Dyck, Salamanca.

Un matrimonio que está en trámites de divorcio y pendiente de vender su piso no sabe qué hacer con su hijo de doce años. Cada uno ya tiene una nueva pareja con la que es feliz, pero los encuentros entre los dos muestran lo mucho que se detestan. Hasta que el hijo desaparece y durante unos días la búsqueda los mantiene obligadamente unidos.

Vuelvo por décimo año a las sesiones del master de Estudios Sociales de la Ciencia y como siempre me paso por mis queridos cines Van Dyck. El duro temporal que me ha puesto difícil este viaje se prolonga en esta película radicalmente invernal en la que Zvyagintsev vuelve a demostrar su maestría (como en Elena y en Leviathan) para retratar con aspereza aspectos nada reconfortantes de la sociedad rusa. En este caso las relaciones de esta familia en descomposición en cuyo trasfondo intuimos también unos cambios en las formas de vida de su país hacia los que este magnífico director no parece nada complaciente. El contraste entre la forma en que viven sus protagonistas la relación que están finiquitando y la que cada uno de ellos inicia con su otra pareja tiene un contrapunto pesimista en ese epílogo que parece concluir que los afectos así planteados les acabarán devolviendo al punto de partida. Por lo demás, los discursos paralelos sobre la religión y sobre Ucrania que escuchamos en la radio o en el televisor añaden una nota más de pesimismo a este desasosegante relato. La belleza inicial de las imágenes invernales del río y esa cinta que el niño cuelga en la rama de un árbol, quizá como anuncio de peligros de los que la naturaleza no escapaz de proteger, son casi un símbolo de la descorazonadora mirada de este director que tanto parece echar en falta algo de compasión en las criaturas que retrata.

sábado, 25 de febrero de 2017

Zoology

de Ivan I. Tverdovskiy. Rusia, 2016. 87.
25 de febrero de 2017. Laboral Cinemateca, Gijón. V.O.S.

Natasha lleva una vida triste. Trabaja en las oficinas de un zoológico y sus compañeras se mofan de ella. En casa vive con su madre, una mujer mayor con la que no puede sincerarse. Pero le vendría bien. Especialmente ahora que tiene un problema que la hace sufrir. Su médico ha pedido unas radiografías para analizar la cola que le ha aparecido. En esa embarazosa situación Natasha conoce a Pyotr, un joven radiólogo con el que empezará a salir.

La cola pone un punto surrealista en esta historia triste. Sin ella Zoology ya sería una película interesante por su mirada atenta a los pequeños detalles cotidianos, especialmente los de los entornos médicos. Pero la cola y el joven amante hacen más turbadora la historia de esta mujer madura y solitaria que solo parece sentirse cómoda con los animales enjaulados. Zoology es una rareza que se ve con agrado. Aunque traiga cola.

martes, 22 de noviembre de 2016

Paraíso

de Andrei Konchalovsky. Rusia, 2016. 130’.
22 de noviembre de 2016. Teatro Jovellanos, 54º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.

Tres personajes enlazados en aquel tiempo terrible. Un policía francés que colabora con la Gestapo. Una aristócrata rusa detenida por esconder a dos niños judíos. Y un aristócrata alemán que ve en el nazismo la oportunidad para hacer real el paraíso alemán en la Tierra. Tras haber sido amantes hace años, él la encuentra en el campo de concentración que supervisa al final de la guerra.

Tres historias tan singulares como paradigmáticas y magníficamente hilvanadas en este nuevo retrato imprescindible sobre los horrores de aquel tiempo. Un blanco y negro sumamente oportuno. Un formato 4:3 que es tan pertinente en las imágenes de las declaraciones y reflexiones de los tres protagonistas (luego sabremos desde dónde nos hablan) como en las variadísimas escenas que muestran la intimidad familiar de los colaboracionistas franceses, la felicidad estival que compartieron las élites europeas de entreguerras o los espacios creados para industrializar el infierno. Andrei Konchalovsky apuesta por una película de aire mucho más clásico y discursivo que el de El cartero de las noches blancas, su anterior película. En el tema que trata, en la fuerza de sus imágenes, en la elegancia de los encuadres y en la originalidad de la forma de plantear el relato (trufado por esas confesiones que al principio se hacen extrañas pero luego resultan muy reveladoras) encuentro algún parentesco con la extraordinaria Ida de Pawel Pawlikowski. Aquella joya comenzó hace tres años en este festival el itinerario de premios y reconocimientos que logró en todo el mundo. Nada me extrañaría (ni lamentaría) que Paraíso también los tuviera en esta edición.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Qué difícil es ser un dios

de Aleksey German. Rusia, 2013. 177’.
12 de noviembre de 2015. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.


Quizá en la Edad Media, quizá en otro planeta, seguimos en medio del barro y la barbarie a un personaje llamado Don que se mueve entre unos seres alucinados que lo consideran un dios.

