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sábado, 26 de septiembre de 2026

Tender Loving Care

de Mike Leigh. Reino Unido, 2026. 107’.
26 de septiembre de 2026. Teatro Victoria Eugenia, 74º Festival de San Sebastián. (Concha de Oro). V.O.S.

Tras el fracaso de su relación con un hombre casado, Amy vuelve a compartir casa con su querida amiga Rosie. Las dos trabajan en servicios sociales y, aunque sus afanes les dan muchos sinsabores, tienen entre si una complicidad maravillosa. Los padres de Amy se van haciendo mayores y se preocupan por la felicidad de ella. Las cosas se harán más difíciles cuando él, un hombre bueno y cariñoso, empiece a tener confusiones preocupantes. 
 
Si la Concha de Oro ha sido por la trayectoria de Mike Leigh, es un premio justo. No sé si otras películas de la sección oficial también la habrían merecido, pero lo cierto es que con esta Concha de Oro también se reivindica la capacidad del cine para retratar la alegría, el cariño, la compasión y la ternura. Por tanto, sea o no la película testamentaria de Mike Leigh, Tender Loving Care forma un perfecto díptico emocional con De repente, la película de Ryûsuke Hamaguchi que hemos visto esta tarde. Así que la fortuna ha hecho que las películas que hemos visto estos días quizá hayan formado la mejor selección de los años que venimos acudiendo al festival de San Sebastián. Ninguna nos ha defraudado y todas podrían merecer algún premio en sus respectivas secciones. No puede terminar mejor, por tanto, este fin de semana donostiarra que es para nosotros como un epílogo feliz del verano.

Josephine

de Beth de Araújo. EE.UU., 2026. 120’.
26 de septiembre de 2026. Teatro Victoria Eugenia, 74º Festival de San Sebastián (Sección Perlak). V.O.S.

Una  niña de ocho años sale una mañana temprano con su padre para entrenar en un parque de San Francisco. En un momento en que está sola, contempla tras un árbol cómo un joven viola a una chica. Su padre llama a la policía y ayuda a los agentes a buscarlo. La niña no entiende lo que ha pasado. Tampoco las discrepancias entre sus padres sobre la forma de protegerla. Ni el papel que ella tendrá en el juicio.    
 
Beth de Araújo logra mantenernos todo el tiempo en el punto de vista de la niña. Desde los primeros segundos, con esa cámara subjetiva tan retadora, ella es siempre la protagonista. Se trata de un relato sobre la violencia sexual, pero también es una reflexión sobre el mal, sobre la inocencia y sobre las formas de afrontar el miedo en la cultura norteamericana contemporánea. El azar ha colocado a esa niña frente a algo que no puede manejar, por eso la presencia hierática y fantasmal del agresor en el entorno de la niña es una forma perfecta de retratar la tormenta emocional a la que ha de enfrentarse sin que le sirvan de ayuda los consejos y las presiones de los adultos. La escena del comienzo en el coche de policía y de la parte final en el juicio muestran también la rigidez y aspereza institucional en situaciones como esa. Por lo demás, Josephine despertará interesantes debates sobre las responsabilidades parentales,  sobre lo que se debe ocultar o no a los niños, sobre la cultura de la violación y sobre las causas y consecuencias del miedo. No tiene mucho que ver, pero por la contención, la hondura de los temas y los bretes dilemáticos en que nos coloca, el trabajo de Beth de Araújo en Josephine me ha recordado al de Fran Kranz en Mass. Nada menos.

sábado, 27 de septiembre de 2025

Los domingos

de Alauda Ruiz de Azúa. España, 2025. 115’.
27 de septiembre de 2025. Teatro Victoria Eugenia, 73º Festival de San Sebastián. (Concha de Oro)

Ainara está terminando sus estudios en un colegio religioso de Bilbao. El próximo curso debería ir a la universidad, pero ella ha sentido la llamada de la fe y está pensando en meterse monja. Para ello debe empezar un proceso de discernimiento vocacional y le pide a su padre que la deje pasar unas semanas en un convento. Él no tiene claro que deba impedírselo, pero a su tía se la llevan los demonios. 
 
