de Clint Bentley. EE.UU., 2025. 102’.
3 de enero de 2026. Netflix. V.O.S.
sábado, 3 de enero de 2026
Sueños de trenes
domingo, 3 de marzo de 2024
Dune
de Denis Villeneuve. EE.UU., 2021. 155’.
3 de marzo de 2024. Netflix. V.O.S.
martes, 14 de noviembre de 2023
El asesino
de David Fincher. EE.UU., 2023. 118’.
14 de noviembre de 2023. Netflix. V.O.S.
El asesino casi nunca dice nada. Pero escuchamos constantemente su voz reflexiva, repetitiva y ensimismada. David Fincher consigue que los gestos, la parsimonia y la contención sean mucho más interesantes en esta historia que la frialdad de los asesinatos. Por la planificación y soltura en sus periplos internacionales, el personaje de Michael Fassbender me ha resultado tan hipnótico como el de George Clooney en Up in the air. Pero nada que ver. Este asesino es gélido mientras que era fácil ponerse en la piel de aquel viajante que también tenía encargos penosos. En todo caso, entre la voz narrativa y la soltura del protagonista, David Fincher consigue que estas dos horas resulten muy interesantes.
domingo, 17 de septiembre de 2023
El conde
de Pablo Larraín. Chile, 2023. 110’.
17 de septiembre de 2023. Netflix
Al final creo que Kissinger, Nixon, Reagan, Thatcher, Aguirre y Ayuso se han salido con la suya. Medio siglo después del bombardeo de La Moneda es imposible ver la última película de Pablo Larraín fuera de Netflix, ese vampiro audiovisual que (junto con Amazon y algunos otros) vive de chuparle la sangre al cine hincando el diente al espectador. Que Pinochet era un vampiro yo lo supe cuando vino a España en noviembre de 1975 para el funeral de Franco y lo vi con su capa en televisión. Así que Larraín acierta plenamente con ese blanco y negro elegante y sangriento que nos presenta al príncipe chileno del neoliberalismo a sangre y fuego como un ser que nació con los albores del capitalismo y, en cierto modo, sigue sobrevolando nuestras ciudades. Ir más allá de la recreación documental, haciendo que la bestia trascienda su tiempo, quizá sea la mejor manera de tratar con el horror. El Conde tiene además un guion impecable en el que lo más verosímil resulta obscenamente cómico, y tiene también una escenografía y una fotografía cautivadoras que por momentos parecen expresionistas o el contrapunto trágico de aquel ángel que Wim Wenders puso en el Cielo sobre Berlín. Para tanto y tan acertado atrevimiento (ya marca de la casa) ha contado con un elenco magnífico en el que (sin caracterizaciones manieristas) Jaime Vadell está soberbio en el papel del general vampiro. Le acompañan intérpretes chilenos de los que soy siempre devoto (Alfredo Castro, Antonia Zegers) o a los que había visto menos pero también están espléndidos (Amparo Noguera, Gloria Münchmeyer, Paula Luchsinger). Ojalá que Pablo Larraín siga siendo tan original y chilenísimo y pueda volver a hacer cine para el cine. No para esas plataformas vampíricas que atomizan al público y vacían las ciudades.
miércoles, 28 de diciembre de 2022
Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion
de Rian Johnson. EE.UU., 2022. 139’.
28 de diciembre de 2022. Netflix. V.O.S.
Rian Jonhson podría haberse inspirado en ese tipo de potentados que últimamente han surgido en la Costa Oeste de Estados Unidos para el personaje de ese anfitrión imbécil que protagoniza su nueva película. Sin embargo, la historia se queda muy lejos de Puñales por la espalda (la primera). Además, tiene la mala fortuna de coincidir en la cartelera con El menú una película en la que también hay un grupo selecto en una isla, pero lo que allí les pasa interesa mucho más.
lunes, 26 de diciembre de 2022
Sin novedad en el frente
de Edward Berger. Alemania, 2022. 147’.
26 de diciembre de 2022. Netflix. V.O.S.
Aunque el punto de vista es el de un soldado alemán y no inglés, Sin novedad en el frente tiene bastante que ver con 1917. En la crudeza con que se presenta la guerra y en el homenaje a la magistral Senderos de gloria de Kubrick. Como la novela original y las anteriores versiones de esta historia, Berger tiene propósitos antibelicistas. Pero su obra también puede ser del gusto de quienes entienden la guerra como un espectáculo estético de primera magnitud (sobre eso ya nos advertía Walter Benjamin). La alegría inicial de los niños reclutas y los cálculos estratégicos de los que deciden el devenir de la guerra no se darían si todo eso no fuera siempre cosa de hombres. Ya lo decía Molly Bloom en el Ulises de Joyce: las mujeres nunca hacen las guerras. Así que Putin no es el único malo en estos tiempos difíciles. Lo son, y lo han sido siempre, quienes no dedican los tiempos de paz a destruir las armas y a desmantelar sus fábricas. Al final van a tener razón el abuelo y el bisabuelo de Pacífico Pérez en Las guerras de nuestros antepasados, la novela de Delibes. Decían que cada generación ha de tener su guerra. Cada generación de hombres se entiende. Porque la guerra es esa cosa testosterónica que reniega de lo humano.
domingo, 2 de octubre de 2022
Blonde
de Andrew Dominik. EE.UU, 2022. 166’.
2 de octubre de 2022. Netflix. V.O.S.
Andrew Dominik no lo hace nada mal pero no es Pablo Larraín. Marilyn (y Norma) seguramente daría más juego que Jackie (Kennedy) o (Diana) Spencer, pero las dos películas anglosajonas del chileno resultan bastante mejores que esta. De todas formas hay bastante originalidad en la forma de contar la historia, de poner la cámara y de organizar este relato sobre una mujer aplastada por su personaje. Sin embargo, al ser un retrato radicalmente doliente y sin concesiones a la brillantez de la actriz (hablo de Marilyn, no de Ana de Armas que está magnífica todo el tiempo), el resultado se hace demasiado largo y opresivo. Además, al poner tanto acento en la ausencia del padre y la imposibilidad del hijo (quizá la responsable de eso sea Oates) se acaba debilitando a la protagonista de una historia que, por lo demás, ya está consolidada en el imaginario icónico del siglo XX. A diferencia de Amy, en Blonde no se equilibra la dramática trayectoria de la protagonista con una reivindicación de sus cualidades artísticas. Pero la que está que se sale es Ana de Armas. Pura Marilyn. Pura calidad interpretativa que ya huele a Oscar. O a algo mucho mejor: un futuro muy prometedor.






