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lunes, 8 de abril de 2019

Let me fall

de Baldvin Zophoníasson. Islandia, 2018. 136.
8 de abril de 2019. Centro Niemeyer, IV Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Desde la adolescencia Magnea va teniendo amistades cada vez más peligrosas. En medio de ellas está Stella, una chica con la que tiene una relación especial y con la que irá compartiendo adicciones. Al final Stella sobrevivirá a las drogas pero será la responsable de que Magnea no salga de ese mundo.

La película de anoche tenía escasa relación con la temática del festival y muy poca calidad. A esta también le pasa lo primero, pero es magnífica. Let me fall es un descenso progresivo a esos infiernos que sufrieron en los años ochenta muchas familias españolas que habían tenido una vida normalizada hasta que la heroína se cruzó en las vidas de tantos adolescentes. Eso es lo que le pasa a esta chica islandesa con una familia que la va viendo caer en el abismo sin poder hacer nada. La historia de Magnea es una epopeya trágica magníficamente contada en la que, con una cadencia perfecta, vemos la forma en que una adolescente puede llegar a convertirse en indigente sin que nadie pueda impedirlo. Con un ritmo perpecto se va desvelando un proceso en el que se intercan roturas temporales dramáticamente premonitorias de su destino. El guión, las ambientaciones, los encuadres y las transiciones entre las escenas son perfectas. Y también son impresionantes los trabajos de las actrices que interpretan las dos edades de Magnea: la quinceañera y la de la treintena. Así que, confirmando una vez más que el cine islandés nunca defrauda, ya tenemos otra película sobresaliente en este festival tan desigual. Para mi Let me fallEl silencio es un cuerpo que cae, Tinta bruta y The happy prince han sido las mejores de esta edición. Como ya habíamos visto en Valladolid The miseducation of Cameron Post (también estupenda) que aquí se proyectará el viernes y seguramente no llegaré a tiempo ese día para ver Rafiki, creo que ya puedo decir que las que he señalado son a mi juicio las mejores de esta edición. A ellas habría que añadir los nueve cortos británicos (todos muy buenos) del festival BFI Flare que también se proyectarán el viernes y que yo he podido ver esta mañana con mis alumnos. Así que ha habido de todo en esta muestra de cine LGTB: películas muy buenas y películas prescindibles. (Finalmente Tinta bruta ha recibido el premio del jurado y The happy prince el del público. Solo discrepo en la mención especial que le han dado a Un couteau dans le coeur, a mi juicio Let me fall o El silencio es un cuerpo que cae la habrían merecido mucho más)

domingo, 7 de abril de 2019

As boas maneiras

de Marco Dutra y Juliana Rojas. Brasil, 2017. 135.
7 de abril de 2019. Centro Niemeyer, IV Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Clara es contratada por Ana para cuidar de su futuro bebé. Y efectivamente lo acabará haciendo, pero sustituyéndola después de que la cosa se complique bastante. Primero porque en las noches de luna llena Ana sale a la calle sonámbula buscando sangre. Después porque al final de su embarazo una noche de esas la criatura rasgará su vientre pasa salir a ver el espectáculo. Clara se hará cargo del chiquillo y lo cuidará con mucho amor. De hecho, tomará la precaución de encadenarlo algunas noches de cada mes. Pero el chico se hace mayor y una noche sale por ahí.

En el video con que presentó desde Buenos Aires esta edición del festival, Fran Gayo nos dijo que a las películas que ha programado la calidad se le presupone. Y viendo la de esta noche creo que tiene razón, que le ha presupuesto la calidad. De hecho, no solo es calidad lo que le falta a As boas maneiras, también relación con la temática del festival (yo cuestiono más aquello que esto). El cariño entre la ama y la criada del tramo inicial de la película no es el tema del que trata. Si acaso el asunto central sería algo de interés tan discutible como la variante infantil de la licantropía. No niego que la historia podría dar juego para un debate sobre en qué consiste el amor de madre o sobre si es verdad que madre no hay más que una. Claro que quizá la vinculación con este festival no haya que buscarla en la temática sino solo en la coincidencia con algunas letras de su acrónimo. Ya digo, As boas maneiras va de licantropía infantil.