Al final de mi reseña de Cinco lobitos decía que, con aquel guion excelente y aquella realización primorosa, Alauda Ruiz de Azúa se unía a la creciente lista de directoras españolas que podrían ganar con todo merecimiento cualquier festival. Ella lo ha hecho con esta película que vemos en esta sesión final en que se proyecta la ganadora de la Concha de Oro. Los domingos trata un tema que resulta extraño en estos tiempos en que en muchos católicos españoles, más que la fe y la moral, domina la impostura (solo hay que ver la forma en que las derechas aplauden aquí el belicismo sionista, repudian cualquier atisbo de compasión hacia los inmigrantes y no parece sonarles de nada aquella parábola sobre un camello y el ojo de una aguja). En este sentido, Alauda Ruiz de Azúa tiene el acierto de ubicar esta historia en una familia vasca y conseguir algo tan difícil como mantenerse en el fiel de la balanza entre las razones de la tía y los motivos del padre. Sin duda, con esta película conseguirá que a la salida del cine haya debate, surjan argumentos y aparezca más de un interrogante sobre el catolicismo y la fe. Incluso también puede salir la cuestión de la responsabilidad y los límites de la tutela y la educación, porque también de esto trata esta estupenda película. Por otra parte, tanto en Cinco lobitos como aquí, Alauda Ruiz de Azúa demuestra un virtuosismo poco común en la manera de abordar las relaciones familiares con un naturalismo y un tino sorprendentes en los diálogos. Reconozco que, en estos tiempos en que en muchos conventos españoles quizá haya más monjas procedentes de países que miran al Pacífico o al Índico que al Cantábrico o al Mediterráneo, el tema de esta película me resulta inesperado. Como lo sería otra película sobre una joven de la misma edad de Ainara a la que su padre no le dejara ir a la universidad porque se empeña en que antes pase tres años de discernimiento vocacional en los cuarteles, como hicieron con él y con su abuelo. Creo que esa otra película podría ser también muy interesante. Y aunque pareciera poco verosímil, estaría basada en hechos reales. Por lo demás, ha sido estupendo lo que hemos visto en estos dos días en el festival. Ningún reproche a esta Concha de Oro y al Premio Especial del Jurado para las Historias del buen valle de José Luis Guerín. Y, por una vez, plena sintonía con el Premio del Público que le ha dado la mayor puntuación de la historia del Zinemaldía a La voz de Hind. Tan solo lamento que apenas hayan sido premiadas las películas argentinas. Espero que, ya sea en la Seminci o en el festival de Gijón, podamos ver  este otoño las que se han proyectado aquí. Y es que, en estos tiempos mileicos, todo reconocimiento a la calidad del aquel cine es también un apoyo a los creadores argentinos que están siendo tan injustamente maltratados en estos tiempos difíciles.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Frankenstein

de Guillermo del Toro. EE.UU., 2025. 149’.
26 de septiembre de 2025. Teatro Victoria Eugenia, 73º Festival de San Sebastián (película sorpresa). V.O.S.

De camino al Polo Norte un barco rescata a un hombre asediado por un monstruo. Aquel es Víctor y este es Frankenstein. Uno tras otro, le contarán al capitán su historia. La del creador y la criatura.
 
No nos gusta elegir la película sorpresa cuando venimos al festival de San Sebastián, pero en este caso sabíamos que habría un gran actor vasco (Jacob Elordi) y que la película sería grandiosa. Como apenas se proyectará en cines (los de Netflix ya hicieron la misma tropelía con El Irlandés y Roma) decidimos ver aquí la última de Guillermo del Toro. Y acertamos porque sus imágenes merecen ser vistas en lugares tan imponentes como el Teatro Victoria Eugenia. El preámbulo polar enmarca magníficamente esta historia que se cuenta desde los dos puntos de vista. Ya solo por la escenografía, la fotografía y la imaginería de personajes y lugares creados por Guillermo del Toro, Frankenstein resulta una experiencia que se debe ver en pantalla grande. Pero las referencias a Prometeo, al catolicismo o al Paraíso perdido de Milton o las reflexiones sobre la pesadilla de la inmortalidad (que tanto anhelan los más impresentables de nuestro mundo) hacen que esta película sea bastante más que un producto satisfactorio para el público palomitero. Así que la proyección sorpresa no lo ha sido para nosotros, pero la hemos disfrutado mucho.

sábado, 28 de septiembre de 2024

Tardes de soledad

de Albert Serra. España, 2024. 125’.
28 de septiembre de 2024. Teatro Victoria Eugenia, 72º Festival de San Sebastián (Concha de Oro).
17 de noviembre de 2024. Teatro Jovellanos, 62º Festival de Cine de Gijón (pase especial). 

Los toros y Andrés Roca Rey. Son los protagonistas absolutos. A él lo vemos en el hotel siendo ayudado a vestirse de luces, en el microbús con su cuadrilla cuando va o vuelve de la plaza y, sobre todo, en la arena, plantándole cara a los toros. A ellos los vemos de noche en el campo, enfrentándose al torero en el coso, muriendo en las tablas y finalmente arrastrados por la arena.