Igual que en un cuadro infernal de Brueghel el Viejo, pero en blanco y negro. Con largos planos secuencia en escenarios abigarrados. Con lluvia, barro, niebla, vísceras, gallinas y humanos (vivos o muertos) embrutecidos. No soy capaz de seguir la historia (si la hay), pero me fascinan unas imágenes en las que esas bestias humanas miran a la cámara como lo harían los habitantes hacinados de una ciudad medieval llena de despojos a la que llegara alguien para hacer un documental hiperrealista. Pero lo que cautiva durante media hora se hace muy pesado en casi tres. Tanto que una parte del público no resiste y se va. Otra parece integrarse en el surrealismo eotécnico de la película y reacciona con risas cuando lo escatológico se hace insoportable.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

El cartero de las noches blancas

de Andrei Konchalovsky. Rusia, 2014. 100’.
4 de noviembre de 2015. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.


Un cartero recorre a diario los alrededores del lago Kenozero. Llevando el correo, pagando pensiones y haciendo otros encargos mantiene conectados a los habitantes de esa zona remota. Lo seguimos durante algunos días de ese momento del año en que no hay noches. 

Vivir cada día en el norte de Rusia. El tono de documental realista (la mayoría de las personas que vemos son lo que parecen) tiene leves contrapuntos poéticos como ese gato gris que se le aparece solo a él o los planos de sus chanclas mañaneras y de los insectos. Por lo demás, El cartero de las noches blancas muestra la tristeza de unas vidas ensimismadas que parecen invernales incluso en el verano septentrional en que las vemos.

domingo, 15 de febrero de 2015

Red Army

de Gabe Polsky. Rusia, 2014. 76.
15 de febrero de 2015. Cines Verdi, Madrid. V.O.S.
 
Slava Fetisov fue el capitán del equipo soviético de hockey sobre hielo en los tiempos de la guerra fría. El juego y las victorias del equipo hacían de sus jugadores verdaderos héroes nacionales. Hasta que algunos de ellos dejaron el país para jugar en la liga americana. Fetisov pasó de héroe a maldito antes de llegar a ser ministro de deportes con Putin.

Aunque no llegué a verlo entonces, tenía buenas referencias de este documental que estuvo en noviembre en el festival de Gijón. Es la historia de unos deportistas admirados, pero también la de los cambios de un país que pasó del comunismo al sálvese quien pueda. Las declaraciones de los hombres maduros están muy bien intercaladas con las imágenes en la pista cuando eran jóvenes deportistas. Aunque aparente ser solo la historia de unos jugadores de hockey Red Army es un interesante documental político con notable interés histórico.

jueves, 12 de febrero de 2015

Leviathan

de Andrey Zvyagintsev. Rusia, 2014. 141.
12 de febrero de 2015. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

El alcalde mafioso ha conseguido su propósito y la casa de Kolya será expropiada. Su amigo Dmitriy viene de Moscú para ayudarle con informaciones comprometedoras sobre el alcalde. Pero las cosas se complican cuando Kolya descubre que su mujer y su amigo son amantes.

El leviatán bíblico y el de Hobbes en los textos y subtextos de este drama. Un cura ortodoxo cita expresamente al primero. El retrato de Putin en el despacho del cacique parece simbolizar al segundo. Los leviatanes de la Rusia eterna podrían estar también aludidos por esos restos de barcos y ballenas que pueblan esos bellísimos paisajes extremos.  Como en su magnífica Elena, Zvyagintsev compone un intenso drama familiar en el que también hay un hijo a punto de extraviarse. Pero en este Leviathan no importan solo los personajes. También las atmósferas resultan a un tiempo hermosísimas e inquietantes con esa luz baja a la que saca el mejor partido la primorosa fotografía de la película. Y con esa música del Akenatón de Philip Glass que la abre y la cierra de forma tan rotunda. Aunque la historia no fuera tan poderosa y la denuncia de la trama entre poder político y religioso no fuera tan contundente, la película ya sería más que notable por el papel protagónico de ese paisaje costero que es casi un personaje extremo. A pesar de las diferencias, hay algo en este Leviathan que me ha recordado la intensidad de aquel paisaje continental que Nuri Bilge Ceylan retrató entre dos luces en Erase una vez en Anatolia. Las dos historias muestran intensos dramas mínimos enmarcados en inmensos paisajes opresivos en los que se hace más tremendo el poder de las burocracias rurales y de los aparatos policiales y judiciales al servicio de los caciques.

jueves, 21 de febrero de 2013

Chaika

de Miguel Ángel Jiménez. España-Georgia-Rusia, 2012. 100’.
20 de febrero de 2013. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

Ahysa conoce a Asylbek en alta mar, en el barco en que él es marinero y ella prostituta. Con Tursyn recién nacido se dirigen a las estepas siberianas en las que vive la familia de él y, unos años después, a Kazajistán donde vive la de ella. La muerte de su abuelo es la ocasión para que, ya adulto, Tursyn rememore sus orígenes.

La desolación de los paisajes enmarca la de esas vidas. Unas llanuras inhóspitas por las que pasan ferrocarriles y despegan cohetes son los escenarios de una película con pretensiones existenciales y personajes desvalidos. La belleza casi mediterránea de  Ahysa parece inverosímil en medio de un paisaje y un paisanaje que hacen parecer divertida la vida en aquel monasterio rumano que Mungiu mostró más allá de unas colinas.