Las hijas del fuego

de Albertina Carri. Argentina, 2018. 115.
7 de abril de 2019. Centro Niemeyer, IV Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Una chica llega en barco a Ushuaia donde la espera una novia aficionada a las inmersiones marinas. Las dos empiezan desde esa Tierra del Fuego un viaje sexualmente tórrido en un microbús al que se irán incorporando otras muchas mujeres que comparten con ellas querencias sexuales de alta intensidad. 

De la pareja romántica a la soledad onanista pasando por la promiscuidad psicodélida en un viaje por un territorio argentino que puede ser visto como metáfora del cuerpo femenino o al revés. La voz en off de la directora de esta película (o la del personaje que quiere hacer la suya, tanto da) nos va explicando de cuando en cuando el discurso y el dispositivo de una película que sirve igualmente para un festival porno (de hecho, Las hijas del fuego es todo un festín porno) como para salir muy bien parada del BAFICI en un tiempo en el que el debate del aborto ha empoderado como nunca al movimiento feminista en las calles de Argentina. Con su escena final Las hijas de fuego habrá conseguido seguramente el récord de duración de una masturbación femenina frontal ante una cámara. Aunque esa escena quizá pretenda ser también un broche irónicamente especular. Ya sea de la actitud probablemente onanista de cierto público de cine (tanto del porno como del independiente) o de la actitud evidentemente onanista de ciertos cineastas que dirigiendo películas como esta seguramente lograrán el desprecio agresivo o el aprecio rendido de determinados públicos. Conmigo que no cuenten. Ni para lo uno ni para lo otro.

El silencio es un cuerpo que cae

de Agustina Comedi. Argentina, 2017. 72.
19 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Con imágenes de viejas películas familiares, Agustina va recomponiendo la historia de su padre. Cuando ella nació él renunció a su vida homosexual. De hecho, dejó  de ver a sus amigos y se casó. Había decidido entrar en el armario porque quería ser padre. Las viejas imágenes que vemos son las de unos jóvenes izquierdistas de familias argentinas acomodadas. Y también las de unos amigos hedonistas que supieron disfrutar de la vida intensamente por todo el mundo antes de que el deseo de paternidad del padre de Agustina y el sida que contrajo su novio de aquel tiempo les cambiara la vida para siempre. Agustina no puede contar con el testimonio de su padre porque nunca le había hablado de su vida anterior. Ha tenido que descubrirla después de aquella tarde del verano de 1999 en que el silencio de su padre se hizo definitivo cuando su cuerpo cayó de un caballo. Ella tenía doce años entonces.

Qué estupendo díptico compondría esta película con la magnífica Cuchillo de palo de la paraguaya Renate Costa. El documental de Renate recuperaba la historia de su tío (y de aquella lista de 108 de la que siempre hablo cuando voy a Paraguay). El de Agustina recupera la historia de su padre (y también la de aquellos tiempos en que los jóvenes burgueses se debatían entre el ejemplo de los montoneros y la ilusión de esa vida regalada que supuestamente traería Menem a los argentinos). El silencio es un cuerpo que cae es un buen ejemplo de cómo se puede contar bien una historia si se tiene algo que contar y si la voz narrativa sabe que las imágenes nunca deben ser solo la ilustración de un texto ni el texto debe ser solo la aclaración de unas imágenes. Así, Agustina Comedi consigue que esta película de duración impecable sea un testimonio necesario y revelador. Un testimonio generacional (para su generación y la de su padre), social (para la burguesía y la izquierda argentina) y humano (para los que vivieron felices su homosexualidad y para los que no lo soportaron). Pero sobre todo es un ejemplo de buen hacer en el cine. Una película magnífica a la que solo puedo poner un reproche: que esos textos insertados en las imágenes  tan necesarios para su comprensión (y no me refiero a los subtítulos) estén solo en inglés. En esto Agustina Comedi muestra síntomas de esa anglofilia aguda que padecen muchos cineastas jóvenes. Una enfermedad que puede superar sin problema alguien que sabe hacer muy bien lo más importante: contar con imágenes una historia verdadera.