No sé si dentro de cincuenta años habrá corridas de toros en España. Pero seguramente la película de Albert Serra seguirá siendo el mejor testimonio cinematográfico sobre ellas y una película tan sorprendente como El perro andaluz de Buñuel. Nada menos. Las decisiones formales son magníficas. Sin comentarios, sin subrayados, sumando la verdad del cine a la verdad del toreo. La elección de Andrés Roca Rey (casi un trasunto de José Tomás) es muy acertada. Es el torero valiente y silente con gestualidad máxima frente al toro y contención extrema fuera de la plaza. Apenas lo oímos más que cuando grita al toro en el coso. Del toro escuchamos siempre su respiración, desde esa noche intemporal en el campo con que se abre la película y parece estrenarse el mundo, hasta cuando busca el engaño que el torero le ofrece y finalmente expira con la puntilla. Albert Serra no nos hurta nada de la esencia del toreo. Al contrario, destila su violencia, su sangre, su peligro y su belleza. Y para ello evita las músicas y el encuadre tópico igual que Rafael Sánchez Ferlosio detestaba la bella página. Es imagen pura y sonido certero para retratar la intimidad del encuentro entre los dos protagonistas de esa fiesta trágica. Los que ven en ella una ceremonia ancestral disfrutarán de haber estado en su centro. Los que ven tragedia y brutalidad humana encontrarán pruebas sangrientas de todo ello. El público de la plaza está muy presente, pero siempre en fuera de campo. Solo lo oímos y sus gritos espantados nos hacen partícipes no solo de la brutal cogida en las tablas a Andrés Roca Rey sino de otro espanto casi en el mismo momento (luego sabremos por la cuadrilla que Cayetano también cayó en la arena y que se había lanzado al ruedo "como un perro" para ayudar a su compañero). La proyección en el Victoria Eugenia era muy tarde y tenía bastante riesgo de sueño, pero quizá sea la película que he visto más despierto desde hace mucho tiempo. El resto del público que había agotado las entradas creo que también ha estado bien despierto. Precisamente por eso, muchos abandonaron la sala, supongo que espantados por lo que estaban viendo. La Concha de Oro ha sido concedida por unanimidad ante esta obra de arte que, como todo arte (¿también el toreo?) suscita disputas. El jurado lo presidía Jaione Camborda, la directora de O Corno y de él formaban parte una escritora (Leila Guerriero) y un cineasta (Ulrich Seidl) a los que admiro. Así que me alegro de que su criterio no me haya defraudado. También me alegro por Albert Serra. Siempre hace buenas faenas, pero con esta ha conseguido plantarse en los medios. 

sábado, 30 de septiembre de 2023

O corno

de Jaione Camborda. España, 2023. 103’.
30 de septiembre de 2023. Teatro Victoria Eugenia, 71º Festival de San Sebastián (Concha de Oro). V.O.S.

En 1971 una mujer ayuda a parir a otra en la isla de Arousa. Es María, la bondad hecha persona. Después ayudará a abortar a la hija de aquella mujer. Pero las cosas se complican y tendrá que huir a tierras portuguesas. Y a los dos lados del río otras mujeres también la ayudarán.

Sororidad rural en tiempos en que el aborto se practicaba con efectos terribles para muchas mujeres (unas morían y otras eran encarceladas por intentar ayudarlas). En Cuatro Meses, tres semanas, dos días Cristian Mungiu nos contó muy bien cómo era ese drama en Rumanía y Audrey Diwan hizo lo mismo desde Francia con  El acontecimiento. Jaione Camborda nos muestra cómo eran las cosas en España con esta historia galaicoportuguesa que ha recibido la Concha de Oro en esta edición del festival. Lo mejor de O cormo son, para mí, dos cosas.  Por una parte, la magnífica interpretación de Janet Novás, que está extraordinaria en un trabajo lleno de tacto en el que ha sabido mostrar y demostrar que hablar y escuchar, acariciar y sostener son los verbos que mejor expresan la solidaridad entre las personas en los trances más críticos y la sororidad con las mujeres que quieren ser madres y también con las que no. Su trabajo en el papel de María (muy bien acompañada por el resto del elenco) es magnífico. Por otra parte, son de una fisicidad inolvidable y una intensidad que traspasa la pantalla esas conmovedoras y prodigiosas escenas, radicalmente femeninas, de los dos partos que abren y cierran la película y ese aborto adolescente que hace de bisagra en el arco dramático de la historia tan oportunamente colocado justo después de la escena en que ese mago (y amante)  parte en dos el cuerpo de una mujer.  No sé si esas escenas y la forma como Jaione Camborda consigue vertebrar esta historia hacen que O corno merezca la Concha de Oro más que otras películas. Pero de lo que no hay duda es que son momentos magníficos e inolvidables.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Los reyes del mundo

de Laura Mora Ortega. Colombia, 2022. 103’.
24 de septiembre de 2022. Teatro Victoria Eugenia, 70º Festival de San Sebastián (Concha de Oro).

