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domingo, 24 de marzo de 2019

In memoriam (la derrota conviene olvidarla)

de Marcos M. Merino. España, 2018. 75.
24 de marzo de 2019. Centro Niemeyer, Avilés.

Unos paisanos preparan el estibado para la entrada a una vieja mina al lado de un antiguo cementerio protestante. Unas niñas ensayan las tonadas que interpretarán en una fiesta de su pueblo. Unos hombres ordenan y digitalizan fotografías de gentes que vivieron hace décadas. Y unos estudiosos de la minería neolítica suben a la montaña y bajan a grutas que fueron explotadas hace miles de años. Son los asturianos de hoy en los valles mineros de antaño.

Igual que en ReMine, la cámara de Marcos M. Merino sigue siendo transparente. Mimetizada en esos entornos asturianísimos consigue captar la intrahistoria de unas gentes en retirada a las que ya solo parece quedarles la memoria. La de esa mina abandonada cuya fachada restauran, la de esos mineros prehistóricos de los que solo quedan reliquias, la de esas tonadas que cantan menesteres pretéritos y la que reflejan esos rostros anónimos que nos miran desde unas fotografías en blanco y negro. El subtítulo entre paréntesis parece aludir a la gesta crepuscular que retrataba su anterior película y explicaría el tono que Marcos M. Merino ha querido darle a este documental de formas contenidísimas y exigentes pero de contenido muy relevante. Al manos para quienes tengan interés en conocer algo de lo que queda en Asturias de aquel pasado minero.

miércoles, 11 de febrero de 2015

ReMine, el último movimiento obrero

de Marcos M. Merino. España, 2014. 101’.
11 de febrero de 2015. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas.

La (última) lucha de los mineros asturianos. La larga huelga del 2012. Los cortes de carreteras. Los enfrentamientos con la policía. El encierro en el fondo de un pozo. La marcha sobre Madrid... Formas de resistencia del movimiento obrero. Y quizá también testimonio épico de su agonía.

Lo vemos todo desde dentro. Primero el tajo de una mina. Luego las movilizaciones de los mineros. La cámara de Marcos M. Merino consigue hacerse transparente y nos permite sentirnos entre ellos. En los choques con la policia, en las asambleas sindicales, en la carretera hacia Madrid... Y eso lo logra con encuadres oportunos, con el tiempo justo para cada plano y con un sonido más que directo. Las imágenes de la revolución del 1934, con fotografías magníficamente montadas al ritmo de la Asturias de Albeniz, el noticiario inglés sobre la huelga de 1963 y el funeral de los catorce mineros muertos en el accidente de 1995 están también muy oportunamente intercaladas como tres hitos que enmarcan históricamente el relato. Marcos M. Merino ha presentado hoy en el Valey su documental (ya lo había hecho en noviembre en el auditorio del Niemeyer, pero entonces no pude verlo) y se le ha aplaudido mucho. Por su buena película y por la estupenda forma de defenderla. Hay en él honesta militancia vital, voluntad de documentar algo importante y un buen hacer cinematográfico que está recibiendo un merecido reconocimiento en diversos festivales (por ejemplo, en las últimas ediciones del BAFICI y el de Sevilla). Viendo ReMine me he acordado del Edificio España, el sugerente documental de Victor Moreno. Por delante de él pasaron hace casi tres años los mineros asturianos. Aquella película era una magnífica metáfora pasiva de un país en destrucción. Remine es un espléndido testimonio activo de lo que supone resistir.

jueves, 5 de junio de 2014

Asier ETA biok (Asier y yo)

de Aitor Merino y Amaia Merino. España-Ecuador, 2013. 94.
5 de junio de 2014. Centro Niemeyer, Avilés.

Aitor y Asier eran amigos desde que iban al colegio en Pamplona. Aitor se fue a Madrid y se hizo actor. Asier se quedó, entró en ETA y luego en la cárcel. Los amigos madrileños de Aitor no comparten su tendencia a matizar sobre lo que pasa en el País Vasco. Él tampoco comparte la tendencia a no matizar de la gente como Asier. Con este documental intenta entender a su amigo etarra. Y explicarles a los de Madrid por qué le sigue queriendo.

Es un documental fresco sobre un tema duro. Por encima de todo quiere huir del blanco y el negro. Del conmigo o contra mi. Busca entender sin relativizar. Pretende escuchar sin comulgar. Con recursos muy simples (una videocámara, unas fotos, unos dibujos a los que se saca un gran partido y la voz de Aitor intentando explicarse y explicarnos lo que pasa) va construyendo una película que, aunque parezca ingenua, aporta una mirada solvente sobre la naturaleza del "conflicto" y el "proceso". Momentos como el reencuentro tras la salida de la cárcel, la canción de la tía de Asier en el hospital o los reproches de su madre en la cena de nochevieja destacan especialmente en una película tan interesante en el fondo como amena en la forma. Otra prueba de lo útil que puede ser el cine para aportar miradas lúcidas sobre problemas enquistados. Lástima que los enquistadores vayan poco al cine. Y menos para ver películas como esta.