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martes, 17 de julio de 2018

Mary Shelley

de Haifaa Al-Mansour. EE.UU., 2017. 120’.
17 de julio de 2018. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

La juventud de Mary Wollstonecraft Godwin. Desde su adolescencia en casa de su padre hasta el reconocimiento de la autoría de su Frankenstein. Vemos la relación que tuvo en esos años con Percy Shelley, con su hermana y también con Lord Byron. En Escocia, en Ginebra y sobre todo en Londres.

Haifaa Al-Mansour nos contó una magnífica historia en La bicicleta verde. Todo en aquella película tenía fuerza porque su directora supo dotarla de una notable coherencia entre el relato y la forma. Pero, como Isabel Coixet con La libreria, parece que Haifaa Al-Mansour ha sucumbido al embrujo de lo británico. Tanto que casi ni nos damos cuenta de que una parte crucial de la historia sucede en Suiza.  Las ambientaciones están cuidadísimas y eso se agradece, pero la musicalización está subrayadísima y eso se hace insoportable. Creo que Al-Mansour se ha confundido de romanticismo y, aprovechando el tirón de aquella escritora, ha creído que lo mejor era armar un melodrama muy británico, una historia muy romántica pero en el otro sentido. Las buenas historias (no solo en el cine) no se sostienen solo porque sean verdaderas. Son buenas cuando deja de importarnos que sus protagonistas hayan existido. Y este no es el caso.

sábado, 27 de julio de 2013

La bicicleta verde

de Haifaa Al-Mansour. Arabia Saudí, 2012. 100’.
26 de julio de 2013. Cines Alexandra, Barcelona.


Wadjda quiere tener una bicicleta verde y correr más rápido que su amigo Abdullah. Estudia intensamente el Corán para ganar un premio con el que podría comprarla. Pero montar en bicicleta, como tantas otras cosas, no es propio de mujeres en Arabia Saudí.

Tampoco hacer películas. Wadjda es una pionera montando en bicicleta y Haifaa Al-Mansour lo es haciendo cine en su país. Y buen cine, por cierto. La bicicleta verde es una historia sencilla en la que pasan pocas cosas, pero también una gran película que, tratando con cariño a los personajes, muestra con sutileza una vida escindida por sexos y por espacios. El de la escuela de niñas resulta el más obsceno. Quizá porque allí son las propias mujeres las que vigilan y mantienen la dura ortodoxia sexista. La bicicleta verde que Wadjda anhela (el color no es casual tratándose de un país musulmán) tiene su contrapunto en el vestido rojo que su madre no llegará a comprar. Dos generaciones de mujeres con distintas expectativas en su relación con los hombres: su madre solo puede aspirar a no perder a su marido, pero Wadjda quiere correr al lado de Abdullah. Y quizá ganarle. De hecho, lo consigue en esa espléndida escena final que tanto recuerda a aquella promesa de libertad con que Truffaut terminaba Los cuatrocientos golpes.