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domingo, 25 de noviembre de 2012

A, B, C... Manhattan

de Amir Naderi. EE.UU., 1997. 98’.
24 de noviembre de 2012. Antiguo Instituto, 50º Festival de Cine de Gijón (sección: Amir Naderi). V.O.S.

Kate, Casey y Colleen son tres jóvenes del Lower East Side. Sus vidas se cruzan porque Kate quiere alquilar una habitación en el apartamento en el que viven Casey y Colleen. Su intención es abandonar a un amante inestable y muy dependiente para el que, a partir de ahora, ella solo será lo que es: su hermana. Casey no encuentra a su perro. Al buscarlo intenta ajustar cuentas con un pasado que no consigue superar. Sobre todo su relación con otra joven que ahora se va a casar con un hombre. Y Colleen se debate entre su deseo de ser una buena madre para su hija Stella y la inestabilidad de su vida. Por el bien de la niña decidirá entregársela a otras personas.

En Nueva York hay ocho millones de historias. Eso dice alguien en esta película en la que Amir Naderi nos muestra tres. La interacción entre ellas es mínima, apenas unos minutos en el apartamento en el que va a vivir Kate (interpretada por Sara Paul, la Gretchen de Marathon). Ni siquiera sabemos qué conoce cada una de la vida de las otras. Eso queda para el futuro porque, una vez más, Amir Naderi deja espacio para la esperanza en un tiempo posterior al que muestra su cámara. Igual que en otras películas suyas hay búsquedas (la del perro de Casey), pero en esta también hay pérdidas (la de ese amor lésbico) y separaciones (la del amor maternal de Colleen y la del amor más que fraternal de Kate). Y como en todo su cine los lugares son esenciales: los entornos marginales que explora Casey, el bar en el que Colleen parece sentirse en familia, el apartamento opresivo en el que Kate se baña con su hermano, la azotea abierta en la que lo abandona… El poder de las imágenes es aún más intenso en las escenas sin sonido en las que resultan tan sutiles y conmovedores momentos como cuando Colleen entrega a Stella a (quienes deseamos que sean) sus abuelos. El montaje no es trepidante como en otras películas suyas, pero la forma en que Amir Naderi describe esas pocas horas hace que uno acabe queriendo lo mejor para las protagonistas de estas tres historias de Nueva York.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Vegas: based on a true story

de Amir Naderi. EE.UU., 2008. 101’.
22 de noviembre de 2012. Cines Centro, 50º Festival de Cine de Gijón (sección: Amir Naderi). V.O.S.

Eddie y Tracy viven con su hijo Mitch en las afueras de Las Vegas. Parecen haber superado tiempos difíciles en los que ambos fueron adictos al juego. A pesar de las penurias económicas, Tracy cuida con esmero el jardín de su casa prefabricada. El verde y las flores sorprenden en ese no-lugar en el que la ciudad limita con el desierto. Un día un extraño marine se interesa por la casa. Según dice, allí fue enterrada hace años una maleta con una gran fortuna. Aunque inicialmente Tracy se resiste, poco a poco van levantando el jardín en busca del tesoro. La creciente ambición les lleva a una progresiva destrucción de su hogar y de su propia vida familiar. Un policía les informa de que el supuesto marine forma parte de una trama de juego en la que ellos y su comportamiento son motivo de apuestas, pero Eddie no le cree y continúa con su búsqueda. Tracy termina por abandonarle y al final también él deja la casa. Tan solo la actitud del niño, que en la última escena devuelve unas flores a ese patio desolado, deja lugar a la esperanza.

Nuevamente una búsqueda centra un relato de Amir Naderi. Como en algunas escenas de Marathon y de Sound Barrier, son los propios personajes (ahora una familia) los que en su ansiosa búsqueda van generando el caos que les desequilibra. Su fragilidad conmueve al espectador que contempla cómo el juego acecha letalmente el espacio y el tiempo de esta familia. El skyline de Las Vegas está siempre en el horizonte de unos personajes que  antes eran ludópatas y ahora son motivo de apuestas. Hay algo de honda metáfora existencial en ese patio horadado en el que el padre va regresando a una condición casi prehumana. La actitud de Eddie recuerda la angustia autodestructiva del protagonista de Take Shelter, la película de Jeff Nichols que estuvo el año pasado en el festival. Y, como ya sucedía en Manhattan by numbers, también es fácil ver en lo que le pasa a esos personajes una metáfora de los problemas que hoy sufren nuestros países. Pero ese patio, a cuya destrucción asistimos, es intemporal. Lo que allí sucede parece el negativo siniestro, pero también magistral, de lo que hace veinte años se filmó en aquel otro patio en el que un artista buscaba un tesoro mejor: capturar la belleza en el sol de unos membrillos.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sound barrier

de Amir Naderi. EE.UU., 2005. 83’. B/N
20 de noviembre de 2012. Cines Centro, 50º Festival de Cine de Gijón (sección: Amir Naderi). V.O.S.

Jesse es un niño sordo que busca con ansiedad una cinta antigua en la que está grabada la voz de su madre muerta. Sabe por una carta que en su programa de radio ella contó un día cosas importantes sobre él y quizá también sobre su padre. La búsqueda le lleva a un almacén donde se guardan miles de cintas grabadas. Consigue encontrarla, pero no puede conocer por si solo su contenido. Necesita leerlo en los labios de alguien dispuesto a repetir las palabras de la cinta. Un hombre en medio de un puente le ayuda. Pero cuando las palabras de su madre comienzan a desvelar algo importante para él aparece otra grabación, la de un hombre que no soporta el relato y decide borrar el resto de la cinta. Por lo que dice la madre se intuye que la sordera de Jesse se debió a un shock cuando tenía cuatro años. La desesperación por no poder escuchar las palabras borradas hace que ocurra el milagro.