Cinco chicos dejan las calles de Medellín para ir hasta el pueblo en que vivía la abuela de uno de ellos. Allí ella tenía una casa y unas tierras que, como único heredero, ahora le corresponden a él. Son los frutos de los acuerdos de paz para los desplazados y una pequeña esperanza para estos nadies urbanos. 

La Concha de Oro se la lleva a Colombia Laura Mora Ortega por esta magnífica película en la que todo lo han hecho mujeres menos protagonizar ese viaje. Y eso lo han hecho muy bien estos chicos. Es una historia poética de principio a fin ("un día todos los hombres se quedaron dormidos") y una película de periplos tan iniciáticos como si el río de Vietnam en el que se buscaba al coronel Kurtz estuviera en el valle del Cauca o si estuviera en Itaca la la casita anhelada por este Ulises colombiano. Los reyes del mundo es también juguetona hasta más allá de todos los límites (¡qué vértigo esas imágenes de las bicicletas y el camión!) y demuestra que finalmente solo la fraternidad y la esperanza ayudan a sobrevivir. En esto nuestro fin de semana en el festival donostiarra ha empezado y terminado con esa misma idea de la mano de los Dardenne y de Laura Mora Ortega. El de ella es, sin duda, cine comprometido con la realidad de su país, con el destino de los nadies, con la belleza de los paisajes y con el arte que hace posible llevar todo ello a la pantalla. Por suerte, la calidad de Los reyes del mundo ha sido reconocida con una Concha de Oro que difícilmente podrá ser más merecida por ninguna otra película. Así que han sido (otra vez) dos días deliciosos en San Sebastián en los que hemos podido disfrutar mucho dentro y fuera de las salas de cine. Volveremos.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Tori y Lokita

de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne. Bélgica, 2022. 88’.
23 de septiembre de 2022. Teatro Victoria Eugenia, 70º Festival de San Sebastián (sección: Perlak). V.O.S.

A Tori le han dado los papeles para vivir en Bélgica pero a Lokita no. Él es un  niño avispado que corría peligro de muerte en su país y ella es una adolescente sensata que le quiere y le cuida. Los dos se adoran más que si fueran hermanos. De hecho, pretenden pasar por tales para que a Lokita no la expulsen de Bélgica. Tori está en un centro de menores y va al colegio y ella trabaja para un cocinero llevando droga a sus clientes. Quiere mandarle dinero a su madre pero aún tiene que pagar la deuda del viaje. Así que no le queda más remedio que pasar tres meses encerrada atendiendo la nave en la que ese tipo cultiva la droga.

Llegamos a San Sebastían y comenzamos este fin de semana en el festival con la última película de los Dardenne. Los dos hermanos belgas y Mbundu Joely, la actriz protagonista, presentan la película esta tarde y, tras la proyección, reciben la ovación del público. Tori y Lokita tiene menos nudos morales que otras películas suyas pero la misma intensidad y emoción. La fraternidad de estos hermanos que no lo son parece nacer de la imperiosa necesidad de no sentirse solos en un mundo ajeno y hostil. Y es que, en situaciones así, cuidar y querer a alguien parece la única manera de sobrevivir. La historia de Tori y Lokita es sencilla y concreta. Por eso es universal. Sin maniqueísmos didácticos ni resortes sensibleros, el naturalismo de los Dardenne nos muestra que la bondad y el sufrimiento pueden tener la piel negra. Y que la maldad se nutre precisamente de que nadie parezca darse cuenta.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Razzhimaya Kulaki

de Kira Kovalenko. Rusia, 2021. 97’.
25 de septiembre de 2021. Teatro Victoria Eugenia, 69º Festival de San Sebastián. V.O.S.

Ada vive agobiada por la presión cariñosa de su hermano y de un pretendiente. Cada día espera el regreso de su otro hermano que se fue a otra ciudad y podría ayudarla a escapar del continuo control de su padre. Las secuelas que sufre desde el asalto a la escuela de Beslán hacen que, para poder llevar una vida normal, necesite una nueva operación. Pero su padre se opone porque no quiere que corra ningún riesgo más.

