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sábado, 20 de febrero de 2021

Luz silenciosa

de Carlos Reygadas. México, 2007. 142’.
20 de febrero de 2021. Filmin. V.O.S.

Johan y Esther son agricultores  de la comunidad menonita en Chichaua. Con sus seis hijos forman una familia tradicional con una vida rutinaria si no fuera porque Johan tiene una relación amorosa con Marianne y, aunque se siente culpable, no es capaz de dejarla.

La película se abre con un cielo estrellado que precede a la luz del amanecer y se cierra con una luz crepuscular que antecede a la noche. También con un reloj de pared que Johan detiene al inicio y que se pondrá en marcha de nuevo al final. Luz silenciosa es parsimoniosa, cuidadísima en los encuadres y en los sonidos que escuchamos dentro y fuera de campo. El exotismo de esta comunidad ensimismada en Chihuahua resulta muy oportuno para esta reflexión demorada sobre la familia, el amor y la culpa, tres temas recurrentes en el cine de Reygadas. Está claro que sus películas no son para públicos apresurados o impacientes, pero Luz silenciosa ofrece estampas y atmósferas conmovedoras a quienes saben disfrutar con un tipo de cine que respeta a los espectadores y los trata como seres atencionales.

martes, 9 de febrero de 2021

Batalla en el cielo

de Carlos Reygadas. México, 2005. 88’.
9 de febrero de 2021. Filmin.

Marcos participa a diario en la ceremonia de izado y arriado de una inmensa bandera de México. También hace de asistente de un mando militar. Por eso tiene confianza con Ana, la hija de su jefe para la que hace de chófer y algo más. Él sabe que ella se prostituye por gusto. Y ella sabe que Marcos y su mujer han secuestrado a un bebé que se les ha muerto. Será un fin de semana de culpas insoportables para Marcos y de encuentros sexuales agónicos con ellas.

Feísmo y esteticismo emparejados. Literalmente. Desde la escena de la felación, que sirve de prólogo y epílogo, hasta esos lentos giros de cámara en los que las músicas y los ruidos son tan relevantes. Una Batalla en el cielo lo es, por ejemplo, en esos encuentros entre unos cuerpos cuyo contacto parece tan inverosímil en la realidad como en la ficción. Pero Carlos Reygadas es capaz de hacer que escenas inauditas sean a la vez poéticas y trágicas en una película que resulta tan extraña en su contenido como cautivadora en su forma. Y es que mostrar a  unos militares levantando la bandera en el Zócalo o a un hombre buscando la redención en el Santuario de Guadalupe justo al lado de una escena en la que una felación es explícita, poética y quizá onírica son atrevimientos propios de un director que está siempre en las antípodas del cine convencional.

sábado, 1 de junio de 2019

Nuestro tiempo

de Carlos Reygadas. México, 2018. 173.
1 de junio de 2019. Laboral Cinemateca, Gijón.

Juan y Esther viven con sus hijos en el campo criando toros. Él es un poeta reconocido que no se considera celoso. Hasta que la relación de ella con un amigo gringo pone a prueba la apertura sentimental que los dos creían compartir.

Conserva lo mejor de Post Tenebras Lux (la belleza de las atmósferas y de las imágenes crepusculares) y no tiene ninguna de sus excentricidades (la ausencia de un verdadero relato, el formato de 4:3 con aquella insufrible lente biselada). En Nuestro tiempo Carlos Reygadas apuesta por un formato radicalmente panorámico en el que aún resultan más bellos esos paisajes de Tlaxcala que me recuerdan a los hermosos campos abiertos de Salamanca o de Cáceres.  La cámara se mueve con sosiego y parece levitar por la cotidianidad de este matrimonio en crisis interpretado por el propio director y su familia en la casa en que viven. No sé si Reygadas se dedica realmente a criar ganado bravo, pero lo filma con una fuerza y una radicalidad (en la belleza y también en el dramatismo) pocas veces vista en el cine. Nuestro tiempo es una reflexión sobre las posibilidades de un amor sin celos. O un retrato sobre los celos desde el punto de vista de quien se creía inmune a ellos. Pero más allá de eso, es también un ejercicio cinematográfico original que, evitando arritmias en el relato, consigue sacar el mayor partido a hallazgos como el de esa voz en off infantil, las quizá metafóricas peleas entre toros o esas cartas que escuchamos mientras contemplamos imágenes tan poderosas como la del avión crepuscular que se acerca a la Ciudad de México. Así que Nuestro tiempo me reconcilia con Reygadas. De hecho, no se me hacen nada largas estas casi tres horas en casa de esta familia cosmopolita y taurina.

lunes, 21 de enero de 2013

Post Tenebras Lux

de Carlos Reygadas. México, 2012. 120’.
20 de enero de 2013. Centro Niemeyer, Avilés.

Una familia acomodada vive en una zona rural de México en la que su forma de vida contrasta bastante. Tras un robo en la casa, el padre es asesinado. Hay más cosas, pero sin pies ni cabeza. De hecho, quien lo mata acaba perdiéndola. Literalmente.

Uno espera encontrar los motivos por los que el festival de Cannes consideró que Reygadas merecía el premio al mejor director por esta película, pero después de dos horas no aparecen. La película tiene un buen sonido directo del entorno natural y algunas imágenes poderosas (como las de la niña entre esos perros y vacas crepusculares o la aparición de ese diablo luminoso en la noche), pero la mayoría de las escenas parecen fraudulentas. El indescifrable partido de rugby, la cacería de patos o la trampa  de abusar de las imágenes de sus propios hijos en la deliciosa edad en que aprenden a hablar,  hacen pensar que, más que reivindicar un cine fragmentario que impugna los relatos lineales, Reygadas simplemente está aprovechando unos retales que alinea sin motivo en esta película. Al usar el formato 4:3 o la lente biselada para los exteriores (con esa desagradable imagen que recuerda al aura previa a las migrañas) quizá pretenda aparentar que está haciendo cine experimental. Pero el espectador acaba convencido de lo oportuno que resulta aquí ese versículo del libro de Job: “Después de las tinieblas, espero la luz”.