Amir Naderi ya está volando hacia Japón. Ha sido su productor el que ha presentado hoy su película. En Marathon el sonido era muy importante, pero en Sound Barrier es vital y su ausencia o presencia distingue los puntos de vista del protagonista y del espectador. Esta vez Amir Naderi no nos lleva a recorrer la ciudad, sino que nos sitúa en no-lugares clásicos de Manhattan: un almacén en el que se guardan infinitos sonidos en las miles de cintas grabadas que el niño no puede escuchar y un puente con un tráfico ensordecedor para el espectador y también para el hombre que ayuda al niño. La búsqueda de las palabras grabadas de su madre es obsesiva y recuerda el rapto de locura de Gretchel cuando los crucigramas la ahogan en su habitación y su búsqueda de palabras la lleva al caos. Las grabaciones también eran muy importantes en los teléfonos de Marathon y de Manhattan by numbers. Los encuadres, los primerísimos planos (sobre todo los de ojos y oídos en esta película), el protagonismo del sonido ambiente, el montaje prodigioso y la angustia de unos personajes solitarios que buscan algo esencial para sus vidas, son características del cine de Amir Naderi que no dejan indiferente al espectador. Siempre que acepte entrar en su exigente juego de historias mínimas en paisajes (sub)urbanos. Hoy en Gijón no todos los espectadores lo hicieron y algunos no esperaron a contemplar el milagro de que Jesse oyera la canción que alguien silbaba.

martes, 20 de noviembre de 2012

Marathon

de Amir Naderi. EE.UU., 2002. 74’. B/N
19 de noviembre de 2012. Cines Centro, 50º Festival de Cine de Gijón (sección: Amir Naderi). V.O.S.

Gretchen tiene un reto. En veinticuatro horas quiere hacer más de setenta y siete  crucigramas. Ese es su record en el maratón personal que una vez al año hace mientras recorre Manhattan. Los vagones del metro, los andenes y los pasillos de las estaciones son sus espacios preferidos en este viaje urbano por las entrañas más ruidosas de la ciudad. Allí es donde mejor se concentra para hacer sus crucigramas. La cámara la sigue durante ese día en que ella está sola entre tanta gente. En medio de los sonidos urbanos, los mensajes de apoyo de su madre en el contestador son el contrapunto de este maratón solipsista por la ciudad.

Manhattan by numbers mostraba una jornada desquiciada contra el reloj del desahucio para George. Marathon (que también se habría podido titular Manhattan by letters) muestra otro periplo urbano en el que ahora son las letras las que Gretchen ha de encajar contra el reloj. Seguirla es también apasionante. Pero aún sin ella, Marathon seguiría siendo una película hipnótica cuyo protagonista es Manhattan. En el coloquio Amir Naderi dijo que alguien había incluido estas dos obras suyas entre las veinticinco mejores películas sobre Nueva York filmadas en el último siglo. No parece exagerado. Su cámara no nos muestra Manhattan, nos lleva por Manhattan para que veamos (y oigamos) el pulso de la vida cotidiana en la ciudad. La tensión de la chica que intenta que todas las letras encajen en todas las cuadrículas es una buena metáfora de la vida en esa ciudad. La belleza de los encuadres y la precisión del montaje hace que en esos setenta y cuatro minutos vivamos al lado de Gretchen un día inútil pero perfecto. Como Manhattan by numbers, Marathon es una película en la que tensión avanza con el día, pero al final espera una recompensa en forma de regalo desde el invierno de Manhattan.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Manhattan by numbers

de Amir Naderi. EE.UU., 1993. 88’.
18 de noviembre de 2012. Cines Centro, 50º Festival de Cine de Gijón (sección: Amir Naderi). V.O.S.

George es un periodista que ha perdido su empleo y tiene un día para evitar el desahucio. Tranquiliza por teléfono a su mujer y sale a las calles a buscar el dinero que le falta para que puedan seguir en la casa. Con su agenda recorre Manhattan buscando amigos que puedan ayudarle. Especialmente a Tom Ryan, de quien no sabe nada desde hace tiempo y cuya búsqueda infructuosa le lleva a conocer el lumpen en el que habitan quienes ya lo han perdido todo. La jornada avanza y su desquiciamiento crece a medida que se acerca al sur de Manhattan, a una calle con nombre de muro.

Números de calles y números de teléfonos en la agenda de George configuran el desgarrado Manhattan que Amir Naderi nos muestra siguiendo su periplo. Sin el periodista desquiciado a punto de ser desahuciado, la película ya sería un fascinante documental sobre un invierno triste en la ciudad más cinematográfica del mundo. Pero siguiendo la busqueda de George, especialmente la de ese Ryan que parece imposible salvar, la película se convierte en un diáfano y desconsolado testimonio del presente. Del presente de 1993, pero también del de casi veinte años después. De no ser porque no hay teléfonos móviles en su película, parecería que Amir Naderi la estrena hoy en Gijón y que el toro de Wall Street al que se enfrenta George al final de la historia es el mismo que nos desafía a nosotros en estos tiempos inciertos. Aunque no estaba previsto, Amir Naderi tuvo el detalle de venir a la sala y comentarnos su trayectoria vital (Irán, Nueva York, Las Vegas y ahora Tokio) antes empezar la película. Luego se quedó a verla dos filas detrás de nosotros y saludó amablemente al público a la salida. El aplauso fue bien merecido. Parece un gran tipo este buen director.