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miércoles, 11 de diciembre de 2024

La luz que imaginamos

de Payal Kapadia. India, 2024. 118’.
11 de diciembre de 2024. Cines Embajadores-Foncalada, Oviedo. V.O.S.

Prabha lleva un año sin noticias de su marido que trabaja en Alemania. Ella es una enfermera tenaz que comparte piso en Bombay con Anu, una joven alegre que tiene  una relación estupenda con su novio, pero que seguramente no les gustará a sus padres. Otra compañera que trabaja como cocinera en el hospital ha sido desahuciada de su casa y decide regresar a su pueblo en la costa. Prabha y Anu la acompañan para ayudarla a llevar sus cosas. Y será una jornada muy especial para ellas.

Vidas apresuradas en la ciudad agobiante. Mujeres distintas que tienen dudas sobre sus relaciones de pareja. Y, sobre todo, ese delicado y solidario aprecio femenino que últimamente llamamos sororidad. Payal Kapadia consigue dar el tono justo a una película con dos tiempos: apresurado y desquiciante el de la gran ciudad, dilatado y más luminoso el de la playa. Itsaso Arana conversó con ella al final de la proyección en Madrid en un coloquio en el que hubo sintonía generacional, de género y cinéfila. La luz que imaginamos es una buena muestra de que, en Bombay, en la costa de la India o en la de Asturias se puede disfrutar mucho contemplando otras vidas si nos dejamos acariciar por la luz que imaginamos en una sala de cine.

martes, 17 de mayo de 2022

La última película

de Pan Nalin. India, 2021. 102’.
17 de mayo de 2022. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Samay queda fascinado la primera vez que va con sus padres al cine. Tanto que deja de ir a algunas clases y se hace amigo del proyeccionista. Desde su pueblo le lleva las deliciosas comidas que su madre le prepara para el colegio. A cambio él le enseña los misterios de esa máquina prodigiosa que engulle cintas y escupe historias hechas con luz.

Haber visto Cinema Paradiso nos condiciona. De hecho, parece que Tornatore nos hizo creer que la liturgia de una sala de cine se profesa mejor en Italia que en la India. Pan Nalin debe ser consciente de ello y ha optado por articular su historia desde la intensidad de lo vivido y no desde la nostalgia de lo evocado. La suya es una película tierna pero no empalagosa. Estamos de parte del niño, de su madre, del proyeccionista y hasta del pobre padre. Sin embargo, junto a los mimbres coloristas que hacen que La última película sea apta y deliciosa para todos los públicos, Pan Nalin incluye elementos que hacen que la historia también pueda tener  otras lecturas. Como la alusión a esa nueva fractura social en la India (y en todo el mundo) entre quienes hablan inglés y quienes no. Como el nombre del niño que significa tiempo y que es justamente lo que según Tarkovski sabe esculpir el cine. O como la obsesión por la luz de ese niño que, en cierto modo, intuye el significado etimológico del arte de la fotografía (escribir con luz) y la manera en que el cine construye historias intercalando en el tiempo la luz y la oscuridad. Lo que nos muestra La última película parece remoto pero sucedió en todo el mundo hace poco más de diez años, cuando la obligada digitalización jibarizó las salas y entregó el cine a los que hablan inglés. De modo que entre los subtextos de esta película bonita y amable también encuentro intencionadas denuncias como las imágenes de la destrucción de los proyectores o la reconversión plastiquera de las películas en brazaletes. Imágenes que me recuerdan a las de Koyaanisqatsi, aquella impresionante película que hace cuarenta años dirigió Godfrey Reggio a partir de la música de Philip Glass.

domingo, 16 de febrero de 2020

Bhayanakam

de Jayaraj. India, 2018. 79’.
16 de febrero de 2020. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

En unos bellísimos paisajes de la India un cartero cojo que estuvo en la Primera Guerra Mundial reparte cartas y dinero mientras se está preparando la Segunda. Pronto le tocará llevar telegramas con muy malas noticias para las familias de quienes se alistaron en el ejército.

Fotografía primorosa, paisajes hermosos y encuadres elegantes. Son los méritos de una película con intenciones pacifistas pero a la que le sobra parsimonia. Lo que cuenta es poco y resulta reiterativo. Así que, sin poner ningún pero a su ética irenista ni a su estética preciosista, Bhayanakam (Miedo) demuestra que para hacer buen cine hace falta algo más que eso.

martes, 11 de octubre de 2016

La estación de las mujeres

de Leena Yadav. India, 2015. 116’.
11 de octubre de 2016. Casa de la Cultura, Avilés. V.O.S.

