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jueves, 26 de diciembre de 2019

Fin de siglo

de Lucio Castro. Argentina, 2019. 84.
26 de diciembre de 2019. Cines Renoir Princesa, Madrid.

Un argentino llega a Barcelona para pasar unos días en la ciudad. Allí encuentra a otro hombre con el que tiene sexo fugaz. O no tanto, porque se da cuenta de que en 1999 ya había estado otra vez con él. Y de que su vida sería distinta si llevaran viviendo juntos desde entonces.

Estuvimos a punto de verla en la Seminci y me alegro de que ahora nos la encontremos en Madrid. Lucio Castro nos ofrece una historia para armar sobre las vidas posibles de un amante en Barcelona. Poco importa si asistimos a encrucijadas biográficas o a meras ensoñaciones más o menos paralelas porque Fin de siglo es un prodigio de contención que, con un cuidado exquisito de los encuadres y el sonido, consigue que no sean necesarias muchas palabras para que resulte una película cautivadora. Y cuando las hay tienen ese hiperrealismo sosegado que hace tan grato seguir esta historia de amor que ha sido modelada con el aire sugerente y la sencillez deliciosa de un cuento de Cortázar. Nada menos.

domingo, 30 de abril de 2017

La noche

de Edgardo Castro. Argentina, 2016. 135.
30 de abril de 2017. Centro Niemeyer, II Festival de cine LGBTIQ, Avilés.

Martín deambula por la noche porteña. Busca sexo, cocaína, cerveza y quizá también amistad. Sus querencias eróticas son homosexuales y eso es lo que vemos durante casi toda La noche. También hay tiempo para el afecto con una amiga travesti con la que comparte algunos momentos del día.

No apta para todos los públicos. Mejor dicho, apta para muy pocos. De hecho, fueron muchos los espectadores que abandonaron la sala durante la proyección. Sexo muy explícito, sonido muy sucio y duración desmesurada para una historia que casi no lo es. Así es muy difícil soportar una película en la que la cámara se mueve mucho pero no perturba nada la vida íntima de unos personajes que quizá tampoco lo sean. Para algunos La noche puede resultar una película pornográfica. Para otros puede ser un recorrido antropológico (o soporífero) por esas intimidades de la noche que fascinan (o espantan) según lo noctámbulo (o amigo de lo sórdido) que sea cada cual. Yo lo soy poco, así que me quedo con esa escena final en la que, tras el tedio de las muchas de sexo y drogas, vemos a Martín y a su querida travesti compartiendo amistad.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Ilusión

de Daniel Castro. España, 2013. 70’.
7 de noviembre de 2013. Centro Niemeyer, Avilés.

Los pactos de la Moncloa. Ese es el título del musical que quiere hacer Daniel Castro para devolver la ilusión a la gente. Para él eso es mucho más necesario que el cine de Haneke. Aunque no consigue que nadie produzca su película, no renuncia a su idea de llegar a ser un gran cineasta. Por eso ensaya en su cuarto de baño las canciones del musical y las entrevistas futuras en Cannes.

Estupenda ironía subjetiva sobre el drama de un creador imposible. Una semana en la vida de este tipo ilusionado, jeta, bobo y tierno empeñado en hacer cine en España. ¿Un iluso? Daniel Castro no lo parece. De hecho, consigue hacer una película de ese otro cine español que, con pocos medios y mucho ingenio, tanto nos ha hecho disfrutar este año. Un cine en el que destacan algunas historias que tratan precisamente sobre gente empeñada en hacer películas: Mapa de Leon Siminiani, Los ilusos de Jonás Trueba, El tiempo de Plácido Meana de Kike Narcea o esta Ilusión de Daniel Castro. Son cuatro joyas recientes que, además de esa mirada autorreferencial, comparten su condición de pruebas evidentes de que la crisis del cine español no está en su capacidad de ofrecer trabajos excelentes. Tras la sobredosis Haneke de hace unas semanas, las ironías y el desparpajo de Daniel Castro demuestran que, aunque no reciba tanta atención como el del austriaco, se está haciendo un cine magnífico en España.