Tinta bruta

de Filipe Matzembacher y Marcio Reolon. Brasil, 2018. 118.
7 de abril de 2019. Centro Niemeyer, IV Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Pedro se queda solo en el apartamento que compartía con su hermana en Porto Alegre. Está pendiente de una sentencia por algo que hizo tiempo atrás y mientras tanto sobrevive con un canal de Internet en el que exhibe su cuerpo pintado con colores que brillan a la oscuridad. Pedro pasa casi todo el tiempo en su casa solo, pero un día conoce a un bailarín con el que compartirá escenas en la web y con el que también podría compartir su vida. Sin embargo, a su amigo le han dado una beca y se irá lejos de Brasil.

Sencilla y bien contada. Así es esta historia sobre un joven ensimismado cuya vida aún parece más triste con esas pinturas de neón. Su carácter contrasta grandemente con el de su amante y colaborador. Pedro es solitario y reservado, su amigo tiene un entorno en el que todo resulta amable y cordial. Los dos se hacen querer y uno desearía que la vida les tratara bien. Así que Tinta bruta nos cuenta sin grandes ambiciones una historia interesante y bien interpretada. Con películas como esta ni la causa LGTB ni el cine resultan devaluados. Y eso no siempre es así.

sábado, 6 de abril de 2019

The happy prince

de Rupert Everett. Reino Unido, 2018. 104.
6 de abril de 2019. Centro Niemeyer, VI Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Oscar Wilde tras su paso por la cárcel. Vemos ese tiempo de declive entre el exilio y el momento de su muerte. Sus pasiones amorosas, sus cuitas económicas y la forma en que le acecha el final se van intercalando con fragmentos literarios tan bien traídos como los de ese príncipe feliz. 

Me esperaba un biopic bastante convencional y ha resultado una película que será comercial pero que está muy bien contada y tiene interpretaciones notables. Rupert Everett hace un trabajo estupendo delante y detrás de la cámara dando vida a un Oscar Wilde crepuscular del que vemos distintos momentos que se nos cuentan de forma no lineal pero perfectamente hilvanada. The happy prince se ha proyectado en el auditorio tras la inauguración de esta cuarta edición del Festival LGBTIQ. Desde luego, ha sido con diferencia la mejor película de esta primera jornada.

Un couteau dans le coeur

de Yann Gonzalez. Francia, 2018. 110.
6 de abril de 2019. Centro Niemeyer, VI Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

A finales de los setenta una directora de películas de porno gay es abandonada por su pareja que es, además, la que las monta. Mientras intenta recuperar esa relación, sigue filmando nuevas escenas. Pero un asesino enmascarado que siempre aparece con un pájaro negro se va cargando a sus actores.

Una película francesa con maneras de cine cutre trufada de películas de serie B de una pornografía gay bastante naif. La truculencia del asesino parece pretender vertebrar una historia que me aburre y cuya estética me dice poco.

Até que o porno nos separe

de Jorge Pelicano. Portugal, 2018. 90.
6 de abril de 2019. Centro Niemeyer, IV Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Eulália quisiera hablar con su hijo. Él pasa de ella y vive una vida intensa lejos de Oporto como actor porno de éxito internacional. Ella sufre y se avergüenza de él mientras lo sigue en las redes sociales. Hasta que, a su manera, decide salir del armario y acercarse a uno de los eventos en los que su hijo va a participar. Desde entonces la señora Eulália será una activista LGTB.

Comienza la cuarta edición del Festival  de cine LGBTIQ en el Niemeyer con esta película portuguesa de la que me interesa mucho más la mirada de la madre que la actitud del hijo. Es verdad que con media hora menos se habría podido contar lo mismo, pero me parece interesante la historia de esta madre que primero se avergüenza y luego acepta sin condiciones lo que hace su hijo.

jueves, 19 de abril de 2018

Heartstone

de Guðmundur Arnar Guðmundsson. Islandia, 2016. 129.
19 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Thor y Kristian son dos adolescentes muy amigos que viven en un pequeño pueblo islandés. Los dos tienen problemas con sus familias y con su entorno. Kristian porque se siente atraído por Thor y él porque no acaba de hacerse mayor ni de saber cómo ha de ser su relación con las chicas.

