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lunes, 29 de septiembre de 2025

Maspalomas

de José Mari Goenaga y Aitor Arregi. España, 2025. 115.
29 de septiembre de 2025. Cines Ocimax, Gijón. V.O.S.

Vicente es un homosexual vasco que a sus setenta y seis años lleva una vida feliz en Maspalomas. Hasta que se ve obligado a volver a San Sebastián al cuidado de su hija, con la que hace tiempo que no tiene relación y ahora lo ingresa en una residencia. Allí tendrá que volver al armario y soportar una forma de vida que no va con él.  
 
El tema es la homosexualidad en la edad tardía, pero también la reclusión  de la ancianidad. El tono es contenido, delicado y a la vez explícito. Y aunque tiene nada que ver con el de El agente topo, viendo esta magnífica película me he acordado de la estupenda historia que Maite Alberdi que también daba mucho que pensar sobre la vida en las residencias postreras. José Ramón Soroiz hace un trabajo soberbio interpretando a ese personaje, contenido y contemplativo, que cambiará su visión de las cosas, pero no tanto como para olvidar las dunas canarias y dejarse domesticar. Maspalomas también trata un tema tan infrecuente como las formas en que se vive (o se oculta) la homosexualidad en la madurez. Y sin plantearlo directamente también da bastante que pensar sobre las diferencias entre la masculina y la femenina. De hecho, lo que siente y hace protagonista de esta película sería muy distinto si en lugar de llamarse Vicente se llamara Vicenta. Por lo demás, es más que notable la capacidad de José Mari Goenaga, Aitor Arregi y Jon Garaño (es decir, el colectivo Moriarti) para hacer películas tan estupendas y tan distintas como Handía, La trinchera infinita, Marco y, por supuesto, Maspalomas.
 
Si no llevo mal la cuenta, con esta son 2.500 las películas que llevo reseñadas en este blog. Y seguimos en el cine... 

lunes, 11 de noviembre de 2024

Marco

de Aitor Arregi y Jon Garaño. España, 2024. 101.
11 de noviembre de 2024. Cines Parqueastur, Corvera.

Desde finales de los setenta Enric Marco decía que había estado prisionero en el campo de concentración de Flossenburg. Su relato era tan convincente que dio muchas charlas para el reconocimiento de los deportados españoles y llegó a presidir la asociación Amical Mauthausen de España. Hasta que en 2005 un historiador desveló que no había estado allí.

La tragedia de un hombre ridículo. El título de la película de Bertolucci también podría ser la de esta. Los directores de Handía y La trinchera infinita consiguen que vuelva a dar mucha tristeza aquella impostura que tanta vergüenza causó cuando fue descubierta. Hay algo que me provoca compasión en la agonía de esas vidas ejemplares que desde lo más alto caen en desgracia y uno casi les desea que por piedad se los trague la tierra (en la política actual hay ejemplos notorios). Por eso no siento la más mínima complicidad con las ironías y las risas de un Javier Cercas al que vemos en imágenes reales en aquel acto de presentación de su libro al que acudió e intervino aquel desventurado anciano. Pero entre las virtudes de esta película triste está la interpretación superlativa que, con la voz y con el gesto, hace el gran Eduard Fernández. Tras El 47, esa otra maravilla de Marcel Barrena que también ha protagonizado, creo que este año deberían darse al menos cinco Goyas a los intérpretes masculinos (dos para él, otro para Antonio de la Torre por Los destellos, de Pilar Palomero, y otros dos para José Sacristán y Mario Casas por Escape, de Rodrigo Cortés). Eduard Fernández mereció sobradamente el Max de este año por la obra Todas las canciones de amor, de Andrés Lima,  y la verdad es que encuentro ecos de aquella voz dubitativa y dulce de su madre en la forma en que ha conseguido que sienta compasión recordando con esta película la tragedia de aquel hombre ridículo.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La trinchera infinita

de Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga. España, 2019. 147.
6 de noviembre de 2019. Cines Parqueastur, Avilés.

Higinio corre un gran peligro en su pueblo andaluz. Él había sido concejal de izquierdas durante la República y, tras delatarlo un vecino, los sublevados lo buscan para matarlo. Con la ayuda de Rosa sobrevivirá como un topo en un agujero que ha preparado en su propia casa. Durante más de treinta años.

De los autores de Loreak y Handía ya esperaba esta perfección en la reconstrucción de los ambientes y en la evolución del relato. Es una historia íntima y opresiva que podría tener cierto parentesco con las sensaciones de aquel agobiante Enterrado de Rodrigo Cortés. Pero en La trinchera infinita la tensión se dilata y la historia no es estresante. Aunque sus dos horas y media se pasan en un suspiro y uno jamás mira el reloj, la sensación es la de estar acompañando durante muchos años a esta familia de doble vida en la que el marido (y luego padre) nos hace observar el mundo desde las mirillas de su agujero. En un dilatado fuera de campo intuimos la evolución del franquismo que está muy bien retratada desde la penetrante mirada de este hombre encarcelado en su propia casa. Belén Cuesta y Antonio de la Torre están perfectos en esta historia que tiene un guión impecable de andalucísimo hiperrealismo. De la Torre consigue una vez más bordar un papel inolvidable por el que, si no recibe el Goya, será porque el jurado se ha equivocado o porque el nivel de los actores españoles es extraordinario. La trinchera infinita es un relato conmovedor, una lección de buen cine y también una lección de historia. Otra película española absolutamente imprescindible.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Handía

de Jon Garaño y Aitor Arregi. España, 2017. 114’.
1 de noviembre de 2017. Cines Golem Alhóndiga, Bilbao. V.O.S.

Durante la primera guerra carlista un padre guipuzcoano tiene que decidir cuál de sus hijos va a la guerra. Será Martín que vuelve con un brazo inútil tras recibir un disparo en el campo de batalla. Cuando regresa al caserío su hermano Joaquín se ha convertido en un gigante. Handía, así se dice en euskera y así quiere él que le llamen en las ferias y espectáculos en los que se exhibe por Europa.

En esta fugaz escapada a Bilbao para visitar algunas exposiciones (magnífica la retrospectiva de Bill Viola en el Guggenheim y muy agradable la de la colección de Alicia Koplowitz en el Bellas Artes) nos encontramos con que podemos ver Handía en versión original en los Golem de la Alhóndiga (que afortunados son los bilbaínos teniendo un lugar como este). Así que no nos hemos perdido matices de la película como que el gigante solo hablaba euskera y hemos podido conocer el significado de su título conversando con una amable espectadora que nos lo explicó a la salida. Magníficamente ambientada, Handía es un relato con cierta voluntad poética sobre la vida de aquel grandullón que nació en Guipúzcoa hace casi dos siglos. Es una película de atmósferas y sentimientos que nos muestra una intrahistoria peculiar en los tiempos y los espacios en que se forjó el carlismo cuando todavía no era un mito. Pero el gigante no es el único protagonista de esta hermosa historia. Lo es también la intensa relación fraternal que tiene con Martín, ese hermano que renuncia a su sueño americano para acompañarlo en unos espectáculos que ahora parecerían pateticos, pero que la película sabe presentar de forma conmoverora. Está claro que quienes hicieron Loreak no han perdido aliento poético y han sabido contarnos, con el tono más adecuado, una singular historia radicalmente local que, quizá por eso, se hace tan interesante.