El entorno de Osetia del Norte en que se desarrolla esta historia no puede ser más desolador y, aunque la masacre en la escuela de Beslán en 2004 apenas es mencionada, su sombra preside una película que tiene su mayor mérito en la forma en que nos hace sentir la asfixia que siente la protagonista por la presión de unos personajes masculinos que, a fuerza de quererla y de querer protegerla, le hacen la vida imposible. Formalmente áspera y sin subrayados, la película de Kira Kovalenko consigue hacer ver que los micromachismos más sofocantes quizá sean son los que se basan en el afecto.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Atlantique

de Mati Diop. Senegal, 2019. 100’.
28 de septiembre de 2019. Teatro Victoria Eugenia, 67º Festival de San Sebastián (sección: Zabaltegui). V.O.S.

Los trabajadores de una torre futurista que se construye en Dákar llevan tiempo sin cobrar sus salarios. Souleimane es uno de ellos y está muy enamorado de Ada, una chica que se va a casar con un joven potentado al que no ama. Souleimane y sus compañeros se hacen a la mar en una patera con el propósito de llegar a España. Pero la patera naufraga y todos mueren. Sin embargo, algunas noches sus espíritus vuelven para reclamar los salarios que se les debía. El de Souleimane solo quiere encontrarse con Ada.

La naturalidad con que se muestran los entornos periurbanos de Dákar y la tierna belleza de las historias de estos jóvenes senegaleses son lo mejor de una película a la que no perjudica la arriesgada apuesta por integrar a los fantasmas. Sin embargo, algunas incoherencias en la historia (muchos dicen haber visto a Souleimane cuando el modo en que regresan estos fantasmas es a traves de los cuerpos de sus novias) hacen que la película de Mati Diop no alcance plenamente la calidad que podría haber tenido. En todo caso,  no debe ser nada fácil hacer cine en Senegal y, sin embargo, Atlantique es algo más que una película correcta.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Una gran mujer

de Kantemir Balagov. Rusia, 2019. 130’.
27 de septiembre de 2019. Teatro Victoria Eugenia, 67º Festival de San Sebastián (sección: Perlas). V.O.S.
23 de diciembre de 2019. Cines Los Prados, Oviedo.

Al terminar la guerra Iya trabaja de enfermera en un hospital de Leningrado. También cuida del bebé de Masha, la amiga con la que sufrió lo indecible en el frente. Seguramente por eso tiene de vez en cuando momentos en que se queda como congelada. Uno de ellos tendrá consecuencias dramáticas. Y cambiará las vidas de las dos.

Tras la extraordinaria Demasiado cerca, no quería perderme en este festival la segunda película de Kantemir Balagov. Se programa en la sección Perlas y estoy seguro que habrá  pocas (no solo este año) tan extraordinarias como la de este director que sabe mostrar como nadie las periferias existenciales de las guerras. Y no solo de las guerras, también de las maternidades dramáticas, de las eutanasias terribles y de los amores desfallecidos con personajes y tramas paralelas que darían para otras magníficas películas (la del médico abnegado, la del vecino enamorado o la del hijo pánfilo de la jerarca comunista). Lo que aquí nos cuenta Balagov tiene la urdimbre y la complejidad de las tragedias clásicas. Una tremenda mirada ética que hace aún más relevante la estética sublime de las imágenes que en cada escena y en cada plano nos ofrecen un material depurado y cautivador. Recuerda Peter Brook que la mejor lección que recibió sobre estética se la debe a un maestro que le desveló que lo que tienen en común todas las artes es el ritmo. La materia del cine es el tiempo así que la tesis de Brook parece en él incuestionable. Pero la extraordinaria cadencia con que Balagov usa el rojo y el verde en esta película (y también el naranja y el amarillo de los cabellos pelirrojos y pajizos de las protagonistas) demuestra que la perfección rítmica también puede hallarse en las cadencias cromáticas. Y todo eso contando con unas interpretaciones singulares y portentosas a cargo de Viktoria Miroshnichenko y Vasilisa Perelygina, dos actrices que, para pasmo del espectador,  es la primera vez que hacen una película. Y esto no es la primera vez que lo hace Balagov: imposible olvidar la interpretación de Darya Zhovner en Demasiado cerca, la anterior perla de este director.  Una gran mujer solo tiene un defecto: el título que le han puesto aquí. Pero de eso no tiene ninguna culpa Balagov. Él solo nos ofrece (nada menos) una experiencia estética y ética tan áspera como fascinante. Sin duda, comparable a las que nos deparan algunas pinturas en los mejores museos. Así que seguiremos atentos a su cine.