¿Será la latitud y los soberbios paisajes lo que hace tan buenas a las películas islandesas? Guðmundur Arnar Guðmundsson se une a la lista de directores de ese país que últimamente parece ser garantía de cine conmovedor. Heartstone es un retrato áspero y naturalista de (y desde) una adolescencia rural que vive problemas propios de unas edades en las que no es fácil distinguir la amistad del amor. El trabajo de los jóvenes actores es tan notable como la elegancia y cercanía con que se muestran los dilemas a los que se van enfrentando sus personajes. Así que ya digo, Islandia nunca defrauda. Y no solo por sus paisajes. También por las historias que allí crean sus cineastas.

miércoles, 18 de abril de 2018

They

de Anahita Ghazvinizadeh. Qatar, 2017. 80.
18 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Los padres de J. se han tenido que ir repentinamente para atender a una tía. Así que su hermana llega a casa con su novio para acompañarle durante unos días. Son momentos importantes porque el tratamiento para demorar la decisión sobre su identidad sexual ya no puede prolongarse más.

Cotidianidad familiar entre personas que se quieren y se tratan bien. La historia fluye entre conversaciones banales y momentos alegres que derrochan tolerancia y armonía (entre generaciones, entre culturas y entre sexos más o menos definidos). Así que el tema por el que esta película se incluye en la programación de este festival (supongo que la "I") no es más relevante en esta historia que la calidad del sosegado retrato que Anahita Ghazvinizadeh hace de una adolescencia perfectamente consciente de sus problemas y con una notable lucidez para enfrentar una decisión tan importante como difícil. They no es solo una película LGTB, es sobre todo una buena película.

lunes, 16 de abril de 2018

Señorita María. La falda de la montaña

de Rubén Mendoza. Colombia, 2017. 90.
16 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

La señorita María es un hombre maduro que lleva siempre falda en la hermosa falda de una montaña colombiana. Su vida es muy modesta, pero su bondad es tan ingenua y enternecedora como su elegancia.

Seguramente en todos los pueblos del mundo hay personajes singulares de los que una cámara se podría enamorar. Pero hay que encontrarlos y tener el pulso narrativo justo para que no parezca existir nada entre el espectador y esos seres fascinantes. Y eso lo sabe hacer magníficamente Rubén Mendoza que, desde el preámbulo inicial en la carretera hasta el final de los títulos de crédito, demuestra que está haciendo cine del bueno, ese que no importuna ni manipula a las criaturas que muestra. La estupenda música semanasantera (a cargo de una orquesta local de niños), los contextos religiosos del vecindario y la forma en que nos muestra el trabajo de María en el campo y su deliciosa relación con los animales, ponen de manifiesto que Rubén Mendoza quiere mucho lo que hace y sabe muy bien cómo hacerlo. Así que al salir del cine uno desea toda la felicidad del mundo para María y todo el éxito que se merece el director de esta magnífica película.

O ornitólogo

de João Pedro Rodrigues. Portugal, 2016. 118.
16 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Un ornitólogo observa tranquilamente somurmujos y cigüeñas negras en unos cañones del nordeste de Portugal. Tras perder el control de su piragua acaba inconsciente en una orilla de donde lo rescatan unas chinas que están haciendo el camino de Santiago y se han perdido por la zona. Luego la historia se va haciendo extravagante y el ornitólogo acaba matando a un pastor, deambulando por los valles portugueses y convertido en un San Antonio al que acompaña una paloma blanca que bien podría ser metafórica.

Ya antes de esas derivas metafísicas que casi llegan a ser involuntariamente hilarantes, el director apunta maneras cuando en un río represado hace aparecer de repente unos rápidos. O cuando permite que el actor pose verticalmente sus prismáticos Leica sobre la arena con las lentes sin cubrir. A partir del encuentro con las chinas cristianas toda verosimilitud desaparece y la historia va tan a la deriva como la embarcación del protagonista. Lamentablemente el periplo de la piragua fue breve, pero la película duró casi dos horas.

A cidade do futuro

de Marília Hughes Guerreiro y Cláudio Marques. Brasil, 2016. 76.
16 de abril de 2018. Centro Niemeyer, III Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Dos jóvenes que se aman tendrán un hijo con una chica bisexual. Ellos quieren ser buenos padres así que podrían formar una bonita familia con ella. Si no fuera porque en el pueblo no lo ven así.

