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sábado, 7 de diciembre de 2019

Los dos papas

de Fernando Meirelles. Reino Unido, 2019. 126’.
7 de diciembre de 2019. Cines Verdi, Barcelona. V.O.S.

El cardenal Bergoglio va a Roma para pedir permiso al papá para retirarse. Pero antes de salir de Buenos Aires recibe una invitación del Vaticano precisamente para que vaya a ver al papá. Serán encuentros muy cordiales en los que los dos hablarán de muchas cosas y en los que Benedicto XVI le anticipará si intención de dejar de ser papa. Bergoglio regresará a Buenos Aires sabiendo que pronto será Francisco.

La última vez que estuvimos en Barcelona vimos en los cines Boliche El viaje, otra película basada en hechos reales en la que dos hombres muy distintos tenían otro encuentro privado de gran trascendencia pública. La película de Meirelles tiene algo que ver con la de Hamm. Al menos en el gran interés de lo que cuenta, en la calidad del guión y en las excelentes interpretaciones de los actores. De hecho, Jonathan Pryce y Anthony Hopkins consiguen que todo el tiempo creamos estar viendo a Bergoglio y a Benedicto en lugares tan fascinantes como Casteldandolfo, la Capilla Sixtina o las estancias privadas del papa. La elegancia de los encuadres y la calidad del montaje son los que uno espera del cine de Meirelles. Pero el director brasileño consigue dar a este encuentro un interés, una verosimilitud y hasta un punto divertido que hacen que sea una delicia ver esta película. Y sobre todo poder verla en las mejores condiciones, las de la enorme sala de los renovados cines Verdi de Barcelona. Algo que no sería posible en otros lugares porque lamentablemente esta película la produce Netflix y ya sabemos lo que eso implica.

martes, 16 de julio de 2013

360. Juego de destinos

de Fernando Meirelles. Reino Unido, 2011. 112’.
15 de julio de 2013. Cines Marta, Avilés.


Una eslovaca se inicia en la prostitución con su hermana siempre pendiente de ella. Un matrimonio inglés tiene tentaciones adúlteras. Una joven brasileña deja a un novio infiel. Un hombre mayor busca a su hija desaparecida hace años. Un recluso por delitos sexuales se expone a la tentación. Un dentista musulmán ama a una mujer casada. El ayudante de un mafioso quiere abandonarlo. Esas son las encrucijadas de unas vidas que se entretejen levemente en una ronda que tiene como escenarios Viena, Londres, París, Denver, Phoenix y de nuevo Viena.

Aunque no estuvieran los siempre magnéticos Jude Law, Rachel Weisz o Anthony Hopkins la película también sería estupenda. Seguir la vida de una persona a la que le pasa algo interesante,  cambiar de objetivo cuando se cruza alguien a quien también apetece seguir, hacer de esos fragmentos una serie de eslabones que terminan por cerrar una cadena. De eso va esta película. Las buenas historias no siempre necesitan nexos causales. A veces solo leves conjunciones. Si me atrapa y es coherente no me importa que una historia resulte improbable. Es cine. Y en este caso también literatura. Me fascina lo que les sucede a esos tres personajes en una noche de nieve en el aeropuerto de Denver, me gustaría que el dentista musulmán resolviera bien su dilema y desearía que no tuviera fin el encuentro entre la bella y la bestia en ese periplo de 360º por Viena. Meirelles ha hecho que me interesen esos trozos de vidas y que les desee lo mejor. Para mi es más que suficiente. Y es que esta historia no quiere ser trepidante como Ciudad de Dios, ni establecer tesis globales como las de González Iñárritu en Babel. Por eso defraudará a quienes busquen algo de aquellas en este Juego de destinos. Pero no a quienes disfrutamos jugando a cruzar las pequeñas historias que surgen ante nosotros y a imaginar que la vida tiene sentido. O que podríamos dárselo.