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miércoles, 20 de noviembre de 2024

When the Light Breaks

de Rúnar Rúnarsson. Islandia, 2024. 82’.
20 de noviembre de 2024. Teatro Jovellanos. 62º Festival de Cine de Gijón (sección: Albar). V.O.S.

En un atardecer junto al mar Diddi le dice a Una que romperá con su novia para poder estar con ella. Esa noche duermen juntos y él sale por la mañana temprano. Pero no llegará a hablar con Klara porque un terrible accidente en un túnel acabará con su vida. La jornada será muy difícil para Una. La pasará con los amigos de Diddi. Y también con Klara.

El director de las magníficas Gorriones y Volcán ha venido esta tarde a Gijón para presentar esta nueva película que, como el resto de su cine, combina sobriedad, elegancia y emoción a partir de una dirección de actores impecable, una fotografía sobriamente hermosa y una delicada atención al encuadre. Resonancias y contrastes tan perfectos como las de las  luces (y puntos de fuga) en ese túnel trágico y en el plano final en el mar, o momentos tan hermosos como el del vuelo sobre la fachada de la iglesia o el de los rostros en el cristal, demuestran que la contención es compatible con el virtuosismo formal. El coloquio fue casi como la película: tranquilo, profundo, sincero y lleno de matices. Me parece muy probable (y muy justo) que Rúnar Rúnarsson se vaya con un premio grande de este festival. Ojalá que sirva para que sus películas (y en general las islandesas) se vean más aquí.

sábado, 28 de octubre de 2017

Volcán

de Rúnar Rúnarsson. Islandia, 2011. 97’.
28 de octubre de 2017. Cines Broadway, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid. V.O.S.

Hannes se acaba de jubilar. Su mal carácter hace que su hijo y su hija se lleven mucho mejor con su madre que con él. Así que donde mejor se encuentra es saliendo a pescar. Pero pronto tendrá que dejar de hacerlo. Por el estado de su vieja barca y porque su mujer sufre un ictus que la deja postrada. A partir de ese momento él se dedica solo a cuidarla. Y vuelve a pensar en aquella isla que tuvieron que dejar por la erupción de un volcán.

Islandia es el país invitado en esta edición de la Seminci. Un país pequeño del que en los últimos años hemos visto películas muy grandes. Por ejemplo esta conmovedora historia del director de Sparrows, la magnífica película que hace dos años recibió una merecidísima Concha de Oro en el festival de San Sebastián. Aquí también hay espejos, encuadres impecables y una reflexión subyugante sobre una masculinidad desventurada. Volcano es dos años anterior a Amor, la muy valorada película de Haneke. Pero con más contención que el austriaco, Rúnarsson es capaz de mostrarnos el mismo drama con una notable sutileza en la construcción del personaje masculino. Ojalá que podamos ver el resto del cine de Rúnarsson en España. Y que nos sigan llegando más películas de Islandia. Porque el cine de ese país casi nunca me defrauda.

martes, 20 de septiembre de 2016

Sparrows

de Rúnar Rúnarsson. Islandia, 2015. 99.
20 de septiembre de 2016. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Ari tiene que dejar Reikiavik para irse a vivir con su padre al noroeste. Él no se ha ocupado del chico desde que se separó de su madre. Así que los únicos afectos que Ari tiene allí son el de su abuela y el de una amiga con la que jugaba de niño. Pero, cuando más la necesita, la abuela muere y, aunque le sigue queriendo, aquella chica ya tiene novio.

Un verano invernal para este ángel desdichado que se inicia en el sexo y el amor con dramática ternura. La contención del relato, la belleza de la música, la elegancia de los encuadres, la pertinencia de los espejos y la magnífica interpretación de Atli Oskar Fjalarsson justifican sobradamente la Concha de Oro en el festival de San Sebastián.  Sparrows es una nueva prueba del excelente nivel del último cine islandés (del que no es la única ni la mejor muestra la exitosa Rams de Grímur Hákonarson). La de Rúnar Rúnarsson es una historia contenida y hermosa en la que es imposible no sentir empatía por este adolescente callado de voz preciosa que sufre lo indecible en esta tierra de nadie que para nosotros es un paisaje bellamente desolado y para él un callejón sin salida en un momento crucial de su vida. Lo que se intuye sobre la separación de sus padres o los esbozos del carácter de la abuela ya darían para otras estupendas películas, lo que da idea de la gran calidad de esta. Y es que, en su tramo final, Rúnarsson consigue hacer cine sublime permitiendo que su personaje cierre esta historia (y abra otra en nuestra imaginación) con una de las mentiras más bellas, piadosas y delicadas que yo haya visto en una pantalla. Es una escena crucial y perfecta que, por lo demás, tiene una magnífica simetría con la agridulce iniciación sexual de Ari en la escena con la mujer madura. Cine mayúsculo el de esta historia islandesa con la que hoy se abre la programación de otoño en la Casa de la Cultura.