Ayer no pude ir a la inauguración del festival LGBTIQ en la que se proyectó Love, Simon (creo que no me perdí gran cosa), así que esta es la primera película que veo en esta tercera edición del festival. Aunque es bienintencionada y tiene un estilo sobrio, A cidade do futuro me resultó poco interesante y, aunque la película no es larga, pronto empezé a mirar el reloj. Hay ideas colaterales que podrían enmarcar muy bien la historia (el pueblo sumergido bajo el pantano, la afición de uno de los chicos por los caballos, esos padres ausentes que pudieron marcar sus vidas...), pero ninguna se desarrolla lo suficiente como para compensar las debilidades de una película que no molesta, pero tampoco aporta mucho.

sábado, 6 de mayo de 2017

Carmín tropical

de Rigoberto Pérezcano. México, 2014. 100.
6 de mayo de 2017. Centro Niemeyer (auditorio), Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Mabel vuelve a su pueblo tras el asesinato de su amiga Daniela.  Hace tiempo que se fugó con un hombre y no ha vuelto a verla. Ahora quiere averiguar cuáles han sido los motivos de su muerte.

Un entorno mexicano que, sorprendentemente, no parece tener muchos prejuicios (las dos amigas travestis se han casado con hombres). De eso parece ir esta parsimoniosa historia con cierto aire de thriller y mucha voluntad de crear atmósferas y aparentar calidad. El ritmo es tan lento y lo que acaba contando es tan poco que uno mira con frecuencia el reloj con ganas de que la cosa acabe. Así que ha sido un cierre coherente para esta muestra de cine LGBTIQ que ha brillado muy poco por su calidad. Tan escasa como el criterio de un jurado que ha decidido que la mejor película ha sido precisamente Girls lost, para mi la peor de las diez proyectadas. Como esperaba, el público se decantó por Strike a pose, el documental de la inauguración que también me ha parecido el menos interesante de los tres que se han visto en esta segunda edición de la muestra. Así que sigo lamentando que esta temática (nada excepcional en la programación de las salas que frecuentamos) haya sustituido a la del FICARQ, que tras el inexplicable (e inexplicado) desencuentro avilesino se trasladó primero a Oviedo y después a Santander. Con sus defectos, aquel era un festival que se centraba en la arquitectura, un tema más pertinente en un lugar como el Centro Niemeyer. En él podíamos ver películas mucho menos habituales para cualquier cinéfilo y que trataban temas menos proclives a esos tópicos y lugares comunes de los que pocas veces se libran los activismos edificantes como la causa LGBTIQ.

Mapplethorpe. Look at the pictures

de Fenton Bailey y Randy Barbato. EE.UU., 2016. 108.
6 de mayo de 2016. Centro Niemeyer, Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Robert Mappelthorpe. Su vida y su obra. Lo que recuerdan de este artista neoyorquino quienes lo trataron. Modelos y amantes. Amigos y familiares. Testimonios interesantes en este repaso a su obra, tan provocativa y elegante.

La homosexualidad de este singular fotógrafo es el motivo por el que se selecciona esta película. Pero su valor no está en eso. Es un documental formalmente convencional, pero con tanto interés en los testimonios de los comentaristas como en las imágenes de su obra. Detallada, ágil, informada, bien contada. Una película muy interesante sobre uno de los fotógrafos más conocidos de las últimas décadas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Girls Lost

de Alexandra-Therese Keining. Suecia, 2015. 106.
5 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Tres amigas acosadas por los chicos de su instituto encuentran una planta con propiedades mágicas. Tomando su néctar se convierten en chicos por unas horas. Una de ellas se encuentra especialmente bien así. Quizá porque, según cree, podría ser un chico en un cuerpo de chica.

