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miércoles, 26 de marzo de 2025

8

de Julio Medem. España, 2025. 126’.
26 de marzo de 2025. Cines Parqueastur, Corvera.

Octavio y Adela nacieron el 14 de abril de 1931. Él en una familia de derechas y ella en una republicana. A lo largo de sus vidas tuvieron encuentros intermitentes que vemos en ocho capítulos, algunos muy apasionados y otros muy desgraciados. Hasta que la muerte les unió para siempre en ese mismo día, noventa años después.
 
Paz, piedad, perdón. Medem no lo cita, pero el famoso alegato de Azaña late bajo esta recapitulación de la historia reciente de España que parece evocar (y querer conjurar) ese icono ibérico que es el Duelo a garrotazos de Goya. Pero sus ocho capítulos, más que una selección de episodios nacionales, pueden ser vistos como las entregas de un folletín. Y está claro que Medem es mucho más Medem en las primeras. Quizá por eso Ana Rujas está magnífica en las edades espléndidas, pero en las tardías parece menos creíble. Eso sí, el pulso de la cámara, las atmósferas del relato y la banda sonora son una delicia. Quizá el tono de la historia, la linealidad de sus capítulos y la decisión de acoplarlos (a veces de forma forzada) a momentos emblemáticos de la historia del país, hace que la película pierda el brío que podría tener si Medem insistiera más en su querencia por los azares mágicos y apasionados, justo lo que hace más singular y fascinante su cine. Él es un cineasta que siempre ha arriesgado y, quizá por ello, ha sido mal tratado por la crítica, especialmente desde La pelota vasca. Si este 8 lo firmara Almodóvar seguramente se habría recibido como una gran obra con muchas probabilidades de ganar un Oscar.

lunes, 5 de noviembre de 2018

El árbol de la sangre

de Julio Medem. España, 2018. 130’.
5 de noviembre de 2018. Cines Parqueastur, Corvera.

Marc y Rebeca vuelven al caserío de sus antepasados. Quieren compartir y escribir la historia de algunos de ellos. Lo hacen muy cerca de un frondoso árbol lleno de ramas que se cruzan. Como sus recuerdos amorosos y los secretos de sus familias.

Otra vez los mundos poéticos de Julio Medem. Esos que entreveran amores necesarios y sensualidades memorables con imágenes poderosas y músicas intensísimas (sospecho que Lucas Vidal merecerá un Goya por esta). Son historias barrocas que no temen al exceso, que trenzan líneas narrativas complejas pero inteligibles y emotivas. En El árbol de la sangre Medem nos sitúa en el centro de la construcción del propio relato. El que va escribiendo esta pareja con un intenso pasado y un presente confuso. Recuperando vacas y paisajes vascos la película tiene el aroma del Medem más cautivador. El de La ardilla roja, Lucía y el sexo, Tierra, Los amantes del círculo polar o Habitación en Roma. Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes están muy bien en los papeles protagonistas. Y es una gratísima sorpresa que a sus recuerdos les den vida unos secundarios de lujo como Ángela Molina, José María Pou, Emilio Gutiérrez Caba o Nawja Nimri. Al comienzo de la historia los dos amantes acuerdan dejar fuera del relato a la política. Y es que Julio Medem tiene buenos motivos para permitirse esa ironía en un país en el que se le trató tan mal por La pelota vasca. Así que la política, la buena política, está también presente como subtexto en El árbol de la sangre (hasta en el título). Por eso no me parece casual que haya vacas norteñas y toros andaluces, que esta historia de amor tenga como protagonistas a un catalán y a una vasca, que en la generación anterior haya gentes de los que ganaron la guerra y también niños que tuvieron que huir a Rusia. O que los carteles de películas que decoran la habitación alicantina sean los de Alas de mariposa (del vasco Juanma Bajo Ullóa), Pa negre (del catalán Agustí Villaronga) y Volver (del españolísimo Pedro Almodóvar). Así que muy bien por Julio Medem. Por los textos y los subtextos de esta hermosa y tremenda historia y por la coherencia de su trayectoria.