Tres amigas en la treintena. Una es una prostituta alegre, otra tiene un marido que la maltrata y la tercera acaba de casar a su hijo macarra con una chica que no lo quiere. Todo sucede en una comunidad rural muy conservadora en la que un consejo de ancianos lo decide todo. Desde la compra de un televisor para el pueblo hasta con quién deben vivir las mujeres.

Las caras bonitas y risueñas de las protagonistas y la belleza de las telas que llevan son lo mejor de esta película llena de subrayados maniqueos. Los hombres son malísimos o buenísimos. No hay término medio. Y ellas, todas guapísimas, oscilan entre el sufrimiento extremo y la euforia injustificada. La calidez de la fotografía y la belleza de los escenarios (casi en modo National Geografic) no compensa la obviedad del feminismo naif (y un puntito histérico) que viene a reivindicar esta película. Quizá para algunos públicos de la India resulte edificante y les ayude a desvelar lo que ya deberían saber. Pero a mi La estación de las mujeres se me hace muy larga.

sábado, 18 de junio de 2016

Margarita with a straw

de Shonali Bose. India, 2014. 100’.
18 de junio de 2016. Centro Niemeyer (auditorio), Festival de cine LGBTIQ, Avilés. V.O.S.

La parálisis cerebral de Laila no le impide ir a Nueva York desde Delhi para estudiar en la universidad. Allí superará sus frustraciones amorosas y despertará al sexo. Homosexual y hetero. 

Comienza el festival LGBTIQ con esta película que tiene de todo: chica india en silla de ruedas, chica pakistaní ciega, madre bondadosa que muere de cáncer, iniciación al sexo desde la discapacidad... Y también algo de amor lésbico. El gesto dulce y alegre de la actriz protagonista es lo mejor de una película más blandita que emocionante. Por lo demás, hasta el próximo sábado se verán en el Niemeyer otras once películas que tienen fácil mejorar este comienzo. Entre ellas está la chilena Naomi Campbel, una película difícil (pero bastante mejor que esta) que ya reseñé hace año y medio cuando la vimos en el Zumzeig de Barcelona.

sábado, 26 de marzo de 2016

Tribunal

de Chaitanya Tamhane. India, 2014. 116’.
26 de marzo de 2016. Cines Renoir Plaza de España, Madrid. V.O.S.

Narayan Kamble, un anciano activista y cantautor indio, es procesado por los pretendidos efectos de sus canciones. Sus adversarios le acusan de que la letra de una de ellas habría provocado el suicidio de un trabajador del sistema de aguas residuales. Vemos momentos del largo y disparatado juicio. Y también de las vidas de quienes participan en él.

Algunas películas recientes sobre indagaciones policiales o judiciales nos han ofrecido descripciones muy reveladoras sobre la vida en algunos países. Por ejemplo, Nuri Bilge Ceylán nos mostró la organización del poder en los entornos rurales de Turquía en su magnífica Érase una vez en Anatolia. Y en Gett: el divorcio de Viviane Amsalem Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz nos hicieron conocer el machismo presente en las normas religiosas que regulan el matrimonio en Israel en aquel juicio surrealista que no acababa nunca. Chaitanya Tamhane nos hace ver en Tribunal lo disparatado del sistema judicial indio e intuir las radicales escisiones lingüísticas, culturales y políticas presentes en ese país. Con planos fijos más largos que las accciones que nos muestran y con escenas tan llamativas como las de los absurdos argumentos que se emplean en el juicio o la de la representación teatral que ridiculiza a los inmigrantes, Tamhane consigue que intuyamos (para entenderlo bien habría que saber más de lo que yo sé de la India) la aberración jurídica y social en que se mueve esa acusación que para el espectador no solo cuestiona la libertad de expresión sino el significado de los conceptos de causa, efecto y responsabilidad. La historia, parsimoniosa y con pretensiones naturalistas, está bien contada y contiene momentos gratamente catárticos como las escenas en que el anciano interpreta sus canciones.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Titli

de Kanu Behl. India, 2014. 124’.
26 de noviembre de 2014. Teatro Jovellanos, 52º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S. 

Titli es el menor de tres hermanos que se dedican a robar coches en asaltos muy violentos. Él quiere escapar de su familia y tener una vida normal. Pero sus hermanos y su padre le obligan a casarse con una joven que mantiene relaciones con otro hombre. Un pacto entre los dos podría alejarles de todo eso.

Una película bien construida que combina un thriller sobre una familia de depredadores en Delhi con una historia sentimental en la que una pareja va modulando su contrato. Son dos horas que se hacen cortas en una película bien escrita, bien dirigida y bien interpretada. Nada me extrañaría que estuviera entre las premiadas.