Si la película reflejara su realidad juvenil, Suecia estaría muy mal. Con el acoso escolar, con la violencia masculina y con la debilidad femenina. Pero desde la primera escena, en que las tres chicas avanzan cogidas de la mano por el pasillo de un instituto, me doy cuenta de lo que lo que esta muy mal es la película. Girls Lost es una historia pretendidamente edificante pensada para el sufrido público juvenil. Así que, nada más empezar, ya estoy compadeciendo a los adolescentes que tendrán que verla. Como a mi mismo que me quedan cien minutos en los que nada hará que cambie mi penosa impresión inicial. Por suerte, en este festival dan una papelito para calificar a la salida las películas.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Nunca vas a estar solo

de Alex Anwandter. Chile, 2016. 82.
3 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Juan es un adolescente homosexual. Su pobre es un hombre mayor que trabaja en una fábrica de maniquíes. Tras una brutal agresión homófoba, tendrán hacerle a Juan varias operaciones que no cubre el seguro de su padre. Vemos el drama de este hombre que quiere proteger a un hijo al que solo ahora empieza a conocer.

La idea es poderosa. El personaje del padre y el contrapunto de los maniquíes podría haber dado para una película más que interesante. Pero tras la escena de la agresión la historia pierde tensión y el personaje del padre no acaba dando de si tanto como prometía. Nunca vas a estar solo parece un buen corto que no se hubiera sabido convertir en largometraje.

martes, 2 de mayo de 2017

UIO: Sácame a pasear

de Micaela Rueda. Ecuador, 2016. 70.
2 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Sara es una chica bien que estudia el último curso de bachillerato en un colegio de Quito. La llegada de Andrea a su clase cambiará su vida. De buenas amigas pasan a ser amantes. Y no quieren ser clandestinas.

Las chicas, el colegio, los amigos, la familia, la casa, el barrio... Todo es socialmente homogéneo en esta película. Y corresponde a un espectro social exclusivo que seguramente existe en Quito, pero que no parece muy representativo. Así que la película es ecuatoriana pero casi parece gringa. Y no solo por lo que hacen y sienten los personajes. También por la forma en que se pone la cámara. Con maneras algo impostadas para una historia sobre iniciación a la homosexualidad que tampoco aporta mucho.

lunes, 1 de mayo de 2017

Yo, Olga Hepnarova

de Petr Kazda y Tomás Weinreb. Chequia, 2016. 105.
1 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

El 1973 Olga Hepnarova lanzó un camión contra un grupo de personas en una acera de Praga. Fue un crimen deliberado, una condena a muerte de ciudadanos inocentes que ella decidió de manera consciente. Una condena que decretó por escrito esa joven lesbiana que siempre se sintió acosada.

La escena del camión y lo que vino después no es el centro de la película. Yo, Olga Hepnarova nos habla de una joven que vive torturada y para la que esa acción, que en Europa representa hoy la quintaesencia del acto terrorista, fue un camino hacia un suicidio asistido que completa el que, en versión fallida, abre la película. La ambientación es impecable, el blanco y negro muy oportuno y la vida de la protagonista en su entorno está muy bien perfilada (en eso me recuerda a la reciente El día más feliz en la vida de Olli Mäki de Juho Kuosmanen). Pero el desarrollo de la historia resulta algo tedioso y ni siquiera la intensidad de su tramo final consigue transmitir la tensión que debieron tener unos hechos tan tremendos como los que relata esta película.

Don´t look at me that way

de Uisenma Borchu. Alemania, 2015. 88.
1 de mayo de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

Una joven va a ver a su abuela que vive en una cabaña en Mongolia. Ella es Hedi y la acompaña una niña rubia de cinco años. Luego vemos que la niña se llama Sofía y vive con su madre en una ciudad alemana. Hedi es una vecina con la que Sofía se lleva muy bien y de la que Iva, la madre de la niña, se convertirá en amante. Hasta que la llegada del padre de Iva cambia la relación entre las dos y preludia un final en el que Iva y su padre terminan ahogando a Hedi. O ella acaba llevándose a Sofía a Mongolia. El espectador tendrá que decidir qué historia cree haber visto.

El extraño comienzo y el ambiguo final me dejan más perplejo que fascinado. Y no creo que la intención de la directora (y actriz protagonista) fuera que su obra resultara tan abierta. Así que me quedo con ese poema de Brecht que recita el padre, con la naturalidad de la niña y con algunos momentos de la relación entre las dos amantes. Tiene más morbo Hedi, pero es más fácil ponerse en el lugar de Iva.